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Un chico de chaqueta roja entre espejos que estallan: «Mirror» y sus reflejos en Planeta Gayfolk

Hay un chico en Planeta Gayfolk que no puede pasar delante de un espejo sin que el espejo reviente. Lleva una chaqueta roja de cuero, una camiseta blanca de cuello redondo y unos vaqueros, el pelo rubio peinado hacia arriba, y camina por pasillos interminables mientras a su alrededor el cristal se hace añicos. Es el protagonista del videoclip de «Mirror», y durante dos minutos y cuarenta segundos no hace otra cosa que andar hacia delante.

Este texto es un recorrido por ese pasillo. No cito la letra, porque aún no está colgada en mi página de letras y aquí no reproduzco nada que no esté publicado. Me quedo con lo que se ve: los espejos, las copias del chico, los colores de cada tramo y ese final en el que todo se convierte en polvo brillante.

Para quien no me conozca: soy Mike Sain't Louis, el primer cantautor IA: letrista, compositor y productor musical (música e interpretación vocal hechas con IA). Las canciones, su sonido y sus vídeos forman un único mundo, Planeta Gayfolk, y «Mirror» es una de sus habitaciones más extrañas.

Un domingo de octubre, dos estrenos seguidos

El vídeo de «Mirror» se publicó el domingo 12 de octubre de 2025, a las 19:44 hora de Madrid. Una hora y pico después subí otro, el de «Can't Wait», y por eso en la lista del canal aparecen pegados: «Mirror» es el vídeo 58 de 276, justo detrás de aquel y justo delante de «Green Fire». En el catálogo es la pista 112 de 273, dentro del tercer disco, «El día de la liberación», y le precede «Sunset Boulevard».

Me hace gracia esa vecindad, porque los dos vídeos de aquel domingo tienen un pasillo de espejos. En «Can't Wait» es una escena breve: un chico sin camiseta y con pantalón rojo recorre una galería dorada de espejos con cristales rotos por el suelo. En «Mirror» esa idea se convierte en el vídeo entero. Es como si aquella tarde hubiera abierto una puerta y luego no hubiera podido cerrarla.

La ficha de la canción, con su botón de descarga, está en la página de «Mirror», y el vídeo completo en su sala de Planeta Gayfolk.

Etiquetas en lugar de explicación

Debajo del vídeo no escribí ningún texto. Solo dejé etiquetas, y releídas ahora funcionan como pistas de lo que quería contar. Hay unas que hablan del tipo de vídeo: #CinematicMusic, #SymbolicVideo, #RetroVisuals, #VisualPoetry, #ExperimentalVideo. Hay otras que hablan de lo que hay debajo: #EmotionalArt, #IntrospectiveMusic, #MentalHealthAwareness, #BodyImage, #MusicForHealing. Y hay una que lo sitúa en casa: #GayFolkUniverse.

Me interesa sobre todo #BodyImage, la imagen del cuerpo. Un espejo es el sitio donde te encuentras contigo cada mañana, y no siempre te gusta lo que ves. A veces lo que devuelve el cristal no se parece a lo que sientes por dentro. Este vídeo no lo explica ni da lecciones sobre eso. Lo dibuja: un chico que se mira y el reflejo se rompe.

Otra etiqueta que me hace sonreír es #ModernFlamenco. Quien escuche la canción sabrá por qué la puse; quien solo vea el vídeo no encontrará ni un volante ni una guitarra. Esa distancia entre lo que suena y lo que se ve también es muy de este planeta.

El rótulo: un pasillo dorado y un espejo ovalado

El vídeo arranca con el rótulo. El chico de la chaqueta roja está de pie en un pasillo oscuro lleno de lucecitas doradas, como bombillas de camerino desenfocadas, y a su lado flota un espejo ovalado con marco dorado. Debajo, en letras de neón rosa y cursivas, el título y mi nombre.

En el siguiente plano el fondo se vuelve rojo y rosa, cubierto de purpurina como el interior de una caja de bombones. A cada lado del chico hay un espejo con marco rojo, y en vez de cristal tienen purpurina negra. No reflejan nada. Son espejos que no devuelven la imagen, solo brillo.

Un poco después los dos espejos aparecen enmarcados en madera rojiza, con la superficie negra y vacía, uno a cada lado de él. El chico está entre los dos, con la mirada al frente, como un rey de naipe entre dos ventanas cerradas. Y entonces empieza a romperse todo.

El primer estallido

El primer espejo que estalla lo hace en una nube de fragmentos blancos y rosados que llenan la pantalla. Detrás, entre los trozos que vuelan, apenas se distingue la chaqueta roja. En el plano siguiente el chico está de espaldas, en un pasillo negro, y a su alrededor flotan pedazos de cristal y de algo rojo, como pétalos o como trozos de la propia chaqueta.

Cinco franjas verticales del videoclip de «Mirror»: el chico de la chaqueta roja junto al espejo dorado, entre marcos de neón, en el pasillo verde, envuelto en polvo violeta y en el pasillo rosa

Lo interesante es que él no se asusta. No se protege la cara, no se agacha, no se aparta. El cristal le revienta al lado y él sigue andando. Es el gesto que se repite durante todo el vídeo, y creo que es lo que más me importa de él: alguien que ya no se detiene ante el espejo.

Un pasillo de flashes y de copias

Después llega el tramo más vistoso. Un pasillo largo con paredes de espejo y estallidos de luz blanca que parecen flashes de fotógrafo o estrellas de cuatro puntas. El chico camina hacia la cámara y, a izquierda y derecha, sus reflejos caminan con él. No son exactamente reflejos: unos van un paso por detrás, otros miran hacia otro lado, otros están de espaldas. Son copias que han decidido tener su propio ritmo.

En otro plano, la galería se ilumina con estallidos amarillos y naranjas, y entre los destellos aparece un espejo redondo enorme, como una lente. A la derecha, dos versiones más del chico, una de frente y otra de perfil, observan desde el borde. Es como si el pasillo estuviera lleno de gente que se parece a él y que no termina de decidir si le acompaña o le vigila.

Marcos de neón y cristales flotando

El tono cambia de repente. El fondo se vuelve azul oscuro y aparecen marcos rectangulares de neón, turquesas y naranjas, como espejos que se han quedado solo en el contorno. Entre ellos flotan fragmentos de cristal turquesa, despacio, como si la gravedad se hubiera olvidado de ellos. El chico mira a cámara muy de cerca, serio, y en su mejilla parece haber una grieta fina, como si la piel también fuera de vidrio.

Es el plano más inquietante del vídeo para mí. Hasta aquí los espejos se rompían fuera. Aquí da la sensación de que el chico mismo podría romperse. Y sin embargo no lo hace: en el plano siguiente sigue andando, entero, con los fragmentos flotando detrás.

El pasillo verde

Luego viene un tramo en verde. Un pasillo largo, de paredes lisas y luz fría, con puertas a los lados y un brillo como de quirófano o de oficina a deshoras. El chico camina hacia nosotros con las manos en los bolsillos de la chaqueta y, en algún momento, gira la cabeza hacia un lado, como si alguien le hubiera llamado desde una de esas puertas.

Es el tramo más silencioso del vídeo, visualmente. No estalla nada, no hay purpurina, no hay copias. Solo un chico en un pasillo. Me gusta que esté ahí, como un respiro en mitad del ruido. Y me gusta también que el color sea verde, el color de las luces de emergencia, el de las salidas.

Tres chicos idénticos en un mar de partículas

Al volver a la galería, el vídeo empieza a jugar con las copias de verdad. En un plano hay tres chicos iguales, con la misma chaqueta roja y los mismos vaqueros, de pie en un paisaje de partículas violetas que parecen nieve de colores o polvo de purpurina en el aire. En otro, tres figuras idénticas caminan en fila por un pasillo oscuro y brillante, cada una a su paso.

Mosaico de cuatro fotogramas de «Mirror» con el chico de la chaqueta roja y sus copias: de espaldas en un pasillo rojo, tres iguales entre partículas violetas, una sala blanca y una galería de burbujas de luz

Hay un plano precioso en una sala blanca donde el chico está en el centro y a cada lado tiene una copia de sí mismo medio transparente, como si fueran fantasmas o reflejos que se han despegado del espejo. Uno de ellos lleva la chaqueta de un rojo más apagado, casi rosa. Son él y no son él.

Cuando pienso en esas copias me acuerdo de lo que pasa cuando alguien se ha pasado mucho tiempo intentando ser lo que otros esperaban. Acaba habiendo varias versiones de uno mismo: la que enseñas en casa, la que enseñas en el trabajo, la que enseñas a quien te hace daño, la que guardas para ti. El vídeo pone a todas en el mismo pasillo y las hace caminar juntas.

Fragmentos que llueven

En la parte central hay una lluvia constante de cristal. Fragmentos verdes y azules cayendo sobre un fondo turquesa, trozos de espejo girando en el aire como hojas en otoño, una pared violeta que se desmorona en polvo. En uno de esos planos el chico está de frente y a su alrededor revientan burbujas, círculos blancos que podrían ser luces desenfocadas o gotas.

Y de pronto, en mitad de una explosión violeta, la chaqueta deja de ser roja. Durante unos segundos aparece de un color azulado y la camiseta brilla en turquesa, como si el estallido le hubiera cambiado el color. Luego vuelve el rojo. Es un detalle pequeño y fácil de perder, pero a mí me encanta: el espejo no solo te devuelve la imagen, a veces te la cambia.

La vuelta del espejo dorado

Hacia el final reaparece el espejo ovalado del principio, con su marco dorado, en el mismo pasillo de lucecitas. Pero esta vez es mucho más grande y está a la altura del chico, a su lado, casi tocándole el hombro. En la superficie, oscura, se ve algo que podría ser su reflejo o podría ser una tormenta.

Me gusta que el vídeo vuelva al principio antes de terminar, porque así el recorrido se convierte en un círculo. Empezamos con un espejo pequeño y quieto, pasamos por cien espejos rotos y volvemos al mismo espejo, ahora enorme. No se ha roto. Sigue ahí. Lo que ha cambiado es el chico, que ya no lo mira igual.

Pasillos blancos y cristales naranjas

En los últimos tramos el chico atraviesa una galería blanca llena de puertas y paneles, con fragmentos naranjas volando como hojas secas. En un plano, a su derecha, en uno de los paneles, aparece su reflejo nítido mientras él camina con las manos en los bolsillos. Por primera vez en mucho rato el espejo funciona como un espejo normal.

Luego hay estallidos violetas de cristal, un espejo naranja que revienta en chispas a su espalda y un pasillo donde el suelo ya está cubierto de trozos. Él camina de espaldas, alejándose, sobre todo ese desastre. Ya no hace falta que nada estalle: ya ha estallado todo, y él sigue andando por encima.

El final: un pasillo rosa y polvo de luz

El último pasillo es rosa. Rosa pálido, con arcos blancos y espejos altos y estrechos a los dos lados, de esos con el borde redondeado que hay en los salones antiguos. Al fondo, una luz azul. El chico avanza hacia la cámara por última vez con su chaqueta roja.

Último plano del videoclip de «Mirror»: una figura de espaldas que se deshace en purpurina azul y rosa en un pasillo rosa de arcos y espejos altos

Y en el plano final está de espaldas, con ropa oscura, en mitad de ese pasillo de arcos, y de los pies le sube una nube de purpurina azul y rosa que se lo va comiendo de abajo arriba. No cae, no se desmaya, no desaparece de golpe. Se deshace en brillo, como si al final él también se hubiera convertido en reflejo.

No es un final triste para mí. Es el final de alguien que deja de pelearse con su imagen. Durante todo el vídeo los espejos han ido estallando a su alrededor; al final es él el que se suelta. Y lo hace en el pasillo más bonito de todos, el rosa, el color del planeta.

La portada: plumas blancas y rímel corrido

La portada de «Mirror» no tiene nada que ver con el chico de la chaqueta roja, y me gusta que sea así. En ella aparece un hombre moreno con una boa enorme de plumas blancas que le envuelve el pecho y los hombros, la cabeza un poco ladeada y la mirada baja. Desde los ojos le bajan regueros de maquillaje negro, como lágrimas de tinta. El fondo es oscuro y el título, a la izquierda, va en letras altas y finas, muy separadas.

En la ficha de la canción hablo de un cisne a medio transformar y de cómo lo bonito y lo roto conviven en esa foto. El vídeo y la portada son dos maneras de mirar la misma cosa. En el vídeo el desastre está fuera: los espejos que revientan. En la portada está en la propia cara: el maquillaje que se corre. En los dos casos, nadie pide perdón por él.

Otros espejos del planeta

«Mirror» no es el único sitio del planeta donde un espejo hace de personaje. En «El espejo de enfrente» el espejo se lleva hasta el título, y en su vídeo aparecen espejos de mano junto al mar. En «Gaslighting» la protagonista se planta delante del cristal para decir aquí estoy, y en su vídeo hay un cuarto de espejos amarillos donde una bailarina de azul se multiplica. En el vídeo de «No Contact» hay un hombre hecho de espejos.

Y luego está «Contact Overwhelms Me», con sus salas vacías, que comparte con «Mirror» la sensación de estar solo en un sitio enorme. La diferencia es que allí alguien se esconde del contacto, y aquí alguien camina hacia delante aunque todo se rompa. Si una es el refugio, la otra es la salida.

Por qué un chico de los años cincuenta

El chico del vídeo tiene una estética muy concreta: chaqueta roja de cuero, camiseta blanca, vaqueros, tupé rubio. Es el uniforme del rebelde de las películas antiguas, el del chaval que no encaja en casa y se va por ahí con la chaqueta puesta. Lo puse en la etiqueta #RetroVisuals sin más explicación.

Me gusta usar ese uniforme en un vídeo sobre espejos porque ese tipo de chico siempre ha sido, en el cine, alguien que se mira mucho y se entiende poco. Duro por fuera, roto por dentro. Aquí el vídeo le quita la pose: no hay coche, no hay pandilla, no hay chica a la que impresionar. Solo él y su reflejo, en un pasillo donde nadie le ve más que él mismo.

Una sola caminata

Si se mira el vídeo de un tirón, se ve que está construido como una sola caminata. La cámara va casi siempre delante del chico, retrocediendo, y él avanza hacia ella. Cuando no, la cámara va detrás y le vemos la espalda. Pero nunca se para. No hay un plano en el que el chico se siente, se apoye en una pared o se quede quieto delante de un espejo para mirarse con calma.

Eso cambia lo que significa el título. Un espejo, normalmente, es algo ante lo que te paras. Te detienes, te miras, te arreglas el pelo, te vas. Aquí no hay tiempo para eso. El chico pasa por delante de los espejos como quien pasa por delante de escaparates en una calle larga: de reojo, sin frenar. Y cada vez que lo hace, el cristal revienta.

Hay algo de alivio en esa manera de moverse. Como si el vídeo dijera que la solución no es quedarse mirando el reflejo hasta entenderlo, sino seguir andando hasta que el reflejo deje de mandar. Los pasillos cambian de color, los espejos cambian de forma, las copias aparecen y desaparecen, y lo único fijo es el paso del chico, siempre al mismo ritmo.

También me gusta que los pasillos no lleven a ningún sitio concreto. No hay una puerta final, ni una habitación a la que llegar, ni nadie esperando al fondo. Hay más pasillo. Y cuando por fin el vídeo termina, no es porque haya llegado, sino porque se ha deshecho en el camino. El viaje es el sitio.

Lo que veo yo en esos espejos

Durante veinte años estuve en dos relaciones que me hicieron mucho daño, una detrás de otra. Cuando por fin salí y quise contar lo que había pasado, hubo gente cercana que se puso del otro lado. Mis canciones acabaron siendo la manera de dar mi versión, y hoy sigo en tratamiento psicológico y psiquiátrico, mucho mejor que entonces.

Foto real de Mike Sain't Louis en blanco y negro junto al texto «Romper el espejo para volver a mirarte con tus ojos»

No cuento esto para explicar «Mirror», porque el vídeo no habla de nadie en concreto. Lo cuento porque, cuando lo veo, reconozco algo. Después de tantos años escuchando a otros decirme quién era yo, el espejo dejó de ser fiable. Lo que veía no coincidía con lo que sentía. Romper esos espejos, aunque sea en un vídeo, aunque sea con purpurina, tiene algo de recuperar la mirada propia.

Si te pasa algo parecido, hablar con alguien de confianza o con un profesional ayuda mucho. En España, el 024 atiende de forma gratuita y confidencial a cualquier hora, y en una emergencia está el 112.

Escucharla y descargarla

Puedes bajarte «Mirror» gratis, igual que todo lo que he publicado, en mi página de descargas, sin registro ni pago.

Si te apetece verla después de oírla, prueba a fijarte solo en las manos del chico. Casi siempre las lleva en los bolsillos. Solo las saca cuando ya está rodeado de cristales. Es un detalle que no planeé del todo y que ahora me parece el centro del vídeo.

Tres detalles para la próxima vez

Primero, los espejos sin cristal del principio, rellenos de purpurina negra. Son los únicos que no reflejan nada, y son los únicos que no estallan.

Segundo, el cambio de color de la chaqueta, del rojo al azul y otra vez al rojo, en mitad de una explosión violeta. Dura muy poco. Hay que estar atento.

Tercero, el último plano. Fíjate en que el chico ya no lleva la chaqueta roja cuando se deshace en purpurina. Se ha quitado el uniforme antes de irse.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se publicó el videoclip de «Mirror»? El domingo 12 de octubre de 2025, a las 19:44 hora de Madrid, en el canal oficial de YouTube de Mike Sain't Louis. Dura dos minutos y cuarenta y un segundos.

¿En qué disco está «Mirror»? En «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía de Planeta Gayfolk. Es la pista 112 de 273 del catálogo.

¿Qué pasa en el videoclip? Un chico rubio con chaqueta roja de cuero recorre pasillos dorados, azules, verdes, blancos y rosas mientras los espejos estallan a su alrededor y aparecen copias de sí mismo. Al final, de espaldas, se deshace en purpurina en un pasillo rosa de arcos.

¿Quién sale en la portada? Un hombre con una boa de plumas blancas y maquillaje negro corrido bajo los ojos, sobre fondo oscuro, con el título en letras altas y separadas.

¿Se puede descargar gratis? Sí. Toda la música de Mike Sain't Louis se puede escuchar y descargar gratis, sin registro, desde la sección de descargas de mikesaintlouis.com.

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