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Una canción hecha de noes: por qué «No me aparece una ilusión» no tiene ni un chiste

No.

Si cuentas las veces que aparece esa palabra en «No me aparece una ilusión», te cansas antes de terminar. No me apetece. No encuentro. No me queda. No me atrevo. No encuentro consuelo. No hay respuestas. No siento. No consigo. No me importa. No quiero. No hay colores. No veo. No puedo.

Una canción entera levantada sobre una sola sílaba. Y sin un chiste.

Quien me conozca un poco sabe que eso, en mí, es casi una rareza. Escribo de narcisistas con nombre de pueblo, de cruceros con sardinas en el minibar, de la Shakira del Todo a un Euro. Me río de todo, empezando por mí. Pues aquí no. Aquí me quité la peluca. Te cuento cómo y por qué.

La palabra más corta del diccionario

El no es la palabra más corta que tiene peso. Dos letras. Se dice en medio segundo. Y cuando la pones al principio de cada línea, como hice aquí, pasa algo curioso: la frase entera se vuelve una puerta cerrada.

Compara. Me apetece salir de la habitación. No me apetece salir de la habitación. La primera abre algo. La segunda lo cierra antes de que entres. Una sola sílaba y el cuarto se queda a oscuras.

Escribí la letra así porque es la manera en que piensa la cabeza cuando está mal. No piensa en lo que quiere. Piensa en lo que no puede. En lo que no tiene. En lo que no le sale. Una lista de ausencias que se va alargando como la cola del paro un lunes de enero.

Y no la quise maquillar. No quise poner una línea positiva cada tres negativas, para que la canción quedara equilibrada y bonita. La cabeza no se equilibra sola. La dejé caer.

Cuatro paredes y una persiana

Lo primero que dice la canción es lo más concreto: no me apetece salir de la habitación.

Me gusta que empiece por un sitio físico. Una habitación. No el alma, no el corazón, no el vacío interior, esas palabras grandes que se usan en los libros de autoayuda del aeropuerto. Una habitación con cuatro paredes, una cama sin hacer, probablemente una persiana a medio bajar y un móvil con el cargador enchufado a una regleta en el suelo.

Hay un detalle de esa primera línea que me gusta: apetece. No dice no puedo salir. Dice no me apetece. Es un verbo de terraza, de domingo, de ¿te apetece una caña? Usarlo aquí, para algo tan serio, tiene trampa, porque desde fuera suena a capricho. «Si no te apetece, haz un esfuerzo.» Y desde dentro es exactamente eso, la falta de apetito por todo, por la calle, por la gente, por la comida, por el sol de las doce. Me pareció más verdadero que cualquier verbo dramático. La ausencia de ganas es menos espectacular que el dolor, y por eso cuesta tanto que la tomen en serio.

Si alguna vez has pasado una temporada así, sabes que el mundo se reduce a eso. A la distancia entre la cama y la puerta. Que de repente parece la distancia de Madrid a Cádiz andando.

La habitación vuelve en cada estribillo, como un decorado que no cambia. Ni falta que hace. En esos días, el decorado no cambia. Por eso la canción tampoco.

Solo entre tanta gente

Y entonces la frase que, para mí, es el centro de todo.

Fotogramas del videoclip oficial de «No me aparece una ilusión», de Mike Sain't Louis
«Y estoy solo entre estas cuatro paredes / Siempre apartado entre tanta gente»

Fíjate en el cambio de una línea a otra. Primero, solo entre cuatro paredes: la soledad del cuarto, la de estar encerrado. Luego, apartado entre tanta gente: la soledad de fuera, la que tienes aunque estés en un bar lleno, en una cena de cumpleaños, en un vagón de metro hasta la bandera a las ocho y media.

Las dos van juntas porque las dos son la misma. Puedes salir de la habitación y seguir estando en ella. La llevas puesta.

Esa soledad acompañada me parece de las cosas más difíciles de explicar a alguien que no la ha sentido. «Pero si tienes amigos», «pero si siempre estás rodeado de gente», «pero si el sábado estuviste en la fiesta de no sé quién». Sí. Y estuve apartado. En una esquina por dentro, aunque por fuera me riera.

No hace falta estar solo para estar solo. Esa frase la escribí aquí con otras palabras y es la que más me han dicho que se les queda.

El estribillo que vuelve sin que lo llames

El estribillo aparece una y otra vez. No lo he contado delante de nadie, pero son muchas, más de las que pondría en cualquier otra canción mía si buscara un tema para bailar.

Lo hice así porque esos pensamientos funcionan así. No llaman a la puerta. Vuelven. Estás fregando un plato, estás mirando el techo, estás viendo un capítulo de una serie que ni te interesa, y vuelven. No me apetece salir. No encuentro la fuerza. Estoy solo. Otra vez. La misma frase, con las mismas palabras, como un anuncio de la radio que te sabes de memoria y que no puedes quitar.

En una canción alegre, repetir el estribillo es una fiesta: la gente lo espera, lo corea, levanta los brazos. Aquí la repetición es lo contrario. Es el bucle. Es lo que pesa. Y la gracia, si se puede llamar así, es que el oyente lo nota. Llega un momento en que piensa: otra vez. Exacto. Otra vez.

Esa sensación de otra vez es lo que quería que se llevara quien la escucha. No la de una melodía pegadiza. La del pensamiento que no se va.

Por qué le quité los chistes

Ahora la pregunta que me hacen. ¿Por qué esta canción no tiene ni una broma, si tú haces bromas de todo?

Porque una broma, aquí, habría sido una forma de salir corriendo.

Yo uso el humor como escudo, lo sé y no me avergüenzo. Me ha salvado muchas veces de ponerme estupendo, de dar pena, de sonar a mártir. Pero el escudo tiene un problema: si lo pones delante de todo, no se ve lo que hay detrás. Y en esta canción quería que se viera.

Cuando alguien está mal de verdad, lo que menos le ayuda es que le hagan gracietas. «Venga, anímate, que no es para tanto.» «Sal un rato, que te dé el aire.» «Ponte una peli de risa.» Todo eso, dicho con buena intención, suena desde dentro de la habitación como un ruido lejano, de otro planeta.

Así que la canción no hace eso. No te anima. No te da palmaditas. Se sienta contigo en el suelo y te dice: sí, es así. Esto es lo que se siente.

A veces eso es lo único que sirve.

No me atrevo ni siquiera a fingir

Hay una línea que, de todas, es la que más me cuesta releer.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «No me atrevo ni siquiera a fingir» de «No me aparece una ilusión»
«No me atrevo ni siquiera a fingir»

Porque fingir es lo último que se pierde. Puedes estar fatal y fingir que estás bien. En el trabajo, con la familia, en el grupo de WhatsApp de los amigos mandando un emoji de risa. Fingir es agotador, pero es una forma de seguir funcionando. De que no te pregunten.

Cuando ya no puedes ni fingir, has llegado a otro sitio. Más abajo. Ya no te queda energía ni para la máscara.

Es curioso, porque en otras letras mías la máscara es un tema de burla. La máscara de Saw, la careta de la sonrisa falsa en «Extravaganza», el narcisista que se la quita cuando le conviene. Aquí la máscara no es de nadie malo. Es tuya. Y que se caiga no es una victoria: es que ya no puedes más.

Lo escribí sin adorno. Una línea seca. Ocho palabras.

Las palabras que no usé

Te cuento lo que dejé fuera, porque a veces lo que no está dice tanto como lo que está.

No usé la palabra depresión. Ni una vez. Me parecía una palabra de informe médico, de prospecto, de tertulia de la tele. Cuando estás dentro no piensas «tengo depresión». Piensas «no me apetece salir de la habitación». Así que escribí lo segundo.

No puse pastillas, ni consultas, ni diagnósticos. No porque no existan, sino porque no son míos para contarlos, y porque la canción no es un caso clínico. Es lo que se siente.

No puse ningún lugar con nombre. Ni Madrid, ni Chueca, ni Benidorm, que salen en tantas letras mías. Aquí no hay ciudad. Hay un cuarto. El cuarto podría estar en cualquier sitio, en un piso de Lavapiés o en un adosado de Albacete, y eso me parecía importante: que cualquiera pudiera meterse dentro.

Y no puse ningún insulto. Esto es lo que más me sorprendió cuando la releí. En casi todas mis letras hay alguien a quien señalar. Aquí no hay culpable. Nadie te ha hecho esto. Simplemente pasa.

Quitar todo eso fue como vaciar una habitación de muebles. Al final solo quedan las paredes. Y las paredes eran el tema.

Escalones hacia abajo

Si lees la letra entera, verás que entre estribillo y estribillo las estrofas van bajando. No es un orden muy pensado; salió así, pero cuando lo vi lo dejé.

Primero, la razón para sonreír que no queda. Luego, la tristeza que se siente como la eternidad. Después, el calor de ningún amor y cada día pesando más que el ayer. Más tarde, el latido que no se siente dentro del pecho y el túnel estrecho. Al final, el túnel sin luz.

Es como bajar las escaleras de un parking subterráneo. Planta menos uno, menos dos, menos tres. Cada vez hay menos luz y huele más a humedad. Y no sabes cuántas plantas quedan.

En la ficha de la canción lo conté de pasada. Aquí te digo que esa bajada es lo que hace que la canción no sea un lamento plano. Se mueve. Hacia abajo, pero se mueve.

El túnel sin luz

Lo del túnel es una imagen muy usada, lo sé. La luz al final del túnel la dice tu madre, tu jefe, el presentador del telediario cuando hay crisis y hasta el entrenador del Atleti en rueda de prensa.

Por eso la puse al revés. No veo el final de este túnel sin luz.

Cuando estás dentro, la frase de la luz al final del túnel te cabrea, porque tú no la ves. Te la dicen desde fuera, desde donde sí hay luz, y suena a que no te entienden. La canción recoge la imagen gastada y la deja sin bombilla. Hay túnel. No hay luz. No hay final a la vista.

Es una de esas veces en que coges una frase hecha y le quitas la parte bonita para que vuelva a significar algo.

Y en mis pensamientos solo estás tú

En mitad de todo ese gris aparece alguien. De pasada, en una línea. En mis pensamientos solo estás tú.

Collage con un detalle de la carátula de «No me aparece una ilusión» y las carátulas de «Una ilusión», «Entre cuatro paredes», «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», «La música me está salvando»

No digo quién es. No lo voy a decir aquí tampoco. Puede ser un amor que se fue, una persona que ya no está, alguien a quien no te atreves a llamar. Justo antes la letra dice que no encuentra el valor para pedir perdón, así que cada uno puede atar los cabos que quiera.

Lo que me importa es que esa línea es el único punto de color de la canción. Ese tú. Todo lo demás es la habitación, el túnel, la falta de fuerzas. Y de repente, una persona. Aunque no esté. Aunque sea solo un pensamiento.

A veces, en esos días, lo único que te mantiene es eso. Pensar en alguien. Aunque duela.

El no que no es como los otros

Y llegamos al final, que es la razón por la que la canción existe.

«No, pero algo en mí pide respirar / Tal vez algún día logre despertar.»

Fíjate en el primer no de esa línea. Es distinto a todos los demás. Hasta aquí, cada no cerraba una puerta. Este no va seguido de una coma y de un pero. No, pero. Es un no que se da la vuelta.

Me costó mucho llegar a esa coma. Es el único signo de puntuación de toda la canción que hace algo. Una coma y un pero, y la frase entera cambia de dirección. Como cuando vas por la autovía y ves por fin el cartel de un cambio de sentido.

Algo en mí pide respirar. No dice que ya respire. Dice que algo lo pide. Una parte pequeña, que todavía no ha tirado la toalla.

Y tal vez algún día logre despertar. Tal vez. Algún día. No mañana, no con un final feliz de anuncio de yogur. Una posibilidad.

No es un final feliz

Me lo han dicho alguna vez: qué final más triste. Y yo creo que no. Creo que es el único final honesto que podía tener.

Si la canción acabara con «y ahora estoy fenomenal, salgo a la calle y el sol brilla», sería mentira. Así no se sale de una temporada mala. No hay un día en que se abre la persiana y suenan violines. Se sale poco a poco, con días buenos y días malos, con una parte de ti que pide aire aunque el resto siga en la cama.

La canción acaba en ese momento exacto. Cuando algo pide respirar. Ni antes, cuando todo era negro, ni después, cuando ya ha pasado. En la grieta.

Me parece más útil, para quien la escuche estando mal, que una canción le diga que la grieta existe a que le diga que ya está curado. La grieta es creíble. La curación instantánea, no.

Si estás en esa habitación

Lo voy a decir claro, sin metáforas, porque aquí tocan las frases limpias.

Si ahora mismo estás en esa habitación, si no te aparece una ilusión, si llevas días sin salir y sin fuerzas, habla con alguien. Con una persona de confianza o con un profesional. En España, el teléfono 024 atiende a cualquier hora a quien lo está pasando mal y piensa en hacerse daño, y es gratuito. Si es una urgencia, el 112.

Pedir ayuda no es exagerar. Ya me conoces: sé de lo que hablo cuando digo exagerar.

Y esta canción no sustituye a nada de eso. Es una canción. Puede hacerte compañía un rato. Puede hacer que te sientas menos raro. Pero el despertar del final, el de verdad, suele necesitar a alguien más.

Antes, una ilusión

En la discografía de la web, justo antes de esta, está «Una ilusión». No me digas que no tiene gracia, aunque esta canción no tenga ninguna. Una ilusión, y luego, no me aparece una ilusión. Como si la segunda fuera lo que queda cuando la primera se ha ido.

Ficha de la canción «No me aparece una ilusión» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Ese orden me gusta mucho porque es como funciona la vida. Una cosa no anula la otra. Tienes temporadas de ilusión y temporadas en las que no te aparece. Las dos canciones están en el mismo cajón. Las dos son mías.

Y si te interesa la soledad de los cuartos, en «Entre cuatro paredes» hay otra habitación, otra forma de estar encerrado. Son primas lejanas.

En el primer disco, a propósito

La canción está en «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», el primer disco de la trilogía. Mucha gente se sorprende, porque ese disco es una fiesta: hay cohetes, hay Camela, hay croquetas, hay lefa, hay ex con nombres de pueblo.

Pero un planeta donde todo es fiesta sería un planeta de cartón piedra. GAYFOLK no es eso. Es un sitio donde también se puede estar mal y decirlo. Donde la loca que hace reír a todos puede encerrarse un día en su cuarto sin que nadie le pida que salga a animar.

Por eso esta canción está ahí, en medio de la verbena. Para que el planeta tenga una habitación con la persiana bajada. Y para que nadie piense que en GAYFOLK hay que estar siempre bien.

La música como cuerda

Hay otra canción mía que podría ser la respuesta a esta, y es «La música me está salvando». El título lo dice todo. Si esta es la habitación, aquella es la cuerda que alguien te tira por la ventana.

No digo que la música cure nada. No soy médico ni quiero parecerlo. Digo que escribir, para mí, es una forma de abrir un poco la persiana. Cuando consigo poner en palabras algo que me pesa, pesa un gramo menos. No mucho. Un gramo. Y a veces un gramo es lo que separa quedarte en la cama de levantarte a por un vaso de agua.

También escribí sobre otro lado de esto, el de trabajar solo, en La soledad de crear solo y cómo la llevo. Hacer canciones a solas tiene mucho de habitación.

Escrita sin máquina

La letra es mía, como todas, escrita sin inteligencia artificial. Los noes, la coma, el pero, el tal vez. La música y las voces están hechas con herramientas de IA como Suno. Yo soy letrista, compositor y productor; la voz que la interpreta no es la mía.

Y aquí lo digo con más razón que nunca. Una máquina no sabe lo que es no tener fuerzas para salir de la habitación. No sabe lo que pesa un lunes cuando estás mal. Puede ponerle sonido a la tristeza, y lo hace bien, pero la tristeza la tiene que traer alguien. La letra es lo único que no se puede generar con un botón, porque viene de un sitio que la máquina no tiene.

Una habitación.

Para escucharla

No te voy a decir que la escuches en un momento concreto. Esta canción no es para el metro ni para el coche. Es para cuando la necesites, y si la necesitas, ya sabrás cuándo.

Solo te pido una cosa: escúchala hasta el final. Hasta la coma. Hasta el pero. Hasta el tal vez.

Ahí está todo.

La ficha de la canción tiene la letra completa, y en Letras están las demás. Si una noche no duermes, también tienes la autopsia del insomnio, que es otra forma de hacerse compañía a las cuatro de la mañana.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «No me aparece una ilusión»? De una temporada de tristeza profunda: no tener fuerzas para salir de la habitación, sentirse solo incluso rodeado de gente y no ver salida. Termina con una pequeña grieta de esperanza: «algo en mí pide respirar».

¿Por qué no tiene humor, si Mike Sain't Louis suele escribir con humor? Porque, según cuenta él, una broma en esta canción habría sido una forma de huir del tema. La canción acompaña sin intentar animar.

¿En qué disco está? En «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», el primer disco de la trilogía Planeta Gayfolk.

¿Qué hago si me siento como dice la canción? Habla con alguien de confianza o con un profesional. En España, el 024 atiende gratis y a cualquier hora a personas que piensan en hacerse daño; en una urgencia, llama al 112.

¿Quién pone la voz? Las voces y la música están hechas con herramientas de inteligencia artificial como Suno. Mike escribe las letras sin IA y es compositor y productor.

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