Saltar al contenido
← Canción a canción
Portada del single SÍ, SOY UNA PUTA

Por ·

Sí, soy una puta: el insulto convertido en bandera

Hay palabras que te tiran a la cara desde el patio del colegio. «Sí, soy una puta» coge una de las más gastadas y la devuelve al remitente con una sonrisa y sin bajar la mirada.

Lo que más me importa del título es la primera palabra. Ese «sí» suena tranquilo, sin tono de confesión ni de disculpa, de quien ya ha oído el insulto tantas veces que ha decidido quedárselo y ponerle purpurina. La canción no busca simpatía ni pide comprensión. Si alguien se escandaliza, forma parte del juego.

Para mí va de algo muy concreto: de lo que otros repiten sin pensar. Esa palabra se usa para controlar, para avergonzar, para marcar a quien vive su deseo con libertad, sobre todo si eres gay o si eres mujer. Darle la vuelta con humor es la manera más GAYFOLK que conozco de quitarle el veneno. Con estilo y con una mala leche muy bien educada.

La portada lo deja claro desde el primer vistazo. Nada de callejón oscuro: un rancho a pleno sol, un granero rojo, un molino de viento y una valla de madera. Él con camisa vaquera abierta, gafas de aviador y cinturón de hebilla enorme; ella con camisa de cuadros anudada y shorts. Parece la carátula de un disco country de gasolinera, y esa mezcla de western y descaro le sienta de maravilla. El título, en letras amarillas y rojas de cartel de feria, completa la broma.

Se la dedico a quien alguna vez se haya sentido juzgado por con quién se acuesta, cuántas veces o cómo. Y también a quien juzga, para que escuche un rato y se mire al espejo.

¿El mejor momento? Antes de salir de fiesta, con el pintalabios en la mano. O justo después de que alguien te suelte un comentario que no le habías pedido, para responder sin abrir la boca.

Escúchala en Spotify

Compartir