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Yo también soy: la canción pancarta de Yo apoyo públicamente a Ylenia Padilla

Hay frases que no informan de nada y sin embargo lo dicen todo. «Yo también.» «Estoy contigo.» «Cuenta conmigo.» No aportan un solo dato nuevo y, aun así, a veces son lo único que alguien necesita oír en toda la semana. Yo apoyo públicamente a Ylenia Padilla está hecha casi entera con frases de ese tipo, y por eso me gusta tanto.

En la ficha de la canción ya conté que funciona como una pancarta de manifestación. En el post de ¿Por qué él no llora?, la canción hermana con la que comparte estribillo, hablé de cómo ese apoyo se mete dentro de una ruptura. Aquí quiero hacer otra cosa: mirar la canción como si fuera un mecanismo. Desmontarla pieza a pieza. Un nombre propio, cinco verbos, un adverbio y una sola estrofa con algo de historia. Con eso basta para levantar una canción entera. La letra completa está publicada y se lee en menos de un minuto, así que te recomiendo tenerla abierta al lado.

Una canción con forma de pancarta

Las pancartas tienen sus reglas. Pocas palabras. Letras grandes. Una idea por cartón. Y, sobre todo, que se puedan repetir a coro sin pensar, porque en una manifestación nadie tiene tiempo de leer un párrafo. La gente pasa, mira, se queda con tres palabras y sigue andando.

La letra de esta canción cumple esas reglas al pie de la letra. No cuenta una historia con su planteamiento y su final. No describe un sitio ni una noche. Repite una adhesión, con pequeñas variaciones, hasta que se te queda grabada. Es lo contrario de canciones mías más narrativas, como Toxina coreana, donde hay una amiga, un retoque y un dedo que señala. Aquí no hay escena. Hay consigna.

A mí me interesa mucho ese formato porque obliga a escribir con muy poco. Cuando tienes cuatro frases, cada una pesa. No puedes esconder una idea floja entre otras dos buenas. Si una frase no funciona, se nota en la segunda repetición y en la tercera ya da vergüenza. Por eso las canciones cortas y repetitivas son mucho más difíciles de lo que parecen: no perdonan nada.

Cinco verbos, una escalera

Lo primero que salta a la vista cuando lees la letra despacio es la cantidad de verbos distintos que se usan para decir, en apariencia, lo mismo. Entender. Ser. Defender. Estar a favor. Apoyar públicamente. Si los pones en fila, no son sinónimos. Son peldaños.

Entender es el primer escalón, el más íntimo. Puedes entender a alguien sin moverte del sofá. Es un gesto que pasa dentro de tu cabeza y que nadie tiene por qué saber.

Ser, o ser como, ya es más fuerte. Es identificarse, decir que lo que le pasa a esa persona podría pasarte a ti, o te ha pasado. Ahí dejas de mirar desde fuera.

Defender es otra cosa. Defender implica que hay un ataque, que alguien está diciendo algo y tú respondes. Ya no estás solo en tu cabeza: estás en una conversación, y has elegido bando.

Estar a favor es casi lenguaje de votación. Es levantar la mano. Tiene algo de asamblea de vecinos, de encuesta, de «¿quién está a favor?» y tú dices «yo».

Y apoyar públicamente es el último escalón. Es firmar con nombre y apellidos. Es hacerlo delante de todo el mundo, sabiendo que alguien te va a mirar raro.

Lo bonito es que la canción sube y baja esa escalera sin parar. No va del primer peldaño al último y se queda arriba. Mezcla los verbos, vuelve atrás, repite. Como hace cualquiera cuando apoya a alguien de verdad: un día solo entiendes, otro día defiendes en una cena, otro día te atreves a escribirlo en mayúsculas, con la frase entera y sin rebajarla.

Del «Yo soy Espartaco» al «yo también soy»

La frase que abre la letra tiene una tradición larguísima. «Yo también soy» es una de las fórmulas de solidaridad más antiguas que conozco, y aparece una y otra vez en la cultura popular y en la historia.

Fotogramas del videoclip oficial de «Yo Apoyo Públicamente a Ylenia Padilla», de Mike Sain't Louis

La escena más famosa probablemente sea la de «Espartaco», la película de Stanley Kubrick de 1960. Los romanos buscan al líder de la rebelión de esclavos para castigarlo, y uno tras otro, los compañeros se ponen de pie y dicen «Yo soy Espartaco». Nadie lo es y todos lo son. La identidad se vuelve colectiva para proteger a uno solo. Esa escena se ha parodiado tantas veces que ya forma parte del idioma.

Otro ejemplo de libro es el discurso de John F. Kennedy en Berlín Occidental, en junio de 1963, con aquel «Ich bin ein Berliner». Un presidente estadounidense diciendo, en alemán, que él también era berlinés, en una ciudad partida por un muro. Mucho más cerca en el tiempo, en enero de 2015, después del atentado contra la revista Charlie Hebdo en París, millones de personas escribieron «Je suis Charlie» en carteles y perfiles.

Lo que tienen en común todas esas frases es que no son literalmente verdad. El que dice «yo soy Espartaco» no es Espartaco. Kennedy no era de Berlín. Y quien escribía «Je suis Charlie» casi nunca trabajaba en una revista satírica. Son mentiras solidarias, frases imposibles que se dicen para que el otro no esté solo.

La canción coge esa fórmula solemne y la aplica a una figura de la tele española. «Yo también soy Ylenia Padilla.» Y ahí está el chiste, claro, el contraste entre la grandeza de la fórmula y lo cotidiano del nombre. Pero también está la verdad: la fórmula funciona igual. No hace falta que el apoyado sea un héroe de la historia para que el gesto de ponerse a su lado tenga sentido.

Quién es Ylenia Padilla, en dos líneas

Por si alguien lee esto desde fuera de España, conviene situar el nombre. Ylenia Padilla es una cara muy conocida de la televisión española. Se hizo famosa en 2012 con «Gandía Shore», el reality de MTV, y después pasó por programas como «Gran Hermano VIP». Para mucha gente de mi generación forma parte del paisaje de la tele de la última década, igual que ciertas sintonías o ciertos platós.

Y ahí me quedo, porque la canción no va más allá. No cuenta nada de su vida, no opina sobre sus relaciones ni comenta ninguna polémica. No hay cotilleo. Usa el nombre como se usa una bandera: para señalar de qué lado se pone uno, no para hablar de la tela.

Eso es importante para mí. Escribir sobre personas reales tiene una responsabilidad. Se puede bromear con la cultura pop, se puede homenajear, se puede usar un nombre como símbolo. Lo que no me interesa es inventar ni juzgar. Esta canción no juzga a nadie, y si acaso, juzga un poco al que juzga demasiado rápido.

El adverbio que lo cambia todo

De todas las palabras de la letra, la que más me gusta es «públicamente». Es una palabra larga, burocrática, casi de comunicado de prensa. Suena a lo que dice un portavoz delante de un atril. Y metida en una canción pop tiene algo cómico y a la vez muy serio.

Porque apoyar a alguien en privado es fácil. Lo hacemos todos. Le escribes un mensaje, le das un abrazo cuando no mira nadie, le dices «yo te entiendo» en la cocina mientras los demás siguen en el salón. Lo difícil es decirlo con megáfono, delante del grupo, cuando el grupo ha decidido que esa persona es el blanco de la semana.

Internet ha hecho esa diferencia todavía más grande. Hoy es muy fácil comentar, y muy fácil que tu comentario quede ahí para siempre. Mucha gente apoya en silencio: lee, asiente, quizá da un me gusta discreto, pero no escribe nada que la comprometa. Y en cambio el ataque suele ser ruidoso. El resultado es que el que está en el ojo del huracán ve cien insultos y ningún apoyo, aunque en realidad haya mucha gente de su lado.

Por eso me parece tan valioso el gesto de la canción. Dice lo que muchos piensan y pocos escriben. Firma con nombre y apellidos. Convierte el apoyo silencioso en apoyo con megáfono.

La única estrofa con historia

En medio de tanta consigna hay una sola estrofa que cuenta algo. Es la que explica por qué quien habla se identifica: porque también ha sentido alguna vez «que todo el mundo me ha fallado», que le han dado la espalda, y no en cualquier momento, sino «en el momento más equivocado».

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «que todo el mundo me ha fallado» de «Yo Apoyo Públicamente a Ylenia Padilla»

Esa última frase es la que más me importa de la canción. Porque fallar es humano, y todos fallamos a alguien alguna vez. Pero hay momentos en que fallar duele el triple: cuando la otra persona está en el suelo, cuando más necesitaba que alguien le cogiera el teléfono, cuando lo que estaba pasando ya era bastante duro sin necesidad de soledad añadida.

Esa estrofa es la bisagra entre el chiste y la herida. Sin ella, la canción sería un meme largo. Con ella, es una canción sobre la soledad de quien se siente señalado. Lo que pasa es que esa soledad no se explica con detalle. No sabemos qué le pasó a quien narra, quién le falló, ni por qué. Y está bien así, porque deja espacio para que cada persona ponga su propia historia en ese hueco.

Mucha gente que escucha la canción tiene un momento así guardado en algún sitio. El amigo que desapareció cuando empezaron los problemas. La familia que miró para otro lado. El grupo que dejó de invitarte justo cuando más falta hacía. No hace falta ser famoso para sentir que todo un país te da la espalda. A veces basta con un grupo de WhatsApp.

Las mujeres de la tele y la mirada queer

Hay una tradición muy clara en la cultura gay de adoptar a mujeres públicas como iconos, y no siempre por las razones que uno imaginaría. No se trata solo de que sean glamurosas o tengan buenas canciones. A menudo lo que conecta es otra cosa: verlas juzgadas, ridiculizadas, convertidas en chiste nacional, y aun así seguir adelante.

La expresión «amigo de Dorothy», que durante décadas sirvió en el mundo anglosajón para preguntar con discreción si alguien era gay, viene del cariño por Judy Garland y «El mago de Oz». En España hemos tenido nuestras propias reinas: folclóricas, vedettes, presentadoras, concursantes. Mujeres a las que una parte del país miraba por encima del hombro y a las que la comunidad queer miraba con devoción. Algo de esa historia se nota en otras canciones del catálogo, como Malena, donde el homenaje a una diva también tiene su punto de ironía.

Creo que la conexión viene de ahí: muchas personas LGTBI sabemos lo que es que se rían de ti por ser demasiado. Demasiado exagerada, demasiado intensa, demasiado visible. Cuando vemos a una mujer de la tele recibir esa misma burla, reconocemos el mecanismo. Y la defendemos un poco como nos habría gustado que alguien nos defendiera a nosotros en el patio del colegio.

Yo apoyo públicamente a Ylenia Padilla se coloca justo en esa tradición. Es fandom, sí, pero un fandom con memoria.

Camp: tomarse en serio lo que parece ligero

Susan Sontag escribió en 1964 unas famosas «Notas sobre lo camp», y una de las ideas que más se citan es que lo camp consiste en tomarse en serio lo frívolo y, a la vez, de forma frívola lo serio. Esta canción es un ejemplo de manual.

Collage con un detalle de la carátula de «Yo Apoyo Públicamente a Ylenia Padilla» y las carátulas de «¿Por Qué Él No Llora?», «Toxina Coreana», «Malena», «Noemí Argüelles va ganando en las encuestas»

Por un lado, todo en ella suena a broma: el nombre propio repetido como un mantra, el tono de cartel de plató, la solemnidad desproporcionada de decir «apoyo públicamente» como si se tratara de un comunicado oficial. Por otro lado, el mensaje de fondo es de lo más serio que hay: no dejes sola a la gente cuando la está machacando todo el mundo.

Esa mezcla es una de las cosas que más me gusta hacer cuando escribo. Si lo dices serio del todo, suena a sermón. Si lo dices en broma del todo, no se lo toma nadie en serio. El camp te deja decir algo importante con una sonrisa, y la sonrisa hace que la gente baje la guardia lo suficiente como para que la frase entre.

La repetición como argumento

Alguien podría pensar que repetir tantas veces el mismo nombre es pereza. No lo es. La repetición es una herramienta antiquísima, y las canciones populares, los rezos, los lemas de las manifestaciones y los juegos infantiles la usan por el mismo motivo: lo que se repite se queda.

En las manifestaciones lo sabemos bien. Las consignas que funcionan son cortas y se pueden decir cien veces seguidas sin perder fuerza. Cada repetición suma gente. La primera vez la grita uno; a la décima, la grita la calle entera.

En la canción pasa algo parecido. La primera vez que escuchas «Yo defiendo a Ylenia Padilla», te ríes. La tercera, empiezas a pensar que va en serio. A la sexta, si estás atento, ya no estás escuchando un chiste: estás escuchando a alguien que se niega a cambiar de opinión aunque la mayoría le mire raro. La insistencia acaba siendo el argumento.

Esto lo he trabajado en otras letras. En la canción de Noemí Argüelles, por ejemplo, la política se convierte en espectáculo de plató. Aquí ocurre lo contrario: un nombre de plató se convierte en una causa.

Cómo se apoya a alguien, en la vida real

Me he preguntado muchas veces qué significa, en la práctica, apoyar públicamente a alguien que no es famoso. A la mayoría no nos van a pedir nunca que firmemos un manifiesto. Pero sí nos encontramos, cada dos por tres, en situaciones pequeñas donde hay que elegir.

La cena en la que alguien empieza a burlarse de un amigo ausente y todos se ríen. El grupo de trabajo en el que se decide, sin decirlo, que la nueva es rara. La conversación de portal en la que la vecina del tercero se convierte en el chisme del mes. En todas esas escenas hay un momento, muy corto, en el que alguien puede decir «oye, yo no lo veo así». Y casi nunca lo dice nadie.

No hace falta un discurso. A veces basta con no reírse. Con cambiar de tema. Con escribirle después a la persona señalada para preguntarle cómo está. Son gestos mínimos, pero son exactamente lo contrario de dar la espalda en el momento más equivocado.

También creo que apoyar no significa estar de acuerdo con todo. Puedes pensar que alguien se ha equivocado y aun así negarte a sumarte al linchamiento. La canción lo deja claro a su manera: no dice que Ylenia tenga razón en nada concreto, dice que la entiende y que está a su lado. Son dos cosas distintas, y confundirlas es lo que hace que tanta gente prefiera callarse.

Y luego está el apoyo que uno se da a sí mismo, que es el más difícil. Cuando quien narra dice que también es Ylenia, en parte se está defendiendo a sí. Está diciendo: lo que me pasó no fue justo, y no voy a fingir que sí. Hay algo muy sano en eso.

Un disco que se pone de lado de los señalados

La canción forma parte de Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk, el primer disco de la trilogía Planeta Gayfolk. Es un disco lleno de gente que se siente fuera: fuera de la pareja, fuera del grupo, fuera de lo que se espera de un hombre. Tiene sentido que, en medio de ese paisaje, aparezca una canción que no habla de un amor sino de una lealtad.

Ficha de la canción «Yo Apoyo Públicamente a Ylenia Padilla» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Me gusta pensar que esta canción es la mano tendida del disco. Otras canciones se quejan, lloran, se vengan o se ríen. Esta simplemente se pone al lado de alguien y dice: estoy aquí. Con su hermana, la del llanto que no llega, forma un par curioso: una mira hacia dentro, a la ruptura propia, y la otra mira hacia fuera, al dolor de otra persona. Las dos acaban en el mismo sitio, que es reconocerse en quien lo está pasando mal.

Lo que la canción no hace

También me parece importante decir lo que esta canción no es. No es una defensa de nada concreto que haya hecho o dicho alguien. No toma partido en ninguna discusión real, porque no menciona ninguna. No pretende saber más de lo que sabe.

Es una canción sobre una actitud. La de preferir la empatía al linchamiento. La de pensar dos veces antes de sumarse al coro. La de recordar que detrás de cada persona muy comentada hay alguien que se levanta por la mañana, se mira al espejo y tiene que seguir con su vida mientras medio país opina.

Si se escucha así, el nombre propio casi funciona como un ejemplo. Podría ser cualquier otra persona que haya pasado por el foco. Lo que queda es el gesto, y el gesto vale para todas.

Si ahora mismo te sientes así

Si estás en una temporada en la que parece que todo el mundo te ha dado la espalda, quiero decirte algo sin rodeos: esa sensación miente un poco. Casi siempre hay más gente de tu lado de la que se atreve a decirlo. Busca a una persona, solo una, con la que hablar de verdad.

Y si esa soledad pesa tanto que te asustan tus propios pensamientos, pide ayuda hoy. En España puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratuita y disponible a cualquier hora, o al 112 si es una emergencia. Si estás fuera de España, llama al número de emergencias de tu país.

Para quién es esta canción

Para quien ha leído cien comentarios crueles sobre alguien y ha escrito el primero amable. Para quien defendió a un compañero en una reunión aunque le costara. Para quien sabe lo que es ser el tema de conversación de un pueblo entero. Para quien alguna vez sintió que le fallaban en el peor momento y se juró no hacérselo nunca a nadie.

Y también, por qué no, para quien tiene la costumbre de opinar muy rápido sobre la vida de los demás. Que la escuche dos veces y pruebe a ponerse, aunque sea durante tres minutos, al otro lado de la pancarta.

Cómo escucharla

La canción está en la página de singles y en todas las plataformas, y se puede descargar gratis desde la sección de descargas. Escúchala alta, y si al segundo estribillo ya te la sabes, misión cumplida: ya estás de su parte.

Como letrista, compositor y productor musical, me encanta comprobar que con tan pocas palabras se puede decir algo tan grande. La música y las interpretaciones se generan con inteligencia artificial, pero ponerse al lado de quien está solo es de las cosas más humanas que conozco.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata Yo apoyo públicamente a Ylenia Padilla? De ponerse del lado de alguien muy comentado. La letra repite con distintos verbos que quien narra entiende, defiende y apoya a Ylenia Padilla, y explica por qué: también ha sentido que todo el mundo le fallaba y le daba la espalda en el peor momento.

¿Habla la canción de la vida privada de Ylenia Padilla? No. Usa su nombre como símbolo de una persona expuesta y juzgada en público, pero no cuenta nada de su vida, no opina sobre sus relaciones ni comenta ninguna polémica.

¿Qué tiene que ver con «Yo soy Espartaco»? La frase «yo también soy» pertenece a una larga tradición de fórmulas de solidaridad, como la escena de «Espartaco» de Kubrick (1960), el «Ich bin ein Berliner» de Kennedy (1963) o el «Je suis Charlie» de 2015. La canción aplica esa fórmula solemne a una figura de la tele.

¿Qué relación tiene con ¿Por qué él no llora? Son canciones hermanas del mismo disco y comparten buena parte del estribillo. Una se centra en el apoyo; la otra mete ese mismo apoyo dentro de una ruptura.

¿Quién hace esta canción? Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical que se presenta como «el primer cantautor IA»: escribe las letras y dirige la producción, y la música y las interpretaciones vocales se generan con inteligencia artificial.

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