
Por Mike Sain't Louis ·
Dónde escribo: libretas, móvil y notas de voz
Me preguntan a menudo cómo escribo. Casi nunca me preguntan dónde, y para mí es casi más importante. Una letra no nace igual en una libreta que en el teclado del móvil, ni se corrige igual leyéndola que oyéndola. Cada soporte me empuja hacia un tipo de frase distinto. Con el tiempo he acabado usando tres, cada uno para una cosa, y aunque suene a manía de oficinista, creo que esa separación me ha hecho escribir mejor.
La libreta
La libreta es para empezar. Ahí van las ideas sueltas, los títulos posibles, las frases que oigo y que me hacen gracia. No es un sitio ordenado. Hay páginas con una sola palabra subrayada tres veces y páginas con flechas que conectan cosas que ya no recuerdo por qué conecté.
Lo que me da el papel es lentitud. No puedo escribir tan deprisa como pienso, y eso me obliga a elegir. En el móvil apunto todo. En la libreta solo apunto lo que me parece que vale la pena, porque escribir a mano cansa y la pereza hace de filtro. Es un filtro un poco tonto, pero funciona.
También me gusta que en una libreta no se borra nada. Lo tachado sigue ahí, visible. A veces, semanas después, vuelvo a una página y el verso que tacharía hoy es el que necesito para otra canción. En una pantalla ese verso habría desaparecido para siempre con un toque.
El móvil
El móvil es para cuando estoy fuera. Madrid es una ciudad que se escucha mucho: conversaciones en el metro, gente que habla por teléfono a gritos en la calle, camareros que tienen frases mejores que muchas canciones. Cuando oigo algo que me interesa, no hay tiempo para sacar la libreta. Saco el móvil y lo escribo tal cual, con faltas de ortografía si hace falta.
Tengo una nota en el móvil que es un caos absoluto. Frases sin contexto, títulos a medias, palabras que me gustan por cómo suenan. Si alguien la leyera pensaría que he perdido la cabeza. Parte del trabajo consiste en volver a esa nota de vez en cuando y rescatar lo que sigue vivo.
El móvil tiene un peligro, y es que todo lo que escribo ahí parece provisional. No me lo tomo en serio. Eso es bueno para apuntar sin miedo, pero malo para terminar una letra. Nunca he terminado una canción en el móvil. Ahí empiezan cosas. Se acaban en otro sitio.
Hay otra trampa. Como el móvil también es donde están las redes, a veces abro la nota para apuntar una frase y acabo veinte minutos después viendo vídeos de otra gente, con la frase olvidada. He aprendido a apuntar primero y mirar después. Me cuesta. No siempre lo consigo.
Las notas de voz
Esto es lo que más sorprende cuando lo cuento. Grabo notas de voz. No para cantar, que no es lo mío, sino para oír cómo suena una frase dicha en voz alta.
Hay frases que en el papel funcionan y dichas se tropiezan. Y frases que escritas parecen sosas y en voz alta tienen un ritmo estupendo. Mis letras están hechas para que alguien las escuche, no para que alguien las lea, así que necesito oírlas. Me grabo leyendo una estrofa en un tono normal, casi de conversación, y luego me escucho. Es incómodo, como oír tu voz en un contestador. Pero me enseña cosas que no veo de ninguna otra manera.
Por ejemplo, me enseña dónde respiro. Si en mitad de un verso tengo que coger aire, el verso es demasiado largo o está mal partido. Y me enseña qué palabras se comen a otras. En español hay sílabas que se pegan entre sí y que en el papel no parecen problema hasta que las dices.
Esto es especialmente importante porque mi público está en España y también en América Latina. Una frase que a mí me suena natural puede tener un acento demasiado madrileño, una expresión que fuera de aquí no se entiende o un giro que suena raro con otra entonación. Al oírla, en lugar de leerla, me doy cuenta antes de esas cosas. No siempre las cambio. A veces lo local es justo lo que le da gracia a la letra. Pero prefiero decidirlo sabiendo lo que hago.
Las notas de voz también sirven para otra cosa. Cuando una idea me llega caminando, a veces es más rápido decirla que escribirla. Me grabo diciendo la frase y alguna explicación de por qué me gusta. Luego, al escucharla en casa, a veces no entiendo nada. Pero otras veces está ahí entera, esperando.
El ordenador, al final
Hay un cuarto sitio del que no he hablado porque es el menos romántico. El ordenador. Ahí es donde todo se junta: lo que viene de la libreta, lo que rescato del móvil, lo que he aprendido de las notas de voz. Ahí paso la letra a limpio, la corto, la ordeno y la dejo lista para trabajar la música.
Y es también donde la letra acaba su recorrido. Cuando una canción se publica, la letra completa va a su página en mikesaintlouis.com. Me hace gracia pensar que algo que empezó como un garabato en una libreta, o como una frase oída en el metro, termina en una web ordenada alfabéticamente, en dos idiomas, con su videoclip al lado.
No creo que haya un soporte mejor que otro. Creo que cada uno sirve para un momento de la canción, y que confundirlos me ha hecho perder tiempo. Si tienes la costumbre de escribir siempre en el mismo sitio, prueba a cambiar de soporte cuando te atasques. A veces el problema no es la letra. Es el sitio.
Las letras, ya pasadas a limpio, están en mikesaintlouis.com.