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«Un amor que no puede fallar»: el novio con garantía en «Mejor que Ben Affleck»

Llame ya. Las existencias son limitadas. Si no queda satisfecho, le devolvemos su dinero. Todos hemos crecido con esa voz de teletienda de madrugada, la del cuchillo que corta latas y tomates, la de la faja que te quita tres tallas, la del colchón que te cambia la vida. Y cuando leo el estribillo de «Mejor que Ben Affleck», es esa voz la que oigo:

He creado un amor / ¡Que no puede fallar!

Un amor que no puede fallar. Con exclamación incluida, como el precio tachado en el cartel de oferta.

En la ficha de la canción ya conté la lista del novio perfecto, la broma de Jennifer López y el remate del título. Aquí quiero quedarme con esa promesa, la más loca de toda la letra. Porque un novio guapo, inteligente y puntual es una fantasía bastante común. Lo que no es común es que alguien se atreva a decir que no va a fallar. Eso no lo dice ni el cura en la boda.

Y me interesa porque fallar, en el amor, es lo único que de verdad sabemos hacer. Lo demás lo vamos aprendiendo. Fallar nos sale solo.

La teletienda del corazón

La canción está construida como un anuncio. Lo noto en el ritmo de la letra publicada, que repite las cualidades del producto una y otra vez, como esos anuncios que te dicen tres veces el número de teléfono para que no se te olvide. Es guapo. Es inteligente. Es puntual. Es majo. Es sensual. Y luego la garantía. Y luego la comparación con la competencia: mejor que los de antes, mejor que Ben Affleck.

Es la estructura exacta de la teletienda. Primero el problema: los hombres de carne y hueso te fallan. Luego el producto: un novio hecho con inteligencia artificial. Luego las ventajas. Luego el testimonio de la clienta satisfecha. Y al final, la garantía que lo cierra todo.

No es la única vez que me pongo en modo teletienda con el amor. En «3 años de garantía» el narrador ve a un chico anunciado en la televisión, lo pide, se lo traen al salón y hasta le pone una buena opinión en Google. Son primas hermanas, estas dos canciones. Las dos tratan al novio como un electrodoméstico y las dos se ríen de una idea que, si lo piensas, está por todas partes: que el amor se puede elegir de catálogo, como una lavadora de bajo consumo.

Las aplicaciones de ligar funcionan un poco así, ¿no? Filtras por edad, por altura, por distancia, por si fuma o no fuma. Haces la lista de requisitos y esperas a que el catálogo te sirva el producto. La canción solo lleva esa lógica un paso más allá: si vas a elegir de catálogo, mejor fabricártelo tú.

Lo que pasa es que los catálogos no te avisan de lo más importante. Que el producto, cuando llega a casa, nunca es como en la foto.

Guapo, inteligente y siempre puntual

Antes de seguir, quiero detenerme en la lista. Porque de todas las cualidades del novio fabricado, hay una que me parece la más reveladora, y no es «guapo» ni «caliente». Es «puntual».

Fotogramas del videoclip oficial de «Mejor que Ben Affleck», de Mike Sain't Louis

Siempre puntual. Fíjate en lo que dice eso de quien lo pide. Nadie pone la puntualidad en la lista del novio ideal si no ha esperado mucho. Si no ha estado sentado en una terraza de Malasaña mirando el reloj, pidiendo una segunda caña para disimular, haciendo como que lee algo en el móvil mientras el camarero le mira con pena. Si no ha recibido el mensaje de «llego en cinco» que significa cuarenta. Si no se ha arreglado para una cena que empezó una hora tarde y terminó con una excusa.

La puntualidad es una cualidad humilde. No sale en las portadas. Nadie se enamora de alguien porque llega a su hora. Pero quien ha esperado mucho sabe que es una forma de respeto, de decir «me importas lo bastante como para no hacerte esperar». Por eso está en la lista, al lado de guapo e inteligente, como si fuera igual de importante. Para la protagonista, lo es.

Y aquí hay una ironía de colectivo que no me resisto a señalar. La impuntualidad es casi un rasgo cultural en el ambiente. Quedas a las once y la primera llega a las doce menos cuarto, con el pelo todavía mojado y una historia sobre un taxi. Cualquiera que haya salido un sábado por Chueca lo sabe. Así que pedir un novio siempre puntual, en según qué círculos, es pedir directamente un milagro. Normal que haya que fabricarlo.

Y conste que no lo digo con superioridad. Todos hemos llegado tarde alguna vez a citas importantes con la excusa del metro, de la línea 5, de una avería en Callao que no existió nunca.

Majo, caliente, sensual. Todo eso lo puede tener un hombre de verdad, aunque sea a ratos. Puntual siempre, eso ya es ciencia ficción.

Fallar es lo único que sabemos hacer

Vamos a hacer recuento, que en mis letras hay mucho material.

En mis canciones hay novios que llegan tarde, novios que no llegan, novios que llegan con otro. Hay hombres que mienten, hombres que desaparecen, hombres que te dejan por WhatsApp, hombres que vuelven cuando ya no los quieres. Y también, porque es de justicia, hay un narrador que falla muchísimo. Que se enamora del que no debe. Que vuelve cuando no tiene que volver. Que se pregunta, como en «La casa de los mil cadáveres», cómo puede ser tan tonto.

Fallar es lo nuestro. Es lo más humano que tenemos. Y por eso la promesa de un amor que no falla suena tan bien y tan falsa a la vez. Tan bien, porque estamos cansados. Tan falsa, porque sabemos que el día que algo no pueda fallar será porque ya no está vivo.

En «Me rindo» hay unas cuentas muy precisas de lo que cuesta un amor que sale mal: cuarenta partes de culpa repartidas, un tres por ciento de dolor que el otro no siente. Si pones esa canción al lado de «Mejor que Ben Affleck», tienes el antes y el después de la misma historia. Primero te rindes. Luego te fabricas uno que no te obligue a rendirte nunca más.

Yo lo entiendo. Juro que lo entiendo. Hay días en que me fabricaría uno en el salón, con su manual de instrucciones y todo.

Una clienta satisfecha

Hay otro detalle que me gusta mucho y que se ve en la comparación con Jennifer López: la canción está contada desde una protagonista. Es ella quien ha creado al novio. Ella, la clienta satisfecha del anuncio, la que lo enseña a todas sus amigas como quien enseña el bolso nuevo.

Escribir desde otra piel es algo que hago a menudo. No todas mis letras hablan desde un marica madrileño de cuarenta y tantos, aunque muchas sí. A veces la voz que cuenta la historia es una mujer harta, una vecina cotilla, una madre, una diva. Y en este caso, la elección tiene gracia, porque la fantasía del novio perfecto de catálogo es de las que más se le han vendido a las mujeres durante décadas, en las novelas rosa del quiosco, en las revistas, en las telenovelas de la tarde. El príncipe azul era el producto estrella.

La canción coge ese producto y le cambia el fabricante. Ya no te lo trae el destino, ni el príncipe aparece montado a caballo. Te lo fabricas tú, en casa, con inteligencia artificial. La protagonista no espera a que llegue el hombre perfecto. Se lo hace. Es una forma muy de ahora de quitarle el poder a la fantasía: si no llega, lo programo.

Y eso tiene algo de liberación, aunque sea en broma. La clienta ya no depende de que el catálogo acierte.

El listón Ben Affleck

Ahora, la comparación del título. ¿Por qué Ben Affleck?

Mike Sain't Louis como pegatina sobre una página de cuaderno con papeles rasgados, con el verso «Soy como Jennifer López Sin contrato ¡prematrimonial!» de «Mejor que Ben Affleck»

Porque Ben Affleck es el galán de Hollywood que todos tenemos en la cabeza. No el más guapo del mundo, ni el mejor actor de su generación, sino algo más útil: el estándar. El novio de revista. El que sale en las fotos de la alfombra roja con traje bien cortado y en las de los paparazzi con café en la mano y cara de lunes. Es el listón medio del hombre deseable según la prensa del corazón.

Y la canción coge ese listón y lo salta sin esfuerzo. Mi novio fabricado es mejor que Ben Affleck. Con dos exclamaciones al final, por si no había quedado claro.

Me hace mucha gracia esa forma de medir. Porque es como medimos de verdad, aunque no lo confesemos. Comparamos al novio con el ex, al ex con el actor, al actor con el de la portada. Vivimos rodeados de varas de medir que no hemos elegido. Y el amor de carne y hueso siempre sale perdiendo, porque el de carne y hueso ronca, deja los calcetines en el suelo y no tiene un equipo de maquillaje detrás.

El chiste de la canción es que, para ganar a Hollywood, hay que salirse de lo humano. Ningún hombre real puede ser mejor que Ben Affleck en la foto. Solo uno inventado. Y eso, bien pensado, es más triste que gracioso. Pero lo dejo para más adelante.

Bennifer en la peluquería

Aquí tengo que hablar de una educación sentimental que compartimos tantos maricas de mi generación: la de las revistas de la peluquería.

Mientras a las señoras les ponían los rulos, había críos que leían el ¡Hola!, el Diez Minutos, el Lecturas, el Semana. Las bodas de la aristocracia, los divorcios de los toreros, las exclusivas de las folclóricas. Era nuestra telenovela por entregas. Y en esas páginas se aprendían cosas que el colegio no iba a enseñar nunca: que el amor era un espectáculo, que las parejas famosas se rompían con la misma pompa con que se casaban, que siempre había una portada después.

Jennifer López y Ben Affleck fueron una de esas telenovelas. La prensa los bautizó con un solo nombre, Bennifer, como si fueran una marca. Se prometieron, se separaron, siguieron cada uno su vida durante años, volvieron a encontrarse mucho después, se casaron y se volvieron a separar. Todo en portada. Todo con fotos.

Y aquí está la ironía más fina de la canción, la que me hace sonreír cada vez. El listón que usa para medir al novio perfecto es justo el de una pareja que falló. Dos veces. Con todos los medios del mundo. Si ni Jennifer López con Ben Affleck pudo hacer un amor que no fallara, ¿qué esperanza nos queda a los demás? Pues ninguna, salvo fabricarlo.

Lo que enseñaban aquellas revistas, además, es que la prensa del corazón tiene una regla de oro: nadie quiere leer sobre un amor que funciona. Una pareja feliz da una portada, la de la boda. Una pareja que se rompe da veinte: la crisis, los rumores, la foto sin anillo, el comunicado, el reparto de la casa, el nuevo novio de ella, la entrevista de él. El negocio está en el fallo. Y eso, que parece cinismo de quiosco, es también una verdad sobre nosotros: lo que nos engancha de las historias de amor es la posibilidad de que salgan mal.

Por eso la protagonista se compara con Jennifer López. No con la de los escenarios, sino con la de las portadas, la que conoce el amor a lo grande y el desastre a lo grande. «Soy como ella», dice. Pero con un novio que no puede fallar.

Sin contrato prematrimonial

La línea más famosa de la letra es esta:

Collage con un detalle de la carátula de «Mejor que Ben Affleck» y las carátulas de «3 años de garantía», «La casa de los mil cadáveres», «Me rindo», «La shakira y el piqué de todo a 1 euro»
Soy como Jennifer López / Sin contrato ¡prematrimonial!

Y me parece un chiste perfecto sobre el miedo al fallo. Porque un contrato prematrimonial es, en el fondo, un plan para cuando las cosas salgan mal. Es el amor con extintor al lado. Es decir «te quiero» y, en la misma mesa, firmar cómo se van a repartir los muebles el día que dejes de quererme.

La protagonista de la canción no lo necesita. ¿Para qué? Si su amor no puede fallar, no hace falta notario. No hace falta plan B. El novio fabricado viene con garantía de serie, así que el papeleo sobra.

Hay algo muy de pueblo en este chiste, y lo digo con cariño. La idea de que los ricos y famosos necesitan abogados para casarse, y que nosotras, las de a pie, nos casamos a pelo. Lo que pasa es que nosotras luego nos divorciamos igual, solo que sin abogados caros y repartiéndonos el sofá a gritos. Lo de los repartos lo tengo bastante trabajado en las letras, por cierto. En «La Shakira y el pique de Todo a 1 euro» el despecho se convierte en espectáculo de bazar, que es como se hacen los divorcios en mi barrio.

Mucho mejor que los de antes

Hay un verso al final que pasa casi desapercibido entre tanto Ben Affleck, y es el que más me dice:

mucho mejor que los de antes

Los de antes. En plural y sin nombre. Toda una lista de ex resumida en tres palabras. No hace falta contarlos, ni nombrarlos, ni explicar qué hicieron. Los de antes. El lector ya sabe de qué va. Todos tenemos nuestros «los de antes».

Me fascina esa capacidad del lenguaje cotidiano para meter una historia entera en una expresión. «Los de antes» es lo que dice tu amiga cuando le presentas al nuevo: a ver si este es mejor que los de antes. Es lo que dice tu madre con una ceja levantada. Es lo que te dices tú cuando el nuevo te deja en visto por primera vez.

Y la canción hace trampa, claro. Porque cualquier novio fabricado va a ser mejor que los de antes. Es como competir contra un coche que no tiene motor. Los de antes tenían defectos porque eran personas. El nuevo no tiene defectos porque no es nadie.

Ese es el giro que me interesa. La canción no se ríe solo de los hombres que fallan. Se ríe también, un poco, de la protagonista, que ha preferido ganar la competición haciendo trampas a seguir jugando.

Lo que no puede fallar tampoco puede sorprender

Y ahora lo serio. Una sola vez, como siempre.

Ficha de la canción «Mejor que Ben Affleck» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Un amor que no puede fallar es un amor que tampoco puede sorprenderte. Si todo está programado, si llega siempre puntual, si siempre dice lo correcto, si en la cama es siempre pura acción y nunca un desastre de risa, entonces no hay nada que esperar. No hay la noche en que llegó tarde pero con flores robadas de un jardín. No hay la pelea absurda por el mando de la tele que acabó en carcajada. No hay el día en que te dijo una tontería tan grande que te enamoraste otra vez.

Lo que falla es lo que está vivo. Lo que sorprende, también.

Por eso «Mejor que Ben Affleck» es una canción de fiesta y no un manifiesto. La fantasía del novio fabricado es divertidísima durante tres minutos. Te ríes, bailas, le mandas la canción al ex con un mensaje que diga «ya tengo sustituto». Y luego apagas la música y vuelves al mundo de los que fallan. Que es el único donde se puede querer de verdad.

La relación entre la inteligencia artificial y el amor la he tocado más veces. En «He creado un novio con inteligencia artificial» está la misma fantasía contada desde otro sitio. Y yo, que hago la música y las voces de mis canciones con herramientas de inteligencia artificial, tengo muy claro dónde está la frontera: la máquina me ayuda a vestir la canción, pero la letra la escribo yo, con mis fallos, mis ex y mis días tontos. Si un día una máquina escribiera mis letras sin fallar, dejarían de ser mías.

Pista 127, entre El segundo exacto y El canario que miente

En la lista de singles de Planeta Gayfolk, «Mejor que Ben Affleck» ocupa la pista 127 de 273, dentro de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer disco de la trilogía.

Y sus vecinos parecen elegidos con mala idea. Justo antes está «El segundo exacto», donde alguien me dice que lo mío es inteligencia artificial, que le doy a un botón y ya está. Justo después, «El canario que miente», con un hombre de carne y hueso que hace exactamente lo que el novio fabricado nunca haría: mentir.

Es un orden casi perfecto. Primero la discusión con quien desprecia la IA. Luego el novio hecho con IA que no puede fallar. Luego el hombre de verdad que falla con todas sus fuerzas. Como un tríptico de retablo de pueblo, pero con Wi-Fi y con lentejuelas.

En el primer disco de la trilogía todo es primera vez. Aparece un planeta nuevo, y en ese planeta, por lo visto, una de las primeras cosas que se prueba es fabricarse un novio. Me parece muy coherente. Si llegas a un sitio donde las reglas las pones tú, lo primero que haces es arreglar lo que más te dolía en el sitio de antes.

Para quien está harto de los de antes

Si llevas un año de citas que no llegan, de mensajes que no se contestan, de hombres que prometen y no cumplen, esta canción es para ti. Ponla alto. Ríete. Imagínate al novio perfecto, puntual, guapo, sensual, que no te falla nunca, que deja a Ben Affleck a la altura de un extra de serie de sobremesa.

Y luego, cuando acabe, acuérdate de una cosa. La fantasía es para la pista. Para la vida, te va a tocar seguir con los que fallan. Yo incluido, que fallo bastante.

Y si algún día te cruzas con uno que llega puntual, que te hace reír y que además falla de vez en cuando con gracia, no lo compares con Ben Affleck. Ni con los de antes. Ni con el que te fabricarías en el salón. Déjalo ser lo que es, que ya es bastante milagro.

Pero oye, por lo menos con nosotros no hace falta notario.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Mejor que Ben Affleck»? De una protagonista harta de los hombres de carne y hueso que se fabrica un novio con inteligencia artificial, con una promesa de teletienda: un amor que no puede fallar.

¿Por qué aparecen Ben Affleck y Jennifer López? Son la vara de medir de la prensa del corazón. La canción usa a la pareja más famosa de las portadas como listón, y el novio fabricado lo supera.

¿Quién escribió «Mejor que Ben Affleck»? La letra es mía. Soy letrista, compositor y productor musical. La música y las voces están hechas con herramientas de inteligencia artificial como Suno.

¿En qué disco está? Forma parte de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer disco de la trilogía GAYFOLK, y ocupa la pista 127 de los 273 singles.

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