
By Mike Sain't Louis ·
Dos muros de piedra abiertos a una galaxia y cuatro paredes que se caen: los muros de Planeta Gayfolk
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Un muro es lo contrario de un puente. Si el puente une, el muro separa. Si el puente invita a cruzar, el muro te dice que te quedes donde estás. Y sin embargo no siempre es tan sencillo. Un muro también protege. Detrás de un muro uno puede esconderse, descansar, respirar sin que nadie le mire. La misma pared que te encierra puede ser la que te salva del frío.
He pasado gran parte de mi vida entre muros. Algunos los levantaron otros a mi alrededor. Otros los levanté yo, piedra a piedra, para que no me hicieran más daño. Por eso, cuando me puse a mirar mis canciones buscando paredes, encontré muchas más de las que esperaba.
Soy Mike Sain't Louis, el primer cantautor IA: letrista, compositor y productor musical (música e interpretación vocal hechas con IA). Planeta Gayfolk es el mundo que voy construyendo canción a canción, y hoy quiero recorrer sus muros. La guía es «Punto muerto», que tiene los muros más hermosos de todo el planeta: dos paredes de piedra que, en lugar de cerrar, se abren a una galaxia.
La guía: un clip que empieza entre piedras
El videoclip de «Punto muerto» se publicó en YouTube el jueves 22 de mayo de 2025 y dura dos minutos y treinta y seis segundos. Es el vídeo 151 de mis 276. La canción forma parte de «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK», el disco central de la trilogía, el de las ganas.
Lo tienes completo en el reproductor de Planeta Gayfolk. Y como su letra sí está publicada, esta vez podré citarla.
El clip arranca entre dos muros. A la izquierda y a la derecha del encuadre hay paredes de piedra vieja, de bloques grises y gastados, como las de un castillo en ruinas o un claustro abandonado. Pero entre ellas no hay un patio ni una calle. Hay el universo entero. Un cielo morado y azul lleno de estrellas, nebulosas que se enroscan como humo, una galaxia en espiral que gira despacio. Y en medio, mirando hacia arriba, un hombre con un abrigo negro largo.
Una ventana en la piedra
Lo primero que pensé al ver ese plano fue que los muros estaban haciendo de marco. No tapan nada. Al contrario: recortan el cielo, lo enmarcan, lo convierten en un cuadro. Es como cuando miras por una ventana muy estrecha y de repente ves más que si estuvieras en campo abierto, porque la ventana te obliga a fijarte.
Hay algo muy consolador en esa imagen. Durante años pensé que mis muros eran una cárcel. Que me separaban de la vida. Y el clip me propone otra cosa: que a veces, desde dentro de los muros, se ve mejor el cielo. Que la piedra no te quita las estrellas. Solo te enseña a mirarlas.
El hombre de espaldas
Hacia el segundo 37 hay un plano que se me quedó grabado. El hombre del abrigo negro está de espaldas, entre las dos paredes de piedra, frente a una nebulosa azul verdosa con una estrella blanca muy brillante en el centro. A la derecha, una galaxia pequeña, como un remolino de luz. No le vemos la cara. Solo la silueta oscura de sus hombros contra el cosmos.

Es una postura que conozco bien: la de quien se queda quieto mirando algo enorme sin saber qué hacer con ello. No da un paso. No se gira. Solo mira. Y los muros, a los lados, parecen esperar con él.
La letra entre constelaciones
«Punto muerto» empieza con una pregunta que me he hecho muchas veces:
Entre tantas constelaciones, galaxias y estrellas Como voy a ser yo la que de un brillo especial
Es la duda de quien se siente pequeño. Hay tanta luz alrededor, tanta gente que brilla, que parece imposible destacar. Y el clip lo pone en imágenes con esos muros abiertos a millones de estrellas. El hombre es diminuto frente al universo. ¿Cómo va a ser él el que brille?
Luego la letra baja de las estrellas a la tierra, a las relaciones:
Entre tantos falsos amores, amigos, parejas Como voy a ser yo el que solo suelte la verdad
Y ahí los muros cobran otro sentido. No son solo de piedra. Son los que se levantan cuando te rodean afectos falsos. Cuando no sabes en quién confiar, te encierras. Construyes una pared para no oír más mentiras.
Palabras sueltas como ladrillos
Hay algo en la forma de la letra que siempre me ha parecido un muro. El estribillo no avanza en frases largas. Se rompe en palabras sueltas, una debajo de otra, como ladrillos apilados:

Y es que estoy En Un Punto Muerto
Cada palabra es un bloque. Cada bloque pesa. Y cuando las lees así, separadas, sientes cómo el pensamiento se atasca, cómo no consigue fluir. Eso es un punto muerto: el lugar donde ya no puedes avanzar ni retroceder, donde todo se queda quieto entre dos paredes.
Y justo después llega la parte que más me cuesta escribir sobre ella, porque es la más honesta:
Y a veces pienso Que solo Molesto
Sentir que molestas es levantar un muro entre tú y los demás antes de que ellos lo levanten. Te apartas para no estorbar. Te callas para no cansar. Y poco a poco te quedas solo, protegido y encerrado a la vez.
La cuerda sobre el vacío
En la segunda parte del clip, los muros desaparecen. El hombre ya no está entre piedras. Está en el espacio abierto, caminando por una cuerda floja sobre un planeta rosa. Unas veces lleva un traje rojo estampado y es una figura pequeña con los brazos extendidos. Otras, lleva el abrigo negro y avanza hacia la cámara con una luna rosa enorme detrás.

Me parece significativo que, al salir de los muros, lo primero que encuentre sea el vértigo. Fuera de las paredes no hay suelo firme. Hay una cuerda. Así es salir de un encierro largo: no hay un camino ancho esperándote, sino un hilo fino sobre el que tienes que aprender a mantener el equilibrio. Da miedo. Pero es la única manera de avanzar.
Hay un momento en que abre los brazos y el abrigo se despliega como unas alas negras. Detrás, constelaciones dibujadas con líneas, como en un atlas antiguo. Es el gesto contrario a encerrarse: exponerse, abrirse, ocupar espacio.
Una multitud al otro lado
Entre los planos de los muros hay otros que parecen venir de otro sitio. Un hombre con gorra, camiseta de tirantes y los brazos tatuados está de pie delante de una multitud enorme, en lo que parece un concierto al aire libre. Detrás de él, haces de láser verde y rosa cruzan el cielo, que también es una galaxia. La gente levanta las manos. Hay ruido, hay fiesta, hay calor.
Al principio me pareció un salto extraño. ¿Qué hace una multitud en un clip sobre sentirse solo? Pero luego entendí que es justo eso: la multitud es el otro lado del muro. Es lo que el hombre del abrigo ve, o imagina, desde dentro de sus paredes de piedra. La vida que pasa ahí fuera, ruidosa y luminosa, mientras él no se atreve a salir. Y también es lo que espera si un día cruza.
Conozco muy bien esa sensación de escuchar la fiesta a través de la pared. De saber que hay gente pasándolo bien a pocos metros y no poder unirte. No por falta de ganas, sino porque el muro es demasiado alto. Que el clip ponga los dos mundos tan cerca, uno detrás de otro, me parece de una sinceridad enorme.
El traje rojo entre nebulosas
Hay otro personaje en «Punto muerto» que me hace mucha gracia: un hombre con un traje rojo estampado con un dibujo negro, como de encaje o de hojas, que posa con descaro delante de nubes de gas cósmico naranja y azul. A veces se agacha, a veces se lleva la mano a la cara, a veces mira a cámara de frente con los brazos caídos. No hay muros a su alrededor. El espacio entero es su decorado.
Es la otra cara del hombre del abrigo. Si uno se esconde entre piedras, el otro se viste de rojo para que lo vean desde cualquier galaxia. Y me gusta pensar que son la misma persona en dos momentos distintos. El que todavía se protege y el que ya se atreve a llamar la atención. Muchas veces convivimos con los dos dentro.
Gafas de sol frente a las estrellas
Hacia el final aparece un tercer gesto que me parece un muro pequeño, de bolsillo: unas gafas de sol. El hombre, con chaqueta oscura, mira a cámara con las gafas puestas, y detrás de él gira una galaxia en espiral azul y una nebulosa rosa. No le vemos los ojos.
Unas gafas oscuras son la pared más fina que existe. No te encierran, pero te permiten mirar sin que te miren del todo. Durante años fueron uno de mis refugios. Salir a la calle con gafas de sol aunque estuviera nublado, para que nadie pudiera leer en mi cara lo que me pasaba. Verlas en el clip, frente a todo el universo, me recordó que incluso los muros más pequeños cuentan.
Primera escala: cuatro paredes
Si «Punto muerto» tiene dos muros que se abren, «Entre cuatro paredes» tiene cuatro que se cierran. Es una canción del primer disco, «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», y habla de ese estado en el que no apetece salir del cuarto. Lo dice sin rodeos:
Y estoy sólo entre estas cuatro paredes
Es la habitación de la depresión. La que conoce cualquiera que haya pasado por ella. No hay galaxias al otro lado. Solo la pared, la cama, la persiana bajada. Y otra frase de la misma canción explica que ese encierro no se arregla rodeándose de gente:
Siempre apartado entre tanta gente
Esa línea me parece terrible y exacta. Puedes estar en una fiesta llena y seguir entre cuatro paredes. Los muros no siempre son de ladrillo. A veces los llevas puestos.
Pongo «Entre cuatro paredes» al lado de «Punto muerto» y veo un camino. En la primera, las paredes lo cierran todo. En la segunda, las paredes ya se han abierto y dejan ver el cielo, aunque el hombre todavía no se atreva a salir. Del primer disco al segundo, los muros empiezan a tener ventanas.
Segunda escala: un silencio con forma de castillo
Hay un tercer muro en el planeta, y este es elegido. En «Antisocial», del tercer disco, el protagonista ya no se encierra por miedo, sino por decisión. Ha aprendido a protegerse y no pide perdón por ello. Hay un verso que lo resume con una imagen de piedra:
mi silencio es un castillo, yo una armadura sin llave.
Me gusta mucho esa evolución. El muro de «Entre cuatro paredes» es una prisión. El de «Punto muerto» es una ventana. El de «Antisocial» es una fortaleza. No es lo mismo estar encerrado que estar resguardado. A veces, después de mucho daño, levantar un muro no es enfermedad sino salud. Elegir a quién dejas entrar.
Tercera escala: paredes de cristal
En el planeta hay muros que no parecen muros. En «Dubai», los rascacielos son paredes de cristal enormes que reflejan el atardecer, y por delante de ellas camina gente en grupo, con el sol bajo entre las torres. Son paredes que dejan pasar la luz, que no ocultan nada, que devuelven el mundo como un espejo.
Me gusta pensar que son el último tipo de muro, el que llega al final del camino. Ya no te escondes detrás de la piedra. Ya no te encierras en el cuarto. Ya no necesitas un castillo. Puedes vivir entre paredes transparentes, dejando que te vean, porque ya no tienes miedo.
El color de las piedras
Los muros de «Punto muerto» son grises, casi blancos donde les da la luz, con sombras azuladas en las juntas. Pero lo que hay entre ellos lo cambia todo: el morado intenso del espacio, el azul eléctrico de las nebulosas, el turquesa de una estrella que estalla, el rosa de una galaxia lejana. La piedra es sobria para que el cielo brille más.
Es una lección que me gusta aplicar a mis canciones. A veces la letra es sencilla, casi desnuda, palabras sueltas como piedras. Y la música es la galaxia que se ve entre ellas. Una cosa sujeta a la otra.
Lo que hay al otro lado
Hay un momento hacia el final del clip en el que el hombre, de espaldas otra vez, está frente a una galaxia en espiral enorme y una nebulosa rosa. Ya no hay muros. Solo él y el universo, cara a cara. Es el mismo plano del principio, pero sin las paredes de piedra a los lados.

Me emociona ese cambio. Es como si el clip contara, en dos minutos y medio, todo el proceso. Primero miras el cielo desde dentro de los muros. Luego sales y caminas por la cuerda sobre el vacío. Y al final te quedas frente a las estrellas sin nada que te separe de ellas. Has salido del punto muerto.
No sé si el hombre del abrigo volverá alguna vez a sus muros. Quizá sí, en los días malos, cuando necesite resguardarse. Pero ahora sabe que puede salir, y que al otro lado no hay un abismo, sino estrellas. Esa certeza es lo que cambia todo. Un muro del que sabes salir ya no es una cárcel: es un lugar al que vuelves cuando quieres.
El silencio de la piedra
Los muros tienen un sonido propio: el silencio. Cuando estás entre paredes gruesas, el ruido de fuera llega amortiguado, lejano, como si viniera de otro mundo. Es uno de los motivos por los que nos encerramos. No solo para que no nos vean, sino para dejar de oír. Las críticas, los rumores, las versiones de otros sobre nosotros.
En «Punto muerto», la música rompe ese silencio desde dentro. La canción suena entre las piedras, sube hacia las estrellas y se escapa por el hueco que dejan los muros. Es una forma de decir que, aunque estés encerrado, lo que sientes puede salir. Que una canción atraviesa paredes que tu cuerpo todavía no se atreve a cruzar.
Me pasó exactamente así. Mucho antes de poder salir de verdad, mis canciones ya salían. Llegaban a gente que no conocía, en ciudades donde nunca he estado. Mis muros seguían en pie, pero lo que había dentro empezaba a viajar. Y eso, de algún modo, fue aflojando las piedras.
Muros que se caen
No todos los muros se derriban a golpes. Algunos se caen solos, piedra a piedra, con el tiempo. Una conversación con alguien de confianza. Un día en que sales a la calle y no pasa nada malo. Una canción que alguien te escribe para decirte que le ha ayudado. Cada una de esas cosas quita un ladrillo.
Yo sigo teniendo muros. No voy a fingir lo contrario. Pero ya no son todos iguales. Algunos los he convertido en ventanas. Otros en castillos que yo elijo. Y unos cuantos se han caído y por el hueco entra luz.
Por qué escribí sobre estos muros
Durante veinte años compartí mi vida con dos personas narcisistas, primero con una y luego con otra. Cuando por fin quedó claro cómo eran, se ocuparon de que buena parte de la gente que me rodeaba creyera su relato y no el mío. Me encontré rodeado de muros que no había construido yo. Me quedaron un estrés postraumático, una depresión mayor grave, ansiedad, fobia social y personalidad evitativa, con los que hoy trabajo junto a mi psicóloga y mi psiquiatra. Hubo un tiempo en el que no quería seguir vivo.
En esos años mi mundo se redujo a cuatro paredes. Escribir canciones fue la primera grieta. Luego vinieron los videoclips, y con ellos este planeta, que me ha permitido mirar el cielo desde dentro de los muros y, poco a poco, salir a caminar por la cuerda. Contar mi versión de lo que pasó, la que nadie quiso escuchar, ha sido mi manera de abrir ventanas.
Si tú estás ahora entre paredes que no te dejan respirar, no te quedes solo con ello. En España tienes el 024, un teléfono gratuito y abierto a todas horas para quien piensa en el suicidio y también para quien está preocupado por alguien. Ante una urgencia, el 112. Si vives en otro país, en findahelpline.com puedes buscar la línea de ayuda de tu zona. Hay muros que se abren cuando alguien te ayuda a empujar.
Un disco de muros con ventanas
No me parece casual que «Punto muerto» esté en el segundo disco de la trilogía. El primero, el del descubrimiento, todavía tiene muchas habitaciones cerradas. El tercero, el de la liberación, tiene castillos elegidos y rascacielos de cristal. Y el segundo, el de las ganas, está justo en medio: es el disco de mirar el cielo desde dentro de los muros, sabiendo que existe otro mundo y deseando llegar a él.
Por eso los muros de «Punto muerto» están abiertos. Todavía no ha llegado el día de salir, pero ya se ve adónde se va.
Para escuchar con las ventanas abiertas
Todas las canciones de este paseo, y el resto de mi catálogo, se pueden descargar gratis y sin registro desde mi página de descargas. En la tienda de gayfolkplanet.com, https://gayfolkplanet.com/tienda, también encontrarás descargas gratuitas y otras cosas del planeta.
Te propongo escucharlas en este orden: «Entre cuatro paredes» para reconocer el encierro, «Punto muerto» para mirar el cielo desde dentro, «Antisocial» para levantar un castillo propio y «Dubai» para vivir entre paredes de cristal.
Cinco postales para guardar
Las dos paredes de piedra gris enmarcando una galaxia morada.
El hombre del abrigo negro, de espaldas, frente a una nebulosa con una estrella blanca en el centro.
La figura diminuta del traje rojo sobre la cuerda, encima del planeta rosa.
El abrigo abierto como unas alas delante de una luna rosa enorme.
La silueta final frente a la galaxia en espiral, ya sin muros a los lados.
Preguntas frecuentes
¿Qué muros aparecen en el videoclip de «Punto muerto»? Dos paredes de piedra vieja que enmarcan una galaxia al principio del clip, entre las que un hombre con abrigo negro mira las estrellas.
¿Cuándo se publicó el videoclip de «Punto muerto»? El jueves 22 de mayo de 2025, en YouTube. Dura dos minutos y treinta y seis segundos.
¿A qué disco pertenece «Punto muerto»? A «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK», el segundo disco de la trilogía de Planeta Gayfolk.
¿Qué otras canciones hablan de muros? «Entre cuatro paredes», sobre el encierro de la depresión, y «Antisocial», donde el silencio se convierte en un castillo elegido.
¿Se pueden descargar gratis estas canciones? Sí, todas, sin registro, desde la página de descargas de mikesaintlouis.com.