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Ángeles dorados y una jaula en mitad del mar: el videoclip de «Can't Wait», escena a escena

Casi todos mis videoclips tienen un sitio. Una plaza de toros, un crucero, una playa, una azotea, un museo. El de «Can't Wait» no tiene ninguno, o los tiene todos a la vez. En 3:38 recorre por un anfiteatro de piedra, una playa con elefantes, un patio de naranjos, un túnel, una habitación de hotel, el espacio, París, una nave industrial, un bosque nevado, una feria, una iglesia, un barco, una pescadería y un centro comercial. Nunca se queda en el mismo lugar más de unos segundos.

Lo subí a YouTube el 12 de octubre de 2025, un domingo, pasadas las ocho y media de la tarde (hora de Madrid), bajo el rótulo habitual: «CAN'T WAIT (OFFICIAL MUSIC VIDEO)». En el catálogo de canciones no pertenece a ninguno de los tres discos de la trilogía: es una canción suelta, la pista 60 de 273, entre «Cada cornada» y «La música me está salvando». En la lista de vídeos va entre el de «Ay, gachó» y el de «Mirror». Si quieres ir mirándolo a la vez, lo tienes en su página de Planeta Gayfolk.

Como su letra aún no la he subido a la web, no copio ningún verso: me quedo con las imágenes. Lo he congelado cada dos o tres segundos para tomar notas, y lo cuento por orden de aparición, distinguiendo lo que se ve de mi interpretación.

El rótulo: cuero y platino en la niebla

El vídeo arranca con el título escrito a mano en rosa, «Can't wait», con mi nombre debajo en letra pequeña. Detrás hay un campo envuelto en una niebla azul, y en él dos figuras: a la izquierda, un chico moreno con chaqueta de cuero negra; a la derecha, una rubia platino con vestido blanco de tirantes y el pelo ondulado de los años cincuenta. No se miran. Cada uno ocupa su mitad del cuadro, como si fueran dos carteles pegados uno al lado del otro.

Los dos van a volver. El chico de cuero y la rubia reaparecen, por separado y juntos, en varios momentos del clip, y son lo más parecido a unos protagonistas que tiene. Pero el rótulo ya avisa de lo que viene: dos estéticas distintas, dos épocas, y una niebla que no deja ver dónde están.

Ángeles en el anfiteatro

El primer plano después del rótulo es, para mí, de los más bonitos del vídeo. Cuatro ángeles con túnicas doradas, alas de plumas doradas y aureolas finas sobre la cabeza, de pie en las gradas de un anfiteatro de piedra en ruinas. La luz es de media tarde y les da de lado. Uno mira hacia arriba, otro hacia la arena vacía.

No hay público. Un anfiteatro es un sitio hecho para mirar un espectáculo, y aquí los únicos espectadores son ellos, y lo que miran no sale en el plano. Aquí aparece por primera vez alguien que espera algo, y habrá más.

Dos astronautas y unos elefantes

Luego, sin transición, una playa. Dos chicos con escafandras transparentes de astronauta, como peceras redondas, y trajes también transparentes, de pie en la orilla. Detrás de ellos, por la arena, pasa una manada de elefantes. El cielo es azul limpio.

Es una de esas imágenes que no se pueden explicar y que tampoco hace falta explicar. Dos personas vestidas para ir a otro planeta que ya han llegado a uno donde los elefantes pasean por la playa. Me hace gracia porque es lo contrario de lo que pasa en casi todos mis vídeos: en Planeta Gayfolk la gente suele llegar al planeta rosa desde la Tierra, y aquí parece que estos dos han aterrizado en una Tierra rara.

El patio de los naranjos

El siguiente lugar es un patio de paredes color teja, con un naranjo cargado de fruta, farolillos de papel blanco colgando de las ramas y naranjas caídas por el suelo. Sentados en sillas plegables, cinco hombres tocan guitarras españolas en corro, con camisas oscuras, como en una tarde cualquiera de verano.

Es la escena más tranquila del vídeo y también la más cercana a algo que podría haber pasado de verdad. Por eso, cuando justo después llega lo que llega, el contraste es tan fuerte.

El ataúd rosa del túnel

Un túnel de piedra, oscuro, con una bóveda en curva. Por el centro avanzan varias figuras encapuchadas, con máscaras plateadas brillantes en lugar de cara, que llevan a hombros un ataúd. El ataúd no es negro: brilla en rosa desde dentro, como si estuviera hecho de neón.

Un planeta gigante de franjas rosas, cremas y lilas con una nave en silueta delante, fotograma del videoclip de «Can't Wait» enmarcado como polaroid

Lo menciono con cuidado porque es la única imagen del vídeo que tiene algo de funeral, y dura muy poco. Yo no la leo como algo triste. Un ataúd que brilla en rosa es una idea muy de este planeta: si algo se termina, que se termine con luz. Y el vídeo, en cuanto pasa el túnel, vuelve a la vida con más ganas que antes.

Una cama de hotel y un retrato en la pared

Una habitación de hotel con cama blanca, cortinas y una ventana con luz de día. En el borde de la cama está sentado un chico con gorra, camiseta de tirantes y los brazos llenos de tatuajes, con las manos juntas, esperando. Detrás de él, ocupando la pared entera, hay un retrato enorme en blanco y negro de una mujer que mira de lado.

Este plano es el título de la canción hecho escena. Alguien sentado en una cama de hotel con las manos cruzadas no está descansando: está esperando a que llamen a la puerta, a que suene el teléfono, a que llegue la hora de salir. Es la impaciencia quieta, la que no se mueve pero tampoco se relaja.

El planeta de franjas

Y entonces el espacio. Un planeta gigante de franjas rosas, cremas y lilas, como un Júpiter de color pastel, ocupa casi todo el encuadre sobre un fondo negro. Delante pasa, en silueta, una nave pequeña con forma de platillo. En el plano siguiente vemos un platillo volante más de cerca, metálico, flotando sobre un suelo de cristales morados mientras detrás se pone un sol rosa.

Es el momento más Planeta Gayfolk del vídeo en sentido literal: un planeta rosa, una nave que llega. He elegido el plano del planeta de franjas para una de las imágenes de este texto porque, sin una sola persona, resume la sensación de estar a punto de llegar a algún sitio.

Las dos rubias de la cama de nubes

Una cama con un cabecero que parece hecho de nubes turquesa, sobre un fondo negro. En ella hay dos mujeres rubias con mucho maquillaje y vestidos satinados: una está tumbada con los ojos cerrados y la otra, inclinada sobre ella, la mira de cerca. Es una imagen muy de cuento, casi de bella durmiente, con colores de caramelo.

También es otra forma de esperar. Una que duerme y otra que espera a que se despierte.

Alas negras, alas rosas

Un chico moreno, sin camiseta, con bañador azul y un arnés, vuela con unas alas negras enormes abiertas sobre un cielo de nubes rojizas. En el plano siguiente se le ve de frente, todavía en el aire. Y después aparece de pie, con las mismas ganas en la cara, pero ahora con alas rosas de plumas, delante de unos rayos láser rojos.

El cambio de color de las alas me parece de lo mejor del clip. Lo que era oscuro se vuelve rosa sin que el personaje cambie de postura. En el planeta ya había alas: en «No te vuelvo a mirar más» hay un torero con alas y jaulas abiertas. Aquí las alas no salen de una jaula, sino de la impaciencia: alguien que no puede esperar a llegar andando y se va volando.

París en gris

Dos chicos en una terraza, de espaldas o de perfil, mirando a lo lejos la torre Eiffel en un día gris, sin sol. Uno lleva un jersey claro y otro una camiseta oscura. No se tocan. La ciudad está en tonos apagados, casi en blanco y negro, aunque el plano es en color.

París sale dos veces en el vídeo. Esta primera es tranquila y un poco melancólica, la de dos personas que miran una postal sin estar todavía dentro de ella.

Dos niños en un escalón

Un plano muy breve: dos niños pequeños sentados en un escalón de piedra, delante de una pared amarilla con una puerta oscura, con algo de comer en la mano y mirándose. Es el único momento del vídeo con niños, y es pura calma: una tarde de verano en la que lo único que se espera es que no se acabe.

La nave de las luces

A partir de aquí el vídeo sube de ritmo. Una nave industrial con vigas de hierro, focos y humo. En medio, un chico con una chaqueta recorrida por tiras de luz blanca baila con un brazo levantado en alto y el otro estirado. Alrededor, una multitud con los brazos en alto, de espaldas, recortada contra rayos de colores. Después, el mismo tipo de fiesta vista desde otro ángulo: un bailarín encima de algo, por encima de la gente, entre focos blancos.

La portada de «Can't Wait», un chico con chaqueta de luces bailando en un pasillo de neón, junto a las de «Cada cornada», «La música me está salvando», «Ay, gachó» y «Mirror»

Este es el plano que más se acerca a la portada de la canción, que es un chico con la chaqueta llena de luces bailando con el dedo hacia arriba en un pasillo de neón. De esa portada ya escribí en otro texto sobre la chaqueta de luz y el arte de no saber esperar. Aquí la chaqueta sale en movimiento, y ya no está sola en un pasillo: está rodeada de gente.

Patines, un ojo y un pasillo de espejos

Una chica rubia en patines, con body brillante, por una carretera de noche, entre estelas de luz que dejan los coches al pasar rápido. Un ojo enorme, de iris turquesa y pestañas larguísimas, con maquillaje rosa y verde, que ocupa toda la pantalla. Un pasillo de espejos infinito, con luz amarilla, por el que caminan hombres sin camiseta y con pantalón rosa, multiplicados por los reflejos hasta perderse.

Son tres planos seguidos y cada uno podría ser el principio de otro vídeo distinto. El ojo es el único momento en que el clip mira directamente a quien lo ve. Dura un segundo, y luego vuelve a mirar hacia otro lado.

Una bailarina en el humo verde

Una mujer con un traje verde de flecos baila con los brazos abiertos en medio de un humo verde fosforito, con otras figuras al fondo. Es de los planos con más color de todo el vídeo, y también de los más libres: nadie la mira, nadie la sigue, solo baila.

Corazones rojos en la nieve

Luego llega otra de mis imágenes favoritas. Un bosque de árboles desnudos, con el suelo cubierto de nieve y una luz azulada de anochecer. A lo largo de un camino hay faroles encendidos con forma de corazón, rojos, que brillan sobre la nieve. Por el centro, de espaldas, camina una figura con un vestido rojo de volantes que se arrastra por el suelo.

Va de espaldas todo el rato. Va hacia el fondo del bosque, entre los corazones, sin prisa. En un vídeo que se llama «no puedo esperar», es la única persona que no corre. He usado este plano como una de las imágenes del texto porque es el más silencioso de todos.

La feria y el pasillo rojo

Una feria con una noria iluminada detrás, un puesto de comida con luces y, en primer plano, la pareja del rótulo: la rubia platino, ahora también de cuero negro, y el chico de la chaqueta, a su lado. Los dos protagonistas del cartel solo coinciden de verdad en este plano. La noria ya había salido en el planeta: en «Montaña rusa» todo pasaba en una atracción de feria que acababa volando.

Justo después, un pasillo de hotel con moqueta y paredes de color rojo vino, lámparas de pared encendidas, y dos chicos que caminan hacia la cámara: uno con chaqueta de cuero y otro con una bata de satén color champán, como si acabaran de salir de una habitación. Caminan juntos, sin tocarse, muy seguros.

Escaleras mecánicas y un mono rosa

Alguien vestido de turquesa hasta los tobillos, con turbante a juego, sube por unas escaleras mecánicas, de espaldas, entre gente con ropa de calle. Luego, un pasillo blanco y brillante, de oficina o de hospital, con gente borrosa pasando rápido a los lados, y en el centro, quieta, una figura con un mono rosa de cuerpo entero y una boa de plumas moradas, con una bola de espejos en el suelo junto a sus pies.

Es la mejor imagen de lo que hacen muchas personas queer en los sitios más grises: quedarse en mitad del pasillo con todo el brillo puesto mientras los demás pasan de largo.

El blanco y negro: un cigarrillo y dos curas

Hacia la mitad, el vídeo cambia de color. Una calle de París en blanco y negro, con edificios antiguos y farolas, y un chico de pelo ondulado y chaqueta de cuero con un cigarrillo en la boca, que mira a cámara con cara de película francesa de los años sesenta.

Mike Sain't Louis con abrigo negro junto a tres escenas del videoclip de «Can't Wait»: una sirena en una jaula en el mar, faroles de corazón en un bosque nevado y un coche rosa entre nubes

Y después, todavía en blanco y negro, el interior de una iglesia con velas encendidas. Dos curas con sotana y sobrepelliz están de pie muy cerca, cara a cara. En el plano siguiente, uno pone la mano en el hombro del otro y se acercan aún más, frente con frente, con las velas al fondo. No pasa nada más. El vídeo corta antes de que pase.

No es la primera vez que el planeta mete a curas en una escena (en el post sobre lo sagrado en mis letras hablo de rosarios, ángeles caídos y sotanas). Aquí lo que más me interesa es el corte. La impaciencia del título se queda colgando en el aire, en una iglesia, entre dos personas que no pueden esperar y a la vez no se atreven.

Coches de colores

Vuelve el color. Una chica morena asomada a la ventanilla de un coche antiguo pintado con franjas de arcoíris, mientras dos mujeres pasan caminando por detrás con vestidos de verano. Y luego, uno de los planos más limpios del vídeo: un coche pequeño de color rosa chicle, aparcado sobre un asfalto agrietado, con un mar de nubes blancas detrás, como si la carretera se acabara en el cielo.

Ese coche rosa también lo he elegido como imagen. Es un coche esperando, con el motor apagado, al borde de las nubes.

La rubia de las calles mojadas

El bloque más largo en blanco y negro es el de la rubia platino. Camina sonriendo por una calle estrecha de ciudad europea, mojada por la lluvia, con edificios de piedra a los lados y farolas encendidas. Luego aparece en primer plano, con el pelo ondulado y los labios oscuros, mirando a un lado, mientras por detrás pasan hombres con traje y sombrero que no se fijan en ella. Más tarde la vemos con un grupo de mujeres vestidas como ella, con trajes de los años cincuenta, posando en la calle con las manos en el pelo.

Ella no parece esperar a nadie. Es la única que, en mitad de un vídeo lleno de prisa, se toma su tiempo para sonreír. Y en el plano siguiente sale otra mujer, también en blanco y negro, que sopla hacia un lado y de su boca sale una cinta de fuego rojo y naranja, la única cosa en color de toda la escena. Es como si el color del vídeo estuviera esperando a volver y no pudiera aguantarse más.

La sirena de la jaula

Después del blanco y negro, el mar. Un barco antiguo con cubierta blanca y tumbonas vacías, y en la barandilla, una pasajera de lila, con falda hasta los pies, que señala con el brazo estirado hacia el agua. Allí, en mitad del mar, flota una jaula redonda de barrotes turquesa con techo de pagoda, y dentro hay una sirena.

De ahí sale el título de este artículo. En el planeta ya había jaulas en el mar: en «Sonne und Wind», la jaula estaba rodeada de tiburones. Aquí no hay amenaza a la vista. Hay una sirena encerrada, una mujer que la señala desde el barco y una distancia de agua entre las dos. No sabemos si la va a liberar o si solo la está enseñando. El vídeo no lo dice.

Al lado de esa imagen, el clip coloca otras dos que la contestan con humor. Un chico con auriculares sentado en una ladera de ceniza volcánica, junto a una cabra montés con los cuernos curvados, como si le estuviera haciendo una entrevista. Y, más tarde, una sirena tumbada sobre el hielo de una pescadería, entre atunes enormes, con la cola de escamas azules y verdes, mientras el pescadero, a su lado, tiene la mano junto a la boca. Una sirena en una jaula en el mar y otra en el mostrador del pescado: dos maneras de sacar a alguien de su sitio.

La sala de las teles

Una habitación llena de televisores antiguos apilados, de todos los tamaños, encendidos con pantallas rosas, moradas y blancas. No hay nadie mirándolas. Las teles se miran entre ellas.

Datos de «Can't Wait»: canción fuera de la trilogía, puesto 60 de 273 en el catálogo, letra y producción de Mike Sain't Louis

Tiene mucho que ver con el dormitorio lleno de pantallas de «Contact Overwhelms Me», que es una canción sobre lo contrario de este vídeo: no poder con el contacto. Aquí la sala de las teles aparece justo antes del final, como un último respiro de luz sin gente.

El osito de la vitrina

El penúltimo plano es el que encabeza este artículo. El atrio redondo de un centro comercial, o de un barco de lujo, con barandillas, luces doradas y suelo brillante. En el centro, dentro de una vitrina de cristal cilíndrica, sobre una base de luces, hay un osito de peluche enorme, de color miel, sentado, rodeado de globos de color melocotón.

Me encanta este plano porque es el deseo infantil en estado puro: el juguete que ves detrás del cristal y que no puedes tocar todavía. Es la misma impaciencia del chico de la cama de hotel, la de los ángeles del anfiteatro y la de la sirena de la jaula, pero vista con ojos de niño. Lo que quieres está ahí, iluminado, a un cristal de distancia.

Cómo termina: un chico entre fotógrafos

El último plano es un chico sin camiseta, de barba corta, con luz roja y azul en la piel, rodeado de varios fotógrafos que le apuntan con cámaras grandes de flash. Detrás, en la pared, hay unas caras de neón con sonrisas enormes llenas de dientes, en rojo, amarillo y turquesa. El chico mira a cámara y, en el último segundo, estira el brazo hacia nosotros, como si fuera a tapar el objetivo con la mano.

Sin cartel, sin portada, sin créditos: el clip se corta con ese gesto. Para mí es la respuesta a todo lo anterior: después de tres minutos y medio de esperar, alguien decide no esperar más y se acerca. El brazo que se estira hacia la cámara es el título en movimiento.

Lo que dicen las etiquetas

La descripción que puse en YouTube no lleva texto, solo etiquetas. Algunas de ellas ayudan a leer el vídeo: #HopeAndFear, #PassionAndFear, #DreamBig, #EmotionalJourney, #CinematicVibes, #OutsiderMusic. Esperanza y miedo, pasión y miedo. Me parece una buena descripción de lo que es no poder esperar: las ganas de que algo llegue mezcladas con el miedo a que no llegue, o a que llegue y no sea como lo imaginabas.

Por eso el vídeo no tiene un solo tono. Tiene la calma del patio de naranjos y de los niños del escalón, la fiesta de la nave, el silencio de la iglesia, el humor de la sirena del pescado y la ternura del osito. La impaciencia no es siempre ansiedad. A veces es ilusión.

Una canción suelta con piezas de la trilogía

«Can't Wait» es una canción suelta, fuera de la trilogía, igual que su vecina de lista «La música me está salvando». Pero el vídeo está lleno de cosas que vienen de los discos: el planeta rosa, la nave que llega, las alas, la jaula en el mar, la noria, el coche rosa, las parejas de chicos que caminan juntos por un pasillo de hotel o miran París desde una terraza.

Lo que tiene de distinto es la prisa. Casi todos mis vídeos se recrean en un sitio. Este salta de uno a otro como quien hace zapping o como quien pasa fotos en el móvil esperando a que le contesten un mensaje. Más de veinte lugares en tres minutos y medio. Si la canción va de no poder esperar, el montaje tampoco espera.

Si lo vas a ver

Hay tres momentos que merecen una segunda mirada.

El primero, el chico de la cama de hotel. Es lo más parecido a una explicación del título: manos juntas, gorra, un retrato enorme detrás y la mirada clavada en la puerta.

El segundo, el corte de la iglesia. Fíjate en cómo el vídeo deja a los dos curas frente con frente y salta a otra cosa. Esa espera que no se resuelve es la clave de todo el clip.

Y el tercero, el final. Después del osito en la vitrina, el chico rodeado de fotógrafos estira el brazo hacia ti. Es el único momento en que alguien deja de esperar.

Y si después quieres quedarte con la canción, puedes escucharla y descargarla gratis en la página de descargas de mi web, sin registro y sin pagar nada.

Preguntas frecuentes

¿Dónde se puede ver el videoclip de «Can't Wait»? En el canal oficial de YouTube de Mike Sain't Louis y en la sala de vídeos de mikesaintlouis.com. Se publicó el 12 de octubre de 2025 y dura tres minutos y treinta y ocho segundos.

¿En qué disco está «Can't Wait»? En ninguno de los tres discos de la trilogía de Planeta Gayfolk: es una canción suelta. En el catálogo es la pista 60 de 273, entre «Cada cornada» y «La música me está salvando».

¿Qué pasa en el videoclip? Salta de un lugar a otro sin parar: ángeles dorados en un anfiteatro, astronautas en una playa con elefantes, un patio de naranjos, una nave con fiesta, un bosque nevado con faroles de corazón, una iglesia en blanco y negro, una sirena en una jaula en el mar y un osito en una vitrina.

¿Cómo termina el vídeo? Con un chico rodeado de fotógrafos que estira el brazo hacia la cámara. No hay cartel final.

¿Se puede descargar la canción? Sí. Se puede escuchar y descargar gratis en la página de descargas de mikesaintlouis.com.

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