
Por Mike Sain't Louis ·
El videoclip de «Trabalenguas para meter la lengua» plano a plano
Hay canciones que se pueden contar con un solo decorado. Una habitación, una calle, una playa. La cámara se queda quieta y la historia avanza dentro de ese sitio. «Trabalenguas para meter la lengua» no es una de ellas. Es una canción que da vueltas sobre sí misma, que repite nombres hasta marearte, que suma un apellido detrás de otro como quien añade cuentas a un collar. Y un vídeo para una canción así no podía quedarse quieto.
El videoclip dura menos de tres minutos y cambia de escenario cada pocos segundos. Teatro, pasarela, cena con velas, carrusel, campo rosa, alfombra roja, nave espacial, puente nocturno, invernadero, escenario vacío. Es un vídeo que se marea igual que la letra. En este texto lo repaso plano a plano, o al menos bloque a bloque, para contar qué hay en cada imagen y por qué creo que funciona.
Te lo dejo arriba para que lo veas antes o mientras lees. Si quieres la canción explicada desde la letra, ya conté el lío de los León en su entrada. Aquí solo hablo de lo que se ve.
El arranque: un teatro con palcos dorados
El vídeo empieza en un teatro clásico. Palcos dorados a los lados, lámparas encendidas, un escenario en el centro. Sobre ese escenario, dos hombres de pie, uno con traje oscuro y barba, el otro con camiseta de tirantes y los brazos tatuados. Encima de ellos aparece el título, con letras verdes y blancas, casi de cartel de feria antigua.
Me gusta empezar así porque el teatro anuncia lo que viene: esto es un espectáculo. No es un documental ni una historia realista. Es una función, con su telón y su público invisible. Los dos hombres están ahí como dos actores antes de empezar, mirando a cámara, presentándose. Igual que la letra presenta sus nombres en el primer verso.
Hay algo de comedia de enredo en esa primera imagen. Dos personajes, frente a frente con el espectador, como en los carteles de las películas de antes. Ya sabes que habrá líos.
La pasarela rosa y los maniquíes
Enseguida llega uno de los decorados que más se repiten: una pasarela rosa, larga, con columnas a los lados y maniquíes de pie en el fondo. Por ella caminan dos hombres. Uno lleva un abrigo de plumas rosas, casi un vestido de fiesta; el otro, un traje rosa de chaqueta entallada.
La pasarela es un sitio para mirar y ser mirado. Es exhibición pura. Y me parece que encaja porque la canción también es exhibición: un juego descarado, sin vergüenza, que no se esconde. Los maniquíes del fondo son el público perfecto. Están quietos, no juzgan, solo están ahí.
Esa pasarela vuelve varias veces a lo largo del vídeo, con pequeñas variaciones. Una vez el abrigo de plumas se convierte en una especie de tutú rosa, voluminoso, con una falda que parece de bailarina. Es una de las imágenes más camp del vídeo, y de las que más me divierten.
Besos a la luz de las velas
Luego empiezan los besos. El primero, en una cena iluminada con velas: candelabros, copas de vino, cortinas rojas al fondo. Dos hombres se abrazan y se besan junto a la mesa. Uno lleva chaleco y camisa blanca; el otro, los brazos llenos de tatuajes y un pantalón de rayas.
Es la imagen más clásica de todo el vídeo, la del romanticismo de película. Y aparece varias veces, como un estribillo visual. Cada vez que la letra vuelve a la cantinela de nombres, el vídeo vuelve a las velas. Es una forma de dar ritmo: la repetición de la letra tiene su repetición en imagen.
El carrusel
El otro gran decorado que se repite es un carrusel de feria, con sus caballitos de madera pintados y sus luces. Dos hombres se besan entre los caballitos, uno con esmoquin y pajarita, el otro con una camisa estampada y oscura.
El carrusel es la metáfora perfecta del trabalenguas. Da vueltas y vueltas, siempre vuelve al mismo sitio, y aun así es una fiesta. Una canción hecha de nombres que giran sobre sí mismos necesitaba algo que girara. No hay mucho que explicar: los caballitos dan vueltas, los apellidos también.
Un campo rosa con un planeta en el cielo
Hacia el principio del vídeo hay un plano distinto a todos los demás. Un campo lleno de plantas de color rosa intenso, un castillo rosa al fondo, unas torres raras y un planeta en el cielo. En medio, un hombre con traje oscuro y una mujer rubia con un vestido rosa de princesa.
Es el único plano donde aparece una pareja de hombre y mujer, y está colocado en un paisaje que es puro planeta GAYFOLK. Me hace gracia pensar en él como una boda imposible, de cuento, en un sitio que no existe. La letra también tiene su fantasía de boda, y este plano es como su versión de postal.

La alfombra roja: tres en vez de dos
Hay un momento en que la pareja se convierte en trío. En una alfombra roja, con un cordón de terciopelo y una multitud elegante al fondo, tres chicos se abrazan muy juntos. Uno tiene el pelo rizado y una chaqueta bordada con flores; otro, una camisa oscura; el tercero, un traje granate con estampado.
Me gusta ese plano porque rompe la simetría. Hasta entonces todo eran parejas, dos y dos, como los nombres de la letra. De pronto son tres, y eso desordena la cuenta. Es lo mismo que hace la canción cuando a los dos primeros nombres se le suman otros, y la lista se alarga hasta que ya no sabes cuántos León hay.
La alfombra roja, además, conecta con el mundo de la letra, que juega con gente del cine y de la tele. Es el sitio donde se hacen las fotos de los estrenos. Aquí no hay fotógrafos, solo abrazos.
La villana del pelo violeta
En mitad del vídeo aparece el plano más inesperado. Una mujer con el pelo violeta y un vestido oscuro lanza un rayo de luz magenta con las manos, rodeada de figuras sombrías que parecen monstruos. Es una escena de cómic, de película de superhéroes, que no tiene nada que ver con lo que venía antes.
Me encanta que esté ahí precisamente porque no encaja. Un vídeo hecho de besos y decorados románticos necesitaba un susto, una nota de humor absurdo. Es como cuando en una comedia de enredo aparece de repente un personaje que no tiene sentido y todo el mundo se ríe. La villana no explica nada. Solo dispara, y luego desaparece.
El ojo de buey y el planeta azul
Después llega uno de mis planos favoritos. Dos hombres barbudos, uno a cada lado de la imagen, se miran de frente. Entre ellos hay un ojo de buey rosa, como la ventana de una nave espacial, y detrás del cristal se ve un planeta azul enorme.
Es un plano de tensión, casi de duelo. No se besan, se miran. El planeta en medio parece separarlos y unirlos a la vez. Para mí es la imagen del flirteo: dos personas que se observan con un mundo entero entre ellas, y que aún no saben si van a cruzar.
También es el plano que más claramente lleva el vídeo al universo de Planeta Gayfolk, con sus naves y sus planetas. El espacio aparece aquí de la forma más sencilla: una ventana redonda y un mundo al otro lado.
Viajes: una ciudad europea, un velero y un puente
La segunda mitad del vídeo es casi un álbum de viajes. Dos hombres con gafas de sol se besan en una plaza con una cúpula al fondo. Otros dos se abrazan en la cubierta de un velero, al atardecer, con el mar dorado detrás. Y otra pareja se besa en un puente de hierro iluminado de noche, sobre un río, con una torre de televisión al fondo.
Esos tres planos tienen algo en común: son sitios de postal. Son los lugares donde la gente se hace fotos cuando está enamorada. Y aquí aparecen uno detrás de otro, sin explicación, como si la pareja de la canción hubiera recorrido medio mundo en un minuto. Es la fantasía del amor de película, contada a toda velocidad.
El puente se repite varias veces, igual que las velas y el carrusel. Con esos tres decorados el vídeo se construye su propio estribillo visual.
Una noria de noche y un invernadero
Hay también un beso en lo alto de una noria, de noche, con las luces de una ciudad allá abajo y la rueda iluminada al lado. Uno lleva esmoquin con pajarita y el cuello tatuado; el otro, una camisa negra con estampado dorado. Es otra vuelta más, otra rueda que gira, como el carrusel, pero ahora a muchos metros del suelo. El vértigo del enamoramiento, dicho con una atracción de feria.
Y un invernadero, con plantas tropicales y cristal, donde otra pareja se besa entre hojas verdes. Es el único plano verde de verdad del vídeo, y descansa la vista después de tanto rosa y tanto rojo.
La cena de gala
Casi al final aparece una cena de gala en un salón con lámparas de araña. Dos chicos con chaquetas bordadas en dorado están sentados a la mesa, entre velas y copas de vino, y detrás, de pie, un hombre mayor de pelo canoso les apoya las manos en los hombros con cara seria. Es un plano con algo de sainete: la pareja, el testigo, la sospecha.
Es el único momento en que alguien mira desde fuera. Hasta ahora, las parejas estaban solas o rodeadas de gente que no prestaba atención. Aquí hay un observador. Como en la letra, cuando el narrador se defiende de lo que puedan pensar los demás.
El cierre: un escenario vacío y un telón rojo
El vídeo termina donde empezó: en un teatro. Pero ahora el patio de butacas está vacío, y en el escenario solo hay dos hombres con esmoquin que se besan. La cámara se aleja y los deja pequeños en medio del escenario.
Luego llega un telón rojo con unas letras de neón rosa: «Descubierto un nuevo planeta llamado GayFolk». Y, por último, la portada del primer disco de la trilogía, con un planeta rosa y tres chicos abrazados. Es una forma de decir que esta canción forma parte de algo más grande, de un universo con su propio mapa.
Ese final me parece importante. Después de tanto viaje, tanto beso y tanta vuelta, el vídeo regresa al teatro. Todo era una función. La gracia de los trabalenguas es que, por mucho que te líes, siempre vuelves al principio.
Por qué tantos decorados
Alguien podría pensar que tantos cambios de escenario son un capricho. Yo creo que son la forma visual del trabalenguas. Si la letra repite y gira, el vídeo también tiene que hacerlo. Si la letra suma nombres sin parar, el vídeo suma decorados. Si la letra es un juego, el vídeo tiene que parecerse a un juego.
Y luego está el placer de mirar. Este es un vídeo para verlo varias veces y descubrir algo nuevo cada vez: una vela, un caballito, un planeta, una pluma. Mis videoclips están en vídeos, y la letra completa de esta canción, con sus nombres en cascada, la tienes en su página de letras. Si te gusta leerlas despacio, el resto están en letras.
Y si te apetece ver la canción desde el otro lado, desde el Diario de Planeta Gayfolk, allí la contaron como una saga familiar de ficción. Cada web mira la misma canción con otros ojos. A mí me gusta que sea así.