
Por Mike Sain't Louis ·
Qué significa para mí presentarme como «el primer cantautor IA»
Elegí esa frase sabiendo que iba a molestar a alguien. A los puristas de la canción de autor, por el «IA». A los entusiastas de la tecnología, por el «cantautor», que les sonará antiguo. Y a los que leen con lupa, por el «primero». Tres frentes abiertos con cinco palabras. No está mal para una etiqueta.
Quiero explicar qué quiero decir con ella, porque se presta a malentendidos, y alguno es importante.
Lo que no quiere decir
Empiezo por lo que no es. Yo no canto. No pongo la voz en mis canciones, no las interpreto, no salgo a un escenario con una guitarra. Lo digo así de claro porque la palabra «cantautor» lleva el verbo cantar dentro y es fácil pensar que eso es lo que hago. No lo es.
Entonces, ¿por qué usarla? Porque en español «cantautor» no designa solo a alguien que canta. Designa una forma de entender la canción: alguien que escribe lo que se escucha, que tiene algo que decir en primera persona y que pone su mirada por encima de todo lo demás. La tradición del cantautor tiene que ver con la autoría, con la letra, con la idea de que la canción es de alguien. Esa parte sí es mía.
La parte de autor
Escribo todas las letras de PLANETA GAYFOLK. Ahí está el «autor» de la palabra, y es la mitad que más me importa. Las letras hablan del amor gay, de los exnovios, del orgullo, de la autoestima y de la vida de cada día. Con humor, con camp, con algo de copla. Son mías de principio a fin, con mis títulos, que muchas veces llegan antes que la canción: «La vecina cotilla», «Mi novio de Albacete», «La primera drag».
Cuando un cantautor clásico se sentaba a escribir, tenía algo que contar y una forma propia de contarlo. Yo intento lo mismo. Mi forma es otra, menos solemne, pero el gesto es parecido: alguien se sienta y dice lo que piensa en canciones.
La parte de IA
La música la produzco con inteligencia artificial, concretamente con Suno. Yo la dirijo. Le doy indicaciones, escucho lo que propone, descarto, vuelvo a pedir, elijo. La voz que suena en mis canciones sale de ese proceso, no de mi garganta. Lo digo en la propia etiqueta para que nadie tenga que adivinarlo.
Me gusta que las dos palabras vayan juntas porque cuentan exactamente cómo trabajo: un autor humano con una herramienta nueva. Si hubiera elegido solo «cantautor», estaría escondiendo media historia. Si hubiera elegido algo como «artista IA», parecería que la máquina hace todo y yo miro. Ninguna de las dos cosas es cierta.
También me gusta lo que la palabra dice sobre la dirección. Un cantautor decide cómo suena lo que escribe: más despacio, más alegre, con más drama. Esas decisiones, en mi caso, las tomo dirigiendo la herramienta. Si una canción como «La primera drag» pide brillo y ceremonia, soy yo quien lo busca entre las versiones y quien descarta las que se quedan cortas. La máquina propone. La dirección es mía. Por eso no me siento un impostor usando una palabra con tanta tradición, aunque la use de una forma que nadie habría imaginado hace unos años.
Lo de ser el primero
Esta es la parte que más cejas levanta. ¿El primero, en serio?
Te contesto con sinceridad: no puedo demostrarlo con un certificado. No existe un registro oficial de cantautores IA. Lo que sí puedo decir es que no conozco a nadie que use esa etiqueta en español con un catálogo detrás. Y el catálogo está: 273 singles, más de 280 videoclips, una trilogía de discos. Cuando digo «el primer cantautor IA», lo digo con todo eso detrás, no con una canción suelta.
También hay algo de juego, no lo voy a negar. Ponerse «el primero» tiene un punto de bravuconería, de copla, de artista que se anuncia en el cartel con letras grandes. Me gusta ese descaro. Encaja con mis canciones. Si alguien me demuestra que hubo otro antes, le invito a un café y me pongo «uno de los primeros». No tengo ningún problema con eso, de verdad.
Cuando abrí mikesaintlouis.com, en octubre de 2026, tuve que decidir cómo me presentaba en la primera línea. Ahí no hay espacio para matices. Hay espacio para unas pocas palabras. Pensé en «productor», que es verdad pero frío. En «compositor», que es verdad pero confuso con la IA de por medio. En «director artístico», que suena a cargo de museo.
Me quedé con «el primer cantautor IA» porque es corta, porque se recuerda y porque obliga a hacer una pregunta. Y la pregunta lleva directamente a lo que hago: escribo las letras, la IA da la música y yo la dirijo. Prefiero una etiqueta que provoque una pregunta a una que cierre la conversación.
Hay una cosa que me incomoda y quiero dejarla escrita. Sé que hay quien leerá «cantautor» y se sentirá un poco engañado al enterarse de que no canto. Lo entiendo. Por eso lo explico siempre que puedo, aunque canse. Una etiqueta que hay que explicar tiene un defecto, y lo asumo. Pero todas las etiquetas cortas mienten un poco. Esta, al menos, miente menos que las otras que probé.
Y me gusta pensar que, dentro de unos años, quizá haya muchos cantautores IA y la palabra no sorprenda a nadie. Si eso pasa, me conformo con haber sido de los que la usaron primero, con nombre y apellido.
Todo lo que hago, con las letras completas, está en mikesaintlouis.com.