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La canción donde no me permití un chiste: «Forocoches» y el móvil en la mano

Busca en mis letras un Mercadona, un SHEIN, una Carmina Barrios, una Veneno. En esta no los vas a encontrar.

He escrito sobre croquetas en un crucero que parecía un tanatorio de alta mar. He escrito sobre la Shakira marica del Todo a un Euro. He llamado de todo a unos cuantos ex, con nombre y código postal. Tengo fama, bien ganada, de no saber estarme quieto con una broma en la boca. Y aun así, en mitad del tercer disco de la trilogía, en «El día de la liberación», hay una canción con nombre de foro de internet en la que no me permití ni una sola gracia.

Se llama «Forocoches» y no tiene chiste. Bueno, tiene uno. Pequeñito. Ya llegaremos.

Este texto va de esa decisión. De por qué a veces el humor, que es lo que me salva casi siempre, sobra. Y de lo que hice con los versos más oscuros que he puesto nunca en una letra.

El título engaña, y lo sé

Me imagino la cara de quien ve el título en la lista de singles por primera vez. Forocoches. Piensas en un hilo de gente discutiendo sobre motores diésel, en los zascas, en el humor bruto del foro más famoso de España, en sus memes y su mala leche. Esperas una canción de cachondeo. Esperas que me ría de alguien.

Y lo que te encuentras es a una persona a las dos de la mañana llorando con el móvil en la mano.

Lo dejé así porque esa trampa es justo lo que me interesaba. El foro solo aparece una vez en toda la letra, en el verso que le da título, y aparece como comparación, no como tema. Lo que la canción cuenta no tiene nada que ver con coches. Tiene que ver con lo que pasa cuando tu propia cabeza se convierte en un hilo de comentarios donde todo el mundo te insulta y el que más fuerte grita eres tú.

Es la primera cita que quiero dejar, porque es la clave de todo:

«Me he despertado entre treinta insultos y reproches / Ya no distingo si es mi vida o forocoches»

Treinta. No muchos, no un montón. Treinta. Es el número de notificaciones que ves al encender la pantalla por la mañana, o el número de cosas que te dices a ti mismo antes de poner los pies en el suelo. No sé cuál de las dos lecturas es la buena y me gusta no saberlo. A lo mejor son mensajes del otro. A lo mejor son pensamientos propios. A lo mejor, a esas horas, no hay diferencia.

Por qué aquí no cabía la burrada

Cuando escribo algo que me duele, lo normal en mí es buscar el ángulo absurdo enseguida. Es una forma de sobrevivir: si convierto al ex en un desodorante o al narcisista en un vampiro de serie B, puedo mirarlo sin que me queme. Ese mecanismo está en casi todo mi catálogo, y lo defiendo, porque con humor también se dice la verdad. Lo tengo escrito en la página sobre mí, en las reglas de la casa.

Pero hay un tipo de noche en la que el chiste no llega. No porque no quieras, sino porque no hay energía ni para eso. Es la noche en la que el humor sería mentir. Y si yo hubiera metido aquí una referencia a Locomía o una pulla con nombre propio, habría estado escribiendo para quedar bien, para que la gente se riera y no se diera cuenta de lo mal que estaba el de la canción.

Así que me prohibí la gracia. Fue una decisión consciente, de las pocas veces que he escrito con una norma previa. Nada de marcas, nada de famosos, nada de insultos creativos. Solo lo que hay en la habitación.

Y lo que hay en la habitación es muy poquito: una botella vacía, un móvil, unas fotos.

Con eso tenía que bastar.

Inventario de una habitación a oscuras

Me gusta hacer listas. En otras canciones las listas son largas y absurdas, cinco cosas concretas que no pegan entre sí. Aquí la lista es corta y no tiene nada de absurdo. La letra va dejando objetos sobre la mesa como quien vacía los bolsillos al llegar a casa.

Fotogramas del videoclip oficial de «Forocoches», de Mike Sain't Louis

Una botella vacía de yaguer en la basura. Lo escribí así, con la jota y la ye de como se pronuncia en un bar de Madrid, no como viene en la etiqueta. Porque nadie dice el nombre alemán de verdad a las cuatro de la madrugada. Se dice yaguer y punto.

El Instagram del otro, abierto. No su cara, ni su casa, ni su olor. Su perfil. Que es lo único que queda de una persona cuando ya no puedes llamarla: una cuadrícula de fotos que actualiza otro.

Los mensajes, que se envían. Y la guerra del día siguiente.

Las fotos, otra vez. Esas que se miran en bucle en el estribillo.

Y la psicóloga. Que no está en la habitación, pero cuya frase sí.

No hay nada más. No hay amigos llamando, no hay madre preguntando, no hay un perro que se sube a la cama. Es una habitación vacía con cinco cosas, y ese vacío es lo que quería que se notara.

El móvil es el otro protagonista

Si me preguntas quién es el personaje principal de «Forocoches», te diría que el móvil. Más que la persona que llora, más que el ex, que casi ni aparece. El móvil es el que manda.

Lo escribí en una línea que me sigue pareciendo de las más honestas que tengo:

«No evité coger el móvil y enviar esos mensajes / Y mañana una guerra entre tantos sabotajes»

Fíjate en el verbo. No dice «cogí el móvil». Dice «no evité». Como si coger el móvil fuera lo natural, la gravedad, lo que pasa si no haces un esfuerzo enorme por impedirlo. Y ese esfuerzo, esa noche, no llegó. No hubo fuerza para evitarlo.

Cualquiera que haya pasado por una ruptura sabe de qué hablo. Los mensajes de las tres de la mañana no se escriben: se escapan. Y al día siguiente te despiertas con una mezcla de vergüenza y terror, abres la aplicación con un ojo cerrado y ves lo que mandaste. Y la respuesta. O peor, el doble check azul sin respuesta.

La guerra entre sabotajes es eso. Tú saboteas tu propia calma mandando lo que no debías, el otro sabotea lo que queda contestando con veneno o con silencio, y al final no sabes quién empezó. Es una espiral. Y yo, que he escrito tanto sobre narcisistas que castigan con el silencio, aquí me puse del otro lado del espejo: el de la persona que no puede parar de escribir.

Eso, por cierto, es lo contrario de lo que cuento en canciones como «No contact», que ya desde el título te dice cuál es la regla. Lo bonito de tener tantas canciones es que puedo enseñar a la vez la norma y la noche en la que no la cumples.

La psicóloga y el deporte

Te dije que había un chiste pequeñito. Es este.

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «No evité coger el móvil y enviar esos mensajes Y mañana una guerra entre tantos sabotajes» de «Forocoches»

«La psicóloga me dijo que empezara a hacer deporte / Pero estoy sin fuerzas, he perdido el norte»

No lo escribí como chiste. Pero cada vez que lo escucho, sonrío un poco, y creo que a mucha gente le pasa lo mismo. Porque es el consejo más sensato del mundo y, a la vez, el más imposible de cumplir en ciertas semanas. Sal a correr. Apúntate al gimnasio. Haz yoga. Sí, claro. Y luego me pongo a hacer la declaración de la renta y a cambiar las cortinas.

No me burlo de la psicóloga, ojo. Al contrario. La pongo en la canción porque en esa habitación vacía es la única figura que intenta ayudar. Es la única voz sensata. El problema no es su consejo, es que llega a alguien que no puede ni levantarse de la cama para ir al baño.

Esa distancia entre lo que sabes que tendrías que hacer y lo que eres capaz de hacer es, para mí, el centro de la depresión de ruptura. No te falta información. Sabes perfectamente que el deporte ayuda, que el móvil hay que dejarlo en otra habitación, que no hay que mirar las fotos. Lo sabes todo. Y no puedes con nada.

Si eso no es humor negro, se le parece mucho.

Lo que hubiéramos sido

El estribillo vuelve una y otra vez a la misma imagen: mirar las fotos, perderse en ellas, imaginar lo que podría haber pasado. Y cierra con una pregunta que no tiene respuesta:

«Ya no soy nada para ti, ¿qué hubieramos sido?»

Lo dejé con su falta de tilde, igual que está en la página de la letra, porque así lo escribí y así se quedó. Mis letras tienen erratas y no me las corrijo para quedar más fino.

Esa pregunta es la que más pesa de toda la canción. Lo que hubiéramos sido. El condicional compuesto, el tiempo verbal de las vidas que no pasaron. Es un tiempo que no existe y que, sin embargo, ocupa más espacio en tu cabeza que el presente. Te imaginas la casa que no vais a tener, las vacaciones que no vais a hacer, las navidades con su familia que ya no te tocan. Construyes un piso entero en el aire y luego te duele que no exista.

Y la primera parte, la de no ser nada para el otro, es todavía más seca. No dice «ya no me quieres». Dice que ya no es nada. Cero. Ni un recuerdo bonito, ni un rencor. Nada. Es la sensación de haber sido borrado.

No hay rima graciosa que arregle eso.

Los versos más oscuros

Aquí tengo que pararme y hablar en serio de verdad, porque la letra tiene un momento que asusta.

En la segunda estrofa, después de las fuerzas que se acaban, la letra nombra un pensamiento que mucha gente tiene en esas noches y casi nadie dice en voz alta: el de no estar. El de pensar en la familia si uno muriera. Lo escribí así, sin metáfora, sin vampiros ni ataúdes de neón, que es como suelo disfrazar la muerte en otras canciones.

No lo voy a citar entero aquí, porque está en la letra para quien quiera leerlo, y porque prefiero que en este texto sea yo quien lo explique y no el verso solo, sin contexto.

Lo puse porque es verdad que ese pensamiento existe en las rupturas malas. Porque callarlo no lo hace desaparecer. Y porque hay muchísimas canciones de desamor que hablan de llorar y de echar de menos, pero muy pocas de eso, y quien lo vive puede sentirse todavía más raro al escucharlas. Como si lo suyo fuera exagerado. Como si fuera el único.

No eres el único. Si estás ahí, en esa noche, por favor, habla con alguien. En España puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, que es gratuita y funciona a todas horas. También puedes hablar con tu médico, con una persona de confianza o con un profesional. Una canción acompaña, pero no sustituye a nadie. Lo digo aquí con todas las letras porque esa es la única moraleja que quiero dejar en este post.

Esa línea de la canción termina, además, con dos letras pegadas, una I y una A, que están en la letra tal cual. No voy a explicar más de lo que la letra explica. Las dejo ahí.

El reloj de la canción

La canción empieza con una hora y sigue con otra. Las siete de la tarde, cuando por fin se acaba el día. Las dos de la mañana, todavía sin dormir.

Collage con un detalle de la carátula de «Forocoches» y las carátulas de «No contact», «Ruido en mi mente», «La música me está salvando», «Sing me a sad song»

Me interesa mucho ese «por fin». Las siete de la tarde llegan como un alivio: se ha acabado la jornada, ya no tienes que fingir delante de nadie. Pero el alivio dura poco, porque con la noche vuelven los sudores fríos y la melancolía. El día era horrible, pero al menos tenía obligaciones que te distraían. La noche no tiene nada. La noche es tú solo con el móvil.

Es un reloj que conoce todo el que ha tenido ansiedad. Por la mañana te cuesta arrancar, a media tarde casi estás bien, y cuando se pone el sol empieza la cuesta abajo. En «Ruido en mi mente» hablo de ese ruido que no se apaga; aquí el ruido tiene horario.

Lo que no tiene la canción es amanecer. No hay una estrofa de la mañana siguiente en la que salga el sol y todo esté mejor. Bueno, sí está el despertar entre treinta insultos, pero eso es todo menos un amanecer bonito. Lo dejé así a propósito. No quería mentir con un final feliz que la canción no se había ganado.

Repetir hasta gastarlo

El estribillo se repite muchas veces. Si lees la letra completa verás que las fotos, la pérdida y la pregunta vuelven una y otra vez, a veces dos veces seguidas. Hay quien piensa que eso es relleno.

No lo es. Es el bucle.

Cuando estás así, tu cabeza no avanza. Da vueltas. Piensas lo mismo veinte veces seguidas, miras las mismas fotos veinte veces seguidas, te haces la misma pregunta veinte veces seguidas. Y si la canción avanzara, si cada estribillo trajera algo nuevo, estaría mintiendo sobre cómo funciona esa noche. La repetición es el retrato.

Algo parecido hago en otras letras, pero con otra intención. En las canciones de fiesta repito para que el estribillo se te pegue y lo bailes. Aquí repito para que te agotes un poco, como se agota la persona que llora. Es la misma herramienta con dos funciones opuestas.

Un ex casi invisible

Hay otra cosa rara en esta canción si la comparas con el resto de lo que escribo: el ex no tiene cara.

Ficha de la canción «Forocoches» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

En mis letras los ex suelen tener ficha completa. Tienen pueblo y una edad declarada que nunca coincide con la real. Tienen manías, oficio con nombre de cargo intermedio y hasta la marca de los bañadores que se llevaron al irse. Los describo con tanto detalle que a veces parece que estoy rellenando un formulario de la policía. Y aquí, nada. Hay un «tú» que tiene Instagram, que recibe mensajes y que ya no te considera nada. Punto. No sabemos cómo se llama, ni a qué se dedica, ni qué hizo mal.

Eso también fue a propósito. Cuando estás en el fondo del pozo, el otro deja de ser una persona con defectos concretos y se convierte en una ausencia. Ya no piensas en lo pesado que era con el fútbol o en que dejaba las toallas mojadas en el suelo. Piensas en el hueco. Y un hueco no tiene rasgos.

En las canciones de rabia necesito al ex bien definido, porque la rabia necesita un blanco. En esta no hay rabia. Hay pena. Y la pena no apunta a nadie, se queda dentro.

Tampoco quise repartir culpas. La letra admite que ha habido cagadas, que las penas han sido demasiadas y que ya no hay vuelta atrás. No dice de quién fueron las cagadas. Me gusta que quede en el aire, porque en las rupturas de verdad casi nunca está tan claro como en las canciones. Hay narcisistas de manual, y de esos tengo un repertorio entero, pero también hay historias que simplemente se rompen y te rompen con ellas, sin villano que señalar.

Esta es de las segundas. O eso parece desde dentro de esa habitación, a las dos de la mañana, que es el peor sitio para juzgar nada.

Por eso, cuando alguien me pregunta contra quién va «Forocoches», le digo que contra nadie. Va con alguien. Con el que la escucha a oscuras.

Dónde la puse y con quién

«Forocoches» está en el tercer disco de la trilogía, que se llama «El día de la liberación». El título del disco ya dice bastante: es la parte de la historia en la que se sale de algo. Y me pareció importante que en un disco que habla de liberarse hubiera también una canción que recordara lo que cuesta. La liberación no es una fiesta con confeti. Tiene noches como esta.

Por eso, si la escuchas, te recomiendo hacerlo junto a otras que le hacen compañía. «La música me está salvando» es casi la respuesta a esta: el mismo desastre, pero con algo a lo que agarrarse. Y «Sing me a sad song» va de lo mismo que hago aquí, de escribir una canción triste para sostenerte cuando te rompes.

Tienes la letra completa en la ficha de la canción, con el enlace para escucharla. Y en la página de letras están las demás, por si después de esta necesitas reírte un poco, que también tengo de esas. Muchas.

Lo que me enseñó escribirla sin gracia

Escribir sin chiste me dio miedo. Pensé que la canción iba a quedar plana, que sin mis trucos de siempre no iba a tener personalidad. Que la gente iba a echar de menos al Mike de las croquetas.

Y luego me di cuenta de que la personalidad no está en el chiste. Está en los detalles. En escribir yaguer con ye. En el «no evité» en vez del «cogí». En la psicóloga y el deporte. En dejar la errata de la tilde. En que el foro aparezca solo una vez. En no poner amanecer.

Son decisiones pequeñas, pero son mías. Las mismas que tomo cuando escribo algo cachondo, solo que aquí no hay risa que las tape.

La letra es mía, escrita sin IA. La música y las voces las hice con herramientas de inteligencia artificial como Suno, igual que el resto del catálogo, y eso lo explico en las preguntas frecuentes. Pero cada palabra de esta habitación vacía la puse yo, una noche, con el móvil boca abajo.

O no. A lo mejor boca arriba. Ya no me acuerdo.

Lo que sí sé es que, si la escuchas una noche de esas, no la pongas en bucle. Ponla una vez, deja que haga su trabajo y luego cambia de disco. Que para el bucle ya está tu cabeza, y no necesita ayuda de nadie, y mucho menos mía.

Preguntas frecuentes

¿La canción «Forocoches» habla del foro? Solo de pasada. El foro aparece en el verso que da título a la canción, como comparación: despertarse entre treinta insultos y reproches y no distinguir si es tu vida o un hilo del foro. La canción habla de una ruptura y de una noche muy mala.

¿En qué disco está «Forocoches»? En «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía Planeta Gayfolk de Mike Sain't Louis.

¿Quién hace la música y las voces? La letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, escrita sin IA. La música y las voces están hechas con herramientas de inteligencia artificial como Suno.

¿Qué hago si me identifico con los pensamientos más oscuros de la letra? Habla con alguien. En España, el 024 es la línea gratuita de atención a la conducta suicida y funciona a todas horas. También puedes acudir a tu médico, a un profesional de la salud mental o a una persona de confianza.

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