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España ·

Elogio del muñeco que lo dice todo: por qué mis canciones hablan con la boca de otro

Tribuna de Mike Sain't Louis, artista indie alternativo de Madrid y «el primer cantautor IA», sobre la ventriloquía, los cuentos con moraleja y el villano de mercadillo de «Doña Rogelia»

Mike Sain't Louis, hombre de pelo negro rizado y barba, con americana de terciopelo marrón y camisa crema abierta, sentado en un sillón de cuero y mirando hacia un lado en un salón de estilo antiguo con piano vertical de madera, cuadros con marco dorado y una lámpara encendida.
Mike Sain't Louis, con americana de terciopelo marrón, sentado en un salón antiguo con un piano de madera al fondo.

Madrid, 25 de octubre de 2026. — Por Mike Sain't Louis

Los que crecimos delante de la tele en España tenemos una abuela de trapo en la memoria. Moño, gafas, cara de no haber roto un plato y una lengua capaz de tumbar a un regimiento. Doña Rogelia, la muñeca de Mari Carmen, decía en horario familiar cosas que ninguna persona de carne y hueso se habría atrevido a soltar en un plató. Y no pasaba nada. Porque lo decía la muñeca.

Llevo tiempo dándole vueltas a ese truco. Tanto, que acabé escribiendo una canción con su nombre. Y hoy quiero explicar por qué ese mecanismo, el de dejar que hable el muñeco, es la herramienta que más uso cuando escribo.

El hueco entre la mano y la boca

La ventrílocua ponía cara de sorpresa, como si la culpa fuera de otra, y el público se reía dos veces: por la burrada y por la cara. Eso, que parece un chiste de sobremesa, es en realidad una de las formas de humor más inteligentes que existen. Hay un desplazamiento. La responsable de la frase no es quien la pronuncia, sino un personaje inventado. Y en ese hueco pequeñito entre la persona y el muñeco cabe la verdad sin que te linchen.

Yo hago lo mismo. Mis canciones están llenas de narradores que se pasan tres pueblos: insultan con nombre y apellido, se ponen de diva o de víctima, mandan a alguien a un sitio que aquí no voy a repetir. Me preguntan a menudo si soy así. La respuesta honesta es: un poco, sí. Pero no tanto.

Le doy la frase a un personaje. Ese personaje tiene permiso para exagerar, para ser injusto, para ser cruel durante tres minutos. Y yo, el autor, me quedo detrás con la mano dentro del muñeco y la boca cerrada.

No es cobardía, es oficio

Habrá quien piense que esto es esconderse. No lo es. Hay cosas que, dichas en primera persona y en serio, sonarían a ajuste de cuentas y no harían reír a nadie. Dichas por un personaje desatado, con ritmo de verbena y una base para bailar, se convierten en otra cosa: en sátira, en catarsis colectiva, en algo que quien escucha puede corear a gritos pensando en su propio villano.

Porque todos tenemos uno. En «Doña Rogelia» se llama el coordinador de mercadillo, y conviene aclararlo: es un personaje. Un villano de saldo que se pasea por varias de mis letras como ese actor secundario que repite en todas las temporadas de una serie. No es una persona con DNI. Es un molde donde cada uno mete a quien le dé la gana.

Escribo todas mis letras, cada palabra. La música y la interpretación vocal las hago con inteligencia artificial, que dirijo como herramienta de producción. Así que, en cierto modo, soy ventrílocuo dos veces: presto mis frases a un personaje y la voz que las dice tampoco es la mía. Lo que sí es mío es todo lo que se dice.

Érase una vez un portazo

La canción empieza como empiezan los cuentos que te contaban para dormir: «Esta es la historia de cómo una vez…». Y esa primera frase engaña a propósito. Te prepara para un lobo y una caperucita, y lo que llega es una presentación de feria, una lista de defectos con porcentaje y, al final, la anciana más famosa de la ventriloquía española convertida en vara de medir.

Arrancar así coloca todo en el terreno de la fábula. Ya no es un mensaje directo a nadie: es un relato con moraleja. Y las fábulas tienen reglas. El listo que se cree superior acaba humillado. El que roba se queda sin nada. El que se ríe de los demás termina siendo el hazmerreír. Mi canción las cumple al pie de la letra, con la solemnidad de quien lee el final de «El traje nuevo del emperador», ese momento en que por fin alguien dice en voz alta que el rey va desnudo.

Me encanta mezclar ese tono de abuelito junto a la chimenea con un vocabulario que no aparece en ningún cuento infantil. Es otra capa de ventriloquía: el narrador se disfraza de cuentacuentos, y debajo del disfraz hay una loca con muy mala uva.

Con ustedes, el villano

Hay un momento de la letra que funciona como número de circo: «Con ustedes, de mercadillo, el coordinador». Es la fórmula del maestro de ceremonias que sale al centro de la pista, levanta el brazo y anuncia al siguiente artista. Solo que aquí el anunciado es el malo, y la presentación es una humillación con focos.

Ese es el truco barato del muñeco. Y lo digo con todo el cariño del mundo, porque los trucos baratos, bien hechos, son los que más duran.

Por qué lo defiendo

Vivimos un momento en el que se nos pide que todo lo que decimos sea literal, que cada frase de una canción sea una declaración jurada del autor. Yo reivindico lo contrario. Reivindico el personaje, la exageración, el camp, la abuela de trapo que dice lo que nadie se atreve. Para muchos gays, ese humor fue una forma de sobrevivir a cosas que no tenían ninguna gracia.

En la foto que acompaña este texto estoy sentado en un salón antiguo, con un piano detrás y americana de terciopelo, con cara de señor serio. No te lo creas del todo. Es otro muñeco.

«Doña Rogelia» se escucha y se descarga gratis, con su letra, en https://mikesaintlouis.com, como el resto de mis canciones. También está en Spotify, Deezer y las principales plataformas. Y si quieres la versión larga de este texto, está en mi blog: https://mikesaintlouis.com/blog/que-hable-el-muneco-ventriloquia-cuento-y-venganza-en-dona-rogelia

Sobre el autor

Mike Sain't Louis es artista indie alternativo con base en Madrid y se presenta como «el primer cantautor IA». Letrista, compositor y productor musical, director artístico y CEO de su sello independiente, MIKE SAIN'T LOUIS, sin discográfica ni intermediarios. Ha dedicado unos dos años a construir PLANETA GAYFOLK: 273 singles, más de 280 videoclips y la trilogía formada por «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK» y «El día de la liberación». Mucha gente lo descubrió en 2024 por «Tan Cateto», viral en TikTok. Con ayuda profesional, convierte en canciones años de relaciones con parejas narcisistas para que quien haya vivido algo parecido se sienta visto y creído.

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