
Por Mike Sain't Louis ·
Votar a un personaje de ficción: Noemí Argüelles, las encuestas y la política como espectáculo
Cada vez que se acercan unas elecciones, el país entero se convierte en una sala de espera. Los telediarios abren con gráficos de colores, las tertulias discuten décimas de punto como si fueran goles en el descuento y en los grupos de WhatsApp alguien siempre manda la última encuesta con un emoji de susto. Las encuestas no deciden nada, pero lo parece. Son la telenovela que nos tiene enganchados mientras llega el capítulo final.
«Noemí Argüelles va ganando en las encuestas» parte de ahí, de esa obsesión por los sondeos, y le da la vuelta de la forma más disparatada que se me ocurre: poniendo en cabeza a una mujer que ni siquiera existe. En la ficha de la canción ya hablé de su tono festivo, y la letra completa está publicada. Aquí quiero ir a otra parte: a quién es Noemí Argüelles, a por qué una canción así tiene algo de político aunque no hable de ningún programa y a lo que dice de nosotros que, puestos a imaginar una victoria, elijamos a un personaje de ficción.
Quién es Noemí Argüelles
Para quien no la conozca, Noemí Argüelles es un personaje de «Paquita Salas», la serie creada por Javier Calvo y Javier Ambrossi, los Javis, en la que Brays Efe da vida a una representante de actrices venida a menos. A Noemí la interpreta Yolanda Ramos. Aparece por primera vez en la primera temporada, en el capítulo «Divacel», como vendedora de ese producto milagroso, y con el paso de las temporadas va ganando protagonismo hasta convertirse en una de las favoritas del público.
Lo que define al personaje es su capacidad para reinventarse. Vendedora, esteticién, jefa de prensa improvisada y, en la tercera temporada, «community manager de la vida», como ella misma se presenta. Es una buscavidas que habla con palabras que no siempre domina, que se mete en todos los charcos y que sale de cada desastre con la cabeza alta. La propia Yolanda Ramos lo ha explicado en entrevistas: el personaje hace reír porque en el fondo tiene algo tragicómico. Y por ese papel ganó un premio Feroz.
No es raro, por tanto, que una figura así acabe en una canción de Planeta Gayfolk. Es exactamente el tipo de personaje que la cultura queer adopta como propio: una superviviente sin títulos ni padrinos, con más desparpajo que recursos, que se niega a desaparecer.
La premisa: una buscavidas en cabeza
La canción se construye sobre una idea muy simple. Noemí Argüelles va ganando en las encuestas. No sabemos a qué se presenta, ni con qué partido, ni con qué programa. Da igual. Lo único que importa es que va ganando, y que eso tiene consecuencias.
Las consecuencias aparecen en el arranque. La letra publicada lo grita como un titular de última hora: ¡están reunidos, están reunidos! ¿Quiénes? Elon Musk y Donald Trump. Y están, dice la letra, abatidos y muy bien escondidos.
Ahí está el chiste entero. Por un lado, una mujer de ficción, de barrio, con un nombre que suena a vecina del cuarto. Por otro, dos de los hombres más mediáticos del mundo, uno con su fortuna y sus cohetes y otro con su larga trayectoria política. Y la canción imagina que la sola subida de ella en los sondeos les obliga a reunirse a escondidas, como en una película de conspiraciones con presupuesto de verbena.
Me parece importante dejar claro algo: la canción no dice nada concreto de ellos dos. No les atribuye ningún hecho, ninguna frase, ninguna decisión real. Aparecen como símbolos del poder, igual que en un chiste aparece «el jefe» o «el rey». Lo que la letra pone en escena es una inversión de jerarquías, no un retrato. Ya tengo otra canción, «Elon Musk ha anunciado», que juega con la figura del anuncio grandilocuente, y en las dos el mecanismo es el mismo: tomar a alguien que ocupa muchísimo espacio en las noticias y meterlo en un mundo donde las reglas son las de Gayfolk.
El poder, escondido debajo de la mesa
Hay algo muy antiguo en esa imagen de los poderosos escondidos. La sátira lleva siglos haciendo lo mismo: coger a quien manda y ponerlo en una situación ridícula. Los bufones de la corte lo hacían, los carnavales lo hacen todavía y las chirigotas de Cádiz lo han convertido en arte. El poderoso que en la vida real parece intocable, en la canción tiene que esconderse.

Lo que me gusta de esta versión es que el motivo del susto no es una revolución ni un escándalo. Es una encuesta. Es decir, algo que en teoría no tiene ningún efecto real. Y aun así basta para que se reúnan, se abatan y se escondan. Es una forma de reírse de lo nerviosos que se ponen a veces los que mandan ante cualquier cosa que no controlan.
Y es también una forma de reírse de nosotros, que nos tomamos los sondeos como si fueran resultados. La canción exagera esa ansiedad hasta el absurdo: si las encuestas son capaces de esconder a dos de los hombres más poderosos del planeta, imagínate lo que harán el día de las votaciones.
Un ostión con la puerta
Después de la escena de los poderosos escondidos, la letra cambia de plano y se va al cuerpo. Me han pegado un ostión en la cara con la puerta. No me había puesto antes la anestesia.
Me encanta lo físico que es esto. No hay análisis ni comentario político. Hay un golpe con una puerta, de esos que te dan cuando alguien la abre de repente sin mirar. Y luego una frase muy de clínica dental: no me había puesto la anestesia. Es decir, el golpe me pilló desprevenido, sin preparación, sin nada que amortiguara el dolor.
¿Quién recibe el golpe? La letra no lo aclara, y eso permite leerla de dos maneras. Puede ser quien narra el que se lleva el portazo de la noticia, como cuando lees un titular que no te esperabas. O pueden ser ellos, los escondidos, a los que la encuesta les ha dado en toda la cara. Yo prefiero dejar las dos lecturas abiertas, porque las dos funcionan: las encuestas, cuando sorprenden, duelen a alguien.
En las canciones de Planeta Gayfolk el humor casi siempre pasa por el cuerpo. Los golpes, las caídas, las heridas absurdas. Es una forma de bajar a tierra cosas que parecen muy abstractas. La política se discute en platós, pero se sufre en la cara.
«Ojo al dato»
Hay una expresión en la letra que me hace muchísima gracia: ¡pues claro! Ojo al dato.
«Ojo al dato» es de esas frases que pertenecen a la memoria colectiva española. Es muy de locutor de radio, de esos que lo decían cuando iban a soltar una estadística o un resultado que merecía la pena subrayar. Al meterla en una canción sobre encuestas, la letra se pone en la piel de un comentarista entregado, de los que disfrutan cada décima.
Y justo antes está la frase cómplice: no puedes negar que les detestas. La canción mira a quien escucha y le guiña un ojo. No pregunta, afirma. Da por hecho que compartimos el mismo placer travieso de ver a los poderosos en apuros. Es un recurso que uso mucho, el de hablarle directamente a alguien, como si estuviéramos en la barra de un bar comentando las noticias.
El estribillo como cántico de campaña
El estribillo es una sola frase repetida: porque Noemí Argüelles va ganando en las encuestas. Tres veces seguidas, y luego otra vez, y luego otra.

Esa repetición imita algo que conocemos todos: el cántico de mitin. Los eslóganes de campaña funcionan así. No explican nada, no argumentan, no convencen con datos. Se repiten. Y a fuerza de repetirse, parecen verdad. Si lo dices tres veces, ya está en el ambiente. Si lo dices diez, ya es inevitable.
Lo divertido es que la canción usa esa técnica para algo completamente vacío de contenido. No sabemos qué propone Noemí, ni qué defiende, ni contra quién compite. Solo sabemos que va ganando. Es una parodia de la política como pura emoción, donde lo importante no es lo que se vota, sino la sensación de estar en el bando que sube.
Y a la vez tiene algo de celebración sincera. Hay alegría en ese estribillo, de la que se siente en una noche electoral cuando las cosas salen como querías. La canción se ríe del mecanismo, pero también se deja llevar por él. Como casi todo lo que hago, está a medio camino entre la burla y el cariño.
Las encuestas como telenovela
Merece la pena detenerse un momento en las encuestas en sí, porque son el verdadero motor de la canción. En España tienen incluso su propio ritual legal: la ley electoral prohíbe publicar sondeos en los cinco días anteriores a la votación. Esa última semana de silencio se vive casi como el parón antes del capítulo final de una serie, cuando ya no hay avances y solo queda esperar.
Y como toda telenovela que se precie, las encuestas tienen sus giros. Un día un partido sube, al siguiente baja, una décima se convierte en titular y un empate técnico da para una tarde entera de tertulia. Hay gente que las sigue con la misma pasión con la que sigue un reality: con favoritos, con odios y con la certeza de que el próximo dato lo cambiará todo.
La canción coge esa pasión y la lleva al extremo. Si las encuestas son una serie, que la protagonista sea de serie. Si son un espectáculo, que gane quien mejor sabe dar espectáculo. Y pocas lo saben dar como Noemí Argüelles, que en «Paquita Salas» convierte cualquier reunión de trabajo en un número de variedades.
Hay además un detalle que me hace gracia: las encuestas miden intenciones, no hechos. Dicen lo que la gente cree que va a hacer, no lo que hará. Son, en el fondo, otra forma de ficción colectiva. Por eso me parece tan coherente que la canción ponga en cabeza a un personaje inventado. Una ficción midiendo a otra ficción. Y los poderosos de verdad, mientras tanto, escondidos por si acaso.
Por qué votar a la ficción
Podría parecer un chiste sin más, y en parte lo es. Pero me interesa la pregunta que hay debajo: ¿por qué, puestos a imaginar a alguien ganando, elegimos a un personaje de ficción?
Una posible respuesta es el cansancio. Mucha gente siente que la política real se ha convertido en un espectáculo, con sus giros de guion, sus villanos y sus temporadas. Si ya es una serie, ¿por qué no votar directamente a una protagonista de serie? Al menos sabemos lo que nos vamos a encontrar.
Otra respuesta es que la ficción nos permite imaginar lo que la realidad no deja. En la vida real, las mujeres sin padrinos, sin carrera y sin dinero lo tienen muy difícil para llegar a cualquier sitio de poder. En la ficción, una vendedora de Divacel reconvertida en gurú de redes sociales puede poner en apuros a los hombres más ricos del mundo. La canción no dice que eso vaya a pasar. Dice: ojalá. Y el disco donde está, «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», ya lo dice en el título.
Y hay una tercera respuesta, más sencilla: porque es divertido. A veces la mejor manera de soportar la tensión de unas elecciones es reírse de ella. Ponerse esta canción la noche de un escrutinio es una forma de quitarle hierro a todo, de recordar que, pase lo que pase, la vida sigue y Noemí sigue a lo suyo.
Las supervivientes de la cultura queer
Hay una razón por la que personajes como Noemí Argüelles conectan tanto con el público queer, y tiene que ver con una larga tradición. Las divas que adoramos no suelen ser las perfectas. Son las que se caen y se levantan, las que hacen el ridículo con dignidad, las que se reinventan cuando nadie apuesta por ellas.

Esa tradición viene de lejos: de las folclóricas que llenaban teatros con un vestido de cola y un drama a cuestas, de las vedettes del cabaret, de las cómicas que hacían reír con lo que dolía. La propia Yolanda Ramos ha hablado de su paso por el cabaret y de lo difícil que es ser cómica y mujer en este país. No es casualidad que su personaje más popular sea una mujer que convierte cada fracaso en un nuevo comienzo.
En Planeta Gayfolk ese cariño por las supervivientes aparece en muchos sitios. Basta mirar algunos títulos del catálogo, como «Yo apoyo públicamente a Ylenia Padilla» o «Vota Malena Gracia»: ya desde el título, son canciones de apoyo. Ese gesto de ponerse del lado de una mujer del espectáculo, en alto y sin complejos, es muy de Gayfolk.
El cierre de grada
La canción termina con un grito a Noemí que no voy a suavizar, porque es como es: ¡arriba tu chocho, Noemí, que vas ganando en las encuestas!
Ese final es pura grada. Es el tipo de grito que se oye en un concierto, en una boda cuando la novia se arranca a bailar o en una noche de orgullo cuando sale tu artista favorita al escenario. Es vulgar, sí, pero es una vulgaridad cariñosa. Nadie grita eso para insultar. Se grita para animar.
En el vocabulario de Gayfolk, esa clase de exclamaciones son una forma de celebración. Las uso igual que otros usan un «¡olé!» o un «¡guapa!». Y me parece el final perfecto para una canción que, en el fondo, es una fiesta. No hay moraleja, no hay conclusión política. Hay una mujer de ficción que va ganando y una multitud imaginaria que la jalea.
Una canción corta para un tema enorme
La letra es breve. Comparada con otras canciones del catálogo, que están llenas de historias y personajes, aquí hay muy pocas frases y casi todas se repiten. Eso no es un problema, es una elección de forma. Un cántico de campaña no puede ser largo. Tiene que entrar a la primera y quedarse.
Esa brevedad también ayuda a que la canción funcione como un meme. Una frase, un nombre, una situación absurda. Se entiende en cinco segundos y se puede repetir en cualquier contexto. «Noemí Argüelles va ganando en las encuestas» podría ser perfectamente un comentario en una red social la noche de cualquier escrutinio, y quien la conozca sabrá de qué va.
Hay canciones que necesitan tres minutos para explicar algo complicado. Esta necesita tres minutos para repetir algo sencillo hasta que parezca inevitable. Son dos maneras distintas de escribir, y me gusta tener las dos en el catálogo.
Un «ojalá» con nombre propio
El disco en el que está la canción se llama «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», y creo que esa palabra, ojalá, explica muy bien el espíritu de este single. Gayfolk es un planeta imaginado, un lugar donde las cosas funcionan según otras reglas. Allí las buscavidas ganan, los poderosos se esconden y las encuestas son motivo de fiesta y no de angustia.

«Noemí Argüelles va ganando en las encuestas» es como una postal enviada desde ese planeta. Una noticia de un telediario que no existe, contada con la emoción de quien por fin ve que algo sale al revés de lo previsto. No es un programa político ni una predicción. Es un deseo con nombre propio.
Y los deseos, aunque no se cumplan, dicen mucho de quien los formula. Que en Gayfolk la ganadora sea una superviviente de la tele, y no un señor con traje y cohetes, ya es toda una declaración de principios. Una declaración en clave de chiste, eso sí, que es como mejor se dicen las cosas serias.
Sátira sin crueldad
Cuando una canción nombra a personas reales, hay que tener cuidado, y conviene planteárselo siempre. En este caso, la letra coloca a dos figuras públicas muy conocidas en una situación ficticia y absurda, pero no les atribuye nada concreto: no les acusa de nada, no inventa declaraciones, no se mete con su vida privada. Son el decorado del chiste, no su víctima.
Esa es la frontera que intento respetar. La sátira tiene una larga tradición de reírse de los poderosos, y es sana. Pero reírse de alguien no es lo mismo que difamarle. Una cosa es imaginar a los hombres más ricos del mundo escondidos por culpa de una encuesta, y otra muy distinta sería afirmar cosas falsas sobre ellos. La canción se queda claramente en el primer terreno, en el de la fantasía evidente.
Con Noemí pasa lo contrario: es un personaje de ficción, y la canción la trata con admiración. El grito final es de apoyo, el estribillo es de celebración. Si alguien sale bien parada de esta canción, es ella.
Política, pero de otra manera
Es fácil preguntarse si mis canciones son políticas. Mi respuesta es que sí, pero no de la manera que se espera. No hago canciones de programa ni de partido. Hago canciones sobre cómo vivimos la política: el miedo, la ilusión, el cansancio, la rabia, el chiste que nos salva la noche.
En el catálogo hay otras que van en esa línea, como «Un político español», y todas comparten esa mirada lateral. No me interesa tanto quién gana como lo que sentimos mientras esperamos el resultado. Y lo que sentimos, a menudo, es una mezcla de angustia y ganas de reír.
«Noemí Argüelles va ganando en las encuestas» es la versión más ligera de esa mirada. Es una canción para bailar mientras los gráficos suben y bajan en la tele. Para recordar que, por muy seria que se ponga la cosa, siempre podemos imaginar un mundo donde gana la que nadie esperaba.
Cómo escucharla
Si quieres ponerla, está en la página de singles y en todas las plataformas, y se puede descargar desde la sección de descargas. Mi recomendación es sencilla: guárdala para la próxima noche electoral. Cuando empiecen a salir los primeros datos y todo el mundo se ponga nervioso, dale al play. Puede que no cambie el resultado, pero seguro que cambia el ambiente.
Como letrista, compositor y productor musical, me gusta pensar que una canción así cumple una función muy concreta: aliviar. No todo tiene que ser una gran reflexión. A veces basta con una frase repetida, un personaje querido y un grito final para que una noche difícil sea un poco más llevadera.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata «Noemí Argüelles va ganando en las encuestas»? Es una canción satírica y festiva en la que Noemí Argüelles, el personaje de Yolanda Ramos en la serie «Paquita Salas», va en cabeza en las encuestas y eso obliga a dos de los hombres más poderosos del mundo a esconderse. Es una fantasía de inversión de jerarquías, no un retrato de nadie.
¿Quién es Noemí Argüelles? Un personaje de ficción de «Paquita Salas», la serie de los Javis, interpretado por Yolanda Ramos. Es una buscavidas que se reinventa una y otra vez: vendedora de Divacel, esteticién y, más tarde, «community manager de la vida».
¿En qué disco está? Forma parte de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», uno de los discos de la trilogía Gayfolk de Mike Sain't Louis, disponible en Spotify y el resto de plataformas.
¿Quién hace esta canción? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical que se presenta como «el primer cantautor IA»: escribe las letras y dirige la producción, y la música y las interpretaciones vocales se generan con inteligencia artificial.