
Por Mike Sain't Louis ·
Una mujer sola en un túnel en llamas: el videoclip de «Licores modernos», escena a escena
En la carátula de «Licores modernos» hay una taberna de toda la vida: el cristal mojado por la lluvia, filas de botellas detrás del mostrador, una bombilla colgando y una copa esperando. Cualquiera esperaría que el videoclip pasara ahí dentro, entre taburetes y madera vieja. No pasa. El vídeo se va bajo tierra, a un túnel inundado donde no hay barra, ni camarero, ni clientes. Solo una mujer, unas cuantas botellas y mucho fuego.
Dura tres minutos y veintiséis segundos y se publicó en YouTube el 17 de septiembre de 2025. Lo he vuelto a mirar despacio, fotograma a fotograma, para contarlo en orden. Los segundos que doy son aproximados.
Antes de empezar, una advertencia sobre el color, porque lo cambia todo: el vídeo entero está teñido con una paleta que recuerda a las cámaras térmicas. Lo frío es violeta y azul eléctrico; lo caliente, naranja, amarillo y rosa. No hay ni un plano con colores naturales. Eso hace que el fuego no parezca solo fuego, sino temperatura, y que la piel de la protagonista brille como si tuviera fiebre.
El cartel
El primer plano funciona como portada. Un túnel redondo, de esos de hormigón con anillos de luz en el techo, se aleja hacia el fondo como un embudo. En el centro, de pie, mirando a cámara, está ella: melena larga, camiseta de tirantes, los brazos caídos. Encima, en letras blancas y gruesas, «LICORES MODERNOS»; debajo, más pequeño, mi nombre.
Los anillos del túnel tienen un brillo naranja que se va apagando hacia el fondo, y eso crea un efecto de diana. La protagonista está justo en el centro de la diana. Es una manera muy clara de decir desde el principio quién va a llevar todo el peso del vídeo.
A los cuatro segundos el plano se acerca un poco y ella sigue ahí, quieta, con el título encima. No sonríe ni posa. Espera.
El túnel con agua
Cuando desaparece el título, el túnel cambia de forma. Ya no es redondo: ahora es un pasillo largo con el techo plano, con una fila de lámparas rectangulares a cada lado que se pierden en la distancia, como las de un paso subterráneo o un aparcamiento antiguo. El suelo está cubierto de agua. No es un charco: es una lámina que lo inunda todo y refleja las luces del techo.
Ella camina hacia nosotros por el centro, con el agua por los tobillos. Sobre el segundo doce, a los dos lados del pasillo, empiezan a aparecer llamas. Salen del agua, como si lo que cubre el suelo no fuera agua sino algo que arde. Es la primera vez que el vídeo enseña su regla principal: aquí abajo, el líquido se enciende.
Me gusta que no haya explicación. No vemos a nadie tirar una cerilla, ni una explosión. El fuego simplemente está, a ambos lados, y ella sigue andando por el único hueco que queda en medio.
Sentada junto a las botellas
Sobre el segundo dieciséis llega la imagen que más se parece a la portada, aunque esté a kilómetros de aquel bar. La protagonista está sentada en el suelo del túnel, apoyada contra la pared, con las rodillas dobladas y los brazos encima. A su lado, en el suelo, hay varias botellas de cristal oscuro, de pie, como si alguien las hubiera colocado en fila.
Lleva unas zapatillas blancas y una camisa clara. El túnel detrás se alarga con sus lámparas, igual de vacío. No hay nadie más. Durante unos segundos la cámara se queda ahí, casi quieta, y ella mira al frente o hacia un lado, como quien está esperando a alguien que no llega o ha decidido dejar de esperar.
Hacia el segundo veintiocho el plano cambia de escala y la vemos más de cerca, con una chaqueta oscura, abrazada a sus rodillas. Las botellas siguen junto a sus pies. Al fondo, a la izquierda, empieza a crecer un incendio.
Y en el segundo treinta y dos el fuego ya lo ocupa casi todo. Media pantalla es una masa naranja y amarilla, y ella sigue sentada en el mismo sitio, sin moverse, con una botella al lado. Es uno de los planos más fuertes del vídeo, precisamente por la calma de la protagonista. Todo arde y ella no huye.
Tumbada en el suelo
Sobre el segundo treinta y seis, la cámara se aleja. El túnel vuelve a ser redondo y oscuro, y ella está tumbada en el suelo, al fondo, casi un bulto entre las sombras. Unos segundos después, en el agua que hay entre la cámara y ella, empiezan a brotar llamas pequeñas, una al lado de otra, como velas encendidas sobre la superficie.

Es un plano extraño y bonito. Las llamas forman una especie de hilera que la separa de nosotros. Parecen las velas de una ofrenda, o las luces de una pista de aterrizaje. Ella no se mueve. Durante un momento no sabemos si está dormida, agotada o simplemente tumbada mirando el techo.
Ese no saber es parte del vídeo. No hay ningún plano que nos explique qué ha pasado antes. Lo único que sabemos es lo que vemos: botellas, fuego, una persona sola en el suelo de un túnel.
El agua hasta la cintura
Hacia el segundo cuarenta y ocho la protagonista vuelve a estar de pie, pero ahora el agua le llega mucho más arriba. Estamos en otro tramo del subterráneo, con bóvedas de ladrillo y arcos a los lados, más parecido a una alcantarilla antigua o a una cisterna. Ella avanza hacia la cámara con el agua por la cintura, con una camiseta clara pegada al cuerpo.
En el segundo cincuenta y seis, el agua que la rodea se enciende otra vez. Ya no son llamas a los lados: es el agua misma la que arde a su alrededor, y ella sigue caminando dentro del fuego, con la cara muy seria, mirando a cámara. Es la imagen más directa de todo el clip y la que mejor resume la idea del título. Algo líquido que quema.
Sobre el segundo sesenta, la cámara se va a un lado y la vemos de perfil, en un pasillo con barandilla, todavía en el agua, como si hubiera decidido seguir por otro camino.
El pasillo de piedra
A partir del segundo sesenta y cuatro cambia el decorado otra vez. El agua desaparece y el suelo es de piedra, con losas irregulares. Hay arcos a los dos lados y, entre ellos, más fuego. La vemos de espaldas, caminando hacia el fondo, con la melena suelta, entre dos muros de llamas.
En el segundo sesenta y ocho la perspectiva se gira y la tenemos de frente, al fondo de un pasillo largo, con una línea de brasas a cada lado del camino. Las brasas brillan como si alguien hubiera trazado con lava los bordes de una pista. Ella camina por el centro, de frente, con un vestido corto oscuro.
Sobre el segundo setenta y dos aparece un arco de piedra iluminado por detrás, como una puerta en mitad del muro. Ella está justo debajo, recortada contra la luz, y a sus pies, a los dos lados, hay dos fuegos pequeños, como los de unos braseros. Unos segundos después cruza el arco y viene hacia nosotros.
Es un pasaje que me gusta mucho, porque aquí el vídeo ya no parece un túnel de ciudad. Parece una gruta, o un templo, o un sitio muy antiguo. La protagonista ha bajado tanto que ha llegado a otra época.
La puerta de luz
Hacia el segundo ochenta, el pasillo de brasas se ve entero, con la protagonista caminando por él como por una alfombra. A los ochenta y cuatro, otra vez el arco: ella lo atraviesa, iluminada desde atrás por un resplandor blanco, con las llamas a los pies, y por un momento parece que sale de un horno.
Sobre el segundo ochenta y ocho la vemos de pie bajo ese mismo arco, de frente, con los brazos a los lados, como quien acaba de llegar a un sitio y todavía no sabe si quedarse.
La lava en la pared
En el segundo noventa y dos aparece una imagen nueva. En la pared de piedra del fondo, a la derecha, hay una grieta por la que cae un chorro naranja, espeso, como lava o metal fundido. Ella está a la izquierda, de perfil, con la espalda contra el muro, mirando hacia ese chorro.

A los noventa y seis la escena se repite con un encuadre algo distinto. El chorro sigue cayendo y formando un charco brillante en el suelo. La protagonista sigue mirando. No se acerca, pero tampoco se va.
Es el único momento del vídeo en el que el fuego no está alrededor de ella, sino delante, a distancia, como algo que se puede contemplar. Después de tanto tiempo caminando entre llamas, por fin las mira desde fuera.
La chaqueta y el incendio
Hacia el segundo cien el plano es más cercano. Ella lleva una chaqueta oscura abierta sobre una camiseta, y detrás arde una pared entera. Avanza hacia la cámara con un brazo un poco separado del cuerpo, como si se apoyara en el aire. La cara está seria, pero algo ha cambiado: ya no parece perdida.
A los ciento cuatro y ciento ocho la seguimos viendo en el mismo sitio, de frente, entre los restos de un incendio: brasas en el suelo, humo, un resplandor rosa al fondo. Camina despacio. Es la parte del vídeo en la que la protagonista empieza a salir de algún sitio, aunque todavía no sepamos de cuál.
Los barrotes encendidos
En el segundo ciento doce llega el plano que más me impresiona. Un primer plano de su cara, de frente, enmarcada por dos barrotes verticales. Los barrotes brillan en naranja y amarillo, como el hierro cuando se calienta en una fragua. Detrás, la pared de ladrillo; delante, ella, mirando a cámara sin pestañear.
No sabemos si está encerrada o si esos barrotes son una ventana. La imagen deja las dos lecturas abiertas. Lo que sí está claro es que los barrotes son lo más caliente del plano. La reja que la separa de nosotros es también lo que quema.
A los ciento dieciséis el plano se repite, más oscuro, con la cara medio en sombra. Y la idea vuelve más adelante, hacia el segundo ciento cuarenta y el ciento cuarenta y cuatro: otra vez la cara entre dos barras encendidas, esta vez con una mano levantada, agarrada a una de ellas, como quien comprueba si la puerta está abierta.
Me gusta mucho que esa imagen vuelva. Es como un estribillo visual. Entre una aparición y otra pasan muchas cosas, pero cuando volvemos a los barrotes, ella sigue ahí, mirando, y cada vez la mano está un poco más cerca de abrir.
El humo y la escalera
Entre el ciento veinte y el ciento treinta y seis, el vídeo se llena de humo. La protagonista aparece de espaldas, subiendo lo que parecen unos escalones, rodeada de una niebla violeta con fuegos pequeños en el suelo. Sobre el ciento veintiocho la vemos de cuerpo entero, a contraluz, con un resplandor naranja detrás que dibuja su silueta.
En el ciento treinta y dos y el ciento treinta y seis cambia la postura: está inclinada hacia delante, con las manos casi en el suelo, como alguien que trepa o que se impulsa para levantarse. Tiene la cara manchada y el pelo revuelto. Es la parte más física del vídeo. Ya no camina, empuja.
Saliendo del agua
En el segundo ciento cuarenta y ocho volvemos al pasillo largo del principio, el de las lámparas rectangulares en el techo. Pero ahora el agua está toda encendida, una alfombra de llamas de lado a lado, y ella está en medio, con los brazos abiertos, como si acabara de salir de una ola de fuego.
A los ciento cincuenta y dos la vemos casi a ras de suelo, a cuatro patas, saliendo de ese mar ardiendo hacia la cámara. A los ciento cincuenta y seis ya está de pie, de perfil, dando un paso largo, con el pelo cayéndole sobre la cara.
Si el vídeo tuviera capítulos, este sería el de la salida. Hemos visto a la protagonista bajar cada vez más hondo: del túnel a la alcantarilla, de la alcantarilla a la gruta, de la gruta a la reja. Ahora la vemos volver por el mismo pasillo por el que entró.
Dos retratos de frente
En el segundo ciento sesenta el tono cambia de golpe. Volvemos al túnel redondo del principio, con sus anillos de luz, y la protagonista aparece en un retrato de frente, de los hombros para arriba, con la cara en sombra. A los ciento sesenta y cuatro, el mismo encuadre, pero ahora iluminada: lleva el pelo recogido, un vestido de escote cuadrado y una expresión tranquila, casi solemne.

Es una imagen muy distinta a todo lo anterior. Sin fuego, sin agua, sin humo. Solo ella, peinada, quieta, en el centro de la diana de luz con la que empezó el vídeo. Parece otra persona. O la misma persona en otro momento de su vida.
Otra vez sentada
Hacia el ciento sesenta y ocho la vemos sentada en el suelo del túnel redondo, apoyada contra la pared, con una pierna estirada y la otra doblada, la mano junto a la cara. Es la misma postura del principio, cuando estaba junto a las botellas, pero aquí las botellas no aparecen. Lleva ropa oscura y botas. A los ciento setenta y dos el plano sigue igual: el túnel vacío y ella en el suelo, tranquila.
Me interesa mucho esa repetición. La protagonista vuelve a sentarse en el mismo tipo de sitio, con el mismo gesto, pero la escena ya no transmite lo mismo. Antes el fuego crecía a su lado. Ahora el túnel está en calma.
El vestido de luz
Entre el ciento setenta y seis y el ciento ochenta llega el plano más luminoso de todo el vídeo. Un túnel de ladrillo con forma de tubo, que se aleja hacia el fondo en círculos concéntricos, y en el centro, caminando hacia nosotros, la protagonista con un vestido largo y vaporoso que brilla en tonos naranjas y rosas. La tela flota a su alrededor. La paleta térmica, que hasta ahora servía para el fuego, ahora la hace brillar a ella.
Es el momento en que el calor deja de estar fuera y pasa a estar dentro. Ya no la rodean las llamas: es ella la que desprende luz.
El agua otra vez
Del ciento ochenta y cuatro al ciento noventa y seis volvemos al pasillo inundado, pero el agua ya no arde. Es azul y violeta, con reflejos tranquilos de las lámparas del techo. La protagonista camina por el centro, hacia la cámara, primero a lo lejos y después cada vez más cerca. Lleva ropa clara. En el ciento noventa y seis la tenemos casi en primer plano: el pelo suelto, una mancha oscura en la mejilla, la mirada a un lado.
Es el mismo sitio donde empezó todo, cuando las llamas salían del agua a los dos lados. Ahora el agua solo es agua.
El último plano
Y entonces, en el segundo doscientos, pasa algo que no había pasado en todo el vídeo: aparece otra persona. A la derecha de la protagonista, en el mismo pasillo inundado, hay un hombre de pelo corto, con el torso descubierto, mirándola de perfil. Ella mira a cámara. Él la mira a ella.
No hay abrazo, ni conversación, ni explicación. El vídeo termina ahí, con esa compañía nueva. Después de tres minutos completamente sola, la protagonista ya no lo está.
No voy a decir quién es él, porque el vídeo tampoco lo dice. Puede ser alguien que llega, alguien que vuelve o alguien que siempre estuvo y al que ella por fin ve. Me gusta que cada persona que mire el vídeo decida.
El título y las botellas
La palabra «licores» aparece en el vídeo de una manera muy concreta: en las botellas que acompañan a la protagonista cuando está sentada en el suelo, al principio. Después las botellas desaparecen, pero el líquido se queda. Todo el vídeo está hecho de líquidos: el agua que inunda el pasillo, el agua que se prende, la lava que cae por la grieta de la pared.

Y luego está la palabra «modernos». En la portada, el choque era evidente: un rótulo que dice «modernos» encima de una taberna de madera vieja. En el vídeo el choque es otro. No hay nada moderno en una gruta con arcos de piedra ni en unos barrotes que brillan como en una fragua. Lo único moderno es la forma de mirarlo: esa paleta de cámara térmica que convierte cada plano en un mapa de temperaturas.
La letra todavía no está publicada en la web. Cuando lo esté, la encontrarás en la sección de letras. Mientras tanto, prefiero que el vídeo hable por sí solo y no adelantar lo que cuenta la canción.
La protagonista
En el vídeo hay una sola protagonista durante casi todo el metraje, y no tiene nombre. No sabemos quién es, ni de dónde viene, ni por qué está ahí abajo. Lo que sabemos lo cuenta su cuerpo: cómo se sienta, cómo camina dentro del agua, cómo trepa, cómo se agarra a una reja.
A lo largo del clip cambia de ropa varias veces: la camiseta de tirantes del cartel, la camisa clara junto a las botellas, la chaqueta oscura entre las llamas, el vestido corto del pasillo de brasas, el vestido de escote cuadrado del retrato, el vestido largo de luz. Cada cambio coincide con un decorado distinto. No es una sola noche: son muchos momentos de la misma persona, montados como si fueran uno.
Y, aun así, hay algo que no cambia: la mirada. En casi todos los planos en los que la vemos de frente, mira a cámara con la misma seriedad. No pide ayuda. No se hace la víctima. Atraviesa lo que tiene que atravesar.
Dónde encaja en el universo Gayfolk
El fuego y el agua aparecen en muchos vídeos del proyecto. En el de «Tattoo de fénix» hay un pájaro de fuego que renace, y en el de «Dientes, dientes» hay humo rosa y otro salto de fénix. En el de «La playa del Mal Pas» arde una hoguera en la orilla. En «Licores modernos» el fuego no se queda en un objeto: lo invade todo.
La noche y lo que pasa en ella es otro hilo que atraviesa muchas canciones. «La noche no es para mí» la mira desde la distancia; «Verde» la vive de rumba; «Garrafón de China» se ríe de lo que se sirve en algunas barras. «Licores modernos» lleva esa noche a un sitio subterráneo y solitario, sin música de bar ni gente alrededor.
Y está la cuestión del encierro. En «Entre cuatro paredes» hay una habitación de la que cuesta salir. Aquí hay un túnel, una gruta y una reja. Muchas de mis canciones hablan de sitios de los que hay que salir. Lo que tiene de particular este vídeo es que enseña la salida con el cuerpo, paso a paso, sin necesidad de contarla con palabras.
Dónde está la canción
«Licores modernos» es la pista 12 de «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía GAYFOLK. Su ficha, con la descripción de la portada del bar, está en la página de la canción. El vídeo completo se puede ver en la sección de vídeos.
Si quieres escuchar la trilogía entera en orden, en «Cómo escuchar la trilogía Gayfolk de principio a fin» explico por dónde empezar.
Qué es mío y qué no
Soy letrista, compositor y productor musical. En mis canciones, la música y la interpretación vocal se hacen con IA, y los videoclips los dirijo yo. Lo cuento con más detalle en «Qué es mío en una canción hecha con IA».
Para volver a verlo
Si vuelves al vídeo, te propongo fijarte en tres cosas.
La primera, en el agua: cuándo arde y cuándo no. Al principio se enciende a los lados; en el medio la rodea; al final ya no quema.
La segunda, en las posturas: de pie en el cartel, sentada junto a las botellas, tumbada en el suelo, trepando entre el humo, a cuatro patas saliendo del fuego, otra vez de pie. Es casi una coreografía de alguien que cae y se levanta.
La tercera, en el último segundo. Después de tanto túnel vacío, mira quién está a su lado.
Preguntas frecuentes
¿Qué se ve en el videoclip de «Licores modernos»? Una mujer recorre un subterráneo: un túnel redondo con anillos de luz, un pasillo inundado con lámparas en el techo, una galería con arcos de ladrillo y una gruta de piedra. Se sienta junto a unas botellas, el agua se prende fuego a su alrededor, la vemos detrás de unos barrotes encendidos y, en el último plano, aparece un hombre a su lado. Todo con una paleta de colores de cámara térmica.
¿Dónde pasa el vídeo? ¿Sale el bar de la portada? No. La portada es un bar antiguo con lluvia en el ventanal, pero el vídeo transcurre entero bajo tierra, en túneles, galerías y grutas, sin barra ni clientes.
¿Cuándo se publicó y cuánto dura? Se publicó en YouTube el 17 de septiembre de 2025 y dura tres minutos y veintiséis segundos.
¿En qué disco está? Es la pista 12 de «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía GAYFOLK.
¿Está publicada la letra? Todavía no. Cuando lo esté, aparecerá en la sección de letras de la web.