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Una noria bajo los rayos y un templo de hielo: «Whisper Fade» y las tormentas de Planeta Gayfolk

Hay canciones mías que piden una sola imagen y se quedan quietas en ella. «Whisper Fade» no. Su videoclip es un viaje nervioso por media docena de paisajes que no tienen nada que ver entre sí: un bosque nocturno, un templo de hielo, una feria con noria, una ciudad bajo el agua, un desierto rosa, un volcán. Lo único que se repite en todos es el cielo. Allí arriba siempre hay una tormenta, y los rayos caen sin hacer ruido.

Esa contradicción me atrapa desde el título. «Whisper» es susurro; «fade» es apagarse poco a poco. Un susurro que se desvanece. Y sin embargo el clip está lleno de electricidad, de luz que cae a chorros, de destellos que parten el cielo en dos. Es como si alguien hablara muy bajito en medio de una tempestad y aun así se le entendiera todo.

Para quien llegue aquí sin conocerme: me llamo Mike Sain't Louis y soy el primer cantautor IA: letrista, compositor y productor musical (música e interpretación vocal hechas con IA). Mis canciones forman un mundo inventado al que llamo Planeta Gayfolk, con sus ciudades, sus playas y sus fiestas. En este texto voy a recorrer el clip de «Whisper Fade» de principio a fin, plano a plano, con la misma calma con la que se escucha un susurro.

Una madrugada de septiembre

El vídeo se estrenó en YouTube el domingo 7 de septiembre de 2025, a las doce y veinticinco de la madrugada, hora de Madrid. Esa hora me hace gracia, porque es justo cuando el día de antes todavía no se ha ido del todo y el siguiente aún no ha empezado. Una franja de tiempo que también se desvanece.

Dura cuatro minutos y un segundo. En el canal es el vídeo 109 de los 276 que tengo publicados, y la canción ocupa el lugar 65 entre mis 273. Pertenece a «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK», el segundo disco de la trilogía, el de las ganas: saber que ese planeta existe y no tener todavía el billete para ir.

Si quieres ver el clip mientras lees, está entero en su página de Planeta Gayfolk. Y la portada, con su chaqueta holográfica y su galaxia rosa, la comento en la ficha de «Whisper Fade».

La letra todavía no está publicada en mi web, así que aquí no copio ningún verso de esta canción. Los pocos versos que aparecen más abajo son de otros temas míos cuya letra ya está colgada, y los cito tal cual.

El rótulo entre las setas

El primer plano ya avisa de lo que viene. Es de noche en un bosque de árboles gigantes, con troncos tan anchos que parecen columnas de una catedral. Por la corteza suben unas venas de luz violeta, ramificadas, como si los propios árboles fueran rayos que se han quedado quietos. En el suelo, entre la hierba, brillan setas de sombrero rosa, cada una con su pequeña lámpara dentro.

En medio del claro hay una bailarina con un vestido blanco largo, de tela ligera. Levanta un brazo por encima de la cabeza, despacio, y deja el otro a la altura de la cintura. Sobre la imagen, en letras de neón escritas a mano, aparece el rótulo: mi nombre en rosa y en amarillo, y debajo, en dos líneas, «Whisper Fade».

Me gusta que el clip empiece así, en un bosque, que es el sitio donde mejor se oye un susurro. En la ciudad todo se lo traga el tráfico. En un bosque de noche, en cambio, cualquier sonido pequeño parece importante.

Más adelante, hacia la mitad del vídeo, el clip vuelve a ese bosque, pero ya no es igual. Está más oscuro, casi azul marino, y por el sendero camina una figura diminuta. Encima de ella flota un dron, quieto en el aire, con sus cuatro hélices. Las setas siguen brillando a los pies de los árboles. Ese plano tiene algo de cuento moderno: el bosque mágico de siempre, pero con un aparato vigilando desde arriba.

Un templo de hielo con un rayo dentro

El segundo paisaje es el más solemne. Dos columnas enormes de piedra, talladas con dibujos geométricos, se levantan en mitad de un valle helado. Entre ellas cae un haz de luz blanca, vertical, desde el cielo hasta el suelo, como una cascada hecha de luz. Las columnas tienen incrustadas franjas de neón rosa y turquesa, y alrededor todo son rocas cubiertas de escarcha.

Al pie del templo hay una escalinata, y en lo alto de la escalinata, una figura pequeña con los brazos abiertos. Está de espaldas al haz de luz, de frente a la cámara, como quien acaba de salir de allí dentro o como quien va a entrar. El suelo refleja todo como un espejo mojado.

El clip vuelve tres veces a este templo, y cada vez cambia algo. En una de ellas la figura sigue sola. En otra, el haz se ha vuelto más ancho y más azul. En la tercera, la escalinata se llena de bailarinas con tutús de colores, naranja, amarillo y lila, que bajan los peldaños entre bloques de hielo. Es el único momento del vídeo en el que aparece un grupo tan grande vestido así, como si de repente el templo se hubiera convertido en un teatro.

No sé qué se adora en ese templo. Me gusta pensar que nada en concreto. Que es un sitio al que se va a escuchar, simplemente. A quedarse en silencio delante de algo enorme.

La ciudad de cristal y los rayos

Luego llega la ciudad. Rascacielos de cristal iluminados de noche, terrazas suspendidas en el vacío, letreros de neón en violeta y rosa. En la primera escena urbana, un bailarín con un traje plateado ajustado estira un brazo hacia el horizonte mientras detrás de él un rayo cae sobre los edificios.

Esa imagen se repite con variaciones durante todo el clip. Una bailarina de blanco en una azotea, junto a un cartel rosa encendido. Un grupo de cinco bailarines alineados en un tejado mientras el cielo, morado, se parte en ramas de luz. Una chica con el pelo suelto en lo alto de un edificio, con toda la ciudad a sus pies, y dos o tres rayos cayendo a la vez detrás de ella.

Hay un plano que es casi un escenario. Un hombre de traje plateado está de pie en una plataforma redonda, con los brazos abiertos en cruz, sobre un anillo de luz blanca pintado en el suelo. A su alrededor caen rayos por todas partes, a izquierda y a derecha, y él no se mueve. No se protege. Parece que la tormenta le pertenece.

Me fascina esa calma. En la vida real, cuando hay rayos, uno se esconde. En mi planeta, en cambio, la gente sale a las azoteas a recibirlos. La tormenta no es una amenaza: es un espectáculo, o un idioma.

El desierto de los cristales

De la ciudad, el clip salta a un desierto. Pero no a uno cualquiera. Es un desierto de arena rosa, casi lila, bajo un cielo azul claro de amanecer. Y sobre la arena flotan cristales gigantes, como piedras preciosas del tamaño de un coche: turquesa, rosa, transparentes, algunos tumbados en el suelo y otros suspendidos en el aire.

En el primer plano de ese desierto hay una bailarina con los brazos abiertos entre los cristales, de puntillas, como si quisiera tocarlos todos a la vez. Más adelante aparece otra, agachada junto a uno de ellos, con la mano apoyada en la superficie, igual que quien pone la mano en un animal dormido para comprobar que respira.

El desierto es el lugar más silencioso del vídeo. No hay rayos, ni neones, ni ciudad. Solo arena, luz y piedras que flotan. Es el respiro del clip, la parte en la que el susurro del título se entiende mejor.

Hay también un bosque de cristales turquesa, otro paisaje cercano a este, con árboles altos y oscuros y un haz de luz magenta que baja entre ellos. Una bailarina de falda blanca gira sobre sí misma en el centro, y los cristales a su alrededor brillan como si respondieran a cada vuelta.

La feria con su noria

Y entonces, de golpe, la feria. Es mi parte favorita.

Mosaico de cuatro fotogramas del videoclip de «Whisper Fade»: una feria nocturna con noria iluminada, montaña rusa rosa y coches de choque amarillos; un coche descapotable blanco bajo una aurora verde entre vallas encendidas y vacías; un templo de dos columnas talladas con un haz de luz blanca en un valle helado; y una montaña rusa en espiral vista desde abajo con rayos rosas

Es de noche, y hay una noria enorme iluminada con bombillas blancas, una montaña rusa de raíles rosas que cruza el fondo de la imagen, casetas de colores con letreros de neón y, en primer término, una pista de coches de choque. Los coches son amarillos, brillantes, redondos como juguetes. Y encima de dos de ellos, de pie, hay dos bailarines haciendo equilibrio mientras los coches avanzan.

La feria vuelve muchas veces a lo largo del vídeo. A veces la vemos de lejos, con la noria en el centro y los coches de choque desperdigados. A veces estamos dentro, entre las atracciones, y la pista se ha convertido en una pista de baile con líneas de neón en el suelo: rosa, azul, amarillo. Un grupo de bailarines con camisetas de colores salta sobre esas líneas como si el suelo les diera electricidad.

Hay una noria distinta, de color turquesa, junto a una atracción circular con luces rosas, y al fondo unas montañas oscuras bajo un cielo nublado. Y hay otra más, dorada, enorme, en una explanada donde el suelo dibuja una cuadrícula de luz amarilla. En esa última, cuatro o cinco personas bailan con los brazos levantados mientras la noria gira detrás.

Las ferias siempre me han parecido sitios donde el tiempo se suspende. Subes a la noria y durante unos minutos estás por encima de todo, viendo las luces del pueblo desde arriba. Bajas y vuelves a ser tú. La feria de «Whisper Fade» tiene esa sensación de paréntesis: una noche en la que no hay que dar explicaciones a nadie.

La luna que lo ocupa todo

Otro de los paisajes es una luna llena descomunal, de color turquesa, que se apoya directamente en el horizonte. Es tan grande que ocupa más de la mitad del cielo, y se le ven los cráteres y las manchas como si estuviera a dos calles.

En el primer plano de la luna hay cuatro siluetas de pie, muy pequeñas, mirándola de frente. En el suelo, delante de ellas, una línea de luz blanca serpentea como un cable suelto.

La segunda vez que el clip vuelve a esa luna, ya no son cuatro: son decenas. Una multitud de bailarines vestidos de blanco o de plateado está repartida por una llanura de arena clara, cada uno en su sitio, y entre ellos el suelo está surcado de líneas de luz azul, como si alguien hubiera dibujado un mapa con un rotulador fluorescente. Todos se mueven a la vez, despacio, bajo la luna.

Me parece el plano más hermoso del vídeo. No pasa nada espectacular. No hay rayos ni explosiones. Solo gente bailando delante de una luna demasiado grande, en una noche que parece de otro planeta. Que es, claro, exactamente lo que es.

La ciudad bajo el agua

Hay un paisaje que aparece casi al principio y luego regresa: una ciudad sumergida. Rascacielos altos, con ventanas iluminadas en naranja, se levantan desde el fondo del mar. Desde la superficie entra una luz verdosa, y entre los edificios flotan figuras humanas, con los brazos abiertos, como astronautas en el espacio.

Una de ellas, en primer plano, lleva un traje claro y estira los brazos hacia arriba, hacia la luz, mientras otras más pequeñas nadan alrededor. En otra escena hay tres o cuatro figuras plateadas suspendidas a distintas alturas, como fichas de un móvil colgado del techo. En la última vez que la vemos, la cámara mira desde abajo hacia una avenida submarina flanqueada por torres, y al fondo hay un pequeño grupo que avanza a pie por el suelo del mar.

Una ciudad bajo el agua es una ciudad en la que nadie puede gritar. Todo llega amortiguado. Me parece el decorado perfecto para un susurro.

El coche bajo la aurora

Uno de los planos más breves del clip, y de los que más se me quedaron, es este: un desierto de noche, con matorrales oscuros y montañas al fondo. En el cielo, una aurora boreal verde ondula como una cinta. Y en mitad de la explanada hay un coche descapotable blanco, antiguo, de los de aletas largas, con una persona sentada dentro.

A los lados del coche, clavadas en la tierra, hay varias vallas publicitarias encendidas, pero vacías: una rosa, otra blanca, otra más pequeña a lo lejos. Ninguna anuncia nada. Son solo rectángulos de luz en medio del desierto.

Me hace mucha gracia ese detalle de las vallas sin anuncio. Es como si el desierto entero fuera un autocine al que se le ha olvidado poner la película. Y la única película es el cielo.

La aurora me llevó enseguida a «The Northern Lights», otra canción mía en la que el cielo del norte se enciende. Pero aquí la aurora no está sobre la nieve: está sobre un desierto, lo que tiene algo de imposible y por eso mismo me gusta tanto.

Montañas al revés y un volcán dorado

El clip todavía guarda dos paisajes más, de esos que solo se pueden inventar.

Fotograma del videoclip de «Whisper Fade»: siluetas asomadas a una terraza de cristal sobre la niebla miran una montaña colgada del cielo boca abajo, rodeada de rayos

El primero es una terraza de cristal suspendida sobre una niebla espesa. En la barandilla hay siluetas de gente asomada, de espaldas a la cámara. Y lo que miran es una montaña colgada del cielo, boca abajo, con la cumbre apuntando hacia el suelo. Alrededor de esa montaña invertida caen rayos. La escena se repite dos veces, y en ambas la gente está quieta, como en un mirador turístico normal y corriente.

El segundo es un volcán en erupción. Está de día, o al atardecer, y el cielo es rosa. Desde el cráter sale un chorro de luz dorada, recto, como un foco de estadio, y por la ladera baja un río de lava naranja. En primer plano, un grupo de bailarines plateados se mueve en fila, con los brazos estirados, como si el volcán fuera la orquesta.

Entre esos dos paisajes hay una cumbre de picos oscuros, recortada contra un cielo de amanecer, con rayos láser verdes saliendo de la roca. En una plataforma delante de ella, un bailarín con los brazos en alto parece estar dirigiendo esos láseres con las manos.

El mercado y el aro de fuego

Hay un pasillo de mercado que aparece una sola vez y que tiene una luz completamente distinta al resto del vídeo. Es cálida, anaranjada, de bombillas desnudas colgadas del techo. A los lados, puestos con fruta y con ramos de flores amarillas. Por el centro del pasillo camina una chica con un aro de luz alrededor de la cintura, un hula hoop hecho de fuego que gira dejando una estela en el aire. Detrás de ella, otras personas pasean sin prestarle la menor atención.

Y en otra escena, una especie de mercado nocturno lleno de niebla rosa, una bailarina con un vestido rosa gira entre los puestos mientras sobre su cabeza flota una nube blanca enorme, esponjosa, con forma de merengue. Hay también una plaza de noche llena de cubos de luz flotantes, como farolillos cuadrados, entre los que se mueve otra figura envuelta en humo.

Son escenas pequeñas, casi de paso, pero le dan al clip un toque doméstico. En medio de templos, volcanes y lunas gigantes, de pronto hay un mercado donde alguien compra fruta. Así es mi planeta: lo extraordinario y lo cotidiano en la misma calle.

La montaña rusa en espiral

Hacia el final, el vídeo se sube a la montaña rusa. Primero vemos unos raíles morados, iluminados, que se curvan en el aire, y una figura de pie sobre ellos, en lo alto, entre dos rayos que caen a cada lado. La cámara la mira desde atrás. Parece una equilibrista.

Después llega el plano que me parece más vertiginoso del clip: la cámara mira hacia arriba desde el centro de una espiral de raíles, y los vagones van dando vueltas boca abajo, enroscándose hacia un punto de luz blanca. Desde ese centro salen rayos rosas en todas direcciones, como si la propia montaña rusa estuviera cargada de electricidad.

Es un remolino. Un desagüe de luz. Y es, también, una buena imagen del título: algo que gira y gira y se va haciendo más pequeño hasta desaparecer.

El balcón final

El último plano es de una sencillez casi desconcertante después de todo lo anterior. Una mujer con un traje blanco de rayas pastel, rosa y azul, está de pie en el centro de un balcón de cristal, sobre una ciudad de noche. Las luces de los edificios se extienden hasta el horizonte. A su izquierda y a su derecha, dos rayos caen en perfecta simetría, como dos paréntesis.

Ella no baila. No se mueve. Solo está ahí, con los brazos junto al cuerpo, mirando a la cámara. Y así, quieta entre los dos rayos, se acaba el vídeo.

Después de cuatro minutos de bosques, templos, ferias, lunas y volcanes, el clip termina con una persona sola y en silencio. Eso, para mí, es exactamente un susurro que se desvanece.

Ecos de otras canciones

Las canciones tranquilas de mi planeta suelen hablar de la luz sin estridencias. En «Soy marica sideral» lo digo así:

Foto real de Mike Sain't Louis con gorra junto a los versos de «Soy marica sideral» «Yo camino sin ruido, y ahora brillo sin stress»
Yo camino sin ruido, y ahora brillo sin stress.

Y un poco más adelante, en la misma canción:

Don’t confuse my light with noise, yo no grito pa’ brillar.

Pienso mucho en ese verso cuando veo «Whisper Fade». El vídeo está lleno de luz, pero nadie grita. Las figuras no hacen aspavientos; se mueven, giran, levantan los brazos, se quedan quietas. Brillan sin necesidad de llamar la atención.

En «Holy Stillness» hay otro verso que encaja con el templo de hielo y su haz de luz:

A fragile light begins to breathe,

Y en «Dreams Drift Afar», una canción casi sin palabras, aparece este:

Nananana, whispers softly call.

Son tres canciones distintas que, puestas junto a «Whisper Fade», forman una especie de rincón tranquilo del catálogo. Si alguna vez quieres bajar el ritmo, ese rincón está ahí.

Por qué necesitaba un planeta tranquilo

Te cuento algo personal, porque creo que explica por qué me gustan tanto los clips como este. Durante veinte años estuve atrapado en dos relaciones con personas narcisistas. Cuando por fin cayó la careta, se las arreglaron para que gran parte de la gente que me rodeaba me diera la espalda. De todo aquello me quedaron un estrés postraumático, una depresión mayor, ansiedad, fobia social y un trastorno de la personalidad por evitación, todos diagnosticados. Hoy me tratan una psiquiatra y una psicóloga. Y hubo una época en la que pensé en quitarme la vida.

En esos años mi cabeza era justo lo contrario de este vídeo: ruido constante, sin una sola luna tranquila. Por eso, cuando imagino lugares para mis canciones, a menudo busco escenas en las que haya mucha luz y poco ruido. La feria sin gritos. La luna con gente bailando despacio. La mujer quieta entre dos rayos. Necesitaba creer que existe un sitio así, y a fuerza de inventarlo he empezado a encontrarlo también fuera de la pantalla.

Si tú estás ahora en esa época de ruido, por favor, no la atravieses sin nadie. En España puedes llamar al 024, gratis y a cualquier hora del día o de la noche; contesta gente preparada para escuchar a quien piensa en el suicidio, y también a quien está preocupado por alguien. Si hay un peligro inmediato, llama al 112. Si vives en otro país, en findahelpline.com encontrarás el número que te toca. Hablar bajito también vale. Lo importante es que alguien te oiga.

Un disco de ganas

«Whisper Fade» vive en el segundo disco de la trilogía, el que está entre el descubrimiento y la liberación. Es un disco de deseo, de mirar por la ventana y pensar en ese planeta lejano al que todavía no se puede ir.

Ilustración sin personas de una feria vacía de noche bajo una tormenta silenciosa: noria rosa encendida, montaña rusa al fondo, coches de choque aparcados y rayos azules en un cielo violeta

Y creo que el clip lo refleja bien. Todos esos paisajes son lugares a los que uno querría viajar: el templo de hielo, el desierto de cristales, la feria, la luna. Pero ninguno se puede pisar. Son postales de un sitio soñado, ordenadas como en un álbum que se hojea demasiado deprisa. Eso es tener ganas: verlo todo, a toda velocidad, sin poder quedarte en ninguna parte.

Para escucharla y llevártela

Toda mi música se puede escuchar y descargar gratis, sin crearte ninguna cuenta y sin pagar nada, desde mi página de descargas. «Whisper Fade» está allí con todas las demás.

Si me permites un consejo: escúchala de noche, con la luz baja, y si puede ser con cascos. Es una canción para oír de cerca, como se oye a alguien que te habla al oído. Y luego, si te apetece, pon el vídeo y busca la feria. Es en el segundo treinta, más o menos, y vuelve varias veces después.

Cinco momentos para fijarse

El primero, las setas rosas del bosque del principio, encendidas como lamparitas. Dan la clave de todo el vídeo: lo pequeño también brilla.

El segundo, las bailarinas de tutú bajando la escalinata del templo de hielo. Es la única vez que el templo se llena.

El tercero, los dos bailarines de pie sobre los coches de choque, haciendo equilibrio en la feria.

El cuarto, el coche blanco bajo la aurora, entre vallas encendidas que no anuncian nada.

Y el quinto, la última imagen: la figura quieta entre dos rayos simétricos. Ahí se cierra el susurro.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se publicó el videoclip de «Whisper Fade»? El domingo 7 de septiembre de 2025, a las 00:25 (hora de Madrid), en mi canal de YouTube. Dura cuatro minutos y un segundo.

¿En qué disco está «Whisper Fade»? En «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK», el segundo disco de la trilogía de Planeta Gayfolk.

¿Qué paisajes aparecen en el clip? Un bosque con setas luminosas, un templo de hielo con un haz de luz, una ciudad de cristal con rayos, un desierto rosa con cristales flotantes, una feria con noria y coches de choque, una luna gigante, una ciudad bajo el agua, un coche bajo una aurora, una montaña invertida, un volcán y una montaña rusa en espiral.

¿Qué significa el título? En inglés, «whisper» es susurro y «fade» es desvanecerse. El título habla de algo dicho muy bajito que se apaga poco a poco, y el clip lo cierra con una figura quieta entre dos rayos.

¿Se puede descargar gratis? Sí. Toda mi música se descarga gratis, sin registro, desde la página de descargas de mikesaintlouis.com.

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