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Dos copas en una mesa de metal, un buffet de croquetas y un baile sobre el mantel: las mesas de Planeta Gayfolk

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Una mesa es el mueble más sencillo del mundo: una tabla y cuatro patas. Y sin embargo casi todo lo que importa en una vida pasa encima o alrededor de una. Se come, se firma, se discute, se juega a las cartas, se espera. En mi planeta también. Repasando fotogramas de mis videoclips me encontré con muchas más mesas de las que recordaba haber puesto: largas, redondas, de metal, de madera, de terraza, de banquete, de buffet. Algunas llenas, casi todas medio vacías.

Este texto es un paseo por ellas. No va de decoración ni de buenos modales. Va de lo que una mesa dice de quien se sienta, de quien no llega y de quien, en vez de sentarse, se sube encima y se pone a bailar. Empieza en una sala con cortinas fucsia y termina con un plato que alguien pone para sí mismo.

Dos copas de metal

La mesa que abre este paseo está en el videoclip de «Pura magia». Es una sala oscura con cortinas de terciopelo morado y fucsia que caen desde el techo. En medio, una mesa rectangular de metal gris, sin mantel, sin flores, sin nada más que un pequeño pie dorado con dos copitas metálicas, como dos cálices diminutos.

A cada lado, en un sillón fucsia, un hombre con barba, sin camiseta y con falda. Uno lleva falda azul y tiene un tatuaje en el brazo; el otro, falda negra plisada y un tatuaje grande en el hombro. Se miran por encima de la mesa como si estuvieran a punto de negociar algo. Las copas están justo en el centro, a la misma distancia de los dos.

Siempre que vuelvo a ese plano pienso en lo poco que hace falta para que una mesa se convierta en escenario. Dos sillas enfrentadas, una distancia que medir y algo pequeño en medio que ninguno de los dos ha tocado todavía.

La mesa que se mueve de sala

Lo curioso es que en «Pura magia» la mesa cambia de sitio. Unos segundos después la encuentras en otro cuarto, con paredes desconchadas y tubos de neón rosa que dibujan formas en la pared. Ahora es una mesa de madera clara, de escritorio de colegio. Uno de los hombres está sentado en una silla rosa, con las piernas cruzadas; el otro, de pie, se apoya en la mesa con los codos y deja caer la cabeza sobre la mano, aburrido o rendido.

Más tarde aparece una tercera versión, en una sala blanca de hormigón con luz de ventana: mesa gris de patas finas, una silla rosa, uno sentado con camiseta azul marino y el otro de pie, con falda y tacones. Y al final, en una sala morada, los dos sentados frente a frente en sillas rosas, con los antebrazos sobre el tablero, casi rozándose los dedos.

Cuatro mesas para una misma conversación que no oímos. Me gusta pensar que es la misma mesa siguiendo a dos personas de habitación en habitación, porque eso hacen las mesas importantes: te persiguen. Hay mesas en las que te has sentado una vez y te acompañan toda la vida.

Lo que se dice en portugués

La letra de «Pura magia» está entera en portugués y no habla de ninguna mesa. Habla de luces en la ciudad, de una noche sin fin, de bailar. Su invitación más clara es esta:

Vem cá dançar comigo

Y el vídeo, en lugar de una pista de baile, te pone una mesa. Me hace gracia esa contradicción: una canción que pide bailar y unas imágenes donde dos hombres se sientan a hablar. Pero quizá no es tan contradictorio. Antes de bailar con alguien muchas veces hay que sentarse con él. Primero la mesa, luego la pista. Primero las copas, luego el «vem cá».

«Pura magia» es del tercer disco de la trilogía, «El día de la liberación», y su vídeo está en su página de Planeta Gayfolk. Salió el 28 de noviembre de 2025, casi a medianoche en Madrid, y dura dos minutos y medio.

El buffet del barco

La mesa más abundante de mi planeta está en alta mar. En el videoclip de «Croquetas en el crucero» hay un buffet con bandejas de acero llenas de croquetas doradas, perfectamente alineadas, decenas y decenas, con las tapas de las bandejas levantadas como alas. En otra mesa redonda, sobre un mantel, hay una montaña de quesos en cuña y panes redondos.

Cuatro fotogramas de videoclips de Mike Sain't Louis: la sala de espera rosa de «Contact Overwhelms Me», las sillas apiladas en la playa de «La primera drag de Benidorm», las bandejas de croquetas de «Croquetas en el crucero» y la mesa con pétalos de «No Contact»

La letra lo cuenta sin adornos:

pero en el buffet solo había croquetas y queso malo

Es la mesa de la decepción alegre. Te apuntas a un viaje esperando otra cosa y acabas delante de una bandeja de lo mismo. Pero la abundancia del plano tiene algo de fiesta: nadie pasa hambre en ese barco, aunque nadie coma lo que quería. Es la mesa de los planes que no salen y de la risa que viene después.

En la misma canción, el capitán le ofrece al protagonista «una copa y un queso». Fijaos en ese menú, porque vuelve.

La mesa para dos en la plaza

Vuelve en «Hetero», donde la mesa es casi la protagonista. En mitad de una avenida mojada, de noche, con coches aparcados y la estatua iluminada de un jinete al fondo, alguien ha puesto una mesa redonda de terraza con dos sillas de hierro, dos copas de vino tinto y un plato con queso. No se sienta nadie. Al final del vídeo, la misma mesa aparece en el centro de una plaza enorme, sola, con la estatua detrás.

Esa es la mesa de la espera. La que preparas para alguien que no llega. Todas las mesas de terraza tienen algo de esto cuando están vacías: dos sillas que se miran, un servilletero, el espacio exacto de una conversación que no ha empezado. En «Hetero» la conversación no empieza nunca.

Me parece significativo que en las dos canciones el menú sea el mismo, vino y queso. En mi planeta es la ofrenda de quien llega con ilusión. En el barco se la ofrecen al protagonista; en la plaza es él quien la trae. Y en ninguno de los dos casos la cita sale como se esperaba.

El banquete visto de espaldas

En el videoclip de «Not Your Supply» hay una mesa de banquete enorme en un salón con paredes azul oscuro, cuadros con marcos dorados y una lámpara de araña de cristal. El mantel es blanco, hay platos y copas para mucha gente y ramos de flores blancas a lo largo del centro. La cámara está detrás de un hombre con traje azul marino sentado en la cabecera, y solo le vemos la nuca y los hombros.

Ese plano es la portada de este texto porque resume una idea que recorre muchas de mis mesas: la de estar presidiendo algo que nadie más ocupa. Hay mesas puestas para veinte que, vistas desde la silla principal, son la imagen más precisa de la soledad. No hace falta que esté vacía. Basta con que lo que hay alrededor no te devuelva nada.

La mesa bajo la tormenta

En «No Contact» hay una mesa larguísima de madera oscura, puesta con platos blancos, copas talladas y candelabros de plata, con pétalos rojos esparcidos por el tablero y por encima de los platos. Detrás, en lugar de pared, hay un cielo de tormenta, nubes negras y relámpagos. En los extremos de la mesa, de pie, dos personas se miran desde lejos.

Es una mesa de cena de ruptura, de esas que se ponen con todo el cuidado del mundo para una noche que acaba fatal. Los pétalos sobre el tablero parecen restos de algo bonito. La tormenta detrás ya ha decidido lo que va a pasar.

Unos segundos más tarde, la misma mesa aparece rodeada de gente, con velas encendidas y un chico en el centro con los brazos cruzados. La canción habla de cortar el contacto y salir a la pista. La mesa es lo que dejas atrás para hacerlo.

Bailar encima del mantel

Y luego está la mesa que no sirve para comer. En el videoclip de «La ley de la exageración», en una sala de piedra con columnas y luz morada, hay un banquete medieval larguísimo con decenas de velas encendidas sobre el tablero. Encima de la mesa, entre las velas, un hombre baila con los brazos abiertos. Más adelante, en una taberna de madera iluminada en azul y rosa, otro hombre con túnica clara baila de pie sobre una mesa, rodeado de gente sentada.

Mike Sain't Louis con camiseta azul marino como pegatina sobre papeles rasgados, con el verso «Vem cá dançar comigo / Sentir essa energia» de «Pura magia»

Subirse a la mesa es el gesto más gayfolk que conozco. Es dar la vuelta a la jerarquía de la cena: lo que estaba para servir se convierte en escenario y el comensal se convierte en espectáculo. En una boda es el tío que se ha pasado; en mi planeta es la persona que por fin ha decidido que no va a esperar a que le saquen a bailar.

Esa mesa, de todas, es mi preferida.

Las sillas apiladas

En «La primera drag de Benidorm» no hay mesas, o mejor dicho, hay las mesas que ya se han retirado. En la arena, de noche, junto a una farola encendida, alguien ha apilado decenas de sillas de terraza, unas encima de otras, en montones altos. Entre los montones, al fondo, una figura pequeña con vestido largo está de pie junto al agua.

Es el final de una terraza, la hora en la que el camarero ya ha recogido. Las sillas apiladas tienen algo de cementerio de conversaciones: en cada una alguien se ha reído esa tarde, ha pedido otra ronda, ha contado un secreto. Ahora son una torre de metal mirando al mar.

Me gusta mucho que esa figura esté ahí, sola, al lado de ellas. No necesita mesa. Le basta con la orilla.

La sala de espera

Hay un sitio de mi planeta donde hay sillas y no hay mesa, y por eso lo traigo aquí. En «Contact Overwhelms Me» hay una sala de espera rosa, con relojes redondos colgados en las paredes, butacas de color rosa claro y turquesa alineadas a los dos lados y un pasillo que se pierde al fondo, iluminado, con una sola figura diminuta en la otra punta. Por lo demás, no hay nadie.

Es una sala pensada para esperar sin mirarse. En las salas de espera las sillas no se enfrentan nunca; se ponen en fila, todas hacia el mismo lado, para que nadie tenga que sostener la mirada de nadie. Esa canción habla de la fobia social, y su sala de espera es justo eso: un lugar para estar con otros sin estar con ellos. Lo contrario de una mesa.

La paella sin mesa

Y hay una comida en la arena. En «Drift Away», entre olas, surfistas y toreros rosas, hay un plano de un grupo de amigos sentados en la playa alrededor de una paella grande, puesta directamente sobre una toalla de colores. Sin mesa, sin sillas, sin mantel. Solo la sartén, la arena y la gente alrededor.

Es una de las mesas más felices de mi planeta y no es una mesa. Me recuerda que lo importante nunca fue el mueble, sino el círculo. La toalla funciona igual que un mantel cuando la gente que se sienta alrededor tiene ganas de estar ahí.

Gramática de la mesa

Si junto todas estas imágenes, me salen unas cuantas reglas que no sabía que había puesto en mis vídeos.

Fotograma de «La ley de la exageración»: un hombre con túnica baila con los brazos abiertos sobre una mesa de banquete llena de velas encendidas

La mesa con dos sillas enfrentadas es la de la negociación: «Pura magia», «Hetero». La mesa larga con alguien en la cabecera es la de la soledad acompañada: «Not Your Supply». La mesa con dos personas en los extremos es la de la ruptura: «No Contact». La mesa con alguien encima es la de la liberación: «La ley de la exageración». Las sillas apiladas son la del final de la noche: «La primera drag de Benidorm». Las sillas en fila, la del miedo: «Contact Overwhelms Me». Y la toalla con la paella, la de los amigos.

Vistas juntas, se ordenan solas. Las mesas de mis vídeos acaban siendo un mapa bastante fiel de las maneras de estar con otros que he conocido.

Mi propia mesa

Durante veinte años, la mesa fue para mí un sitio difícil. Viví dos relaciones con personas narcisistas, una detrás de otra, y en las dos aprendí a sentarme a la mesa vigilando: qué se podía decir, qué no, quién estaba de qué lado. Cuando por fin se les cayó la máscara, consiguieron poner en mi contra a parte de mi gente, y de repente había mesas, cenas y celebraciones donde ya no tenía sitio.

Con el tiempo me diagnosticaron, entre otras cosas, fobia social y trastorno de la personalidad por evitación. Ninguna palabra explica mejor esos años que la sala de espera rosa de «Contact Overwhelms Me»: sillas en fila, sin mirarse, sin mesa.

Hoy estoy en tratamiento psiquiátrico y psicológico, y las canciones fueron mi manera de contar mi versión cuando no me salía contarla en ninguna sobremesa. No he vuelto a las mesas de antes, ni quiero. Pero he aprendido a poner la mía. Puede ser una mesa pequeña con un solo plato. Puede ser una mesa de terraza con alguien que escucha sin tomar partido. Y, cuando suena algo que me gusta, puede ser una mesa a la que me subo, aunque sea solo con la imaginación.

Del hospital a la mesa

Hay un detalle de «Pura magia» que me hace mirar su mesa de otra manera. El vídeo no empieza en la sala de las cortinas, sino en un lugar que parece un hospital: unas duchas de azulejo rosa con el título escrito en neón y, enseguida, una nave enorme llena de camillas rosas alineadas, con sillas de ruedas y fluorescentes en el techo. Los dos hombres con falda la cruzan andando, entre las camas vacías, como quien se va de alta.

Solo después llegan a la mesa. Primero las camillas, luego las sillas enfrentadas, luego los pasillos y por último el baile. Puede que sea casualidad del montaje, pero a mí ese orden me parece una pequeña historia de recuperación. Del sitio donde te curan al sitio donde vuelves a hablar con alguien, y de ahí al sitio donde por fin te mueves.

Por eso la mesa de metal, que a primera vista parece fría y casi de interrogatorio, la leo como una mesa de convalecencia. Es la primera conversación después de mucho tiempo sin tenerlas. Está desnuda porque todavía no hace falta adornarla. Basta con las dos copitas y con que los dos se queden sentados el tiempo suficiente.

Me reconozco en esa mesa más que en ninguna otra de mi planeta. Hay una fase de la recuperación en la que no estás para banquetes ni para pistas, pero sí para sentarte enfrente de alguien en una sala tranquila, con poca luz, y aguantar la mirada un rato. Parece poco. Es muchísimo.

La mesa y la pista

Hay una idea que me ronda desde que empecé a juntar estas imágenes: en mis vídeos, la mesa y la pista de baile son dos lugares opuestos que acaban encontrándose. En la mesa te sientas, te miden, esperas tu turno para hablar. En la pista nadie espera turno. Por eso el baile sobre el mantel de «La ley de la exageración» me parece tan importante. Es el punto exacto en que una cosa se convierte en la otra.

Ficha de «Pura magia» con su carátula: disco «El día de la liberación», canción 134 de 273, letra y producción de Mike Sain't Louis

«Pura magia» lo dice a su manera. Los dos hombres empiezan sentados frente a frente y el vídeo los saca de la mesa para llevarlos por pasillos rosas, salas de duchas y rampas, hasta acabar de la mano con tutús de tul azul. Del tablero de metal a los pasos de baile. La canción pedía bailar y al final lo consigue.

Lo que se queda en la mesa

Las mesas de mis vídeos están llenas de objetos pequeños que hablan más que los personajes. Las dos copitas metálicas de «Pura magia», que nadie llega a tocar. Las dos copas de vino de «Hetero», servidas y llenas. Los pétalos rojos de «No Contact», tirados sobre los platos. Las velas de «La ley de la exageración», que el bailarín esquiva con los pies. Las croquetas en fila del barco.

Si te fijas, casi nunca vemos a nadie comer. Las mesas de mi planeta están puestas, servidas, decoradas, pero la comida apenas se toca. Son mesas para mirar, no para alimentarse. Creo que eso dice algo de lo que buscan sus personajes: no tienen hambre de comida, tienen hambre de alguien sentado enfrente.

Una sobremesa larga

Lo mejor de una mesa no es la comida, es lo que pasa después. La sobremesa es ese rato en que ya no queda nada en el plato y nadie se levanta. Es la hora de las confesiones, de los chistes malos y de las segundas copas.

En mis vídeos casi no hay sobremesas, porque casi todas las mesas se quedan a medias. Pero las canciones sí lo son. Cada una es una conversación que sigue cuando ya se ha recogido todo. «Croquetas en el crucero» es la sobremesa de un viaje desastroso. «Hetero» es la de una cita que no ocurrió. «No Contact» es la de una cena que terminó en tormenta. Suenan a lo que se dice cuando ya se ha ido todo el mundo, como quien se queda solo en la mesa repasando lo que pasó.

Poner la mesa

Me gusta el verbo «poner». Poner la mesa es un acto de fe: colocas platos, copas y servilletas para gente que todavía no ha llegado, confiando en que vendrá. Hay quien lo hace con prisa y hay quien lo hace como un ritual. Las mesas de mis vídeos están puestas con un cuidado casi exagerado: candelabros, pétalos, flores blancas, bandejas relucientes.

Creo que ese cuidado es lo más bonito de todas ellas, aunque nadie se siente. Alguien pensó en los demás antes de que llegaran. Y aunque en mis vídeos muchas veces no lleguen, el gesto de poner la mesa sigue ahí, como una promesa.

Para sentarse a mirar

Si quieres hacer este paseo por tu cuenta, empieza por «Pura magia» y fíjate en cómo la mesa cambia de sala con los dos hombres. Sigue con el buffet de «Croquetas en el crucero» y la mesa de la plaza de «Hetero». Termina con el baile sobre el banquete de «La ley de la exageración», que es la mejor manera que conozco de levantarse de una mesa.

Y si te apetece llevarte alguna de estas canciones para tu próxima sobremesa, o para esa cena que vas a preparar solo con una vela y tu mejor plato, todas se pueden escuchar y descargar gratis en la página de descargas de mikesaintlouis.com, sin pagar nada.

Preguntas frecuentes

¿Qué son las mesas de Planeta Gayfolk? Es un recorrido por las mesas que aparecen en los videoclips de Mike Sain't Louis: la mesa de metal con dos copas de «Pura magia», el buffet de croquetas de «Croquetas en el crucero», la mesa para dos de «Hetero», el banquete de «Not Your Supply», la mesa bajo la tormenta de «No Contact» y el baile sobre la mesa de «La ley de la exageración».

¿En qué disco está «Pura magia»? En «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía. El videoclip se publicó el 28 de noviembre de 2025 y dura dos minutos y medio.

¿De qué habla la letra de «Pura magia»? Está escrita en portugués y habla de una noche de luces y baile en la ciudad, con un estribillo que invita a bailar juntos.

¿Qué relación tienen las mesas con la historia de Mike? Mike cuenta que durante años la mesa fue un lugar difícil por dos relaciones narcisistas y por la fobia social, y que hoy, en tratamiento, ha aprendido a poner su propia mesa.

¿Se pueden descargar estas canciones? Sí. Todas se pueden escuchar y descargar gratis en la página de descargas de mikesaintlouis.com.