
Por Mike Sain't Louis ·
Música para quien no se reconoce en las playlists oficiales
Las listas grandes de las plataformas tienen algo de escaparate de centro comercial. Están bien iluminadas, todo está colocado con criterio y casi nada tiene que ver contigo. Las escucho a veces, como quien pasea por un sitio que no es su barrio, y salgo con la sensación de que el amor que se canta ahí ocurre siempre entre las mismas personas, en las mismas casas y con los mismos problemas.
No me quejo de que existan. Me interesa más la gente que se queda fuera de ellas sin hacer ruido, la que pone una lista de éxitos para limpiar o para ir al gimnasio y, al cabo de un rato, se da cuenta de que lleva media hora oyendo historias que le resultan ajenas. No ofensivas. Ajenas. Como un traje que no es de tu talla y que te pones porque es el que hay.
El oyente que traduce
Mucha gente queer aprende muy pronto a traducir canciones. Cambias el pronombre por dentro, imaginas a otra persona en el lugar del novio o de la novia, ajustas la escena para que encaje en tu vida. Lo haces tan rápido que ni lo notas. Funciona, más o menos. Pero cansa, aunque no lo sepas, igual que cansa hablar todo el día en un idioma que dominas sin que sea el tuyo.
Una de las cosas que buscaba con PLANETA GAYFOLK era ahorrarle ese trabajo a alguien. Que una canción sobre un exnovio sea sobre un exnovio de un hombre gay, sin tener que hacer la traducción. Que el humor salga de situaciones reconocibles para quien ha vivido cosas parecidas. Que el orgullo, la autoestima o la vida de cada día aparezcan contados desde dentro.
No digo que yo sea el único que lo hace. Ni de lejos. Digo que, cuando empecé a escribir estas letras, notaba un hueco concreto en español: canciones de amor gay con humor, con un punto camp y con algo de copla, que no fueran ni de lamento ni de pancarta. Me apetecía llenar ese hueco aunque fuera a mi manera, que es bastante peculiar.
Lo que no cabe en una lista de éxitos
Hay rasgos que hacen difícil que una canción entre en las listas oficiales, y algunos los tengo todos. Escribo en español con giros de España, pero pienso en un público que está repartido entre Europa y América Latina. Hago pop alternativo, que ya es una etiqueta que suele significar «no termina de encajar en ningún sitio». Uso títulos largos y raros. Hablo de vecinas cotillas, de novios de Albacete, de dietas absurdas. Y produzco la música con inteligencia artificial, que para mucha gente todavía es motivo de sospecha.
Con ese currículum, sería raro aparecer en una lista de éxitos. Lo acepto con bastante calma. Lo que no acepto es pensar que, porque no estés ahí, tu público no existe.
Ese público existe, y no es homogéneo. Hay gente joven que me encontró por «Tan Cateto» en TikTok. Me gusta pensar que hay gente en ciudades pequeñas que oye «Mi novio de Albacete» como una broma cariñosa sobre su propio mapa. Hay quien busca algo para poner antes de salir y quien busca algo para escuchar solo, de madrugada. Ninguno de ellos encaja en una categoría de las que usan las plataformas para ordenar el mundo.
Construir otro escaparate
Si las listas grandes no te representan, la alternativa suele ser buscar a mano. Recomendaciones de amigos, listas hechas por otra gente, perfiles pequeños, comentarios debajo de un vídeo. Es más lento y más divertido. Te obliga a escuchar con curiosidad en lugar de dejar que una máquina decida tu humor de la tarde.
Mi forma de ayudar a ese oyente que busca ha sido ordenar mi propia casa. En mikesaintlouis.com cada canción tiene su página, con su videoclip y su letra entera, y hay un buscador para encontrar cosas por palabras sueltas. Las letras están indexadas de la A a la Z. Los 273 singles se pueden descargar gratis, uno a uno, sin registro, y la trilogía GAYFOLK se baja en tres archivos, uno por disco. Lo he montado así porque quería que quien llegue no dependa de que un algoritmo le enseñe la siguiente canción. Puedes pasear por ahí como por una tienda de discos de barrio, sin dependiente que te empuje hacia la caja.
La trilogía, de hecho, está pensada como un antídoto contra la escucha a trocitos. Los tres discos, del «Descubierto un nuevo planeta» al «Ojalá se pudiera viajar» y de ahí a «El día de la liberación», van encadenados como capítulos: dar con un sitio donde por fin cabes tal como eres, morirte de ganas de llegar y, al final, llegar. Es lo contrario de una lista oficial, que mezcla canciones de mil sitios para que no pienses demasiado. Aquí te pido que pienses un poco. Con humor, eso sí.
Tengo una contradicción con todo esto. Por un lado, me gusta la idea de hacer música para quien no se reconoce en lo de siempre. Por otro, no quiero que mis canciones sean un gueto, un rincón donde solo entra quien ya sabe la contraseña. Me encantaría que alguien que no es gay ni queer pusiera «La vecina cotilla» y se riera porque también tiene una en su rellano.
Creo que las dos cosas pueden convivir. Una canción escrita desde un lugar muy concreto suele llegar más lejos que una escrita para todo el mundo, porque los detalles se notan. Pero no lo sé con seguridad. A veces pienso que me estoy dando la razón a mí mismo para no tener que cambiar nada.
Lo que sí sé es que no quiero escribir para encajar en una lista. Quiero escribir para alguien que, al oír una canción, deje de traducir durante tres minutos. Si eso ocurre con una persona, me doy por bien pagado. Si ocurre con muchas, mejor, claro. Tampoco voy a fingir tanta modestia.
Mis canciones, ordenadas y sin intermediarios, están en mikesaintlouis.com.