Saltar al contenido
← Canción a canciónUn planeta rosa sin nadie: «Contact Overwhelms Me», la fobia social y las salas vacías de Planeta Gayfolk

Por ·

Un planeta rosa sin nadie: «Contact Overwhelms Me», la fobia social y las salas vacías de Planeta Gayfolk

Planeta Gayfolk suele ser un sitio lleno de gente. Plazas de toros con toreros que se besan, cruceros con buffet de croquetas, bodas bajo un planeta rosa, azoteas con fiesta, desfiles en la orilla. Es un planeta ruidoso, de multitudes y de bailes. Por eso me interesa tanto el vídeo de «Contact Overwhelms Me»: es el mismo planeta, con el mismo rosa, pero sin nadie. O casi sin nadie.

Lo publiqué el 3 de diciembre de 2025, un miércoles, a las seis menos veinte de la tarde en Madrid. Es de los vídeos cortos del canal: dos minutos y diecisiete segundos. En la lista de vídeos ocupa el lugar 20 de 276, y en la lista de canciones del catálogo es la pista 224 de 273, justo después de «Kaaa Miga», que es casi su contrario: un saludo a gritos, de amiga a amiga, con un bocadillo de cómic. Lo tienes a mano en la página del vídeo dentro de mi web, por si prefieres ir mirándolo a la vez.

Como su letra aún no ha salido en mi página de letras, aquí no hay versos citados. Me quedo con tres cosas: el título, las imágenes del clip y el lugar que ocupa, para mí, dentro del planeta.

Un título que pide distancia

«Contact Overwhelms Me» se puede traducir como «el contacto me desborda». No es una frase de rechazo, ni de enfado. Es una frase de exceso: no digo que no quiera a la gente, digo que la gente, a veces, me llega toda de golpe y no cabe.

En la descripción de YouTube puse etiquetas que no dejan mucho espacio a la duda: #SocialAnxiety, #SocialPhobia, #FobiaSocial, #IntrovertAnthem, #HermitMood, #IsolationArt, #ArtistaOutsider. Es una de las pocas veces en que he etiquetado una canción con el nombre de algo que me han diagnosticado. Lo cuento más abajo, porque tiene que ver con por qué este vídeo es como es.

La portada de la canción, de la que ya escribí en otro texto, es un torero vestido de luces en fucsia y oro, con el capote rosa recogido en la mano y la mirada seria. Un traje hecho para que lo mire una plaza entera, puesto en alguien que no quiere que lo miren. El vídeo lleva esa idea más lejos: quita la plaza.

Un observatorio sin astrónomos

El rótulo inicial ya es una declaración. Un observatorio de cúpula blanca, teñido de rosa, sobre una terraza también rosa, con el telescopio asomando por la abertura. Arriba, mi nombre en letras azul oscuro; abajo, el título en dos líneas. No hay nadie en la terraza. El telescopio apunta al cielo y no hay ningún ojo detrás.

El observatorio vuelve varias veces. Lo vemos desde un tejado, rodeado de otras cúpulas más pequeñas, con una piscina rosa en primer plano y unas bolas de luz fucsia flotando en el aire. Lo vemos de cerca, enorme, con una nube rosa a los pies y una estrella fugaz de neón cruzando el cielo. Siempre vacío.

Me gusta mucho esa imagen como punto de partida. Un observatorio es un sitio para mirar muy lejos sin moverse. Para estudiar lo que está a millones de kilómetros sin tener que acercarse. Para alguien a quien el contacto desborda, es casi un refugio ideal: el mundo entero, visto desde una distancia segura.

Un andén lleno de maniquíes

El segundo escenario que se repite es el metro. Un túnel de andén con el techo abovedado, luces de tubo y el suelo de baldosas con la línea amarilla de seguridad. Por el andén caminan figuras rosas, brillantes, lisas, sin cara: maniquíes que se mueven como viajeros, uno detrás de otro, en dirección a la cámara.

Tres fotogramas del videoclip de «Contact Overwhelms Me»: maniquíes rosas caminando por un andén de metro, una cabina de teléfono cubierta de pétalos y figuras negras con globos rosas en un túnel

Es la única multitud del vídeo, y no es de personas. Es una multitud sin miradas, sin conversaciones, sin nadie que roce a nadie. Más adelante el vídeo enseña también el interior de un vagón vacío, con los asientos rosas y las barras metálicas, las puertas cerradas y el túnel negro al otro lado de la ventana. Aparece dos veces, siempre sin pasajeros.

Para mí el metro es el sitio donde el contacto no se elige. Te toca el hombro de un desconocido, te empujan en la puerta, tienes la cara de alguien a un palmo de la tuya durante seis paradas. El vídeo coge ese lugar y lo vacía, o lo llena de cuerpos que no miran. Es el metro que me gustaría coger algunos días.

Una sala de espera llena de relojes

Hay un escenario que me parece el más fino del vídeo. Una sala de espera larga, con dos filas de butacas, rosas a un lado y verde turquesa al otro, con luz entrando por unas ventanas altas. En las paredes hay relojes, muchos relojes, redondos, de los de estación, colgados uno detrás de otro. Al fondo de la sala, muy pequeña, hay una figura sentada.

La sala vuelve al final, cambiada de color: primero toda en verde agua y después toda en rosa, con un aro de neón fucsia flotando en el centro y una mesa larga con una sola persona sentada en la cabecera, lejísimos.

Una sala de espera es el sitio donde estás con otra gente sin estar con ella. Todos esperan, nadie habla. Y los relojes recuerdan que el tiempo pasa aunque no pase nada. Es una imagen muy exacta de cómo se vive a veces la ansiedad social: estar en un sitio con gente y contar los minutos para irte.

Un cubo de cristal sobre las nubes

Y luego está la imagen que, para mí, conecta este vídeo con todo lo demás. Un cubo de cristal rosa, con aristas finas, flotando sobre un mar de nubes al amanecer. Dentro hay alguien sentado en el suelo con las piernas cruzadas, quieto, mirando hacia fuera. Más adelante el cubo vuelve, más alto, en un cielo de nubes rosas con puntos de luz fucsia, y dentro hay una figura de pie, muy pequeña.

Quien conozca la portada de «In the Quiet Room» lo habrá reconocido enseguida. En esa portada estoy yo sentado en el suelo dentro de un cubo de cristal, en una sala blanca. Aquí el cubo ha salido de la sala y se ha ido al cielo, y se ha vuelto rosa. Es el mismo refugio transparente: estás aislado, pero se te ve. Puedes mirar sin que te toquen.

Las dos canciones son distintas y no pertenecen al mismo sitio del catálogo: «In the Quiet Room» está en el tercer disco, «El día de la liberación», y «Contact Overwhelms Me» va por libre. Pero el cubo las une. Si alguna vez quieres escucharlas seguidas, empieza por la de la sala blanca y sigue con esta: es como ver el mismo cubo de cristal salir de casa.

Un puente en la niebla

Entre habitación y habitación, el vídeo va metiendo planos de puentes. Un puente colgante de tirantes, de noche, con una luz magenta que lo tiñe todo y un marco de neón rosa al fondo del tablero, como una puerta encendida al final del camino. Más adelante, el mismo tipo de puente visto de lado, entre una niebla rosa, con las torres perdiéndose arriba. Y una estructura azul cruzada por líneas de neón fucsia, que podría ser un puente o un túnel de cristal, vista desde dentro.

En ninguno pasa nadie. Ni coches, ni gente a pie. Un puente es, por definición, lo que une dos orillas. Aquí los puentes están puestos, encendidos y vacíos: el camino hacia el otro existe, pero todavía nadie lo cruza. Me parece una forma muy delicada de decir que el aislamiento no es la ausencia de puentes, sino el tiempo que tardas en atreverte a pisarlos.

Maniquíes azules entre humo de colores

Hay otro grupo de figuras que no son los maniquíes rosas del metro. En un patio de suelo gris, entre nubes de humo rosa y lila que parecen algodón de azúcar, hay figuras de un azul muy pálido, lisas, sin cara, de pie. No caminan. Están colocadas entre el humo como si alguien las hubiera dejado ahí para una sesión de fotos. Más adelante vuelven en una sala grande, luminosa, con columnas de humo rosa saliendo del suelo y dos o tres figuras de pie mirando hacia ellas.

Collage de portadas: «Contact Overwhelms Me» con sus vecinas en Planeta Gayfolk, entre ellas «In the Quiet Room» y su cubo de cristal

Me hace gracia que el vídeo tenga más maniquíes que personas. Es como si el planeta, cuando no hay gente, se llenara de sus moldes: la forma de un cuerpo sin el cuerpo, la presencia de alguien sin que haya que hablarle. Para quien el contacto se hace demasiado, un maniquí es la compañía perfecta: está, pero no pide nada.

Una ventana con pétalos

Hay un plano breve que casi se pierde: una ventana grande vista desde dentro, con el cristal empañado de luz dorada y pétalos o burbujas rosas pegados por fuera, resbalando. Detrás no se ve la calle, solo luz. Es un plano de interior, de quien mira el mundo desde casa y ve que fuera pasa algo bonito sin decidirse a abrir.

Un carrusel sin niños y una cabina sin llamadas

El vídeo está lleno de objetos que están hechos para compartirse y que nadie comparte.

Hay un carrusel de feria, de colores pastel, con caballitos y toldo de rayas, girando en un escenario de cartón piedra con nubes y bolas de colores flotando alrededor. En otro plano está sobre una tarima turquesa, con focos apuntándole desde arriba y estrellas doradas colgadas. No hay ni un solo niño subido. El carrusel gira para nadie.

Hay una cabina de teléfono roja, de las antiguas, con «TELEPHONE» escrito en el cartel de arriba, cubierta por completo de bolas y pétalos rosas, con una luz amarilla muy cálida dentro, en mitad de un suelo oscuro y mojado. Alrededor flotan burbujas fucsia. Nadie entra. Nadie llama. Nadie contesta.

Hay un dormitorio con una cama de colcha rosa y tres televisores antiguos encendidos con pantallas de colores, y un rincón con una montaña de televisores que brillan en fucsia sobre otra cama. Hay una sala de máquinas recreativas con las pantallas encendidas y dibujos de corazones, sin nadie jugando, y otra igual pero a oscuras. Hay un camerino o un salón de belleza rosa con espejos rodeados de neón y una butaca redonda en el centro, vacío.

Todos son lugares de compañía: la feria, el teléfono, la tele en la cama, los recreativos, el tocador donde te arreglas para salir. Y todos están vacíos. No los leo como lugares tristes. Están encendidos, limpios, bonitos. Son lugares que esperan, preparados para cuando alguien quiera usarlos. Eso es, para mí, lo más honesto del vídeo: no dice que el contacto sea malo. Dice que el contacto tiene que llegar cuando uno puede.

Una escalera hacia las nubes

En la segunda mitad del vídeo aparece por fin alguien de carne y hueso, y no está quieto. Es una escalera de piedra ancha, que sube entre nubes rosas espesísimas, y por ella sube un chico con chaqueta oscura y vaqueros, de espaldas, peldaño a peldaño. La cámara lo sigue desde abajo. En algunos planos hay un aro de neón rosa flotando en el aire, a un lado de la escalera, como un portal. En otros, un marco cuadrado de luz rosa al final de una escalera de niebla.

Otros tres fotogramas de «Contact Overwhelms Me»: alguien sentado dentro de un cubo de cristal rosa sobre las nubes, un carrusel pastel sin niños y un chico que sube una escalera entre nubes rosas

Nunca le vemos la cara. Nunca llega arriba del todo. El vídeo le deja subiendo.

Es la escena que más se parece a una historia dentro de un vídeo que, por lo demás, es una colección de habitaciones. Si las salas vacías son el refugio, la escalera es el movimiento. Alguien que no se queda en la sala de espera, que sale del cubo y sube, despacio, hacia algo que todavía no se ve. Para mí es la imagen más esperanzadora del clip.

Las figuras negras del túnel

El final del vídeo es raro y me gusta mucho que sea raro. Un túnel de metro largo, de paredes claras, y a lo largo de una pared, en fila, figuras negras de pie, mates, sin rasgos, alguna con alas plegadas a la espalda. A sus pies hay globos rosas, como si alguien hubiera dejado un detalle a cada una. Más allá, el túnel sigue y se pierde.

Después de tanto rosa brillante, esas figuras oscuras son el contraste. No hacen nada. No se mueven. No dan miedo, o por lo menos a mí no me lo dan: son como estatuas en una estación, como si alguien hubiera puesto ángeles en el andén para hacer compañía sin acercarse demasiado. Los globos rosas las convierten casi en invitados de una fiesta que no ha empezado.

El cartel del primer disco

Y entonces el vídeo se cierra con un cartel que no tiene nada de vacío: el del primer disco de la trilogía, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk». Tres chicos con esmoquin, muy juntos, casi frente con frente, con un planeta rosa enorme detrás y el título en letras grandes.

Es un final que me parece muy bien elegido, aunque la canción no esté en ese disco. Después de dos minutos de habitaciones sin gente, el último plano es el de tres cuerpos casi tocándose. No lo leo como una contradicción, sino como una promesa. El planeta sigue ahí, con su gente, con sus abrazos. Las salas vacías no son el sitio donde vivir para siempre, sino el sitio donde recuperar el aire antes de volver.

Otros vídeos que van por libre o que pertenecen a otros discos también terminan con ese cartel. Pasa, por ejemplo, con «Tangled Light», otro clip de salones raros y figuras sin cara. Es una manera de decir que todo, al final, vuelve al planeta donde empezó.

Dónde la coloco yo en el planeta

Si tuviera que dibujar un mapa de Planeta Gayfolk, «Contact Overwhelms Me» estaría en una de sus orillas tranquilas. No en las plazas ni en los cruceros, sino en un barrio de observatorios, andenes y salas de espera donde se puede estar sin que nadie te pida nada.

Tiene vecinas en ese barrio. «Antisocial», del tercer disco, es la versión orgullosa de la misma idea: alguien a quien han llamado borde y raro y que decide que su soledad es una elección, no un defecto. «La noche no es para mí», del primer disco, es la versión nocturna: alguien que espera la noche todo el día y luego descubre que no encaja en ella. Y «Fear Zero», del segundo, es la otra cara: dos astronautas rosas que se quitan el casco para acercarse. Juntas cuentan un recorrido completo, de encerrarse a atreverse.

También dialoga con «Lai», otro vídeo en el que no sale ninguna cara. Pero «Lai» está lleno de cosas que alguien acaba de usar: una bici aparcada, unos columpios, unos zapatos en la orilla. «Contact Overwhelms Me» está lleno de cosas que nadie ha usado todavía. Uno es la casa después del juego; el otro, la casa antes de que lleguen los invitados.

Y si pienso en los tres discos de la trilogía, este vídeo se parece mucho al momento anterior a «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk»: el de mirar el planeta desde lejos, por un telescopio, antes de tener fuerzas para ir.

Lo que mira de la cultura queer

Hay una idea muy repetida sobre la vida gay: que es una vida de bares llenos, de fiestas, de saunas, de apps, de cuerpos muy cerca. A mucha gente le sienta bien. A otra no. Y quien no encaja en ese ruido muchas veces acaba sintiendo que está fallando dos veces: por ser marica en un mundo que no lo es y por no ser el marica que se espera en los sitios donde se supone que deberías estar a gusto.

Ficha de «Contact Overwhelms Me»: canción 224 de 273, fuera de la trilogía, con letra de Mike Sain't Louis

Esta canción es mi manera de decir que también se puede ser parte del planeta desde la terraza del observatorio. Que se puede querer a tu gente y necesitar distancia. Que hay maricas que no aguantan una discoteca llena y no por eso son menos maricas. El vídeo no tiene ni una bandera, ni un beso hasta el cartel final, y sin embargo para mí es uno de los más queer del canal, porque está hecho desde ese lugar en el que muchos estamos y del que casi nadie habla.

Por qué la puse con mi propia etiqueta

Lo dije al principio: en la descripción puse #FobiaSocial. No fue casualidad. Tengo diagnosticadas, entre otras cosas, fobia social y trastorno de la personalidad por evitación, además de ansiedad, depresión mayor y estrés postraumático. Vienen de muchos años malos, de relaciones en las que me hicieron mucho daño y de quedarme sin buena parte de mi gente cuando aquello salió a la luz. No voy a contar más que eso, ni a señalar a nadie.

Lo que sí puedo contar es que el contacto, durante mucho tiempo, me desbordaba de verdad. Una llamada, una reunión, un bar con amigos. Y que escribir canciones como esta fue una forma de sacarlo fuera sin tener que explicarlo cara a cara. En la canción podía decir lo que no me salía en una conversación.

Hoy sigo en tratamiento psiquiátrico y psicológico, y estoy mucho mejor que cuando hice esta canción. No he dejado de necesitar mis salas vacías, pero ya no vivo en ellas. Ahora son un sitio al que vuelvo cuando lo necesito, como el chico de la escalera, que sube despacio pero sube.

Si lo estás pasando mal, no tienes por qué cargarlo solo. En España, el 024 atiende gratis y a cualquier hora, de forma confidencial, y en una emergencia está el 112. Si te cuesta llamar, contárselo a una persona de confianza también es empezar.

Para la próxima vez que la veas

Te propongo tres cosas.

La primera, cuenta los relojes de la sala de espera. Hay muchos más de los que parece, y ninguno está ahí para decirte la hora exacta, sino para recordarte que el tiempo pasa.

La segunda, fíjate en el cubo de cristal. La primera vez hay alguien sentado; la segunda, alguien de pie. Es un cambio pequeño, pero dentro de un vídeo tan quieto, ponerse de pie ya es mucho.

Y la tercera, espera al cartel final. Después de tanto vacío, los tres chicos casi tocándose son el recordatorio de que el planeta, con toda su gente, sigue esperando.

Preguntas frecuentes

¿Dónde se puede ver el videoclip de «Contact Overwhelms Me»? En el canal oficial de YouTube de Mike Sain't Louis y en la sala de vídeos de mikesaintlouis.com. Se publicó el 3 de diciembre de 2025 y dura dos minutos y diecisiete segundos.

¿En qué disco está «Contact Overwhelms Me»? En ninguno de los tres de la trilogía: en el catálogo figura como canción suelta, la pista 224 de 273. Aun así, el vídeo termina con el cartel del primer disco, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk».

¿Qué significa el título? Se puede traducir como «el contacto me desborda». Habla de cuando la cercanía de los demás llega de golpe y no cabe, no de rechazar a la gente.

¿Qué se ve en el videoclip? Un planeta rosa casi vacío: un observatorio, un andén de metro con maniquíes rosas, una sala de espera llena de relojes, un carrusel sin niños, una cabina de teléfono cubierta de pétalos, un cubo de cristal sobre las nubes, una escalera entre nubes rosas y un túnel con figuras negras y globos.

¿Con qué otras canciones de Planeta Gayfolk se relaciona? Sobre todo con «In the Quiet Room», por el cubo de cristal, y con «Antisocial», «La noche no es para mí» y «Fear Zero», que cuentan otras caras de la misma necesidad de distancia.

Compartir