México ·
Un abanico se cierra de golpe y no hace falta decir nada más: por qué lleno de capas, sal y silencio mis videoclips
Columna de Mike Sain't Louis, artista indie alternativo de Madrid y «el primer cantautor IA», sobre lo que aprendió al ver despacio, cada cuatro segundos, el videoclip de «Soy marica sideral»

Madrid, 25 de octubre de 2026
Por Mike Sain't Louis
Hace unos días me senté a ver uno de mis propios videoclips como si fuera de otro. Lo puse en pausa cada cuatro segundos, igual que quien hojea un catálogo de moda para quedarse con cada vestido. Era el de «Soy marica sideral», que dura dos minutos y treinta y un segundos. Salí de ahí convencido de algo que llevaba tiempo intuyendo: las imágenes pueden decir lo que una letra solo insinúa, siempre que uno se atreva a callar.
Escribo esta columna para contar lo que vi y lo que me sugiere. Las lecturas son mías. Ustedes pueden quedarse con otras.
Un título de fanzine en un paisaje de perfume
El clip arranca sin rodeos. Sobre un salar enorme aparecen mi nombre y el título en letras negras gordas, recortadas como estampas sobre franjas de color: lila suave para «Mike», un amarillo ácido, casi fosforescente, para «Sain't Louis» y para «Sideral». Están un poco chuecas, como si alguien las hubiera pegado a las prisas en la carpeta de la secundaria.
Detrás ya camina la primera figura: una mujer de pelo largo, toda de negro, con botas de tacón y una capa transparente que el viento le despega del cuerpo. El suelo es blanco y está cuarteado en placas, como barro seco blanqueado. Al fondo, una cordillera azulada y un atardecer con nubes encendidas.
Me gusta ese choque: título de fanzine, paisaje de anuncio de perfume. Resume la canción. Una letra de barrio metida en un decorado de lujo. La marica sideral no viene de un palacio. Viene de la calle, pero camina como si el suelo fuera suyo.
Brillar sin hacer ruido
Luego entra otra figura, de blanco y plata: un body brillante y una capa larga, plisada, que se abre como un abanico gigante con cada paso. Viene directo a la cámara, con lentes oscuros y la barbilla alta. Su sombra sobre la sal es larguísima porque el sol está muy bajo.
El video regresa a ella varias veces, siempre en el mismo salar, siempre caminando hacia nosotros. Es un estribillo visual. Cada vez que la canción vuelve a la idea de brillar sin escándalo, la imagen vuelve a esa mujer que avanza sin correr, sin bailar, sin voltear. En la letra lo escribí así:
Yo camino sin ruido, y ahora brillo sin stress.
No hay nada más silencioso que un desierto de sal. Ni coches, ni público, ni música de fondo en ese paisaje. Solo alguien que camina y una tela que suena con el viento. Esa es la forma de brillar que defiendo: no gritar para que te vean, sino ocupar tu lugar con tanta calma que al final es imposible no mirarte.
Sé que hay quien piensa que el orgullo tiene que ser estridente. A veces lo es, y está bien. Pero a mí me interesa también ese otro orgullo, el que no levanta la voz y no pide permiso.
El abanico como argumento
Hacia el segundo doce cambia el decorado. Desaparece la sal y llegan las dunas, color arena rosada, bajo un cielo que se ha vuelto lila. En el centro hay un muchacho con una chaqueta negra bordada en plata, de corte militar, con charreteras y botonadura. En la mano, un abanico abierto.
Es el primero de muchos. En el clip hay abanicos por todas partes: blancos, negros, dorados, de plumas de pavo real, de plumas azules. Para mí es el objeto perfecto para esta canción. Es accesorio de folclórica y de cabaret, de señora en misa de doce y de drag en el escenario. Sirve para echarse aire, para esconderse y, sobre todo, para cerrarlo de golpe cuando alguien dice una tontería. Es un gesto que no necesita palabras.
Ese muchacho no hace nada espectacular. Se queda quieto, de frente, con el abanico a la altura del pecho. Es la primera aparición de algo que el clip repite mucho: hombres con ropa de ceremonia que sostienen un objeto con toda la seriedad del mundo. No hay discurso. Hay una imagen sostenida el tiempo suficiente para que tú hagas la pregunta.
Por qué dirijo así
He dirigido más de 280 videoclips para PLANETA GAYFOLK. Escribo todas mis letras; la música y la interpretación vocal las hago con inteligencia artificial, y la dirección artística es mía de principio a fin. Lo que me enseñó este clip, visto a cámara lenta, es que mis mejores imágenes son las que no explican. Una capa, una sombra larga, un abanico que se cierra. Dejan espacio.
En México conocen como pocos el valor de un gesto: la mirada de una diva del cine de oro, el rebozo bien puesto, el desplante que no necesita diálogo. Me gustaría que quien vea este video desde allá reconozca esa misma lengua. El clip va de la sal al fénix, y prefiero que el final lo descubran ustedes.
Si quieren saber más sobre la letra y sobre el volumen de la pluma, lo conté en otro texto de mi blog. Este era sobre lo que se ve.
Dónde verlo y escucharlo
Toda mi música se escucha y se descarga gratis en https://mikesaintlouis.com, con la letra de cada canción. También está en Spotify, Deezer y las principales plataformas. El recorrido escena a escena, en mi blog: https://mikesaintlouis.com/blog/de-la-sal-al-fenix-el-videoclip-de-soy-marica-sideral-escena-a-escena
Sobre el autor
Mike Sain't Louis es un artista indie alternativo con base en Madrid y se presenta como «el primer cantautor IA». Letrista, compositor, productor musical, director artístico y CEO de su sello independiente, MIKE SAIN'T LOUIS, ha publicado en unos dos años 273 singles y más de 280 videoclips. Su pop alternativo queer, descarado y camp, va del electropop a la copla y la balada; «Tan Cateto» se hizo viral en TikTok en 2024. Su trilogía GAYFOLK –«Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK» y «El día de la liberación»– narra el viaje a un planeta donde cada persona puede vivir tal como es.
Contacto de prensa
Correo: info@mikesaintlouis.com Sitio web: https://mikesaintlouis.com Instagram: @planetagayfolk