
Por Mike Sain't Louis ·
Las preguntas que nadie me hace
Me preguntan mucho. Casi siempre lo mismo. Si canto (no), si es música de verdad, si no es hacer trampa, cuántas canciones he publicado. Son preguntas que entiendo y que he contestado tantas veces que podría ponerlas en un contestador automático.
Pero hay otras que nunca llegan. Preguntas pequeñas, raras, que me hago yo solo en la cocina mientras se calienta el café. Hoy me las voy a hacer en público, y me las voy a contestar. Que alguien lo haga.
¿Te aburren tus propias canciones?
Sí. Algunas. Y no siempre las que esperarías.
Cuando publicas 273 singles en unos dos años, hay canciones que escuchas tantas veces durante el proceso que al salir ya no las puedes oír. Las conoces demasiado. Es como una palabra que repites mucho y de repente suena extraña, sin sentido.
Lo curioso es que meses después vuelvo a alguna por casualidad y me sorprende. Ya no me acuerdo de las decisiones, de las versiones descartadas, del cansancio. La oigo casi como alguien de fuera. A veces pienso que está bien. A veces pienso que hoy la habría hecho distinta. Nunca la cambio. Lo publicado, publicado está.
¿Qué palabra usas demasiado?
Esta me la debería hacer un editor. No tengo editor, así que me la hago yo.
No te voy a decir cuál es, porque si la digo empezarás a encontrarla en todas mis letras y no podrás dejar de verla. Pero existe. Hay una palabra que se me cuela cuando no sé cómo cerrar un verso, y cada cierto tiempo hago limpieza y la quito de donde sobra. No siempre llego a tiempo.
¿Qué haces con lo que descartas?
Nada. Y eso me da un poco de pena.
Produzco la música con herramientas de inteligencia artificial que dirijo, y eso significa que por cada versión que publico hay muchas que no. Algunas eran malas. Otras eran buenas para otra canción, pero no para esa. Se quedan en carpetas con nombres que ya no entiendo. A veces pienso que debería hacer algo con ellas. Un disco de descartes, por ejemplo. Luego pienso que si las descarté fue por algo, y que publicarlas sería como enseñar la ropa que te probaste y no te compraste.
No lo tengo decidido. Pregúntamelo dentro de un año.
¿Cuál es el título que más te costó?
Me parece mejor pregunta que la del título favorito, que tampoco me hacen.
Los títulos que más cuestan no son los largos. Son los que tienen que hacer dos cosas a la vez: sonar a broma y no serlo del todo. Un título demasiado serio y la canción pierde el humor. Uno demasiado gracioso y nadie se toma en serio lo que viene después. En medio hay un hilo muy fino. Algunos títulos los encuentro en un minuto. Otros los cambio diez veces y el bueno resulta ser el primero.
No te voy a decir cuál fue el peor, porque tendría que tirar de memoria y mi memoria en estas cosas no es de fiar. Lo que sí sé es que un título difícil no avisa. Parece que lo tienes, lo escribes en la portada, lo miras al día siguiente y ya no te convence. Y vuelta a empezar. Con 273 singles, eso ha pasado más veces de las que me gustaría admitir.
¿Te gustaría que alguien cantara tus letras?
Esta me la hago mucho y nunca me la hacen.
Sí. Me encantaría oír una letra mía en una voz que no salga de una herramienta, en un bar, en una fiesta, en una cocina. No para que sea «la versión de verdad», que no existe. Solo para ver qué le pasa a la letra en otra boca. Las letras son mías y son lo que más me importa de todo lo que hago, y una letra que solo existe de una manera es una letra a medias.
No sé si pasará. Me hace ilusión pensarlo.
¿Qué te molesta de tu propia etiqueta?
Me presento como el primer cantautor IA. Lo elegí yo, me gusta y me sirve. Pero tiene un precio, y nadie me pregunta por él.
El precio es que la etiqueta llega antes que las canciones. La gente oye «IA» y ya tiene una opinión, a favor o en contra, antes de escuchar nada. A veces me gustaría que alguien llegara a una canción sin saber nada, la escuchara, se riera o se emocionara, y solo después se enterara de cómo está hecha. Eso casi no pasa. Salvo en TikTok, donde imagino que mucha gente oyó «Tan Cateto» sin leer la descripción. Quizá por eso le tengo tanto cariño a esa canción.
¿Para quién escribes?
Para alguien que vive en Madrid, o en Ciudad de México, o en Buenos Aires, o en un pueblo de cualquier sitio, y que habla español con su acento. Mi público principal está en Europa y en Latinoamérica, y cuando escribo intento que una frase se entienda en los dos lados. A veces no lo consigo. Hay palabras de aquí que allí no significan nada, o significan otra cosa, y me entero tarde.
Pero si tengo que ser más concreto, escribo para alguien que se ríe de sí mismo sin dejar de quererse. No sé si existe mucha gente así. Espero que sí.
La última, la que me haría yo
¿Volverías a empezar?
Sí. Con algunos cambios que no voy a contar aquí, porque si los cuento parecerá que me arrepiento, y no me arrepiento. Solo aprendí cosas que antes no sabía, que es lo que pasa cuando haces algo durante dos años seguidos.
Si tienes una pregunta que nadie me ha hecho, guárdala. Me gustaría oírla.
Mientras tanto, las canciones están en mikesaintlouis.com.