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«Hoy toca»: la tarde de discos, la canción de autor y escuchar a Ismael Serrano para cuidarse

Hay frases que no necesitan nada más para contar una tarde entera. «Hoy toca» es una de ellas. Se dice de la colada, del dentista, de la comida en casa de la suegra, del gimnasio que llevas tres semanas esquivando. Es una expresión de agenda, de obligación pequeña, de calendario de nevera. Y sin embargo, cuando la pones delante del nombre de un músico, cambia de color. «Hoy toca escuchar a Ismael Serrano» deja de sonar a tarea y empieza a sonar a cita. A una cita con alguien que no va a venir a tu casa, pero que va a estar ahí en cuanto le des al botón.

Antes de seguir, una advertencia honesta. La letra de esta canción todavía no está publicada. En gayfolkplanet.com aparece con el aviso de «próximamente», y en este post no voy a inventarme ni un verso. Lo que sí tengo es lo que cualquiera puede ver y escuchar: el título, la portada, el videoclip oficial, el lugar que ocupa en la lista de singles y la familia de canciones en la que vive. Con eso basta para pensar un rato. A veces el título de una canción es la primera línea de la letra y la última palabra del disco a la vez, y este es de esos.

Un título que es una agenda

Me gustan los títulos que suenan a cosa que se dice en la cocina. No a poema, no a pancarta, sino a frase de diario. «Hoy toca» tiene esa humildad. No promete una revelación. No dice «hoy necesito», ni «hoy me salva», ni «hoy me rompo». Dice algo mucho más modesto y, por eso, mucho más verdadero: hoy es el día de esto. Como quien dice hoy toca pescado, hoy toca limpiar los cristales, hoy toca llamar a mamá.

Lo curioso de la expresión es que lleva dentro una pequeña rendición. Cuando dices que algo «toca», reconoces que no lo has elegido del todo. Te ha tocado, como toca la lotería o como toca el turno de guardia. Hay una fuerza exterior, un calendario, un estado de ánimo, que decide por ti. Y aplicado a la música, eso dice mucho. Hay días en que uno no elige el disco: el disco te elige a ti. Abres la aplicación pensando en otra cosa y la mano va sola al mismo artista de siempre, al que te acompañó en otra época, al que sabe exactamente dónde te duele.

Pienso en ese gesto y me parece uno de los más íntimos que existen. Nadie ve cuando eliges qué escuchar a solas. No hay público, no hay postureo, no hay lista compartida. Es un acto privado, casi una confesión. Si alguien pudiera ver el historial de lo que escuchas un martes por la noche, sabría de ti más que tu mejor amiga. Por eso el título funciona: convierte en canción ese momento invisible en que uno decide qué música le hace falta.

La portada en sepia

La portada del single acompaña ese tono. Parece una fotografía antigua, gastada por los bordes, con tonos sepia y polvo de tiempo. En el centro hay un chico sentado en medio de un campo seco, vestido de negro, con volantes y bordados, y una guitarra española apoyada entre las piernas. Mira hacia abajo. No posa para nadie. Parece que está decidiendo qué tocar, o recordando algo que ya no puede escuchar sin que le haga daño.

Hay tres cosas en esa imagen que me interesan mucho. La primera es el campo seco. No es un escenario, no es un bar, no es un auditorio. Es secano, tierra de cereal cosechado, ese paisaje de la meseta que tantas veces se ha pintado como vacío y que en realidad está lleno de silencio. La segunda es la ropa. Negro con volantes, un traje que podría venir de un tablao, de una procesión o de una sesión de fotos de moda. Tiene algo de flamenco y algo de luto, algo de folclore y algo de pasarela. La tercera es la guitarra española, la de siempre, la de seis cuerdas de nailon que hay en casi todas las casas de este país, aunque nadie la toque desde la mili del abuelo.

Juntas, esas tres cosas forman un cruce que reconozco muy bien. Copla y canción de autor. Volante y pana. La pena que se dice con flores y la pena que se dice con argumentos. Es justo el cruce donde vive PLANETA GAYFOLK, un sitio donde caben a la vez la peineta y la canción protesta, la purpurina y el libro subrayado.

Y está el sepia. El sepia es el color de lo que ya pasó. Cuando una foto sale en sepia, te está diciendo que mires hacia atrás. En una portada que lleva en el título el nombre de un músico que empezó a publicar en los años noventa, ese tono no es casual: es la memoria de una generación que aprendió a quererse y a desquererse con discos de canción de autor en el walkman.

Quién es Ismael Serrano

Para quien no lo conozca, unos cuantos datos públicos. Ismael Serrano nació en Madrid el 9 de marzo de 1974, en el barrio de Vallecas. Estudió Física en la Universidad Complutense y empezó a tocar a principios de los noventa en el circuito de cafés madrileños donde se ha cocido buena parte de la canción de autor de esta ciudad: Libertad 8, el Galileo, Nuevos Juglares. Firmó con PolyGram y en 1997 publicó su primer disco, «Atrapados en azul», que llegó a disco de platino en España y le abrió las puertas de América Latina.

Fotogramas del videoclip oficial de «Hoy toca escuchar a Ismael Serrano», de Mike Sain't Louis

De ese debut salieron temas que muchísima gente de mi generación se sabe de memoria: «Papá cuéntame otra vez», «Vértigo», «Amo tanto la vida». También «Caperucita», que se editó como sencillo en 1998 y que tiene un papel importante en otra de mis canciones, como explicaré luego. Y un detalle que me hace gracia cada vez que lo leo: en ese mismo primer disco hay una canción titulada «Yo quiero ser muy promiscuo». Un chaval de veintipocos años, guitarra en mano, poniéndole ese título a una pista de su debut en la España de 1997. Algo de camp involuntario hay ahí, y lo digo con todo el cariño.

Su música bebe de autores como Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat o Silvio Rodríguez, y de poetas como Luis García Montero o Mario Benedetti. Mezcla lo político con lo cotidiano, el amor con la memoria, el humor con la tristeza. Esa mezcla, precisamente, es la que hace que tanta gente lo ponga en los días raros.

La canción de autor como lugar al que volver

En España, la canción de autor tiene una historia que va mucho más allá de un estilo. Es una forma de estar en el mundo. Nació, en buena parte, como canción protesta en los años de la dictadura, cuando una guitarra y una frase bien puesta podían decir lo que los periódicos no podían. Luego, con la democracia, se volvió otra cosa: un sitio donde ir a pensar. A pensar en lo que pasó, en lo que nos pasa, en el amor que se fue y en el barrio que cambió.

Lo que más me interesa de esa tradición no son las grandes canciones de himno, sino las pequeñas. Las que cuentan una conversación en un bar, una carta que no se envió, un padre que relata a su hijo cómo era todo antes. Son canciones que no te piden que bailes ni que grites. Te piden que te sientes. Y en un mundo que no deja de pedirte que hagas cosas, que alguien te pida que te sientes es casi un regalo.

Por eso entiendo tan bien la idea de que escuchar a un autor así «toque». No es música de fondo. Es música de primer plano, de esa que exige que bajes el volumen de todo lo demás. Y hay días en que uno necesita exactamente eso: que le obliguen a parar.

Yo me presento como el primer cantautor IA, y sé que esa etiqueta tiene algo de provocación. No toco la guitarra en un café de Lavapiés ni subo a un escenario. Escribo las letras, compongo y produzco, y la música y las interpretaciones las genero con inteligencia artificial. Pero cuando escribo, la tradición que tengo en la cabeza es esa: la de los que contaban su vida y la de su calle con la misma seriedad. Que una de mis canciones lleve en el título el nombre de uno de los autores más conocidos de esa tradición dice bastante de dónde me siento en casa.

Elegir disco según el ánimo

Hay una parte de este título que tiene que ver con algo que la psicología lleva años estudiando: el uso de la música para regular cómo nos sentimos. La investigadora finlandesa Suvi Saarikallio, junto a Jaakko Erkkilä, publicó en 2007 en la revista Psychology of Music un estudio sobre cómo los adolescentes usan la música para gestionar su estado de ánimo. Encontraron estrategias muy distintas: música para distraerse, para descargar rabia, para entretenerse, para revivir recuerdos, para reflexionar sobre lo que sienten, para consolarse.

Collage con un detalle de la carátula de «Hoy toca escuchar a Ismael Serrano» y las carátulas de «El concierto de Ismael Serrano», «Madrid», «Montaña rusa», «Karma (Versión Alternativa)»

Lo que me fascina de esa lista es que casi nadie la piensa de forma consciente, pero todos la aplicamos. Hay discos para limpiar la casa, discos para llorar a gusto, discos para enfadarse con dignidad. Hay artistas a los que vuelves como quien vuelve a la casa de los abuelos: sabiendo dónde está cada mueble. Escribí sobre esa música de rutina, de fregadero y escoba, en el post sobre canciones para fregar los platos. Esto es el otro extremo: la música que eliges no para acompañar la tarea, sino para que la tarea seas tú.

«Hoy toca» suena a eso, a reconocer que hoy hace falta una estrategia concreta. No la de bailar hasta olvidar. Tampoco la de gritar en el coche. Sino la de sentarse con alguien que sabe poner en palabras lo que tú no encuentras. Hay una forma de cuidado en ese gesto. No es terapia, no sustituye a nada, pero es un pequeño acto de atención hacia uno mismo: me doy cuenta de lo que necesito y me lo doy.

Y si la tristeza dura demasiado, si ya no hay disco que la mueva, también conviene saber que hay más puertas que la del reproductor. Lo digo en todos mis textos y lo voy a seguir diciendo: en España puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratuita y disponible las 24 horas, aunque no estés en crisis y solo necesites hablar. En una emergencia, el 112. Si estás fuera de España, llama al número de emergencias de tu país. Pedir ayuda no es exagerar.

La otra canción con su nombre

No es la primera vez que el nombre de Ismael Serrano aparece en un título mío. Hay otra canción, «El concierto de Ismael Serrano», que sí tiene la letra publicada, y que cuenta un plantón. Alguien prometió ir a ese concierto y no fue. El narrador se queda esperando en la cola desde bien temprano, y lo dice con una pregunta que se repite como un disco rayado: «¿Por qué me prometiste acompañarme al concierto de Ismael Serrano?». Termina, literalmente, «solo escuchando Caperucita», y le suelta a la persona ausente un «¡Eres un tirano!» que me sigue haciendo gracia.

Leídas juntas, las dos canciones forman una especie de díptico. En una, la música de Serrano es el escenario de una ausencia: un sitio al que alguien no llegó. En la otra, al menos desde el título, es una decisión que uno toma por su cuenta. No sé si quien escuche «Hoy toca escuchar a Ismael Serrano» la va a entender como continuación de la primera. La letra todavía no está publicada y no voy a adelantar lo que no se puede leer. Pero me gusta la idea de que, entre una y otra, haya pasado algo: de esperar a alguien para escuchar a un artista a no esperar a nadie para hacerlo.

Hay en eso una pequeña lección que me interesa mucho. Muchas veces dejamos de hacer lo que nos gusta porque lo asociamos a otra persona. No volvemos a ese restaurante, a esa playa, a ese disco. Como si la otra persona se hubiera llevado también el sitio. Recuperar esas cosas, de una en una, es parte de cualquier ruptura que acaba bien. Un día te das cuenta de que el restaurante sigue siendo tuyo. Un día te pones el disco y descubres que todavía te gusta, aunque ya no lo escuches con nadie al lado.

En el blog ya hay un ensayo que se fija en otra parte de «El concierto de Ismael Serrano»: la compasión por el nuevo, el que viene después. Aquí prefiero quedarme con el disco. Con «Caperucita», que es una canción real de 1998, la cuarta pista de «Atrapados en azul», y que en mi letra funciona como el sonido exacto de la soledad en mitad de una multitud. Cientos de personas alrededor, la misma canción en todas las bocas, y tú sin la persona con la que pensabas compartirla.

Vallecas, Madrid y el barrio como escuela

Me gusta que el músico de este título sea de Vallecas. No por chovinismo madrileño, que también, sino porque Vallecas es uno de esos barrios que se han convertido en símbolo. De lucha vecinal, de clase obrera, de equipo de fútbol con conciencia, de memoria de la inmigración interior de los años cincuenta y sesenta, cuando miles de familias llegaron a Madrid desde Andalucía, Extremadura o Castilla y levantaron casas donde pudieron.

Más fotogramas del videoclip oficial de «Hoy toca escuchar a Ismael Serrano», de Mike Sain't Louis

Esa historia de gente que llegó a la ciudad con una maleta y montó su vida en las afueras está muy presente en la canción de autor madrileña. Y también en mis letras, aunque las mías hablen más de rellanos, discotecas y exes que de asambleas de barrio. «Madrid» es una ciudad que aparece una y otra vez en mi catálogo, a veces como postal y a veces como todo lo contrario. Escribí sobre eso en «Madrid sin postal», y este título es otra pieza de ese mapa: el Madrid de los cafés con escenario pequeño, de los conciertos donde todo el público se sabe las letras y de las tardes de domingo con el disco puesto.

Para alguien queer que creció en los noventa, además, la canción de autor tenía algo de refugio raro. Era música de chicos con guitarra, a menudo muy heterosexual en sus historias, pero también muy sensible, muy dispuesta a hablar de sentimientos sin pedir perdón. En una época en la que a los chavales se les exigía no llorar, había hombres que subían a un escenario a contar que se les había roto el corazón. Eso, para un adolescente que no encajaba, era una forma de permiso.

Lo que dice el lugar en la lista

En la lista de singles, «Hoy toca escuchar a Ismael Serrano» es la pista 197 de 273. Justo antes está «Montaña rusa», y justo después, «Karma (Versión Alternativa)». Me gusta mirar esos vecinos porque a veces cuentan una historia sin querer.

Una montaña rusa es la imagen más gastada del mundo para hablar de una relación con subidas y bajadas, y por eso mismo funciona: todo el mundo sabe lo que se siente en la bajada. Después de eso, sentarse a escuchar un disco tranquilo tiene todo el sentido. Es lo que haces cuando bajas de la atracción y todavía te tiemblan las piernas. Y luego viene el karma, en versión alternativa, que es como decir: la vida devuelve lo que recibe, pero no siempre con la misma melodía.

No estoy diciendo que el orden de los singles sea un relato pensado de principio a fin. Son 273 canciones y cada una tiene su propia historia. Pero hay vecindades que hacen sonreír. Pasar de la montaña rusa a la tarde de discos, y de la tarde de discos al karma, es una secuencia que cualquiera que haya pasado por una ruptura reconoce.

El single forma parte de «El día de la liberación», uno de los tres discos de la trilogía Gayfolk. Y la palabra liberación, aquí, también cuenta. Liberarse no siempre es una gran escena de película. A veces es algo tan pequeño como volver a poner un disco que tenías prohibido desde que esa persona se fue.

El chico de negro y la guitarra que nadie toca

Vuelvo a la portada, porque hay un detalle que no quiero dejar pasar. El chico tiene la guitarra apoyada entre las piernas, pero no parece estar tocándola. La sostiene. Mira hacia abajo. Es el instante anterior a la música, o el inmediatamente posterior. Ese momento en que el instrumento está en las manos y todavía no ha sonado, o ya ha sonado y queda el eco.

Ficha de la canción «Hoy toca escuchar a Ismael Serrano» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

Esa imagen me parece perfecta para una canción sobre escuchar. Porque escuchar de verdad tiene mucho de eso: de sostener algo sin hacer ruido. De dejar que otro hable. De no interrumpir. En una época en que todo el mundo tiene algo que decir y un sitio donde decirlo, escuchar a alguien durante cuarenta minutos sin mirar el móvil es casi un acto de rebeldía.

Y la ropa de volantes, en ese campo seco, añade otra capa. No es la ropa de alguien que va a trabajar al campo. Es la ropa de alguien que se ha vestido para una ocasión, para una actuación, para una fiesta o para un entierro, y que ha acabado sentado en mitad de la nada. Hay algo de drama en eso, de drama con mayúsculas, y también algo de humor. Muy de mi planeta: el luto con lentejuelas, la pena con estilismo.

Escuchar a solas también es compañía

Durante mucho tiempo, escuchar música a solas se ha visto como algo un poco triste. La imagen del chico encerrado en su cuarto con los cascos puestos, ajeno al mundo, se ha usado para hablar de aislamiento, de rareza, de adolescente problemático. Pero yo creo que hay otra forma de verlo.

Cuando escuchas a un autor que te importa, no estás solo del todo. Hay alguien al otro lado que, en algún momento, se sentó a escribir aquello pensando en gente como tú. Hay miles de personas que han escuchado esa misma canción en sus propias habitaciones, en otras ciudades, en otros años. La música grabada es una forma rara de compañía: asíncrona, sin contacto, pero real.

Eso no sustituye a las personas, y no quiero romantizar la soledad. La soledad no deseada es un problema serio, y a veces la música la tapa en lugar de aliviarla. Pero hay una diferencia entre aislarse y tomarse un rato. Entre esconderse y recogerse. «Hoy toca» suena más a lo segundo: a alguien que sabe que hoy necesita un rato a solas con un disco, y se lo concede sin culpa.

Un plan para cualquier tarde

Si me preguntas para quién es esta canción, diría que para cualquiera que tenga un artista refugio. No tiene por qué ser Ismael Serrano. Puede ser Rocío Jurado, Radiohead o Camela. Lo importante es la costumbre: saber que, cuando las cosas se tuercen, hay un sitio al que volver, y que ese sitio cabe en un disco.

También es para quien se quedó con una entrada de sobra. Para quien dejó de escuchar a su artista favorito porque le recordaba a alguien. Para quien lleva meses sin ponerse música con atención, solo de fondo, mientras hace otra cosa. Para quien necesita que alguien le dé permiso para parar.

Y es, por supuesto, un homenaje. Poner el nombre de un músico real en el título de una canción es una forma de decirle gracias. Gracias por las tardes, por las letras, por haber hecho que tantos chavales de barrio se sintieran menos solos con una guitarra y unas cuantas frases. No sé si Ismael Serrano escuchará nunca esta canción. Las canciones que escribo sobre famosos casi nunca llegan a sus destinatarios, y está bien así. Pero el agradecimiento queda dicho.

Mientras llega la letra

Cuando la letra esté publicada, este post tendrá un compañero natural: la ficha de la canción, con los versos tal cual. Hasta entonces, lo que hay es un título, una portada en sepia y un videoclip oficial. Y la invitación que esconde la frase. Ponte el disco que te toque hoy. Siéntate. No hagas nada más durante un rato.

Puedes escuchar el single en tu plataforma favorita o descargarlo gratis desde la página de descargas, sin registro ni pago. Y si te apetece seguir en la misma línea, ponte después «El concierto de Ismael Serrano», que tiene la letra completa publicada, y escucha las dos seguidas, como quien lee dos capítulos de la misma novela sin saber del todo si lo son.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Hoy toca escuchar a Ismael Serrano»? La letra todavía no está publicada, así que este post no la cita ni la resume. Lo que sí se puede leer es el título: un plan de tarde, la costumbre de elegir un disco según el ánimo y un homenaje a la canción de autor madrileña.

¿Quién es Ismael Serrano? Un autor de canciones nacido en Vallecas, Madrid, en 1974. Debutó en 1997 con «Atrapados en azul», disco que incluye «Papá cuéntame otra vez», «Vértigo», «Amo tanto la vida» y «Caperucita».

¿Tiene relación con «El concierto de Ismael Serrano»? Son dos canciones distintas de Mike Sain't Louis con el nombre del mismo músico en el título. «El concierto de Ismael Serrano» cuenta un plantón y tiene la letra publicada. Leerlas juntas es una propuesta de este post, no una afirmación sobre la letra.

¿Cómo es la portada del single? Una foto que parece antigua, en tonos sepia, con un chico vestido de negro con volantes y bordados, sentado en un campo seco con una guitarra española entre las piernas, mirando hacia abajo.

¿En qué disco está? En «El día de la liberación», uno de los tres discos de la trilogía Gayfolk. En la lista de singles es la pista 197 de 273, entre «Montaña rusa» y «Karma (Versión Alternativa)».

¿Quién hace esta canción? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, que se presenta como el primer cantautor IA. Escribe las letras y dirige la producción; la música y las interpretaciones se generan con inteligencia artificial.

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