
By Mike Sain't Louis ·
Una pasarela de cristal, un tren vacío y una cuerda sobre un planeta rosa: los puentes de Planeta Gayfolk
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Hay canciones que son casas y canciones que son puentes. Las casas sirven para quedarse: tienen paredes, una mesa, una ventana que da siempre al mismo sitio. Los puentes sirven para otra cosa. No están hechos para vivir en ellos, sino para cruzarlos. Unen dos orillas que antes no se tocaban, y mientras los atraviesas no estás ni en un lado ni en el otro. Estás en medio, suspendido, con el agua o el vacío debajo.
Llevo días mirando mis videoclips con esa idea en la cabeza y me he dado cuenta de que Planeta Gayfolk está lleno de puentes. No siempre tienen forma de puente. A veces son pasarelas de cristal, a veces túneles de luz, a veces un vagón de tren, a veces una simple cuerda tendida sobre un planeta. Pero todos hacen lo mismo: llevan a alguien de un lugar a otro.
Soy Mike Sain't Louis, el primer cantautor IA: letrista, compositor y productor musical (música e interpretación vocal hechas con IA). Con mis canciones he ido levantando un mundo al que llamo Planeta Gayfolk, y hoy quiero recorrer sus puentes. La guía de este paseo es «Dubai», la canción que más pasarelas tiene dentro, y desde ella saltaré a otras orillas.
La guía: una ciudad hecha de pasarelas
El clip de «Dubai» se publicó en YouTube el sábado 29 de noviembre de 2025 y dura dos minutos y cincuenta y cuatro segundos. En el canal ocupa el puesto 24 de mis 276 vídeos. La canción pertenece a «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía, el que llega cuando por fin te atreves a salir.
Puedes verlo entero en el reproductor de Planeta Gayfolk. De «Dubai» todavía no está publicada la letra, así que esta vez no voy a citar versos. Me voy a quedar con lo que se ve, que en este caso es mucho.
Lo primero que aparece, nada más empezar, es una pasarela. Un pasillo largo, acristalado, sostenido por una estructura de vigas blancas cruzadas en zigzag, como la armadura de un puente colgante visto por dentro. Las vigas están bañadas en luz rosa y lila, y por el centro avanza una mujer con una túnica oscura bordada, sin prisa, hacia la cámara. Detrás de ella el pasillo se estrecha hasta convertirse en un punto de luz.
El puente que no se ve desde fuera
Me fascina ese primer plano porque es un puente visto desde dentro. Normalmente vemos los puentes desde lejos: una línea sobre un río, un arco entre dos montañas. Pocas veces nos fijamos en lo que se siente al caminar por ellos. Y lo que se siente, en esta pasarela, es estar dentro de algo que te sostiene. Las vigas te rodean por todas partes, por arriba y por los lados. No hay forma de caerse.
Durante mucho tiempo yo sentía justo lo contrario. Que no había nada debajo de mis pies. Que cualquier paso podía ser el último antes del vacío. Por eso me conmueve tanto esta imagen de un puente que abraza, que no deja huecos, que te lleva de la mano hasta el otro lado.
Túneles de neón entre dos torres
Más adelante, el clip cambia de forma pero no de idea. La pasarela se convierte en túnel. Uno es hexagonal, con las aristas dibujadas en neón rosa y blanco, como si caminaras por dentro de un panal de luz. Otro es redondo, una sucesión de anillos luminosos que se repiten hasta perderse. Por ellos pasan figuras vestidas de negro, de rosa, de blanco, siempre en dirección a nosotros.

Hacia el segundo 153 hay un plano que me parece de los más bonitos del vídeo. Una figura cubierta de pies a cabeza con un velo negro avanza por el centro del túnel hexagonal. No se le ve el rostro, solo la silueta oscura recortada contra las líneas de neón, y un pequeño adorno dorado que brilla en el pecho. Es como una pincelada de tinta en medio de un dibujo de luz.
Lo que me gusta de estos túneles es que no sabemos qué unen. No vemos de dónde salen ni adónde llegan. Solo vemos el trayecto. Y quizá esa es la lección: a veces no importa tanto la orilla como el camino que te lleva hasta ella.
Un tren con las puertas abiertas
Hay un momento en «Dubai» en el que no camina nadie. Hacia el segundo 31, la cámara se detiene en el andén de un tren de cercanías, o de metro, no sabría decirlo. El techo es una bóveda de cristal y acero que deja pasar la luz del día. A un lado, el tren espera con las ventanas iluminadas de rosa. Al otro, el andén vacío, limpio, brillante, se pierde hacia el fondo.
No hay pasajeros. No hay nadie esperando. Solo el tren y su luz. Es un plano de pausa, un respiro en medio de tanto paso firme. Y sin embargo me parece uno de los más llenos de sentido del clip, porque un tren es un puente que se mueve. No une dos orillas fijas, sino todas las que quieras. Basta con subir.
Más tarde el tren vuelve a aparecer, esta vez con las puertas abiertas, y alguien entra. El vagón es blanco y rosa, casi de juguete. Me gusta imaginar que ese tren va a todas las ciudades del planeta a la vez.
El arcoíris como puente
Y luego está el arcoíris. Hacia el segundo 22 hay un plano dividido en dos. Arriba, cinco siluetas sentadas en lo alto de un saliente, muy quietas, recortadas contra un cielo azul. Abajo, la ciudad al atardecer, vista desde muy arriba, y cruzándola en diagonal un arcoíris enorme que sale de las nubes y se hunde en el horizonte.
El arcoíris es el puente más antiguo de todos. En muchas culturas se ha contado que une el cielo y la tierra, el mundo de los vivos y el de los dioses. En el mío, que es más pequeño y más rosa, une algo más modesto: el sitio donde estás con el sitio donde podrías estar. Y en «Dubai» aparece así, sobre las torres, como si la ciudad entera fuera una orilla y el arcoíris el camino hacia la otra.
Más adelante, en otro plano, el arcoíris se apoya directamente sobre los rascacielos de la bahía, de punta a punta de la pantalla. Es casi demasiado, y por eso me hace gracia. Planeta Gayfolk nunca ha tenido miedo de lo excesivo.
Caminar en grupo
Hay algo que se repite mucho en este clip: la gente camina junta. Grupos de hombres con túnicas blancas, con trajes oscuros, con pañuelos de cuadros rojos, que avanzan hombro con hombro por paseos de cristal y explanadas al atardecer, con el sol bajo entre las torres. Mujeres que pasean de dos en dos junto a la marina. Nadie va solo durante mucho rato.
Me parece importante. Un puente se puede cruzar en soledad, claro. Pero se cruza mejor acompañado. Cuando el suelo tiembla un poco, cuando el viento sopla fuerte a media altura, ayuda tener a alguien al lado que camine a tu ritmo. Los paseantes de «Dubai» parecen saberlo. No corren. Van juntos, al paso, como quien sabe que llegará y no tiene prisa.
Primera escala: una cuerda sobre un planeta rosa
Si «Dubai» es el puente sólido, de cristal y acero, el de «Punto muerto» es el puente más frágil del planeta. En ese clip, publicado el jueves 22 de mayo de 2025, un hombre camina por una cuerda floja tendida sobre el vacío del espacio. Debajo, enorme, un planeta rosa. Alrededor, constelaciones dibujadas con líneas finas, como en un mapa antiguo del cielo.

Hay planos en los que el hombre es diminuto, una figura roja con los brazos abiertos para no perder el equilibrio, y la cuerda se pierde hacia los lados sin que veamos dónde está atada. En otros, el planeta rosa se convierte en una luna llena detrás de él. Ese puente no lleva a ninguna parte visible. Solo está ahí, tendido, y alguien se atreve a cruzarlo.
La letra de «Punto muerto» habla de sentirse perdido entre tantas cosas que brillan:
Entre tantas constelaciones, galaxias y estrellas
Y la cuerda floja es la imagen exacta de ese estado. No estás quieto, pero tampoco avanzas del todo. Cada paso pide toda tu atención. Es un puente para cuando no tienes otro.
Segunda escala: los puentes de Ámsterdam
La tercera orilla de este paseo es la más acuática. En «Amsterdam», el clip transcurre en una ciudad de canales donde los puentes aparecen constantemente, con sus farolas de hierro y sus barandillas. Hay un plano, sin personas, en el que el canal se aleja en línea recta entre dos filas de casas estrechas, con barcas amarradas a los lados, y unas nubes rosas enormes han bajado hasta posarse sobre el agua. Al fondo, el canal se curva hacia otros canales, y uno intuye que detrás hay otro puente, y otro, y otro.

Ámsterdam es una ciudad que sin puentes no existiría. Está hecha de islas pequeñas cosidas entre sí. Y en el clip esos puentes no tienen nada de monumental. Son pequeños, cotidianos, los cruzan bicicletas y peatones a cualquier hora. Me gusta esa humildad. No todos los puentes tienen que salir en las postales. Algunos solo sirven para volver a casa.
Tercera escala: las estelas de Barcelona
Hay otro tipo de puente en el planeta, uno hecho solo de luz. En «Barcelona», unas estelas rojas y blancas cruzan las explanadas como si fueran coches a toda velocidad, pero no hay coches. Solo el rastro de la luz, que dibuja curvas en el suelo y une un punto con otro. Es un puente que dura un segundo y desaparece.
Pongo esas estelas al lado de las pasarelas de «Dubai» y de la cuerda de «Punto muerto» y veo una escala completa: del puente más sólido al más efímero. Todos sirven. Depende del momento.
Los que cruzan
Me he fijado también en quién cruza los puentes del planeta. En «Dubai» son sobre todo mujeres con túnicas largas, bordadas, de colores oscuros o rosados, que avanzan solas por las pasarelas con una seguridad tranquila. No miran atrás. No dudan. En los túneles de neón, la tela de sus vestidos se mueve con el paso y refleja las líneas de luz.
En las explanadas, en cambio, cruzan los grupos. Hombres que caminan juntos con túnicas blancas y pañuelos en la cabeza, otros con trajes oscuros, todos al mismo paso, con el sol a la espalda. Parecen volver de algún sitio, o ir a una celebración. En «Punto muerto» cruza un hombre solo, primero con un traje rojo estampado, luego con un abrigo negro largo que se abre como unas alas cuando extiende los brazos. En «Amsterdam» cruza un hombre que pasea bajo la lluvia, a veces en bicicleta.
Cada uno cruza a su manera. Unos con elegancia, otros en compañía, otros temblando un poco sobre la cuerda. Y todos llegan, o al menos siguen avanzando. En Planeta Gayfolk no hay nadie que se dé la vuelta a mitad de un puente.
El sonido de cruzar
Si tuviera que describir cómo suena «Dubai», diría que suena a paso firme. Es una canción del disco de la liberación y tiene esa energía de quien camina sabiendo adónde va. El ritmo empuja hacia delante, como las pasarelas del clip, que siempre avanzan hacia la cámara. No hay frenazos.
Me gusta pensar que la música también es un puente. Dura unos minutos y, mientras suena, te lleva de un estado de ánimo a otro. Empiezas una canción en un sitio y la terminas en otro. Por eso hago canciones: para tender pasarelas de dos o tres minutos entre lo que sientes y lo que podrías sentir.
Lo que hay debajo de un puente
Una cosa que me llama la atención es que en casi ningún puente del planeta vemos el abajo. En las pasarelas de «Dubai», el suelo es brillante y cerrado, no deja ver lo que hay debajo. En los túneles, igual. En el tren, solo vemos el andén. Solo en «Punto muerto» el vacío está presente, y es el vacío del espacio, con un planeta flotando en él.
Creo que es una decisión que tiene que ver con el miedo. Cuando cruzas un puente, lo peor que puedes hacer es mirar abajo. Lo sabe cualquiera que haya tenido vértigo. Los puentes de mi planeta te ahorran esa mirada. Te invitan a mirar al frente, hacia la luz del fondo del túnel, hacia el arcoíris, hacia la otra orilla.
La luz de los puentes
Cada puente del planeta tiene su color. Las pasarelas de «Dubai» son rosa y lila, con destellos blancos en las aristas de las vigas. Los túneles hexagonales son rosa fuerte, casi fucsia. El tren es blanco y rosa pálido. La cuerda de «Punto muerto» es una línea fina y clara sobre el morado del espacio y el rosa del planeta. Los puentes de Ámsterdam son negros de hierro, iluminados por farolas amarillas y por el reflejo rosa de las nubes en el agua.
Si me preguntaran de qué color es un puente en Planeta Gayfolk, diría que rosa. Casi todos lo son, de una forma u otra. Y no es casualidad. El rosa es el color con el que he pintado este planeta entero, el color de lo que durante mucho tiempo se nos dijo que no era para nosotros. Pintar los puentes de rosa es una manera de decir que el camino también es nuestro.
Puentes que se cruzan de día y de noche
En «Dubai» los puentes se cruzan a todas horas. Las pasarelas de cristal parecen estar siempre iluminadas por dentro, como si fuera de noche, pero algunas explanadas están bañadas en luz dorada de atardecer, con el sol hundiéndose entre los rascacielos. El tren aparece a plena luz del día, bajo una bóveda clara. El arcoíris llega al final de la tarde.
Me gusta esa mezcla. Los puentes no tienen horario. Uno puede necesitar cruzar al otro lado a las siete de la tarde o a las tres de la madrugada. Y en mi planeta siempre hay un pasillo encendido esperándote.
Por qué necesitaba estos puentes
Durante dos décadas viví junto a dos personas narcisistas, una relación detrás de otra. Cuando por fin se vio quiénes eran, se encargaron de que buena parte de mi entorno se quedara con su relato y no con el mío. Me quedé al otro lado de un río sin puentes. De aquello me quedaron un estrés postraumático, una depresión mayor grave, ansiedad, fobia social y personalidad evitativa, que hoy trato con mi psicóloga y mi psiquiatra. Llegó un momento en el que ya no quería seguir viviendo.
Lo más difícil de aquella época fue la sensación de aislamiento. No es solo que estuviera triste. Es que no veía ningún camino de vuelta hacia los demás. Todos los puentes estaban rotos, o eso me parecía. Escribir canciones y levantar este planeta ha sido mi manera de construir otros. Pasarelas hacia la gente que me escucha. Túneles hacia una versión de mí que no tenía miedo. Mi propia versión de lo que pasó, la que nadie quiso oír, contada al fin.
Si hoy sientes que estás en una orilla sin manera de cruzar, pide ayuda. En España puedes llamar al 024, la línea gratuita de atención a la conducta suicida, a cualquier hora, tanto si eres tú quien lo está pasando mal como si te preocupa alguien cercano. Si es una urgencia, llama al 112. Y si vives en otro país, en findahelpline.com encontrarás el teléfono que te corresponde. Siempre hay un puente, aunque a veces haga falta que alguien te ayude a encontrarlo.
Un puente hacia la liberación
No me parece casual que «Dubai» pertenezca al tercer disco, el de la liberación. Los dos primeros discos de la trilogía son el descubrimiento del planeta y las ganas de viajar a él. El tercero es el viaje mismo, el momento en que cruzas. Y para cruzar hacen falta puentes.
En ese disco la ciudad es alta, luminosa, segura. Las pasarelas no tiemblan, los túneles están encendidos, el tren espera. Es la ciudad de alguien que ya ha cruzado lo peor y mira el mundo desde arriba, sentado en un saliente con sus amigos, viendo cómo el arcoíris se apoya en las torres. Si «Punto muerto», del segundo disco, es la cuerda floja, «Dubai» es la pasarela de cristal. Del miedo a la seguridad hay un camino, y en mi trilogía ese camino también es un puente.
Las dos orillas
Hay una frase que me repito a menudo: un puente no elimina la distancia, la hace transitable. El río sigue ahí. El vacío sigue ahí. Pero ya no te separa. Puedes ir y volver. Puedes visitar la otra orilla y regresar a la tuya.

Creo que eso es lo que intento hacer con mis canciones. No borrar lo que pasó, ni fingir que el río no existe, sino tender algo encima para que se pueda cruzar. Entre el que fui y el que soy. Entre la soledad y la compañía. Entre la orilla del miedo y la de la fiesta. Planeta Gayfolk es, en el fondo, un planeta de puentes.
Para escuchar mientras cruzas
Todas las canciones de este paseo, y el resto de mi catálogo, se pueden descargar gratis y sin registro en mi página de descargas. En la tienda de gayfolkplanet.com, en https://gayfolkplanet.com/tienda, también encontrarás descargas gratuitas y otras cosas del planeta.
Te propongo un orden para el recorrido: empieza por «Dubai» y sus pasarelas de cristal, baja a la cuerda floja de «Punto muerto», pasea por los canales de «Amsterdam» y termina persiguiendo las estelas de luz de «Barcelona». Cuatro puentes, cuatro maneras de llegar a la otra orilla.
Cinco postales para guardar
La mujer de la túnica oscura avanzando por la pasarela de vigas rosas.
El tren vacío esperando con las ventanas encendidas bajo la bóveda de cristal.
La figura del velo negro en el centro del túnel hexagonal de neón.
Las cinco siluetas sentadas sobre la ciudad, con el arcoíris cruzando el atardecer.
El hombre diminuto con los brazos abiertos sobre la cuerda floja, encima del planeta rosa.
Preguntas frecuentes
¿Qué puentes aparecen en los videoclips de Planeta Gayfolk? Pasarelas de cristal y túneles de neón en «Dubai», un tren de cercanías, una cuerda floja sobre un planeta rosa en «Punto muerto», los puentes de los canales de «Amsterdam» y las estelas de luz de «Barcelona».
¿Cuándo se publicó el videoclip de «Dubai»? El sábado 29 de noviembre de 2025, en YouTube. Dura dos minutos y cincuenta y cuatro segundos.
¿A qué disco pertenece «Dubai»? A «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía de Planeta Gayfolk.
¿Qué significan los puentes en Planeta Gayfolk? El paso de una orilla a otra: del miedo a la libertad, de la soledad a la compañía, del que fui al que soy.
¿Se pueden descargar gratis estas canciones? Sí, todas, sin registro, desde la página de descargas de mikesaintlouis.com.