
Por Mike Sain't Louis ·
Escrita en mayúsculas: Ana Locking, la Loqui y la drag interestelar
QUIERO.
Así arranca. En mayúsculas. Y así sigue, sin bajar el tono ni un segundo, hasta la última línea. Si abres la letra de «La primera drag» verás que no hay ni una sola minúscula de descanso. Es una pared de letras gordas, como un cartel de discoteca de los noventa pegado en una farola de la Gran Vía, de esos que anunciaban la fiesta del sábado con tres signos de exclamación y una tipografía que te dejaba ciego.
En el blog ya hay un texto mío sobre esta canción, el que habla del drag como fiesta y no como disfraz. Ahí me negaba a contar lo que dice la letra. Aquí voy a hacer justo lo contrario: meterme dentro de la letra, palabra por palabra, en mayúsculas. Porque la forma de esta canción tiene tanta historia como su título.
Por qué todo en mayúsculas
Escribir en mayúsculas, en internet, es gritar. Todo el mundo lo sabe. Si tu tía te manda un WhatsApp en mayúsculas, sabes que o está enfadada o no sabe quitar el bloqueo. Si alguien te comenta en mayúsculas en Instagram, prepárate.
Yo quería que esta letra gritara. Pero no de enfado, sino de fiesta. El grito que pegas cuando entras en la discoteca y suena tu canción. El grito de la amiga que te ve llegar al bar desde la otra punta. El grito de la drag que sale al escenario y saluda al público antes de que nadie le haya dado permiso para hablar.
Una drag no habla en minúsculas. Nunca. Hasta cuando susurra, susurra en mayúsculas. Es una cuestión de volumen vital. Y una letra sobre la primera drag del universo no podía escribirse con letra de prospecto.
Hay algo más. Las mayúsculas aplanan. Cuando todo va en grande, nada destaca sobre nada. No hay jerarquía. La palabra FUCKING pesa lo mismo que la palabra FIESTA, y la palabra COCHE lo mismo que la palabra UNIVERSAL. Me gustaba esa democracia del grito. En una noche de fiesta de verdad pasa igual: todo es importante a la vez y nada lo es.
Es lo contrario de lo que hice en la canción de Madonna y Mercadona, donde fui poniendo una palabra minúscula por línea, despacito, como en un interrogatorio. Allí cada palabra tenía su pausa. Aquí no hay pausa. Aquí hay música alta.
Quiero que me vista Ana Locking
La primera cita, la que abre la canción, es un deseo de moda:
«QUIERO QUE ME VISTA ANA LOCKING / Y QUIERO IRME DE COPAS CON ANA LOCKING»
Ana Locking es una diseñadora de moda española. Lleva años presentando colecciones en las pasarelas de Madrid y su ropa tiene una cosa que a mí me vuelve loco: no pide perdón. Es moda con concepto, con mala leche a veces, con piezas que no sirven para ir a la oficina pero sí para subirse a un escenario. Por eso la elegí. Una drag no quiere un vestido de rebajas. Quiere que la vista alguien con firma.
Pero fíjate en el orden de la frase. Primero que me vista. Y después, inmediatamente, irme de copas con ella. Es decir, el deseo va más allá de la ropa. Es la diseñadora. Es la persona. Es la noche.
Eso me parece muy de cómo funciona la fantasía de fiesta. No sueñas solo con el vestido; sueñas con la escena entera. Con estar en la mesa de los importantes, con que la diseñadora se ría de tus chistes, con que al día siguiente alguien te pregunte «¿pero tú conoces a Ana Locking?» y tú contestes con un gesto vago, como quien no quiere presumir pero presume.
Todo esto, que conste, es la fantasía de la canción. La letra habla de una noche con Ana Locking como la mejor de la vida de la narradora, y yo lo dejo en el terreno de la canción. Es un deseo escrito con purpurina, no una crónica de sociedad.
FUCKING ANA LOCKING
Luego viene el epíteto. Irse de fiesta con la FUCKING ANA LOCKING. Así, con el insulto inglés convertido en piropo.

Me hace mucha gracia ese uso del fucking. En inglés es una palabra fea, pero puesta delante de un nombre propio se convierte en lo contrario: en admiración absoluta. The fucking Madonna. The fucking queen. Es lo que dices cuando alguien te parece tan grande que las palabras normales no llegan. Y en castellano lo hemos adoptado así, entre maricas, para hablar de las divas: la puta ama, la fucking reina.
Además, suena bien. Fucking y Locking riman, y esa rima es medio chiste. Las dos palabras acaban igual, en ing, y la repetición hace que el nombre de la diseñadora parezca un verbo inglés. To lock. Ana Locking, la que te encierra en la fiesta y no te deja salir. Cuando lo escribí no lo pensé tanto, pero ahora, leyéndolo, me encanta esa lectura.
Y luego está la enumeración que sigue, que es de pura pista de baile: es derroche, es desfase, es total. Doce horas de risas sin parar. Doce horas. No una noche normal, de las que acaban a las cinco. Una de esas que empiezan en una cena, siguen en un bar, pasan por una discoteca y terminan desayunando churros en San Ginés con el rímel corrido.
Las chustillas del cenicero
Y en mitad de todo ese glamour, la segunda cita, que es mi favorita:
«NO NECESITÉ NI ESAS CHUSTILLAS / QUE HABÍA EN EL CENICERO DEL COCHE»
Esto es Mike en estado puro. Tienes a una drag interestelar, vestida por una diseñadora de pasarela, de copas con la fucking Ana Locking. Y de repente, el cenicero del coche. Con sus colillas. Sus chustillas, que es como se dice en mi barrio a los restos de porro que se quedan ahí, olvidados, esperando a que alguien desesperado los rescate.
El contraste es el chiste. La noche más glamurosa de tu vida y la referencia más cutre que se te pueda ocurrir, en la misma estrofa. Pero el contraste también dice algo: que la noche fue tan buena que no hizo falta nada. Ni lo poco que había. Ni las sobras del coche. La fiesta con Ana Locking era colocón suficiente.
Ya escribí sobre la chusta en otro sitio. Tengo una canción que se llama «La chusta nunca disgusta», y en el blog hay un texto sobre cómo la hice sin historia, como un experimento. La chusta vuelve en mi catálogo como esos personajes secundarios de las series de toda la vida que aparecen en un episodio de cada temporada. Aquí sale de cameo. Una línea. Y se va.
Me gusta que lo cutre se cuele en lo elegante. Es lo que hago siempre, desde el crucero con croquetas hasta la Shakira del Todo a 1 euro. Lo cotidiano y lo cutre junto al drama. Si me quitas eso, me quitas la mitad de las letras.
Ana Loqui, qué casualidad
Hay un juego en la canción que me parece de lo más divertido que he hecho con un nombre propio. La tercera cita:

«LA MEJOR FIESTA DE MI VIDA FUE UNA NOCHE CON ANA LOQUI / ¡QUÉ CASUALIDAD!»
Ana Loqui. No es una errata. La canción repite la misma frase dos veces seguidas: primero con Ana Locking y luego con Ana Loqui. Y después, para que nadie piense que me he equivocado, añade «¡qué casualidad!», que es la forma de guiñar el ojo por escrito.
Loqui viene de loca, claro. De la loca, que en el vocabulario marica es la que tiene pluma, la que no se esconde, la que da el espectáculo. Y también tiene algo de apodo cariñoso, de mote de amiga. La Loqui. Como se llama a la amiga que siempre lía las noches.
Así que la frase dice dos cosas a la vez. Que la mejor fiesta fue con la diseñadora. Y que la mejor fiesta fue con una loca. Y que, ¡qué casualidad!, a lo mejor son la misma persona. O a lo mejor no, y la Loqui es otra, la amiga del barrio que no tiene firma ni colección pero que te hace reír doce horas seguidas.
Me encanta que no se resuelva. La canción sigue con preguntas: ¿qué pasará?, ¿qué misterio habrá? Como en un programa de misterio de madrugada, de esos con música de sintetizador y una señora con una bola de cristal. Y la respuesta no llega. Solo llega el estribillo.
SOY LA PRIMERA DRAG
Y entonces el estribillo, que es la cuarta y última cita que voy a dejar aquí:
«SOY LA PRIMERA DRAG / INTER ESTELAR / SOY LA DRAG UNIVERSAL»
Inter estelar. Separado en dos, como está en la letra. Me gusta así porque al leerlo se hace una pausa en medio, como cuando una presentadora de gala dice el nombre de la ganadora y deja un silencio para que suba el aplauso. Inter. Estelar.
Aquí es donde la canción conecta con todo el universo de Planeta Gayfolk. La trilogía empieza con un disco que se llama «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», y esta canción está en ese primer disco. Un planeta inventado, con sus leyes y sus habitantes, donde lo que aquí es raro allí es normal. Y en un planeta así, por supuesto, tiene que haber una primera drag. La que llegó antes que nadie. La que viaja entre estrellas.
Vale, viaja no. Que esa palabra la tengo prohibida y me la acabo de saltar sin querer. Digamos que se desplaza entre estrellas en tacones.
La palabra universal también me hace gracia porque suena a concurso de belleza. Miss Universo. Y una drag universal sería la que gana el certamen de todas las galaxias, la que tiene corona en cada planeta. No la primera de un pueblo, ni la primera de una familia. La primera del cosmos.
Es una exageración enorme, y es justo lo que pide el drag. Un drag que se conforma con ser la primera de su calle no es drag. El drag quiere ser la primera del universo, aunque actúe en un bar de quince metros cuadrados con un foco que parpadea.
La primera de qué
Hay una pregunta que me hice cuando escribí el título y que no tiene una respuesta única. ¿La primera de qué? ¿La primera drag de quién?
En el otro texto del blog lo cuento desde fuera: todo el mundo tiene una primera drag que recuerda. Aquí lo miro desde dentro de la letra, y lo que veo es otra cosa. La narradora no dice «fui la primera». Dice «soy la primera». En presente. Como si cada vez que se sube a un escenario fuera la primera vez. Como si la palabra primera no hablara de orden sino de actitud.
Eso me parece muy bonito. Que ser la primera no tenga que ver con haber llegado antes que nadie, sino con comportarte cada noche como si inauguraras algo. Cada salida al escenario, un estreno. Cada fiesta con la Loqui, la mejor de tu vida.
Y también es autoparodia, claro. Porque no hay nada más de drag que proclamarse la primera de algo que ya existía. Ser la primera drag interestelar es como ser el primer madrileño que pide un bocadillo de calamares. Ya había otros. Pero tú lo pides con más gracia.
La portada y lo que dice sin palabras
Ya que en esta canción todo es exceso, hablo un momento de la portada, que va a juego. La ficha del blog la describe con detalle: un estallido de plumas de marabú rosa que lo rodea todo, barba, purpurina en los pómulos, un corazón tatuado en el pecho y el título en letras de neón rosa.

Lo que me gusta de esa imagen, mirándola al lado de la letra, es que no hay peluca. No hay contouring de escenario. Hay barba y plumas a la vez. Y eso conecta con la letra en algo que no había pensado: la primera drag de la canción no sigue el manual. No es la drag clásica. Es otra cosa, una mezcla, algo que en este planeta parece que no va junto y en Gayfolk sí.
Las plumas rosas son, además, el equivalente visual de las mayúsculas. Todo a tope. Todo lleno. No hay un centímetro de la imagen que descanse, igual que no hay una minúscula en la letra.
Si quieres verla, está en la ficha de la canción, junto al enlace para escucharla y descargarla.
Doce horas, contadas una a una
La letra dice doce horas de risas sin parar, y yo, que soy de hacer cuentas absurdas, me he puesto a imaginar cómo serían esas doce horas. No como crónica de nada que haya pasado, sino como el guion de la fantasía que la canción propone. Un horario de fiesta interestelar.
Las ocho de la tarde: prueba de vestuario. Ana Locking alrededor con alfileres en la boca, la drag subida a un taburete, alguien poniendo música en un altavoz pequeñito que suena a lata. Ya hay risas, porque el primer vestido no entra y hay que descoser.
Las diez: cena. Mesa larga, demasiada gente, nadie se sabe el nombre de todos. Alguien pide vino y llega tinto de verano. La drag lleva las plumas puestas y cada vez que se gira tira una copa.
Las doce: el primer bar. Chueca, claro, que esto es Madrid. Una caña que se convierte en tres. La Loqui aparece por la puerta sin avisar y grita el nombre de la drag desde la barra, y ahí empieza la noche de verdad.
Las dos: discoteca. Lo que pasa allí se queda allí, como manda la tradición, así que no lo cuento.
Las cuatro: el coche. Alguien abre el cenicero, ve las chustillas, y la drag dice que no hace falta. Que esta noche no. Que ya va servida. Y todo el mundo se ríe porque es la primera vez en la historia que alguien rechaza una chusta de cenicero.
Las seis: churros. Rímel corrido, tacones en la mano, una pluma rosa flotando en el chocolate.
Las ocho de la mañana: la cama. Doce horas exactas. Ni una más.
Ya sé que en la canción no hay horario. Me lo he inventado ahora, y lo digo para que nadie lo tome por un dato. Pero me apetecía ponerle reloj a la fiesta, porque cuando una letra dice doce horas me entran ganas de saber en qué se fueron.
Lo que la fiesta le debe a la amiga
Volviendo a la Loqui. Hay una cosa que me gusta mucho de que la canción no aclare quién es: le da protagonismo a una figura que en las noches gays es fundamental y que casi nunca sale en las canciones. La amiga.

Las canciones de discoteca suelen hablar del chico que te gusta, del que te ignora, del que se va con otro. Rara vez hablan de la amiga que te recoge a las tres, la que te sujeta el bolso, la que te dice que no le escribas a ese, la que te presta el pintalabios. Y es ella la que hace que la noche sea la mejor de tu vida, no el chico.
Así que si la Loqui es la amiga, la canción le hace un homenaje sin decirlo. La mejor fiesta de mi vida fue una noche con ella. No con un novio. Con una loca.
Eso tiene más verdad que muchas canciones de amor.
Las vecinas de la pista
Esta canción tiene primas en el catálogo. «Extravaganza» comparte con ella el gusto por el exceso desde el título. «Soy marica sideral» también saca el cuerpo fuera de la atmósfera, como la drag interestelar: si te gusta la idea de lo marica en el espacio, ahí tienes otra versión. Y «Kaaa-miga» tiene a La Veneno gritando quién eres, maricón, que es el mismo volumen de mayúsculas aunque esté escrito en minúscula.
Juntas hacen una especie de noche completa. Si las pones seguidas, tienes la noche entera hasta el after. Lo de los churros en San Ginés ya corre de tu cuenta.
En la página de Planeta Gayfolk tienes explicado el universo entero, los tres discos y lo que significa cada uno. Y en vídeos están los videoclips, por si quieres ver cómo suena todo esto con imagen.
Una canción sin herida
Mucha de mi música tiene herida. Narcisistas, castigos, rupturas, noches a oscuras con el móvil. Y la gente que me sigue lo sabe: casi siempre, detrás del chiste, hay algo que duele.
Esta no. O casi. He buscado la herida en esta letra y no la encuentro. Es pura fiesta. Una drag que quiere un vestido de firma, una noche de doce horas, una amiga loca, un cenicero que no hizo falta y una corona universal. Ni un ex. Ni un narcisista. Ni un diagnóstico.
Y me parece importante que haya canciones así en el catálogo. Porque si todo fuera herida, se me olvidaría para qué sirve la fiesta. La fiesta también es una forma de seguir. Una noche en la que no piensas en nada malo, en la que todo es mayúscula y purpurina, es también una manera de cuidarte. No la única, ni la mejor, pero una.
Y eso, quizás, también cuenta.
Cómo está hecha
La letra la escribí yo, sin inteligencia artificial, en mayúsculas desde el principio. Soy letrista y productor musical, y la música y las voces de esta canción, como las del resto del catálogo, están hechas con herramientas de IA como Suno. Si quieres saber más sobre cómo trabajo, lo tienes contado en la página sobre mí.
Lo que no hace ninguna herramienta es decidir que una letra va en mayúsculas, que la diseñadora se convierte en la Loqui o que en mitad del glamour aparece el cenicero del coche. Eso lo decido yo, con mi mala cabeza y mis ganas de fiesta.
Así que si la escuchas, súbele el volumen. Que esta canción, como su letra, no está pensada para oírse bajito. Y si alguien te pregunta por qué gritas, le dices que estás de fiesta con la LOCKING.
Con mayúsculas. Como debe ser.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Ana Locking, la de la canción? Es una diseñadora de moda española. La letra de «La primera drag» expresa el deseo de que ella vista a la narradora y de irse de copas con ella; es una fantasía de fiesta dentro de la canción.
¿Por qué la letra dice «Ana Loqui»? Es un juego de palabras. La canción repite la frase con «Ana Locking» y con «Ana Loqui», que remite a «loca», y lo remata con «¡qué casualidad!».
¿En qué disco está «La primera drag»? En «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer disco de la trilogía Planeta Gayfolk de Mike Sain't Louis.
¿Quién hace la música y las voces? La letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, escrita sin IA. La música y las voces están hechas con herramientas de inteligencia artificial como Suno.