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Mirando las fechas: «De mito a vómito» y la investigación que haces después de un engaño

Un hombre con barba, el pelo corto peinado hacia atrás y una cruz colgando de la oreja tiene los ojos cerrados y la cabeza un poco inclinada, como quien acaba de recibir una noticia y todavía no ha decidido qué hacer con ella. La foto está en blanco y negro, con mucho grano. Lleva una chaqueta de cuero y un colgante al cuello. A su derecha, en letras de cartel del Oeste, el título en tres pisos: «De», «Mito», «A vómito». Y en la última palabra, las letras gotean.

Es la portada de «De mito a vómito». Me gusta mucho ese detalle de las letras que chorrean, porque es exactamente lo que hace la canción con la palabra del título: la repite tantas veces que acaba derramándose.

Está en «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer disco de la trilogía, y en la lista completa de singles es el número 10. Su ficha en el blog ya habla del peligro de poner a alguien en un pedestal. Aquí quiero contar otra cosa que pasa en la letra y que me parece muy reconocible: la investigación. Ese momento en que descubres un engaño y te pones a repasar el calendario hacia atrás, fecha por fecha, para ver hasta dónde llega la mentira. Y lo que viene después: cortar todos los canales, repartirse los animales e irse con una frase que deje el portazo dicho.

El descubrimiento

La canción no cuenta cómo se entera la persona que habla. No hay un mensaje leído a escondidas, ni un amigo que avisa, ni una foto que aparece. Solo sabemos que, en un momento dado, se entera de que la otra persona llevaba una doble vida, y que a partir de ahí ya nada vuelve a ser igual.

Y me parece bien que no lo cuente. El cómo, en estas historias, suele ser lo de menos. Lo que importa es el después. Cuando te enteras de algo así, el mundo no cambia de golpe: cambia hacia atrás. Todo lo que ya había pasado se vuelve otra cosa. Los mensajes de buenas noches, las cenas, los planes. Nada de eso ha cambiado en sí mismo, pero ya no significa lo mismo.

La letra lo dice con una frase que suena a caída: piensas que ya no habrá salida. Es la sensación de estar dentro de algo que creías una casa y descubrir que era un decorado.

Mirando las fechas

Y entonces llega la parte que más me interesa. La letra dice que la persona ha llegado decidida y muy bien informada a un sitio concreto: un acantilado en lo alto de una cala que hace un año les parecía tan bonita. Y añade una de las frases más tristes del disco: qué pena, porque mirando las fechas, también lo hacías.

Mirando las fechas. Eso es la investigación.

Quien haya pasado por un engaño sabe de qué hablo. En cuanto descubres la mentira, la cabeza se convierte en un detective obsesivo. Abres el calendario, el chat, las fotos del móvil. ¿Cuándo empezó? ¿Aquel fin de semana que dijo que estaba con su familia? ¿La noche que llegó tarde? ¿Y aquella escapada? ¿También en la escapada?

Y casi siempre la respuesta es la peor. También en la escapada.

Lo cruel de ese ejercicio es que no te da paz. Te da datos. Y cada dato confirma que el recuerdo que tenías era falso. La cala bonita de hace un año sigue siendo bonita en la foto, pero ya no puedes mirarla sin pensar en lo que estaba pasando a la vez.

La cala que ya no es bonita

Me quedo un momento más con ese acantilado, porque me parece el corazón escondido de la canción.

Fotogramas del videoclip oficial de «De mito a vómito», de Mike Sain't Louis

Todas las parejas tienen un sitio así. Un sitio que se convierte en «nuestro». Una playa, un bar, un mirador, una ciudad a la que fuisteis un puente. En la letra es una cala vista desde lo alto de un acantilado, y lo único que se dice de ella es que hace un año les parecía tan bonita.

Ese «nos parecía» es lo que duele. En plural. Hace un año eran dos mirando la misma cala y pensando lo mismo. O eso creía uno de los dos.

Después de mirar las fechas, ese sitio ya no se puede recuperar. No es que la cala haya cambiado. Es que el recuerdo se ha manchado. Y lo injusto es que el lugar no tiene culpa de nada. Pierdes a la persona, y además pierdes los sitios. Hay rupturas que te dejan sin barrio, sin bar favorito, sin playa. Y esta te deja sin cala.

Decidido y muy bien informado

Me hace mucha gracia, dentro de lo triste, esa expresión: llegar decidido y muy bien informado. Suena a reportero. A abogado que entra en el juicio con la carpeta llena.

Es lo que pasa después de la fase detective. Ya no eres la persona engañada que no sabe nada. Ahora sabes. Sabes fechas, sabes sitios, tienes las pruebas. Y con eso encima te plantas donde haga falta. En la letra, en lo alto de un acantilado, que como escenario para una confrontación es de lo más dramático que se puede pedir.

Esa transformación me parece muy real. El engaño te quita algo, pero también te da una lucidez rarísima. Durante un tiempo ves todo con una claridad que asusta. Lo que antes justificabas, ahora lo ves tal cual. Lo que antes era «está cansado», ahora es «estaba con otro».

El extraño

Hay un verso que me parece de los más duros de toda la canción, y está casi escondido: ese extraño nunca te había escuchado, ni se había preocupado en saber dónde te metías.

Ese extraño es la pareja. La persona con la que se había compartido casa, animales, viajes. Y de repente, en la letra, ya es un extraño.

Me interesa mucho ese cambio de palabra. No es «mi ex», ni «el cabrón», que sería lo fácil. Es «ese extraño». Como si la persona que habla, al mirar las fechas, se hubiera dado cuenta no solo de que le mentía, sino de que nunca le conoció del todo. Y de que tampoco él se interesó nunca por conocerle. No sabía dónde se metía. No escuchaba.

Eso es casi peor que la infidelidad. Descubrir que la otra persona tenía una vida paralela duele. Descubrir que en la vida compartida ni siquiera estaba prestando atención duele de otra manera, más silenciosa.

Mito, mito, mito

La palabra que da título a la canción tiene dos caras.

El mito es lo que la persona era antes del descubrimiento. El ídolo, el novio perfecto, el que enseñabas a tus amigas con orgullo. La letra lo repite varias veces seguidas, mito, mito, mito, casi como quien todavía no se cree que esa palabra ya no sirva.

Y luego el mito se convierte en vómito. Y esa segunda palabra se repite muchísimas más veces. En la letra publicada aparece ocho veces seguidas en una sola tirada, como una arcada que no termina. Es lo que pasa con el desengaño: el mito se construyó poco a poco, durante meses o años. El vómito llega de golpe y no para.

Me gusta esa desproporción. El mito sale tres veces. El vómito, ocho. Así de rápido se cae alguien del pedestal, y así de largo es el mal cuerpo que deja.

Los primeros versos, a trompicones

La canción empieza de una forma muy rara: con palabras sueltas, casi una por línea. De mito a. Vómito. Y tú. Solito. Qué. Bonito.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «No quiero que me vuelvas a decir nada No pongas de excusa a los animales» de «De mito a vómito»

Es como alguien que intenta hablar y no le sale la frase entera. Como cuando acabas de enterarte de algo y te pones a hablar a trozos, con la respiración cortada. Ese principio a trompicones tiene algo de shock. Todavía no hay estrofas, ni rimas largas, ni discurso. Solo hay palabras sueltas que se caen.

Y luego, poco a poco, la letra se va recomponiendo. Aparecen las frases enteras, los insultos con gracia, las decisiones. Es casi el orden real de una ruptura: primero el golpe y las palabras sueltas, luego la rabia ordenada.

Cortar todos los canales

Una vez hecha la investigación, la canción pasa a la acción. Y la acción es muy concreta: ni por teléfono, ni por correo, ni por WhatsApp. No quiero que me vuelvas a decir nada.

Me encanta lo práctico de esa lista. No es un «no quiero saber nada de ti» abstracto. Es un inventario de canales, como quien va bloqueando contactos uno por uno en el móvil. El teléfono, bloqueado. El correo, a la carpeta de spam. El WhatsApp, eliminado. Es la versión moderna de cerrar la puerta con llave y tirar la llave al río.

Y hay algo de dignidad en ese gesto. Después del engaño, lo más tentador es seguir hablando. Pedir explicaciones, escuchar excusas, discutir por enésima vez. La letra corta eso de raíz. Ya está todo dicho. Ya has mirado las fechas. No hace falta que me cuentes tu versión.

Repartirse los animales

Y luego está uno de mis versos favoritos de todo el disco: no pongas de excusa a los animales, ya los hemos repartido, cada uno por su lado.

Es un detalle tan doméstico que da risa y a la vez te encoge. Cuando una pareja que convive se separa, siempre hay algo que sirve de excusa para seguir en contacto. Las llaves, una caja de libros, la factura de la luz. Y, sobre todo, los animales. ¿Cómo está el perro? ¿Puedo pasar a ver al gato? Esas preguntas parecen inocentes, pero muchas veces son la puerta trasera por la que el otro intenta volver.

La letra la cierra también. Los animales ya están repartidos. Cada uno por su lado. No hay custodia compartida que valga. Si quieres saber cómo está el perro, mala suerte.

Me parece una de las frases más verdaderas sobre las rupturas que se pueden meter en una canción. No habla de corazones rotos ni de lágrimas: habla de quién se queda con quién. Y cualquiera que haya roto una convivencia sabe que esa conversación es de las peores.

Antes explota el Teide

Para dejar claro que no hay vuelta atrás, la letra usa una de esas exageraciones que me encantan: volver contigo, antes explota el Teide.

Hay mil formas de decir «nunca». Antes muerta que sencilla, ni harta de vino, ni loca. La letra elige un volcán. Y no uno cualquiera: el Teide, el pico más alto de España, que además está ahí, quieto, tan tranquilo, en mitad de Tenerife. Decir que antes explota el Teide es poner como condición para volver una catástrofe geológica.

Ese tipo de exageración tiene algo muy castizo, muy de abuela que te dice «antes me tiro por la ventana». Y en una canción que viene de un engaño, sirve para algo importante: convierte la rabia en humor. Es mucho más fácil irte con la cabeza alta si te vas con una frase así.

Que corra el aire y que te aguante tu madre

La despedida sigue en el mismo tono: anda y que corra el aire. Con Dios. Y que te aguante tu madre.

Collage con un detalle de la carátula de «De mito a vómito» y las carátulas de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», «Ese Pinocho nunca me comía el chocho», «Como Macaulay Culkin en El buen hijo»

Son tres frases hechas de toda la vida, de las que se oyen en los mercados, en las peleas de vecinas, en las cocinas de las casas. Ninguna es un insulto directo, pero las tres juntas son demoledoras. Que corra el aire es «vete». Con Dios es «vete, y no vuelvas». Y que te aguante tu madre es el remate: ya no te voy a aguantar yo, que te aguante quien te parió.

Me gusta mucho escribir con ese lenguaje. Hay una tradición enorme de despedirse con gracia, de cerrar una discusión con una frase hecha que lo dice todo sin decir una palabrota. Y en una canción gay tiene un punto extra, porque esas frases suelen venir de las mujeres de la familia, de las tías y las abuelas, y meterlas en una ruptura entre dos hombres las coloca en un sitio nuevo.

Gracias, Don Nadie

Al principio de la parte larga hay otra frase con mucha retranca: me va a costar mucho volver a confiar en alguien. Gracias a ti, Don Nadie.

Don Nadie. El mito de antes ahora ni siquiera tiene nombre. Se le da un tratamiento de cortesía, «don», pero para un nadie. Es ironía pura: la educación justa para dejar claro que ya no eres nadie.

Y la frase que va antes es seria. Me va a costar mucho volver a confiar en alguien. En la letra publicada, «mucho» se estira con muchísimas úes, como si la persona que habla supiera que no va a ser cuestión de semanas. Entre esa frase seria y el «Don Nadie» irónico está todo el tono de la canción: dolor de verdad, contado con la ceja levantada.

Al menos has ascendido

Uno de los versos más finos de la canción es el que se dirige al siguiente. Primero, una advertencia: al próximo intenta no dejarlo tan jodido. Y luego, una felicitación envenenada: al menos has ascendido, me alegro mucho.

Me encanta ese «me alegro mucho». Nadie se alegra mucho de verdad cuando su ex le cambia por otro. Pero decirlo así, con esa cortesía helada, es una forma de ganar. No le das el gusto de verte destrozado. Le felicitas. Como quien felicita a un compañero de trabajo que le ha quitado el ascenso, con una sonrisa que corta.

Y la advertencia de antes tiene su parte generosa. Intenta no dejar tan jodido al próximo. Es casi un consejo para el futuro de alguien que ya no te importa. O, mejor dicho, para el futuro del pobre que venga detrás, que no tiene la culpa de nada.

Por pensar con el pito

Y en medio de todo, la explicación más simple. ¿Por qué ha pasado esto? Por pensar con el pito.

No hay teoría psicológica. No hay traumas de la infancia ni crisis existencial. La letra lo resume en cuatro palabras de barra de bar. Y eso, en una canción que también tiene momentos muy tristes, hace de ancla. Por mucho que duela, la causa es ridícula. El mito no se ha caído por una tragedia griega. Se ha caído por un calentón.

Esa reducción al absurdo es muy terapéutica, aunque no lo pretenda. Cuando alguien te engaña, tiendes a pensar que hay algo grande detrás, algo que no supiste ver, algo que hiciste mal. La letra te dice que no. Que a veces es solo eso. Que piensan con el pito.

Lo que la canción no hace: perdonar

Hay una cosa que me gusta mucho de «De mito a vómito» y es lo que no aparece. En ningún momento hay un perdón. Ni una escena de reconciliación, ni un «a lo mejor fue culpa de los dos», ni un último abrazo.

Ficha de la canción «De mito a vómito» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Muchas canciones de ruptura acaban en esa nota madura, comprensiva, de «te deseo lo mejor». Esta no. Esta te desea que te aguante tu madre. Y le dice al siguiente que se ha llevado un ascenso, con una sonrisa helada.

No digo que perdonar esté mal. Hay rupturas en las que toca. Pero creo que también hace falta que existan canciones que no perdonan, porque hay momentos en los que no estás para perdonar a nadie. Recién mirado el calendario, con la cala manchada y los animales repartidos, lo último que necesitas es que una canción te pida madurez. Necesitas el Teide.

Entre Pinocho y Macaulay Culkin

En la lista de singles, «De mito a vómito» va justo después de «Ese Pinocho nunca me comía el chocho» y justo antes de «Como Macaulay Culkin en El buen hijo». Es un tramo del primer disco muy cargado de personajes de ficción: un muñeco de madera al que le crece la nariz, un mito que se convierte en vómito y un niño malvado de película.

Me hace gracia ese vecindario. Después de «De mito a vómito», que echa toda la culpa fuera con un portazo, «Como Macaulay Culkin en El buen hijo» da la vuelta y se pregunta si el problema no estará dentro. Escuchadas seguidas, las dos canciones son casi las dos caras de la misma noche: la rabia de las diez y la duda de la una y pico.

La portada: los ojos cerrados

Vuelvo a la portada. El hombre tiene los ojos cerrados. No llora, no grita, no está enfadado. Está como quien escucha una noticia y necesita un momento.

Me parece una elección muy buena para una canción que tiene tanto humor y tanta rabia. La portada no enseña la parte del Teide ni la del «que te aguante tu madre». Enseña el instante anterior. El de mirar las fechas. El de darse cuenta.

Y luego está el título, en letras de cartel del Oeste, con esa última palabra que gotea. Como un duelo al sol. Como si el pueblo entero supiera ya que alguien va a salir escaldado. En los westerns, el que tiene los ojos cerrados antes del duelo suele ser el que gana.

Para quien está repasando el calendario

«De mito a vómito» es para quien acaba de descubrir una doble vida y está ahora mismo con el calendario abierto, mirando las fechas. Para quien ha vuelto a ver las fotos de una escapada bonita y ya no sabe qué sentir. Para quien está bloqueando contactos uno por uno.

También es para quien está a punto de responder al «¿cómo está el perro?». No contestes. Ya está repartido.

Y es para quien necesita reírse un poco en mitad del desastre. Porque la canción no pide que dejes de estar triste. Solo te da unas cuantas frases para irte con la cabeza alta.

Como letrista, me encanta haber metido el Teide, a una madre y un reparto de animales en la misma canción sobre un engaño. Me presento como «el primer cantautor IA» porque la música y las voces las hago con inteligencia artificial, pero esa forma de despedir a alguien es mía. Si te hace falta, está en descargas, gratis.

Preguntas frecuentes

¿En qué disco está «De mito a vómito»? En «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer disco de la trilogía GAYFOLK de Mike Sain't Louis. En la lista completa de singles es el número 10.

¿De qué habla «De mito a vómito»? De descubrir la doble vida de una pareja idealizada. La persona que habla repasa las fechas, se da cuenta de que el engaño venía de lejos y corta todo contacto, con una despedida llena de humor castizo.

¿Qué significa «antes explota el Teide»? Es una exageración para decir que nunca volverá con esa persona: antes ocurriría la erupción del volcán más alto de España.

¿Qué aparece en la portada? Un hombre con barba y los ojos cerrados, en blanco y negro, junto al título en letras de cartel del Oeste que gotean en la palabra «vómito».

¿Quién hizo la canción? La letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La música y las voces se hicieron con herramientas de inteligencia artificial.

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