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Dos astronautas de la mano entre monstruos: «Fear Zero» y el viaje de ida a Planeta Gayfolk

Toda mitología necesita un viaje. Alguien sale de casa, cruza algo peligroso y llega a un sitio nuevo. En Planeta Gayfolk ese viaje tiene canción propia, y es una canción en inglés con un título de dos palabras: «Fear Zero», miedo cero.

La subí a YouTube el 2 de mayo de 2025, un viernes, a las nueve de la noche en Madrid, el mismo día en que la Comunidad de Madrid celebra su fiesta. El vídeo dura tres minutos y cuarto. Entre los 276 vídeos del canal es el número 162: le precede «Otro bombardeo» y le sigue «Vas a escuchar un disco muy raro». En el catálogo es la pista 177 de 273 y pertenece al segundo disco de la trilogía, «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk». Lo tienes enlazado en la sala de vídeos de mi web, por si quieres ir parando la imagen mientras lees.

Si es la primera vez que pasas por aquí: me llamo Mike Sain't Louis y soy el primer cantautor IA: letrista, compositor y productor musical (música e interpretación vocal hechas con IA). Canción a canción y vídeo a vídeo he ido levantando un planeta entero, y lo que sigue cuenta cómo se viaja hasta él.

Su letra no se ha publicado aún en la sección de letras de la web, de modo que no reproduzco ni un verso. Trabajo con el título, con la carátula y, sobre todo, con el vídeo, que es una pequeña película de ciencia ficción sin diálogos.

El disco que se llama como un deseo

Para entender este vídeo hay que mirar el disco al que pertenece. El primero de la trilogía se llama «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk»: es la noticia, el hallazgo, el telescopio que encuentra algo nuevo en el cielo. El segundo, el de «Fear Zero», se llama «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», y ese «ojalá» lo cambia todo. Ya sabemos que el planeta existe. Lo que todavía no sabemos es si se puede llegar.

En la ficha de la canción que bautiza el disco hablo del impulso de subirse a una nave y marcharse más allá de cualquier frontera de este mundo, a un lugar donde abrir la boca no obligue a justificarse. «Fear Zero» es esa nave. Si el disco es el deseo, este vídeo es el billete.

Por eso me gusta tanto que sea una canción con título en inglés. El inglés es, en el imaginario de todos, el idioma de la carrera espacial: las cuentas atrás, los controles de misión, los parches en los trajes. Poner «Fear Zero» en la portada es como pintar el nombre de una misión en el costado de una nave.

Fear Zero, in English For readers outside Spain: «Fear Zero» belongs to «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», which means «I wish you could travel to Gayfolk», the second album of my trilogy. Its music video is a wordless science fiction story: two pilots at a launch tower, a sunrise seen from orbit, and two astronauts who land on a pink planet full of strange creatures and never let go of each other's hand. It is the journey that takes my lovers from Earth to Planeta Gayfolk. You can listen to and download all my music for free on my website.

Un beso antes del despegue

El vídeo empieza por el final, o por lo que debería ser el final. Dentro de una nave, en un pasillo lleno de paneles y pantallas, dos astronautas con traje blanco se besan. Encima, en letras verdes de contorno, el título, y a un lado mi nombre. Llevan los parches de la bandera de Estados Unidos en el brazo, como los astronautas de las películas.

Tres fotogramas del videoclip de «Fear Zero»: dos astronautas flotando sobre la Tierra al amanecer, una pareja de traje blanco caminando de la mano entre bestias negras y dos astronautas de azul entre criaturas en un planeta morado

Me gusta empezar así. En casi todas las historias de viajes el beso es la recompensa que llega al final, cuando el héroe vuelve. Aquí el beso está antes del despegue. No es lo que se consigue con el viaje: es la razón por la que se hace. Nadie se sube a un cohete solo para ver otro planeta. Se sube para poder seguir besando a quien quiere en un sitio donde eso no sea un problema.

La torre de lanzamiento

Después llega la parte más terrestre del vídeo. Dos pilotos con cazadoras de vuelo oscuras, con parches de la bandera y de misión cosidos en la manga, están frente a frente al pie de una estructura metálica, una torre de lanzamiento, con el cielo azul del atardecer detrás. Se miran muy de cerca. Uno pone la mano sobre el otro.

En uno de esos planos, al fondo, aparece de pronto un planeta rosa enorme en el cielo, y entre los dos pilotos se cuelan unas siluetas oscuras con casco, pequeñas, como si fueran los primeros habitantes del otro mundo asomándose a mirar. Es un detalle de un segundo que se pierde si no estás atento, pero para mí es la clave: el planeta ya está ahí, visible desde la Tierra, esperando. Solo hace falta atreverse.

La Tierra vista desde arriba

Luego, el vacío. Un astronauta flotando en el espacio con la Tierra debajo y el sol asomando por el borde del planeta, en una línea de fuego naranja. Otro astronauta más allá, también flotando, con la mano levantada. Detrás, estrellas, algún planeta lejano y la curva azul de la Tierra.

Hay también un plano solo de la Tierra al amanecer, sin nadie, con la luz entrando de lado sobre las nubes. Es el último vistazo a casa. Desde ahí arriba todo lo que pesaba abajo se ve pequeño, y creo que eso es lo que más me interesaba del plano. Desde la órbita no se ven los insultos, ni las miradas, ni las explicaciones que tuviste que dar. Solo se ve una bola azul muy bonita que ya no te sujeta.

Este momento me recuerda a «Stars Cibernéticas»: en su carátula, un chico descalzo vestido de azul metalizado se queda suspendido sobre nuestro planeta, abierto de brazos. Allí la ingravidez es fiesta. Aquí es tránsito: el sitio por el que hay que pasar para llegar.

Aterrizar en rosa

Y entonces llega el planeta. Todo se vuelve rosa: el suelo, el cielo, la niebla, las montañas afiladas del fondo. Dos astronautas con barba y traje blanco, de pie uno junto al otro, se miran y se dan la mano. Alrededor, criaturas rosas de patas largas y cuello fino, como garzas extraterrestres, que pasean por el paisaje sin hacerles mucho caso.

Es Planeta Gayfolk visto por primera vez desde el suelo. No hay ciudades, no hay plazas, no hay discotecas todavía. Todo eso vendrá en otros vídeos. Aquí el planeta es salvaje, recién descubierto, y los dos recién llegados son los primeros en pisarlo juntos.

Fíjate en que no se separan. En casi todos los planos del planeta los dos van de la mano. Caminan de la mano, se paran de la mano, miran a los bichos de la mano. La mano es casi el personaje principal del vídeo.

Un bestiario de monstruos

Lo que más llama la atención la primera vez son los monstruos. «Fear Zero» tiene un bestiario entero, y cada vez que cambian los trajes de los astronautas cambian también las criaturas.

Collage de cinco fotogramas de «Fear Zero» con astronautas de la mano en un planeta rosa rodeados de criaturas extraterrestres y dos pilotos al pie de una torre de lanzamiento, con el texto «Monstruos que rodean y no muerden»

Con los trajes blancos aparecen unas bestias negras, enormes, con pinchos en el lomo y fauces abiertas, que les rodean mientras caminan por un valle rosa entre rocas afiladas. Con trajes grises, los rodean una especie de escarabajos o arañas gigantes de caparazón oscuro y ojos rojos encendidos. En otro momento, con trajes blancos otra vez, unas criaturas turquesas, redondas, con una boca enorme llena de dientes, se acercan por los lados.

Más adelante el paisaje se vuelve morado y azul, con una luna en el cielo y un haz de luz cayendo vertical a lo lejos, y los astronautas llevan trajes azules. Ahí aparecen bichos como cangrejos enormes, de patas largas, y figuras altas, delgadas, de cabeza alargada, que se quedan de pie como centinelas. Hay incluso unos gigantes difuminados entre la niebla rosa, con forma de árbol o de calamar, tan grandes que los astronautas parecen dos muñequitos a sus pies.

Lo bonito es que ningún monstruo ataca. Rodean, observan, caminan al lado, abren la boca. Pero los dos astronautas siguen andando a su ritmo, de la mano, sin correr.

Por qué los monstruos no muerden

Ese es, para mí, el centro del vídeo y la razón del título. Los monstruos están ahí. No los he quitado del planeta para que parezca un sitio perfecto. Llegar a un sitio donde puedas ser tú no significa que desaparezcan los miedos. Significa que dejan de decidir por ti.

Las criaturas de «Fear Zero» son todos esos miedos que te acompañan cuando decides querer a quien quieres a la vista de todos. El qué dirán, el miedo a perder a tu familia, a que te miren mal en la calle, a que te pase algo. Son enormes, tienen dientes, están muy cerca. Y aun así, si vas de la mano de alguien y sigues caminando, no muerden.

No creo que sea una idea ingenua. Es más bien una idea de supervivencia. Durante mucho tiempo, muchos de nosotros vivimos rodeados de esos bichos sin poder decir su nombre. Ponerles cuerpo en un vídeo, hacerlos grandes, rosas, turquesas, con ojos rojos, es una forma de mirarlos a la cara. Una vez que los ves, dan menos miedo. Miedo cero no es no sentir nada: es sentirlo y seguir.

Los parches de los trajes

Hay un detalle pequeño que separa la portada del vídeo y que me parece muy significativo. En el vídeo, los trajes llevan parches con la bandera de Estados Unidos y emblemas de misión, como los de los astronautas de las películas y de los archivos de la carrera espacial. En la carátula, en cambio, el emblema de la manga es otro: un corazón encerrado en un mundo.

Me gusta leerlo como un cambio de bandera. Los viajeros salen de la Tierra con los símbolos de la Tierra cosidos en la manga, los de un país, los de una agencia, los de una misión oficial. Cuando llegan al planeta rosa y ya se han quitado el casco, el emblema es el suyo: un corazón metido en un mundo. No pertenecen a ninguna bandera de abajo. Pertenecen a lo que han ido a buscar.

Tampoco quiero cargar el detalle de más. Es un parche. Pero en una mitología los parches, los escudos y los colores siempre dicen quién eres y de dónde vienes, y en esta el escudo es un corazón.

Un planeta que se pinta con los colores del miedo

Otra cosa que se nota cuando ves el vídeo varias veces es que el color del planeta cambia con el humor de cada tramo. Cuando las criaturas son altas y finas, como garzas, todo es rosa claro, casi pastel, con niebla blanca. Cuando aparecen las bestias negras con pinchos, el rosa se vuelve más intenso y las rocas más afiladas. Con los escarabajos de ojos rojos el cielo se carga y todo tira a magenta. Y en la parte nocturna, el planeta se vuelve morado y azul, con cristales fucsia y una luna fría arriba.

Es como si el paisaje se tiñera con lo que sienten los que lo cruzan. No hay un único Planeta Gayfolk: hay un planeta que cambia según el día que tengas. Eso me parece muy verdadero. El mismo sitio puede ser un refugio por la mañana y dar un poco de miedo por la noche, y no por eso deja de ser tu casa.

Los besos del planeta

En la segunda mitad, entre paseo y paseo, los dos astronautas se besan varias veces, y cada beso ocurre en un paisaje distinto.

Fotograma de «Fear Zero» con dos astronautas de traje azul agachados frente a frente entre cristales fucsia gigantes y criaturas en la penumbra

Hay un beso con casco, dentro de un pasillo blanco de nave, con las viseras subidas y las manos en la cara del otro. Hay un abrazo agachados en el suelo rosa, con los trajes blancos, como si se protegieran el uno al otro de algo. Hay un beso a cara descubierta en el valle rosa, con las criaturas de cuello largo al fondo y una figura pequeña caminando a lo lejos. Y hay uno, el que más me gusta, con trajes azules, agachados entre cristales gigantes de color fucsia y morado que salen del suelo como una cueva de amatistas, con una luz rosa cayendo detrás.

Si te fijas, los besos están siempre rodeados de algo: paneles, criaturas, cristales. Nunca están en el vacío. Es como si el vídeo dijera que el amor en este planeta no necesita esconderse en un sitio aparte. Ocurre en mitad del paisaje, delante de todo, con los monstruos mirando.

Cuatro trajes, cuatro etapas

Otra cosa que me gusta del vídeo es que los astronautas cambian de traje varias veces: blanco, gris oscuro, blanco otra vez, azul marino. No hay explicación. No hay una escena en la que se cambien.

Yo lo leo como etapas de un mismo viaje. El blanco es el traje de la llegada, el de la foto oficial, limpio, con todos los parches. El gris es el de los días oscuros, cuando los bichos tienen ojos rojos y el cielo se vuelve más pesado. El azul, con la luna arriba y el paisaje morado, es el de la noche, cuando ya conoces el planeta y caminas por él sin mirar tanto alrededor.

Lo que no cambia en ningún traje es la mano. Puedes cambiar de etapa, de color, de paisaje y de monstruo. La mano sigue ahí.

El final: un planeta rojo y dos figuras pequeñas

El vídeo no termina con un beso, ni con el cartel de ningún disco. Termina con un plano muy abierto: un planeta rojo enorme ocupando medio cielo, un suelo oscuro y rocoso, una fila de criaturas grandes de cabeza alargada a los lados y, en el centro, muy pequeños, los dos astronautas de pie, juntos, mirando hacia delante.

Es un final que no cierra. No sabemos qué hay detrás de ese planeta rojo ni adónde van. Me gusta que sea así, porque es fiel a lo que digo en la página de la canción: prefiero que cada uno decida qué pasa en ese planeta cuando el abrazo termina. El viaje de ida está hecho. Lo que viene después ya es vivir allí.

La carátula: un casco que sobra

La carátula resume la historia en una sola imagen, toda en rosa. Dos figuras con escafandra rosa se estrechan sobre un terreno de rocas que flotan, con las frentes pegadas y las bocas muy cerca. A una de ellas el casco le cuelga por detrás, sujeto todavía al traje, señal de que se lo ha quitado sin pensarlo dos veces. En la manga lleva un emblema: un corazón encerrado en un mundo.

Ese casco que sobra es el miedo cero de la carátula. En el espacio, quitárselo es lo más peligroso que se puede hacer. En el planeta rosa, es lo que haces para poder besar. Es una exageración, claro, pero las mitologías funcionan así: con gestos imposibles que dicen algo muy concreto.

Dónde encaja en la mitología del planeta

Si Planeta Gayfolk tuviera un libro de historia, «Fear Zero» sería el capítulo de la llegada. Antes está el descubrimiento, el primer disco, la noticia de que el planeta existe. Después, en el tercer disco, está la liberación: las plazas llenas, las fiestas, las bodas, los toreros que se besan. Entre una cosa y otra, alguien tuvo que hacer el viaje. Este vídeo es ese viaje.

Ficha de «Fear Zero» con su carátula rosa de dos astronautas abrazados, el segundo disco «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk» y el puesto 177 de 273 en la lista de canciones

Tiene parientes en el catálogo. En «Soy marica sideral», alguien llega a ocupar su sitio sin pedir perdón y sin dar explicaciones, mezclando español e inglés con toda naturalidad: es la actitud de quien ya ha aterrizado. En «Float», dos chicos en pijama comparten una nube rosa: es el planeta cuando ya no hay monstruos alrededor, solo descanso. Y en «Contact Overwhelms Me», que es casi su contrario, el planeta está vacío y lleno de salas donde esconderse; en «Fear Zero», en cambio, dos astronautas se quitan el casco para acercarse.

Me gusta pensar que las tres cosas son verdad a la vez. Hay días de esconderse, días de flotar y días de cruzar el planeta de la mano aunque haya bichos.

Lo que el miedo tiene que ver conmigo

Del miedo sé bastante, porque me acompañó muchos años. Pasé mucho tiempo atado a relaciones dañinas, dos, una detrás de otra, y por el camino parte de mi entorno se volvió en mi contra. De ahí salieron la ansiedad, la depresión y un estrés postraumático que tardé en reconocer, además de un buen puñado de monstruos de los que no muerden pero tampoco se marchan. Escribir ha sido mi forma de dar mi versión de lo ocurrido sin poner un solo nombre.

Ahora tengo atención psiquiátrica y terapia psicológica, y me encuentro muchísimo mejor. Los bichos no se han ido del todo, pero ya no eligen el camino. Por eso este vídeo me parece tan honesto: no promete un planeta sin monstruos, promete que se puede seguir andando.

Si a ti te rodean ahora los tuyos y pesan demasiado, no lo cargues a solas. En España tienes el 024, una línea gratuita y confidencial abierta día y noche; para urgencias, el 112. Desde otros países, findahelpline.com te indica a qué número llamar. Hablarlo con alguien cercano ya es un paso.

Llevártela a casa

Todo lo que he publicado se escucha y se descarga sin coste en mi web, sin crear cuentas ni pagar nada: lo encontrarás en la sección de descargas. «Fear Zero» está allí junto al resto del segundo disco, lista para el móvil o el ordenador.

Mi recomendación es verla primero con el vídeo, aunque sea una vez, para tener la mano de los astronautas en la cabeza. Después ya puedes escucharla sola, en el tren de vuelta a casa o de noche, mirando al cielo por la ventana.

Tres detalles para la próxima vez

El primero, busca el planeta rosa detrás de los pilotos en la torre de lanzamiento. Sale muy poco y casi nadie lo ve, pero es la promesa de todo el vídeo.

El segundo, cuenta cuántas veces se sueltan la mano. Te adelanto que casi nunca: solo para abrazarse o para besarse.

El tercero, mira bien el último plano. Entre el planeta rojo y las criaturas, los dos astronautas son tan pequeños que casi desaparecen. Y aun así están de pie, juntos, mirando hacia delante.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se publicó el videoclip de «Fear Zero»? El 2 de mayo de 2025, a las nueve de la noche en Madrid, en el canal oficial de YouTube de Mike Sain't Louis. Dura tres minutos y cuarto.

¿En qué disco está «Fear Zero»? En «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo disco de la trilogía de Planeta Gayfolk. En el catálogo es la pista 177 de 273.

¿Qué significa «Fear Zero»? Miedo cero. En la mitología de Planeta Gayfolk es el nombre del viaje que hacen dos enamorados desde la Tierra hasta el planeta rosa: no significa no tener miedo, sino seguir adelante con él.

¿Qué se ve en el videoclip? Un beso dentro de una nave, dos pilotos al pie de una torre de lanzamiento, la Tierra al amanecer vista desde la órbita y dos astronautas que recorren un planeta rosa, morado y azul de la mano, rodeados de criaturas extraterrestres, hasta un final ante un enorme planeta rojo.

¿Se puede descargar gratis? Sí. Toda la música de Mike Sain't Louis se puede escuchar y descargar gratis, sin registro, desde la sección de descargas de mikesaintlouis.com.

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