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Dos jinetes, un arco de banderines y una iglesia blanca: el videoclip de «Que isso», escena a escena

En Brasil, cuando algo te pilla desprevenido, lo normal es que se te escape un «que isso». No es exactamente un insulto ni exactamente un piropo: es la cara que pones cuando la realidad se sale del guion que tenías preparado. Por eso me gustó como título para esta canción. Y por eso, cuando monté su videoclip, decidí que lo sorprendente no iba a ser un efecto especial, ni un monstruo, ni un decorado imposible. Lo sorprendente iba a ser algo mucho más sencillo: un pueblo entero de parejas que se quieren, de todas las edades y de todas las combinaciones, sin que nadie en la pantalla levante una ceja.

El que se sorprende, si acaso, es quien mira.

Aquí lo recorro escena a escena. Los segundos que doy son aproximados: los he sacado repasando el clip parado cada pocos segundos, así que pueden bailar un poco arriba o abajo. Lo que sí está es todo lo que se ve, en el orden en que aparece.

Datos para situarse

El vídeo dura tres minutos y veinticuatro segundos. Lo subí a YouTube el 23 de septiembre de 2025, un martes, a las dos y media de la madrugada (hora de Madrid), que es una hora rara para estrenar nada, pero también la hora a la que yo suelo terminar los montajes. La canción pertenece a «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía, y en mi catálogo es la pista 72 de 273. En el canal de vídeos ocupa el puesto 85.

La descripción que le puse en YouTube es solo el título y una fila de etiquetas, casi todas en portugués: #Brasil, #MusicaBrasileira, #Sertanejo, #FunkBrasileiro, #Orgulho, #Amor, #Diversidade, #Inclusao, #Resistencia. Son una pista bastante clara de por dónde va la cosa. El sertanejo es la música rural brasileña, la de las botas, los caballos y las fiestas de pueblo; y el resto de etiquetas hablan de amor, de diversidad y de resistir.

La letra no está publicada todavía, así que en este texto no cito ni un verso. Todo lo que cuento sale de las imágenes.

Una aclaración para quien llegue aquí por primera vez: soy el primer cantautor IA: letrista, compositor y productor musical (música e interpretación vocal hechas con IA). Con los videoclips hago más de montador que de director: genero muchas escenas, elijo, descarto, ordeno y corto. En este caso, la decisión más importante fue qué parejas entraban y en qué orden.

Dos jinetes hacia el sol

El clip arranca con el título escrito a mano, en letras blancas redondeadas, «Que isso», y mi nombre en la esquina derecha con la misma caligrafía. Debajo, un paisaje de colinas suaves con la hierba dorada por la luz de la tarde, y un camino de tierra por el que se alejan dos jinetes. Van de espaldas, cada uno en su caballo, uno al lado del otro, hacia un sol que está a punto de esconderse detrás de las lomas.

No se les ve la cara y no hace falta. Dos personas que cabalgan juntas hacia el atardecer es la última imagen de medio cine del Oeste. Aquí es la primera.

Un río poco profundo en un cañón

Hacia el segundo seis cambia todo de golpe. Estamos en un cañón de paredes rojizas con vegetación en lo alto, y por el fondo corre un río ancho, azul, tan poco profundo que se puede caminar por dentro. Una pareja lo hace: él con camiseta clara y pantalón corto, ella con un vestido amarillo, de espaldas, cogidos de la mano, con el agua por los tobillos.

Es una de las imágenes que he puesto en la tira de esta entrada. Me gusta porque no van a ninguna parte concreta. El río es el camino.

El corral de las gallinas

Al segundo doce aparece un corral de tierra con unas casas bajas de paredes encaladas, tejados de chapa y gallinas sueltas picoteando. Una pareja joven se abraza en medio, ella apoyada en el pecho de él, él con una camisa azul de manga corta. Un momento después lo vemos a él de espaldas, mirando hacia las casas.

Es el primer plano que de verdad huele a pueblo. Polvo, gallinas, ropa de diario.

La calle de los banderines

Al segundo dieciocho la cámara se mete en una calle empedrada con casas de colores a los lados, rojas, amarillas, ocres, y por encima, de fachada a fachada, cientos de banderines triangulares de colores. Hay gente paseando y, en primer término, una pareja que baila agarrada.

Los banderines van a volver al final del vídeo. Son el adorno de las fiestas de pueblo en medio mundo, también en España, y en Brasil son inseparables de las fiestas juninas, las de San Juan y San Pedro, cuando los pueblos sacan las hogueras, los farolillos y la música rural a la calle.

El patio de las bombillas

Al segundo veintiuno se hace de noche. Un patio de tierra con un árbol en medio, mesas, y guirnaldas de bombillas colgadas de lado a lado. Una pareja baila en el centro, ella con un vestido de flores, él con camisa oscura, y alrededor hay más gente de pie, charlando, con ese aire de fiesta que empezó hace un rato y no tiene prisa por acabar.

Tres fotogramas del videoclip de «Que isso»: una pareja de espaldas cruzando de la mano un río azul poco profundo en un cañón, dos jinetes al paso por un camino de colinas doradas y una pareja diminuta en el lecho de piedras del cañón

A partir de aquí las bombillas no se van a ir. El vídeo entero está iluminado por ellas cada vez que cae la noche.

Los jinetes vuelven

Hacia el segundo veintisiete regresan los dos jinetes del principio, ahora en un valle verde, todavía más amplio, con colinas que se pierden al fondo. Siguen de espaldas, siguen al paso, siguen juntos. Es un recurso que repito en muchos montajes: una imagen que vuelve a mitad de camino para recordarte de dónde saliste.

Tierra roja junto al agua

Al segundo treinta y tres, otra pareja camina por una orilla de tierra roja, junto a un río que serpentea entre paredes de roca. Ella lleva un vestido de rayas de muchos colores; él, camiseta blanca. Andan despacio, sin mirarse, como la gente que ya no necesita mirarse para saber que el otro está.

La calle de tablones

Al segundo treinta y seis aparece una calle de casas de madera, con porches y tablones, y otra guirnalda de bombillas cruzando por encima. Una pareja se abraza en mitad de la calle: ella con un vestido blanco largo, él con camisa clara. Detrás, las casas parecen de un pueblo de frontera, de esos que se construían en un mes alrededor de una mina o de una estación.

El beso en la playa

Al segundo cuarenta y dos el vídeo se va a la costa. Una playa con palmeras al fondo, el sol pegado al horizonte, y una pareja que se besa en la orilla, convertida casi en silueta por el contraluz. Las olas les llegan a los pies.

Es la postal más previsible del clip, y la dejé así a propósito. En medio de tanto pueblo y tanta tierra, un momento de playa es como abrir una ventana.

El porche de las vasijas

Al segundo cuarenta y ocho conocemos a la primera pareja mayor. Ella con el pelo blanco y un vestido blanco, él con camisa blanca y vaqueros, cogidos de la mano delante de un porche con columnas de madera, una parra que trepa y unas vasijas de barro en el suelo. Sonríen.

Esta pareja va a volver varias veces, y es de las que más me importan del vídeo. Hay muy pocos videoclips en los que la gente mayor no sea un chiste o un decorado. Aquí son protagonistas en igualdad de condiciones.

El río al atardecer

Hacia el segundo cincuenta y uno, otra pareja junto a un río ancho que refleja el cielo naranja. Después, durante un instante, el río se queda solo, sin nadie: agua quieta, montañas suaves y una luz que se apaga. Ese plano vacío funciona como una respiración en mitad del clip.

El árbol de flores moradas

Al segundo cincuenta y siete aparece uno de mis planos favoritos. Un árbol enorme, de ramas retorcidas, cubierto de flores moradas, que se abre como un paraguas sobre un prado de hierba alta. Debajo, una pareja abrazada; al fondo, un caserío de tejados bajos.

El árbol se parece mucho a un jacarandá, que es uno de los árboles más queridos de las ciudades de Brasil y que en primavera tiñe de morado calles enteras. No lo afirmo, porque es una imagen generada y no un árbol con nombre y apellidos, pero es imposible no pensar en él.

Siluetas de la mano

Al segundo sesenta y tres, dos siluetas de espaldas, cogidas de la mano, frente a un río en el que se pone el sol. No se distingue nada más que la forma de los cuerpos y la línea que une las dos manos. Es una imagen que se repite en mis clips con mucha frecuencia y que todavía no me cansa.

Dos viejos bajo las bombillas

Al segundo sesenta y seis se hace de noche otra vez. Una calle de casas bajas encaladas, con las puertas pintadas de verde, y una guirnalda de bombillas que la recorre de punta a punta. Por el centro pasea una pareja mayor, del brazo, mientras un chaval pasa en bicicleta. Tres segundos después la cámara se acerca a ellos: él con camiseta oscura, ella con vestido claro, caminando sin prisa.

La terraza de madera

Al segundo setenta y dos, una pareja joven se abraza en una terraza de madera con techo de vigas, asomada a un valle verde. Ella con un vestido largo, él detrás, rodeándola con los brazos. Al fondo, colinas y más colinas.

El abrazo junto al río

Al segundo setenta y ocho, otra pareja se abraza en la orilla de un río con el sol bajando entre los árboles. Es el tercer río del vídeo y no será el último. Todo el clip está cosido con agua: el río del cañón, el río al atardecer, el lago, el embarcadero.

La guitarra en el porche

Al segundo ochenta y uno aparece la guitarra. Una pareja mayor sentada en los escalones de un porche de madera: él toca una guitarra acústica y ella se apoya en su hombro y lo mira. Detrás, una casa de tablones claros con ventanas altas y una enredadera.

Fotograma del videoclip de «Que isso»: una pareja de pelo blanco, de espaldas y abrazada, mira un río ancho al atardecer con montañas suaves al fondo

La guitarra va a ir pasando de mano en mano durante el resto del vídeo, como si fuera el hilo que une a todo el pueblo.

Dos chicos en el trigal

Al segundo ochenta y siete llega la primera pareja de dos hombres. Caminan de frente a la cámara por un campo de hierba alta, cogidos de la mano, con una nube de polvo dorado detrás levantada por el viento y el sol de la tarde. Uno lleva camiseta gris; el otro, una camisa oscura abierta sobre una camiseta blanca.

No hay nada en el montaje que los separe del resto. No hay una música distinta, ni un plano más largo, ni una pausa. Entran igual que entraron los demás y se van igual. Esa era exactamente la idea.

Contraluz bajo el porche

Al segundo noventa y tres, una pareja se abraza bajo un porche de vigas de madera, con el sol detrás colándose por el hueco. Ella va de blanco y el vestido se ilumina con el contraluz, como si estuviera hecho de la misma luz que entra.

Otra vez el porche de las vasijas

Al segundo noventa y seis volvemos con la pareja de pelo blanco del porche de las vasijas, que ahora pasea cogida de la mano hacia la cámara. Es la segunda vez que salen. Me gustaba que los mayores tuvieran continuidad, que no fueran un cameo.

La plaza de piedra

Al segundo ciento dos, otra pareja mayor se abraza en una plaza de piedra con escalinata, casas de piedra a los lados y macetas en los balcones. Al fondo, sentado en un escalón, alguien toca la guitarra. Es la segunda guitarra del vídeo.

Dos chicas en el embarcadero

Al segundo ciento ocho, dos chicas sentadas en el borde de un embarcadero de madera, descalzas, con los pies colgando sobre el agua, frente a un lago al atardecer. Por encima pasa una guirnalda de bombillas apagadas, todavía sin encender. Una le habla a la otra y la otra se ríe.

Igual que los chicos del trigal, entran sin ceremonia. El vídeo las trata exactamente como trata a la pareja del corral o a los viejos del porche: como parte del paisaje del pueblo.

La cabaña en el prado

Al segundo ciento once, una chica con vestido blanco largo y un chico con camisa blanca caminan por un prado de hierba dorada, hacia una pequeña cabaña de madera. Ella va un paso por delante; él la sigue. El sol, detrás de ella, la recorta.

El beso entre los árboles

Al segundo ciento diecisiete, de noche, una pareja se besa entre árboles iluminados con guirnaldas de bombillas, junto a un lago. Todo es azul oscuro salvo los puntos de luz amarilla. Es el plano más íntimo del clip, y también el más breve.

La guitarra en la plaza de noche

Al segundo ciento veintitrés volvemos a la plaza, ya de noche, con las bombillas encendidas entre las fachadas. Un señor mayor toca la guitarra sentado y, a su lado, una mujer con un pañuelo rosa en el pelo lo mira y sonríe. Es la tercera guitarra.

El lago de los postes

Al segundo ciento veintinueve, una pareja joven se da la mano frente a un lago tranquilo con unos postes de madera clavados en el agua. Él con chaqueta, ella con el pelo largo suelto. Hay algo de despedida en el plano, aunque nada en el vídeo dice que se despidan.

Dos chicos y una guitarra

Al segundo ciento treinta y dos, dos chicos sentados en el borde de una tarima de madera, en una calle de piedra con guirnaldas encendidas. Uno toca la guitarra y el otro lo mira de cerca, con el brazo casi rozándole. La cuarta guitarra del vídeo la tienen ellos.

Me hace gracia cómo, sin buscarlo del todo, el montaje acabó convirtiendo la guitarra en un objeto que se pasan todas las parejas: la tiene el viejo del porche, el de la plaza de piedra, el señor del pañuelo rosa, estos dos chicos. Es la música del pueblo y es de todos.

La novia junto al granero

Al segundo ciento treinta y ocho aparece una novia. Vestido blanco de cola, al lado de un granero de madera en mitad de un prado, con un chico que la acompaña. El sol se cuela entre los dos. Es el primer indicio de que el vídeo está acercándose a una fiesta grande.

El baile del prado

Y la fiesta llega al segundo ciento cuarenta y cuatro. Un prado al anochecer con unos postes de madera de los que cuelgan hileras de bombillas formando un techo de luz. Debajo, varias parejas bailan agarradas, entre ellas dos novias vestidas de blanco, y alrededor hay invitados que hacen corro. Es una boda de campo, o una verbena, o las dos cosas a la vez.

Los postes con bombillas son exactamente el tipo de decorado que se monta en las fiestas rurales: cuatro palos, unos cables y ya está. No hace falta más.

El abrazo en la plaza

Al segundo ciento cuarenta y siete, una pareja se abraza en una plaza empedrada llena de guirnaldas, mientras un chico pasa por detrás andando. Es el momento en que el vídeo parece decirte que todas estas parejas viven en el mismo sitio y se cruzan por la calle.

Mike Sain't Louis con gorra y camiseta oscura junto a un fotograma de «Que isso»: dos siluetas de espaldas, cogidas de la mano, frente a un río donde se pone el sol

El viejo de la guitarra en el banco

Al segundo ciento cincuenta y tres, una pareja joven de pie junto al río, y a su lado, sentado en un banco de madera, un hombre mayor con sombrero que toca la guitarra para ellos. Es la quinta guitarra, y es la única que suena para otros: la pareja escucha, de pie, con las manos cogidas.

Dos parejas en el trigal

Al segundo ciento cincuenta y nueve, dos parejas en un campo al atardecer, con una casa de madera al fondo: una chica de blanco con su chico y una chica de rojo con el suyo. El sol queda justo entre los dos grupos, como un foco.

Dos chicas bajo las guirnaldas

Al segundo ciento sesenta y dos, de noche, dos chicas se abrazan frente con frente bajo una guirnalda de bombillas, en un patio con una casa de piedra detrás. A un lado, un chico toca la guitarra para ellas. Es la segunda pareja de mujeres del vídeo, y esta vez la guitarra es suya.

Los viejos en el embarcadero

Al segundo ciento sesenta y ocho llega otro de mis planos preferidos, que es la imagen grande de esta entrada. Una pareja mayor sentada de espaldas al borde de un embarcadero, frente a un río que refleja las montañas azules y el último sol. Él la rodea con el brazo por los hombros; ella apoya la cabeza en él. No se mueven.

Es la imagen que mejor resume el clip. Una pareja que lleva toda la vida junta, mirando el mismo paisaje que han mirado mil veces, sin necesidad de decirse nada.

Dos chicos de la mano, de espaldas

Al segundo ciento setenta y cuatro, la segunda pareja de dos hombres. Esta vez de espaldas, en un trigal verde, con camisas claras, cogidos de la mano, y el sol justo en el hueco que queda entre los dos cuerpos. Es la imagen que he elegido para la portada de este texto.

Si el primer plano del vídeo eran dos jinetes cabalgando juntos hacia el sol, este es su espejo a pie. Dos personas, un camino, una luz al fondo.

El vestido dorado bajo el porche

Al segundo ciento setenta y siete, una chica con un vestido largo de color dorado y un chico con camisa blanca bajo un porche de vigas de madera, con el sol entrando desde atrás. Se miran de frente, a un paso de distancia.

Los jinetes, por tercera vez

Al segundo ciento ochenta y tres vuelven los jinetes. Mismo camino de tierra entre colinas, misma luz dorada, mismo paso tranquilo. Ya no hace falta explicar nada: el vídeo se cierra sobre sí mismo.

La guitarra apoyada en la pared

Al segundo ciento ochenta y nueve, la pareja mayor de la plaza de piedra se abraza otra vez, y detrás, apoyada contra una pared, hay una guitarra sola. Nadie la toca. La música, por un momento, se ha quedado sin dueño.

La iglesia blanca

Al segundo ciento noventa y dos, la última fiesta. Una plaza empedrada delante de una iglesia blanca de dos torres, con banderines de colores cruzando el cielo azul de la tarde. Una pareja baila en primer término: ella con un vestido blanco corto y flores en el pelo, él con camiseta blanca. Gira, la sujeta, vuelven a girar.

Es el decorado de una plaza colonial brasileña de manual, y es también el decorado de una plaza de pueblo andaluz. Los banderines del principio vuelven aquí para cerrar el círculo.

El último abrazo y el lecho del río

Al segundo ciento noventa y ocho, una pareja se abraza delante de una casa encalada. Y al final, hacia el segundo doscientos uno, la última imagen: el cañón del principio, ahora visto desde más lejos, con el río casi seco, y una pareja diminuta que camina por el lecho de piedras hacia el fondo.

No hay cartel de cierre, ni título final, ni nada. El clip termina con dos personas pequeñísimas que se alejan dentro de un paisaje enorme.

Cómo está construido

Visto entero, el vídeo tiene una estructura muy sencilla. Hay tres imágenes que funcionan como estribillo visual: los dos jinetes (al principio, hacia el segundo veintisiete y casi al final), el agua (ríos, lagos, embarcaderos, la playa) y las bombillas (en el patio, en las calles, en el prado, en la plaza). Entre esas tres columnas van entrando y saliendo las parejas.

He contado más de treinta apariciones de parejas. Hay jóvenes y mayores, hay novias, hay parejas de un hombre y una mujer, hay dos parejas de hombres y dos parejas de mujeres, y hay parejas que repiten. Ninguna tiene nombre. Ninguna habla. Ninguna tiene una historia que se pueda contar con palabras. Y sin embargo, al final del vídeo tienes la sensación de conocer un pueblo entero.

El otro hilo es la guitarra. Aparece cinco veces en manos distintas y una sexta vez sola, apoyada en una pared. Es el único objeto que viaja de una escena a otra.

Lo que no está: los vaqueros de la portada

Quien conozca la portada de la canción se habrá dado cuenta de una ausencia. En la portada hay una pareja de vaqueros de tupé engominado, con la ropa llena de bordados y flecos, frente con frente, en una composición que recuerda a los carteles de películas del Oeste. En el vídeo no hay ninguno de los dos.

Ficha de la canción «Que isso» con su carátula de dos vaqueros frente con frente: disco «El día de la liberación», canción 72 de 273, letra y producción de Mike Sain't Louis

Lo que hay son sus sombras: dos jinetes de espaldas que cabalgan juntos. Me gustaba que la portada fuera la provocación y el vídeo la respuesta tranquila. La portada te dice «mira esto»; el clip te dice «y esto otro, y esto otro, y esto otro, y no pasa nada».

No es la única vez que el planeta se viste de vaquero. La portada de «Boys from the Village» también juega con hebillas, bigotes y tirantes, y en el clip de «Sol e Lua» hay un vaquero sertanejo con un chico de camisa vaquera bajo el sol y la luna.

Brasil en el planeta

«Que isso» es una de las canciones del planeta que miran hacia Brasil, y no es la única. «Pura magia» está entera en portugués. «Sol e Lua» también, y su clip termina con dos toreros que se besan delante de una favela. «Barcelona» tiene toreros abrazados en las azoteas.

Lo que distingue a «Que isso» de esas otras es el tono. Aquí no hay neones, ni favela, ni camillas rosas, ni toreros. Hay campo, porches, gallinas, ríos y bombillas de fiesta. Es la cara rural, la del sertanejo, la de las fiestas de San Juan. Si «Pura magia» es la noche de una ciudad, «Que isso» es la tarde de un pueblo.

Dónde encaja en el disco

La canción está en «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía, el de la llegada. El primero va del descubrimiento del planeta; el segundo, del deseo de viajar a él; y el tercero, de lo que pasa cuando por fin llegas. El clip encaja ahí de una manera casi literal: este pueblo es lo que te encuentras cuando llegas a un sitio donde nadie te mira raro.

En la canción que da nombre al disco, «El día de la liberación», había palacios, faldas y lavanda. Aquí hay casas de adobe y vestidos de algodón. Son dos maneras distintas de imaginar el mismo sitio.

Los mayores también se cogen de la mano

Si tuviera que elegir una sola cosa de este vídeo para defenderla, elegiría a los viejos. La pareja de pelo blanco del porche de las vasijas, la que pasea bajo las bombillas, la que se abraza en la plaza de piedra, la que mira el río desde el embarcadero.

En mis canciones la vejez aparece a menudo, y no siempre con ternura. En «Envejecer» está la pregunta por esa imagen de dos viejitos de la mano que uno se había prometido y que no llegó. En «Que isso» esa imagen sí llega, y llega varias veces. Puede que sea la forma que tengo de contestarme a mí mismo.

La mirada del público

Vuelvo al título. «Que isso» es una reacción. Necesita que alguien vea algo y se sorprenda. El vídeo, en realidad, deja esa reacción fuera de cuadro: dentro del pueblo nadie se sorprende de nada. Los chicos del trigal pasan junto a los viejos del porche y nadie se gira. Las chicas del embarcadero se ríen y nadie las señala.

La sorpresa, entonces, queda para quien está al otro lado de la pantalla. Y la pregunta que deja el clip es sencilla: si dentro del pueblo es todo tan normal, ¿por qué sigue sorprendiendo fuera?

No tengo una respuesta redonda. Lo que tengo es un vídeo de tres minutos en el que, durante ese rato, la pregunta no hace falta.

Para verlo y para llevártelo

El clip entero está en Planeta Gayfolk, y en la ficha de «Que isso» cuento lo que veo en su portada. Si te apetece tenerla para la próxima fiesta de pueblo, o para una tarde de porche, puedes escucharla y bajarla gratis desde la página de descargas, sin registrarte y sin pagar nada.

Una última imagen

Me quedo con la del final. Dos personas diminutas caminando por el lecho de un río casi seco, dentro de un cañón enorme. No se sabe adónde van, ni si vuelven, ni quiénes son. Solo que van juntas.

Hay vídeos que terminan con un cartel, con un título, con un fundido a negro. Este termina con un camino. Y me parece justo, porque todo el clip va de eso: de gente que ha encontrado con quién andar.

Preguntas frecuentes

¿De qué va el videoclip de «Que isso»? Es un recorrido por un pueblo rural de aire brasileño lleno de parejas que se quieren: jóvenes y mayores, de hombre y mujer, de dos hombres y de dos mujeres, entre ríos, porches, guirnaldas de bombillas y una fiesta en el prado. Empieza y casi termina con dos jinetes de espaldas que cabalgan juntos.

¿Cuándo se publicó y cuánto dura? Se subió a YouTube el 23 de septiembre de 2025, de madrugada (hora de Madrid), y dura 3:24. La canción es la pista 72 de 273 del catálogo y pertenece al disco «El día de la liberación».

¿Salen los vaqueros de la portada en el vídeo? No. La portada muestra a una pareja de vaqueros frente con frente; en el vídeo solo aparecen dos jinetes de espaldas, que funcionan como su eco.

¿Se cita la letra en este texto? No. La letra de «Que isso» todavía no está publicada, así que el texto se basa solo en las imágenes del videoclip y en la descripción de YouTube.

¿Dónde se puede escuchar y descargar? En la página de descargas de mikesaintlouis.com se puede escuchar y descargar gratis, sin registro.

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