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Una ampolla y un fogonazo: «Flash» verso a verso, del lodo a la conexión

«Flash» cabe en una servilleta. Ocho renglones de estrofa, tres de estribillo, y todo lo demás es repetición. Precisamente por eso me apetecía mirarla con lupa, línea a línea, porque en una letra tan corta cada palabra carga con mucho peso y cada pequeño cambio, una mayúscula, un salto de renglón, una coma, se nota más que en una canción larga. Lo hago con el videoclip abierto al lado, porque las imágenes vuelven literal casi todo lo que el texto apunta de pasada.

Una aclaración que conviene hacer pronto: soy el primer cantautor IA: letrista, compositor y productor musical. Yo pongo las palabras y la producción; música e interpretación vocal se hicieron con IA. Subí el clip a YouTube un 20 de noviembre de 2024, cuando en Madrid faltaban dos minutos para las cinco de la tarde. Son tres minutos y veinte segundos. En la descripción pegué «Letra:» seguido del texto y una ristra de unas cuarenta etiquetas. Cada fragmento que copio aquí viene de ese texto, idéntico al que conserva esta página, sin tocar una coma.

Por aquí existe otra lectura, la que parte de el barro y la flor que nace de él, con la historia de la fotografía con magnesio y la cultura del ballroom. No lo repito. Mi idea ahora es otra: qué palabra ocupa cada sitio, qué varía de una vuelta a la siguiente y qué imagen acompaña a cada tramo.

Las cuentas primero

La letra publicada tiene cincuenta y un renglones con texto, contando las tres veces que aparece la etiqueta «Estribillo:». Distintos, solo doce. Hay doscientas ochenta y tantas palabras en total, pero apenas treinta y nueve diferentes. Pocas canciones mías usan un vocabulario tan corto.

La palabra que más se repite es la del título: «flash» aparece veinte veces. Ocho son la ampolla de las estrofas y doce son el estribillo. Empatada con ella va «la», que es el artículo de la noche y de la conexión. Después, un pelotón de palabras que salen doce veces exactas: noche, cámara, acción, una, el, en. Y otro grupo que sale ocho: el primer renglón completo, palabra por palabra, más brilla y conexión.

Es decir, que la letra está construida como un juego de dos dados. Uno lleva la frase de llegada, la que abre cada estrofa. El otro lleva la fórmula de cine del estribillo. Todo lo demás son variaciones pequeñas alrededor de esos dos dados.

Un estanque a oscuras

Arranca de noche, en un estanque. Un tipo con chaqueta negra de solapas brillantes está metido en el agua hasta la cintura, entre palmeras, bajo guirnaldas de bombillas que cuelgan de postes de madera. Las luces se reflejan en la superficie y el título aparece en letras enormes de neón, «FLASH», con mi nombre en cursiva debajo.

Es una imagen muy rara para empezar una canción de discoteca. No hay pista, no hay bola de espejos, no hay público. Hay un señor trajeado dentro de un charco, como si hubiera llegado a la fiesta por el camino equivocado. Y sin embargo tiene todo lo que luego va a decir la letra: noche, luz, y algo de fango por debajo.

Primera estrofa: llegar

Hoy vengo a darlo todo

El primer renglón es una declaración de intenciones. «Hoy», no mañana, no algún día. «Vengo», en presente, como quien acaba de cruzar la puerta. Y «darlo todo», una expresión que en España se usa para el fútbol, para los exámenes y para las noches de fiesta. Aquí es evidente cuál de las tres toca.

Este renglón sale ocho veces en la letra, siempre al principio de cada media estrofa. Es la frase de entrada, la que se dice al llegar, y por eso se repite cada vez que la canción vuelve a empezar. Funciona como el sello de quien entra en el club: cada vez que suena, alguien acaba de llegar otra vez.

Me he puesto una ampolla flash

El segundo renglón cambia de tiempo verbal. Ya no es presente: es pretérito perfecto, «me he puesto». Algo que ocurrió antes de llegar, en casa, delante del espejo. La ampolla flash es uno de esos tratamientos de cosmética que prometen un efecto inmediato en la piel, una cara de buena noche en diez minutos. Que la canción ponga ese gesto de neceser en el segundo renglón, antes incluso de hablar del baile, es una forma de decir que la noche empieza antes de salir.

Y aquí está el primer truco de la letra: la palabra «flash» entra en la canción como nombre de un producto de belleza, no como destello de cámara. Cuando más tarde llegue el estribillo, la palabra ya estará en el aire, y podrá cambiar de sentido sin que nadie se dé cuenta.

Marco el baile y el modo

Tercer renglón, otra vez en presente. «Marcar» es un verbo de pista: marcar el paso, marcar el ritmo, marcar territorio. Lo que se marca aquí son dos cosas: el baile, que se entiende, y «el modo», que es más vago. El modo de estar, el modo de llevar la noche, el modo de entrar. Me gusta esa palabra porque deja sitio para que cada cual meta lo que quiera.

Fíjate en la rima: todo, modo. Y dentro de dos renglones vendrá la tercera pieza de esa familia. Son tres palabras en «-odo» que sostienen el castellano de la estrofa.

Noche de club, hago mi smash

Cuarto renglón, y la rima cambia de idioma. «Flash» rimaba con nada hasta ahora; aquí aparece «smash» para emparejarse con él. Es la palabra del golpe de tenis, del éxito rotundo, del gran momento. Hacer un smash es pegar fuerte, dejar huella. La estrofa termina con el cuerpo ya instalado en la noche y haciendo algo que se nota.

La estructura queda así: dos rimas en castellano (todo, modo) alternadas con dos rimas en inglés (flash, smash). Un idioma para la intención y otro para el efecto. El castellano dice qué se viene a hacer; el inglés pone el ruido.

Segunda estrofa: lo que se trae

La segunda media estrofa repite los dos primeros renglones exactamente igual y cambia los otros dos.

Mike Sain't Louis con camiseta de tirantes, recortado como pegatina sobre papeles rasgados de colores, junto al verso «Soy una queen saliendo del lodo» de «Flash»
Soy una queen saliendo del lodo

Este es el renglón más importante de la letra, y el único que habla de dónde viene quien llega. Hasta aquí todo era presente de pista. De pronto, un pasado: el lodo. No se dice qué lodo. Puede ser una mala semana, una mala racha, una mala relación. La letra no lo concreta, y hace bien.

Lo que sí dice es la postura: «queen». No una chica normal saliendo del barro, sino una reina. La palabra en inglés tiene aquí todo el peso de la cultura drag y de la pista, donde «queen» es elogio y es identidad. Y el gerundio, «saliendo», dice que la salida está ocurriendo ahora mismo. No ha salido del todo: está saliendo, con el barro todavía en los tobillos.

Hay un detalle de la letra publicada que me gusta mucho: la primera vez que aparece este renglón, «queen» va en minúscula. Las otras tres veces, en mayúscula: «Queen». Como si la reina se fuera haciendo más reina a medida que avanza la canción. La primera vez es casi un mote; a partir de la segunda, ya es un título.

Y la rima: lodo cierra la familia que abrieron todo y modo. Darlo todo, marcar el modo, salir del lodo. Leídas solas, las tres palabras finales cuentan la historia entera de la canción en tres sílabas cada una.

Bailando en la disco siento el crash

El último renglón de la estrofa completa la familia inglesa: flash, smash, crash. Tres palabras de una sílaba que terminan igual. Si «smash» era el golpe que uno da, «crash» es el golpe que uno recibe. Es ese segundo en el que el bombo te atraviesa el pecho, cuando el bajo entra y el cuerpo deja de pensar. También puede ser un choque. La letra no lo resuelve, y la ambigüedad funciona: en la pista, el éxtasis y el accidente a veces se parecen.

Fíjate en que el renglón empieza con gerundio, «bailando», igual que el anterior terminaba con otro, «saliendo». Dos gerundios seguidos, dos acciones que están pasando a la vez. Se sale del lodo bailando.

Las imágenes de la estrofa

Mientras suenan estas estrofas, el vídeo trabaja con dos ideas. La primera es el agua: el trajeado continúa dentro del agua de bombillas, que poco a poco se llena de niebla blanca hasta que casi no se le ve. En varios planos solo asoma la cabeza entre el vapor, como alguien que está a punto de hundirse o a punto de salir.

Fotograma del videoclip de «Flash»: un hombre con traje marrón salpicado de barro camina por un camino embarrado entre coches antiguos aparcados y palmeras, con gente mirando al fondo

La segunda idea es el barro. Aparecen planos de otro hombre, también trajeado, caminando por un camino embarrado lleno de coches antiguos aparcados a los lados, entre palmeras, con gente mirando desde lejos. Tiene el traje salpicado de lodo de arriba abajo. Y hay primeros planos de una cara cubierta de barro seco, agrietado, con un ojo que brilla en azul.

Es la ilustración casi literal de «una queen saliendo del lodo». El vídeo no se anda con metáforas: si la letra dice lodo, pone lodo. Lo que añade es la elegancia. Nadie sale del barro en chándal; aquí todos llevan traje, corbata y solapas. Esa es la parte queen.

El estribillo: tres palabras de rodaje

El estribillo arranca con «Flash, cámara, acción» y sigue sin pausa hacia el brillo y la conexión. Toma la fórmula de los rodajes, «luces, cámara, acción», y cambia la primera palabra. Donde iba «luces», va «flash». La palabra que dos renglones antes era una ampolla de belleza ahora es un destello. Es el mismo sonido con otro sentido, y la letra no avisa del cambio.

La segunda parte del renglón tiene un verbo en imperativo o en presente, según cómo se lea: «brilla en la noche». Puede ser una orden a quien escucha, brilla, o una descripción, algo brilla. Me gusta que no se sepa. Y el final, «es la conexión», cierra con la palabra más abstracta de toda la letra. Conexión con quién: con el ritmo, con otra persona, con uno mismo. La letra tampoco lo dice.

Las rimas del estribillo son todas en «-ión»: acción, conexión. Ninguna otra palabra del texto acaba de ese modo. Las estrofas riman en «-odo» y en «-ash»; el estribillo, en «-ión». Tres familias de rima para dos ideas: llegar y brillar.

Este renglón largo suena dos veces seguidas y luego llega un tercer renglón que solo tiene la fórmula, sin el resto: flash, cámara, acción. La frase se corta justo antes de brillar. Como si alguien gritara «¡acción!» y ahí empezara la escena, que ya no cabe en la letra.

Las cuatro versiones del estribillo

El estribillo suena cuatro veces, pero no siempre está escrito igual. Es algo que únicamente se aprecia leyendo, y me parece uno de los detalles más curiosos de la letra.

Tarjeta con los cuatro estribillos de «Flash» tal como están escritos: la primera y la tercera vuelta en renglones enteros con la etiqueta «Estribillo:», la segunda sin etiqueta y la segunda y la cuarta con la conexión partida en otro renglón

La primera vez va precedido de la etiqueta «Estribillo:» y cada frase larga ocupa un solo renglón, con un punto final. La segunda vez no lleva etiqueta y las frases largas se parten en dos: la imagen de brillar se queda arriba, con una coma, y la conexión baja al renglón siguiente con mayúscula. La tercera vez vuelve la etiqueta y vuelven los renglones largos. La cuarta, la etiqueta se queda pero las frases se vuelven a partir.

Alternancia perfecta: entero, partido, entero, partido. Al leerlo, el estribillo parece respirar de dos maneras distintas. Cuando va entero, es una consigna que se dice de un tirón. Cuando va partido, la conexión llega con un pequeño retraso, después de un salto de línea, como si hubiera que esperarla.

Y otra cosa: la palabra «Estribillo:» sale tres veces, nunca cuatro. El estribillo que no está etiquetado es justo el segundo, el que llega después de la segunda tanda de estrofas, en mitad de la canción. Como si en ese momento la letra estuviera tan metida en la pista que se olvidara de rotularse.

Las imágenes del estribillo

En el vídeo, los estribillos coinciden con lo más llamativo. Hay primeros planos de un hombre con los ojos encendidos de neón, uno verde y otro rosa, delante de unas montañas moradas como de cartel de los ochenta. Hay siluetas a contraluz con los ojos convertidos en dos faros azules, en plena oscuridad. Y hay fogonazos: en un momento, la silueta del hombre del traje desaparece en una explosión de luz azul y blanca que llena toda la pantalla, como el disparo de un flash gigante.

Cinco franjas verticales del videoclip de «Flash»: el hombre trajeado dentro del estanque de bombillas, unos ojos de neón verde y rosa, una silueta con ojos azules encendidos, un desierto con sol a rayas y otro con luna rosa gigante

Hay también un plano que me encanta: una mano abierta hacia la cámara con un estallido de luz azul en la palma, como si fuera la mano la que dispara el destello. Es la versión más clara de la palabra del título: la luz sale del cuerpo.

El otro escenario del estribillo es un desierto naranja con un sol enorme a rayas, de esos de las portadas de música sintética de los años ochenta, y un coche antiguo aparcado en la arena. Más adelante, el mismo desierto de noche, con una luna rosa gigante, un astronauta de pie a un lado y una nave con forma de platillo al fondo. El hombre del traje, ahora con una chaqueta de estampado de mármol, posa delante de todo eso como si estuviera en una sesión de fotos en otro planeta.

El tramo rosa

Hacia la mitad del vídeo, el estanque del principio cambia de color. El agua se vuelve fucsia, la niebla se vuelve rosa, las bombillas siguen colgando de los postes, y él continúa con el agua por la cintura. Al final de este tramo, el humo rosa es tan espeso que la figura casi desaparece.

Para mí es la misma escena del principio después de pasar por el estribillo. Ya no es un estanque oscuro con luces blancas: es una piscina de color, de fiesta. La letra no ha cambiado una palabra, pero el vídeo nos dice que algo sí ha cambiado: quien estaba dentro del agua sigue dentro, pero ahora el agua es de otro color.

La tercera y la cuarta vuelta

Las estrofas tres y cuatro repiten exactamente los mismos renglones que la primera y la segunda. Lo único que cambia, como ya he dicho, es la mayúscula de la reina. La letra es tan repetitiva que cualquier variación se convierte en noticia.

¿Por qué repetirlo todo tal cual? Porque la música de club funciona así. No se viene a escuchar una historia que avanza; se viene a entrar en un bucle hasta que el cuerpo deja de contar. En el diario lo expliqué con una idea que sigo suscribiendo: en la pista, repetir no es pereza, es hipnosis. Vuelves a la misma frase hasta que deja de significar y empieza a mover.

Y sin embargo, como en cualquier mantra, la repetición cambia el sentido. La primera vez que suena «hoy vengo a darlo todo» es una promesa. La octava vez ya es un hecho: se está dando todo, ahora mismo, en la pista. Las mismas cuatro palabras pasan de futuro a presente sin cambiar una letra.

Ausencias

En «Flash» no hay ni una sola persona además de quien habla. No hay «tú», no hay pareja, no hay amiga, no hay nadie con quien bailar. Los pronombres son todos de primera persona: vengo, me he puesto, marco, hago, soy, siento. La conexión del estribillo es lo único que apunta a alguien más, y ni siquiera dice a quién.

Tampoco hay lugar concreto. Club y disco son palabras genéricas, sin nombre. No hay ciudad, no hay calle, no hay barra. Y no hay tiempo más allá de «hoy» y «noche». Es una noche cualquiera de un sábado cualquiera, en una discoteca cualquiera.

Esa ausencia es lo que permite que la canción le sirva a cualquiera. Cuanto menos se concreta, más sitio queda para meter la propia noche. Quien la escuche puede poner su barro, su ampolla y su pista.

El final del vídeo

Lo último que aparece es la imagen del álbum inicial, el del planeta recién encontrado: tres hombres con esmoquin ante un planeta rosa. Es el mismo cartel con el que cierran otros vídeos de esa época, y aquí tiene sentido, porque después del desierto con astronauta y platillo volante, acabar en un planeta rosa es casi la conclusión natural. El hombre que salía del barro ha llegado a otro mundo.

Frívola a propósito

Hay quien escucha una letra así y piensa que no dice nada. Una ampolla, un baile, un destello. Pero la frivolidad también es una postura. Arreglarse para salir, ponerse guapa a conciencia y entrar en un sitio pisando fuerte es una manera de ocupar espacio, sobre todo para quien ha pasado años intentando no llamar la atención. En el diario lo dije así: la frivolidad tiene su política.

Por eso me importa que la reina salga del lodo y no de una limusina. El brillo de «Flash» no es el de alguien a quien todo le ha ido bien. Es el de alguien que trae el barro puesto y decide maquillarse por encima. Allí escribí también que la purpurina se pega mejor sobre algo con textura, y sigo pensando que esa es la clave de la canción entera.

La producción acompaña esa idea: un pulso electropop directo, sin adornos, que no se distrae con nada. Un bombo que marca, unos sintetizadores con aire de los ochenta y la fórmula del estribillo dicha una y otra vez. No hace falta más para que una pista se mueva.

Hashtags

La descripción de YouTube acumula unos cuarenta hashtags. Muchas repiten frases de la letra convertidas en lema: ampolla flash, queen saliendo del lodo, noche de club, baile y modo, cámara acción, brillo en la noche. Otras marcan el estilo: pop dance, música disco, electropop, retrofuturista, música retro, pop futurista. Esas dos últimas describen muy bien el vídeo: soles de los ochenta, coches antiguos, astronautas y ojos de neón. Y otras hablan de la queen de la pista y de la queen de la noche, que es exactamente el personaje.

Vecinas de lista

«Flash» forma parte del primer disco, y si recorres la discografía completa de la web la encuentras en el número 186 de 273. Justo antes va «Dubai», cuyo videoclip recorre túneles de neón rosa entre rascacielos, y justo después «Autopsia del insomnio», con un título que ya avisa de cómo acaban algunas noches.

Dentro del planeta, la pista de baile tiene varias hermanas. «Tattoo de Fénix» lleva un ave fénix tatuado en el pecho en plena pista, que es otra manera de renacer bailando. «La primera drag de Benidorm» es la cara oscura de la misma noche: alguien que se arrastra con los tacones rotos. Y «No Contact» tiene su propia queen en la pista, que tiembla pero no se cae. Las tres miran la noche como el sitio donde uno se rehace, o donde se rompe del todo.

Puedes ver las imágenes enteras en la ficha de la canción en Planeta Gayfolk, y leer el texto, con sus cuatro estribillos alternos, en la sección de letras. Si te apetece llevártela para arreglarte un sábado, puedes escucharla y descargarla gratis en mi página de descargas, sin pagar ni registrarte.

Para mí es la canción del último minuto delante del espejo: la ampolla puesta, las llaves en el bolsillo y doce renglones distintos para cruzar la puerta.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Flash»? De una noche de club. Quien habla llega dispuesto a darlo todo, con una ampolla de belleza recién puesta, marca su baile, se presenta como una reina que sale del barro y siente el golpe de la música en la pista. El estribillo convierte la noche en un rodaje: flash, cámara, acción.

¿Qué es una ampolla flash? Un tratamiento de cosmética de efecto inmediato que se aplica en la cara antes de salir para que la piel parezca descansada. En la canción da nombre a todo: la palabra «flash» empieza siendo la ampolla y en el estribillo pasa a ser el destello de una cámara.

¿Por qué se repite tanto la letra? Porque es una canción de club, y en la pista la repetición funciona como un mantra. La letra tiene cincuenta y un renglones pero solo doce distintos. Los cambios son mínimos: una mayúscula en la palabra «Queen» y la forma en que se parte el estribillo.

¿Qué se ve en el videoclip? Un hombre trajeado metido hasta la cintura en un estanque con guirnaldas de bombillas, que luego se vuelve rosa; un camino embarrado con coches antiguos; caras cubiertas de barro; ojos de neón; un desierto con sol de los ochenta, luna rosa, astronauta y platillo volante; y varios fogonazos de luz azul.

¿Dónde puedo verlo y escucharla? En la ficha de la canción de esta web, en su página de Planeta Gayfolk y en el canal oficial de YouTube, donde se publicó el 20 de noviembre de 2024.

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