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Una campana que aún no recuerda: «Before the Bells» verso a verso, del «ay, mi penita» al aliento que se queda

Hay canciones que se leen hacia delante, buscando el final, y otras que se leen como quien se sienta en un banco a esperar. «Before the Bells» es de las segundas. Toda su letra ocurre en un tiempo que todavía no ha llegado: mientras el bronce sigue mudo, mientras a la oscuridad nadie le ha encargado nada, mientras el día todavía no exige alboroto. Es una canción escrita en la antesala, y por eso merece leerse despacio, renglón a renglón, con el mismo cuidado con que se entra en una habitación donde alguien duerme.

La letra tiene treinta y ocho renglones escritos. Solo veinte son distintos. Los dos primeros están en castellano y son un lamento; los dieciocho siguientes están en inglés y forman tres estrofas de seis versos que después vuelven enteras, una detrás de otra. Doce renglones empiezan con la misma palabra, «Before». Todo rima por parejas, dos a dos, como pasos que se dan con cuidado. Con esos materiales tan pocos se construye una de las piezas más quietas de mi catálogo.

Ya he escrito sobre esta canción desde otros sitios. En un texto anterior me fijé en la pena que prescinde de ritos, y en el texto sobre el videoclip recorrí los campanarios del vídeo. Aquí quiero hacer otra cosa: sentarme con el lápiz y leer la letra entera, verso por verso, para ver cómo está hecha por dentro.

Un quejío antes del inglés

La canción no arranca con una idea, arranca con un sonido. «Aaaaaaayyyyy mi pena». Siete aes y cinco íes griegas antes de llegar a la palabra. No es una errata ni un capricho tipográfico: es la manera de escribir un lamento que se alarga, que se prolonga hasta que el aire se acaba. Quien haya oído un quejío flamenco reconoce el gesto. Antes de decir nada, el cuerpo se queja.

El segundo renglón repite el movimiento y lo encoge: «Ayyyyyyyyyyyy mi penita». Ahora hay doce íes griegas, y la pena se ha vuelto diminutivo. En castellano el diminutivo no achica solo el tamaño; también acerca, ablanda, mece. Decir «penita» es hablarle a la pena como se le habla a alguien a quien se tiene en brazos. En dos renglones la canción ya ha hecho un recorrido entero: del grito al arrullo, de la herida abierta a la herida cuidada.

Y después cambia de idioma. Me gusta pensar en esos dos renglones como el umbral de una casa. Fuera queda el castellano de la calle y del duelo, el idioma en el que uno se queja sin pensar. Dentro empieza el inglés de las campanas, más medido, más ceremonioso, con sus pareados exactos. El lamento se queda en la puerta, como quien se limpia los zapatos antes de entrar, y lo que viene después ya es otra cosa: la espera.

La campana que todavía no recuerda

«Before the bells remember how to ring,». Es el primer renglón en inglés y ya tiene una rareza preciosa. Las campanas no suenan, ni siquiera van a sonar: tienen que recordar cómo se hace. El verbo es «remember». La letra trata a las campanas como si fueran personas que han olvidado un gesto aprendido y necesitan un momento para volver a encontrarlo.

Eso cambia el sentido de toda la canción. Si las campanas tienen que recordar, es que llevan tiempo calladas. El momento que se describe no es un silencio normal, sino un silencio largo, de esos que se instalan después de algo grande. La ciudad entera está en pausa, y hasta el bronce ha olvidado su oficio. Y en esa pausa estamos nosotros.

Las campanas, además, nunca suenan por nada. Tocan a misa, tocan a boda, tocan a muerto, tocan la hora. Son la manera que tiene un pueblo de anunciar lo que pasa. Escribir sobre el rato anterior a las campanas es escribir sobre el rato anterior a que lo que pasa se haga público. Todavía no hay anuncio. Todavía nadie sabe. Todavía es nuestro.

Una oscuridad sin encargo

«Before the night is told what it should bring,». El segundo verso repite la fórmula y le cambia el sujeto. Ahora es la noche la que espera, y lo que espera es que alguien le diga qué traer. Otra vez la letra personifica: la noche no decide sola, recibe órdenes.

Me parece una imagen muy fina de lo que se siente en ciertos momentos de la vida, cuando todavía no se sabe qué va a pasar y el mundo entero parece estar esperando instrucciones. La noche podría traer cualquier cosa: una mala noticia, una llamada, el sueño, nada. No lo sabe todavía. Y nosotros tampoco.

Fíjate en la rima: «ring» con «bring». Son dos palabras cortas, de una sola sílaba, que suenan casi como un golpe de badajo. La primera pareja de la canción ya imita lo que nombra. Si se leen en alto, tienen algo de tañido, de metal que vibra y se apaga.

Lo indomable

«We sit with what we cannot make behave,». Aparece por primera vez un nosotros, y lo que hace ese nosotros es sentarse. No luchar, no huir, no arreglar: sentarse. Es el verbo más humilde que se puede elegir, y es exactamente el que la canción necesitaba.

Compartimos asiento con algo incapaz de obedecer. El verbo inglés «behave» es el que se usa con los niños: compórtate, estate quieto. Aplicado a la pena, resulta casi tierno. La pena no obedece, no se queda quieta, no se porta como debería. Y la respuesta de la letra no es reñirla, sino hacerle compañía.

Eso conecta con el arranque en castellano. Si la pena se ha vuelto «penita», si se le habla en diminutivo, es porque ya no se la trata como un enemigo. Se la trata como algo que está ahí y con lo que hay que convivir. Sentarse con ella es aceptar que no se va a ir porque se le mande.

Respirar en el pasillo entre vivir y tener valor

«A breath between the living and the brave,». Este verso es el centro de la primera estrofa, y para mí uno de los más bonitos que he escrito. Un aliento, una respiración, colocada entre dos grupos: los que viven y los que son valientes.

Lo interesante es que la letra no los presenta como lo mismo. Estar vivo y ser valiente no son sinónimos aquí. Hay un espacio entre ambos, y ese espacio dura lo que dura un aliento. Es el sitio donde uno todavía no ha tenido que ser fuerte, pero ya no está del todo en la vida de antes. Una especie de pasillo.

La rima, «behave» con «brave», tiene su gracia. Lo indomable rima con el valor. Como si la valentía empezara precisamente cuando se acepta que hay cosas que no se pueden domar. Y la palabra «breath» se queda en el aire: volverá al final, dos veces más, en el último verso de la tercera estrofa. Es el hilo que cose la canción.

Una frase que se dice dos veces

«Time loosens what it came to claim,». Y enseguida, otra vez, la misma frase. Es el único verso de la canción que se repite seguido, pegado a sí mismo. En la primera aparición termina con coma; en la segunda, con punto. La diferencia es mínima y lo dice todo: la primera vez la frase todavía está en camino, la segunda ya se ha asentado.

Lo que dice la frase merece detenerse. Los días van soltando aquello de lo que se adueñaron. La frase no promete curación, que es lo que se dice siempre y casi nunca es verdad. Dice algo más modesto y más exacto: el tiempo vino a llevarse algo, y con los días va soltando la presión. No devuelve lo que se llevó. Solo afloja la mano.

El verbo «loosen» es el de los nudos, los cinturones, las cuerdas. Algo que estaba apretado y empieza a ceder. Más adelante la letra mostrará un corazón desatándose por su cuenta, y ahí se ve que esta palabra no está elegida al azar: toda la canción está llena de cosas que se aflojan, que se sueltan, que dejan de apretar.

Repetir el verso es también una forma de respirar. La primera vez se dice; la segunda se cree. En una pieza sobre la espera, esa repetición funciona como una mano que se posa dos veces en el mismo hombro.

La piedra que todavía no lleva nombres

La segunda estrofa empieza con una imagen que hace bajar la temperatura. «Before the names are spoken into stone,». Cuando aún no se han dicho los nombres para el mármol. Es imposible no pensar en una lápida, en el cincel, en las letras grabadas que convierten a alguien en recuerdo.

Pero la letra lo dice de una manera extraña: los nombres se «hablan» dentro de la piedra. No se tallan ni se escriben, se pronuncian. Como si grabar un nombre fuera la última vez que se dice en alto, y después quedara para siempre ahí, mudo, fijado. La canción se coloca justo antes de ese momento. El nombre todavía es de alguien que se puede llamar.

No es un verso fácil y no quiero suavizarlo. Habla de la muerte, o al menos de algo que se le parece mucho: el final que se hace oficial. Lo que me conmueve es que no se queda en el final, sino en el rato previo, cuando todavía no hay piedra, todavía no hay letras, todavía no hay que aceptar nada.

Sostenerse sin apoyo

«Before the body learns to stand alone,». El cuerpo tiene que aprender a sostenerse solo. Otra vez el verbo de aprender, como antes las campanas tenían que recordar. La canción entiende la pérdida como una escuela: después de que algo se va, hay cosas que se tienen que volver a aprender desde el principio.

Y la primera es la más física de todas: estar de pie. Sin apoyo, sin el hombro del otro, sin la costumbre. Quien ha pasado por una ruptura larga o por un duelo sabe que hay días en los que el cuerpo parece haber olvidado cómo se hace. Se tambalea, se sienta, no encuentra postura. La letra sitúa todo eso en el futuro. Todavía no ha llegado. Todavía no hay que aprender.

La rima, «stone» con «alone», es la más grave de la canción. Las dos palabras terminan en la misma vocal larga, oscura, que se queda resonando. Piedra y soledad, unidas por el sonido. Es la pareja más triste del texto y está colocada justo en el medio.

Unos dedos que sueltan la riña

«The hands forget the shape of every fight,». Aquí la estrofa da un giro. Los dos primeros versos miraban al futuro con el «Before»; este ya no. Los dedos pierden el molde de cada riña, y eso sucede ya, en presente. Algo ya está ocurriendo.

Me gusta mucho que la pelea tenga forma. Las manos la recuerdan como recuerdan un objeto: el puño cerrado, los dedos tensos, la costumbre de estar en guardia. Quien ha vivido mucho tiempo a la defensiva lleva eso en el cuerpo, y no se va de un día para otro. La letra propone que, en este rato de espera, las manos empiezan a olvidar. No a perdonar, ni a entender: a olvidar la forma. A abrirse.

Es la contrapartida del verbo anterior. El cuerpo tiene que aprender algo nuevo, estar de pie solo; las manos tienen que olvidar algo viejo, la pelea. Aprender y olvidar, las dos tareas de cualquier final.

Desatarse sin lámpara

«The heart unknots itself without a light,». Este es el verso que confirma lo que adelantaba el verbo «loosens». El corazón se desanuda solo, sin ayuda, y lo hace sin luz. A oscuras.

Hay dos cosas aquí que me parecen importantes. La primera es el reflexivo: el corazón se desanuda a sí mismo. Nadie viene a desatarlo. No hay rescate. La segunda es la oscuridad. Estamos acostumbrados a que las canciones de consuelo terminen en la luz, en el amanecer, en la esperanza que brilla. Esta no. Aquí el nudo se afloja sin que nadie encienda nada. Se puede sanar sin ver.

La rima con el verso anterior, «fight» con «light», une la pelea y la luz, y lo hace para negarlas a las dos: los dedos sueltan la riña, el corazón prescinde de la lámpara. Es una pareja de ausencias.

Sin victoria, sin plan escondido

«No victory, no hidden plan,». La letra empieza a negar. No hay victoria. No hay un plan oculto. Es la manera de desmontar dos ideas muy repetidas sobre el sufrimiento: que es una batalla que se gana y que todo pasa por algo, que hay un sentido secreto detrás.

La canción no se cree ninguna de las dos. No hay que ganar nada, porque no es una guerra. Y no hay plan, porque a veces las cosas no esconden ninguna lección. Lo dice con una frase corta, casi seca, sin verbo. Dos negaciones, una detrás de otra, como quien aparta dos sillas para dejar sitio.

«Just being here the best we can.». Y el sitio que queda es este: seguir presentes como buenamente se pueda. No hacerlo bien, no superarlo, no salir reforzados. Estar. La rima, «plan» con «can», une lo que no hay con lo único que sí hay: lo que se puede. Para mí este pareado es el corazón ético de la canción. Todo lo que se pide es presencia.

La mañana que pide ruido

La tercera estrofa recupera el «Before» con una escena nueva. «Before the morning asks us to be loud,». El amanecer nos va a reclamar estrépito. Otra personificación: después de las campanas que recuerdan y la noche que recibe órdenes, ahora es la mañana la que exige.

Hacer estrépito, aquí, es volver a la vida pública. Hablar, contestar, funcionar, dar explicaciones. La mañana es el momento en el que el mundo vuelve a contar con nosotros. La canción se queda justo antes, en el último rato de la noche, cuando todavía no hay que hacer ruido.

«Before the world decides what’s allowed,». Y el mundo decidirá lo que está permitido. Qué se puede sentir, cuánto tiempo se puede estar triste, cuándo hay que volver a la normalidad. Quien ha pasado por una pérdida conoce bien esa presión: ese calendario invisible que dicta cuándo ya debería estar uno bien. La letra lo nombra y lo aplaza. Todavía no. Todavía nadie ha decidido.

La rima, «loud» con «allowed», junta el ruido con el permiso. Como si hacer ruido fuera algo que hay que pedir, y la canción eligiera quedarse en el silencio sin pedir nada.

Una tibieza sin exigir demostraciones

«There is a warmth that doesn’t ask for proof,». En mitad de tanta negación aparece por fin algo que sí hay. Una tibieza. Y lo que tiene de especial es que no exige demostraciones. No hay que demostrar nada para merecerlo: ni que se ha sufrido bastante, ni que se ha hecho todo bien.

Es un verso que me emociona porque responde a una de las sensaciones más duras de salir de una relación dañina: la sensación de tener que demostrar constantemente lo que uno ha vivido. Que fue verdad, que dolió, que no lo exageras. Aquí hay una tibieza que no interroga. Simplemente está.

«A truth that never learned to raise a roof,». Hay una certeza que jamás supo hacer temblar las vigas. La expresión inglesa «raise the roof» se usa para hablar de armar jaleo, de hacer temblar un local con gritos y aplausos. Esta certeza no sabe hacer eso. Es una certeza callada, sin espectáculo, que no necesita imponerse. Otra vez el verbo de aprender, ahora en negativo: hay destrezas que esa certeza jamás adquirió, y hace bien.

«proof» y «roof» riman con una sola letra de diferencia. Prueba y techo. Lo que no hace falta demostrar y lo que no hace falta levantar.

Tres palabras grandes, apartadas

«Not hope, not faith, not something new,». Si la segunda estrofa tenía dos negaciones, la tercera tiene tres. No es esperanza. No es fe. No es algo nuevo. La canción aparta las palabras grandes del consuelo, las que se ponen en las tarjetas y en los discursos, y dice que lo que está describiendo no es ninguna de ellas.

Es una decisión valiente para una letra que podría haber terminado en un amanecer brillante. La canción renuncia a prometer. No dice que todo irá bien, ni que hay que tener fe, ni que mañana empezará una vida nueva. Las tres negaciones van en fila, cada una con su «not», y el efecto es de despojamiento: se quita todo lo que sobra.

«Just staying where the breath stays true.». Lo que queda es permanecer allí donde el aliento no miente. Aquí vuelve la palabra «breath», que apareció en la primera estrofa, en aquel pasillo entre vivir y tener valor. Ahora el aliento es el lugar donde uno se queda. Respirar es lo único seguro. Y la palabra «stay» aparece dos veces en el mismo verso: quedarse donde el aliento se queda. La rima, «new» con «true», cierra con lo verdadero lo que había empezado negando lo nuevo.

Los dos pareados finales de las estrofas segunda y tercera tienen la misma arquitectura: un verso de negaciones y un verso que empieza por «Just». Lo que hay, después de quitar lo que no hay, siempre es pequeño. Seguir presente. Quedarse respirando.

Doce veces «Before»

Si se cuentan, la palabra «Before» abre doce renglones de la canción. Seis en la primera vuelta, seis en la segunda. Es una anáfora, la figura que consiste en empezar varios versos con la misma palabra, y aquí tiene una función muy clara: mantenernos en el tiempo de antes. Cada vez que parece que la canción va a avanzar, el «Before» la devuelve a la espera.

Tarjeta tipográfica oscura con los seis renglones de «Before the Bells» que empiezan por «Before», cada uno etiquetado con su estrofa

Lo curioso es que en cada estrofa los dos primeros versos empiezan por «Before» y los otros cuatro no. Es como si la canción se asomara dos veces al futuro y luego volviera al presente para quedarse. Las campanas, la noche, la piedra, el cuerpo, la mañana, el mundo: seis cosas que todavía no han pasado. Y después, lo que sí pasa ahora: sentarse, respirar, olvidar la pelea, desanudarse, notar una tibieza.

La forma de la espera

Toda la letra en inglés está escrita en pareados, versos que riman de dos en dos. Ring y bring, behave y brave, stone y alone, fight y light, plan y can, loud y allowed, proof y roof, new y true. Solo el estribillo rompe el esquema rimando una palabra consigo misma: «claim» con «claim». Ahí no hay pareja, hay eco.

Tarjeta oscura con ocho versos de «Before the Bells» en los que se resalta en color la palabra final de cada pareado: ring y bring, stone y alone, plan y can, new y true

Me parece una forma perfecta para esta canción. Los pareados son una de las estructuras más antiguas y más sencillas de la poesía. Avanzan despacio, de dos en dos, sin sorpresas. Son como los pasos de alguien que camina con cuidado por un suelo que no conoce. Y la segunda vuelta, que repite entera las tres estrofas, refuerza esa sensación: la espera no se resuelve, se vuelve a recorrer.

La canción termina igual que empieza la tercera estrofa de la segunda vuelta: con el aliento que se queda donde es verdad. No vuelve el quejío del principio. El lamento en castellano se quedó en la puerta y no regresa. Lo último que se oye es la respiración.

Campanas que se ven, caras que no

El videoclip de «Before the Bells» dura tres minutos, se publicó el 25 de diciembre de 2025 y es el sexto de los 276 clips del canal. La canción forma parte del disco «El día de la liberación». Los segundos que cito son aproximados y ninguna de las figuras del vídeo es una persona real.

Dos fotogramas del videoclip de «Before the Bells»: una campana pequeña colgada ante un bosque con niebla y una figura de espaldas, de pie bajo una campana enorme dentro de un arco de piedra

El clip está lleno de campanas, como era de esperar, pero lo que prefiero son los planos en los que las personas aparecen de espaldas o en sombra. Hacia el segundo 4, entre dos arcos, una silueta mira al mar con el título sobreimpreso. Hacia el 30, un campanario de noche con varias campanas colgadas sobre una ciudad iluminada: esa imagen es la portada de este texto. Hacia el 60, alguien camina por un pasillo antiguo junto a una campana de bronce. Y hacia el 170, una figura diminuta se queda quieta bajo una campana enorme, dentro de un arco, con la luz entrando de lado. Es el plano que mejor traduce el verso del nosotros sentado junto a lo indomable: una persona pequeña, quieta, debajo de algo inmenso que todavía no ha sonado.

Parientes en mi catálogo

En el canal, el clip que viene justo después es el de «Holy Stillness», y no me parece casual que estén juntos. Las dos piezas trabajan con la quietud, con ese silencio que no es vacío sino cuidado. Si «Before the Bells» se sienta con la pena, «Holy Stillness» la mece.

Otra pariente, por contraste, es «Ruido en mi mente». Allí todo es estruendo interior, pensamientos que no paran. Aquí, en cambio, el ruido está fuera y todavía no ha llegado. Son las dos caras del mismo estado: cuando la cabeza no calla y cuando, por fin, se consigue un rato sin ruido. Y en «La noche no es para mí» la noche es un lugar hostil; en «Before the Bells» la oscuridad aguarda un encargo que nadie le ha dado.

Por qué esta canción me importa

Ninguna figura del vídeo existe, y la letra no cuenta un episodio concreto de mi vida. Pero el rato que describe lo conozco. Viví veinte años de mi vida adulta en dos relaciones seguidas con personas narcisistas; cuando acabó la primera empezó la segunda. Al marcharme de cada una, parte de mis amigos y conocidos se pusieron de su lado y dejaron de hablarme. Unos dedos que sueltan el molde de la riña, un cuerpo obligado a mantenerse erguido sin apoyo: para mí eso no es una figura retórica.

Dos polaroids sobre fondo rosa: una foto real de Mike Sain't Louis con gorra y camiseta oscura y, al lado, un fotograma del videoclip de «Before the Bells» con dos campanas de bronce sobre una ciudad de noche

Los profesionales que me atendieron pusieron nombre a lo que me pasaba: estrés postraumático, depresión mayor grave, ansiedad, fobia social y trastorno de la personalidad por evitación. Hubo un momento en el que estuve muy cerca de quitarme la vida. Hoy estoy bastante mejor, sigo yendo a psiquiatría y a terapia, y escribir canciones me ayudó a contar mi versión de lo que viví. Esta es una de las que nacieron para hacer compañía, no para dar lecciones.

Si estás pasando por algo parecido, si sientes que no puedes más o has pensado en hacerte daño, pide ayuda. Marca el 024 desde cualquier teléfono de España, gratis, de forma confidencial y a cualquier hora; también si te preocupa alguien de tu entorno. Si es una emergencia, llama al 112.

Dónde oírla y descargarla

En la página de la canción tienes la letra completa, el reproductor y el enlace al vídeo. Soy el primer cantautor IA: letrista, compositor y productor musical (música e interpretación vocal hechas con IA).

Puedes escucharla y descargarla gratis, sin registrarte, en mis descargas, junto al resto de mis canciones, y también en la tienda de Planeta Gayfolk. Te propongo una forma de escucharla la próxima vez: con la letra delante, subraya cada «Before», rodea cada pareja de rimas y fíjate en el momento en que el lamento en castellano se queda atrás. Es una canción sobre el rato previo, y se disfruta más si uno se concede ese rato.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Before the Bells»? Del rato previo a que algo se haga oficial: con el bronce aún callado, sin nombres grabados en el mármol y sin que el amanecer haya exigido volver a la rutina. Es una canción sobre acompañar la pena sin pedirle que se vaya.

¿Por qué empieza en castellano y sigue en inglés? Los dos primeros renglones son un lamento, un «ay» alargado que se convierte en «penita». Funcionan como un umbral. Después, la letra pasa al inglés y adopta una forma más medida, con pareados exactos, como si el quejío se quedara en la puerta.

¿Qué significa «Time loosens what it came to claim»? Que los días sueltan poco a poco aquello de lo que se adueñaron. No promete curación, sino algo más modesto: que lo que se llevó deja de apretar tanto con los días. Es el único verso que se repite seguido.

¿Cuántas veces aparece «Before» en la letra? Doce. Abre los dos primeros versos de cada estrofa, y como las tres estrofas se repiten, la palabra encabeza doce renglones. Esa repetición mantiene toda la canción en el tiempo de la espera.

¿Dónde puedo descargarla? Gratis y sin registro en mikesaintlouis.com/descargas y en la tienda de gayfolkplanet.com, junto al resto de mi catálogo. El videoclip está en su página de Planeta Gayfolk.

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