
Por Mike Sain't Louis ·
Publicar en todas las plataformas sin una discográfica detrás: la parte práctica
Mi nombre lleva un apóstrofo en un sitio raro. Sain't, con la comilla entre la ene y la te. Lo escogí así y no lo cambiaría, pero te aseguro que ese signo me ha dado más trabajo que muchas canciones. Cada vez que publico algo, alguien o algo intenta corregirlo. Un formulario lo quita. Un buscador lo convierte en otra cosa. Una plataforma lo muestra bien y la de al lado no. Así que voy a empezar por ahí, porque resume bastante bien lo que significa publicar música por tu cuenta: la mitad del trabajo es vigilar detalles que nadie ve hasta que salen mal.
Tengo mi propio sello, MIKE SAIN'T LOUIS, y desde ahí he sacado 273 singles en unos dos años. Están en Spotify, Deezer y YouTube. No hay una discográfica grande detrás que lo coordine, ni un equipo que revise las fichas. Lo reviso yo. Esto que cuento no es un manual. Son las cosas que me habría gustado saber antes de la primera subida.
El nombre tiene que ser el mismo en todas partes
Parece una tontería y es lo más importante. Si un día escribes tu nombre artístico de una forma y otro día de otra, las plataformas pueden entender que sois dos artistas distintos. Y entonces tus canciones se reparten en dos perfiles, o peor, acaban en el perfil de un desconocido que se llama parecido. Arreglarlo después es lento y aburrido.
Yo tengo una regla: copio y pego el nombre siempre del mismo sitio. No lo tecleo de memoria. Con el apóstrofo me la juego cada vez, porque hay varios tipos de comilla que a simple vista parecen iguales y para una máquina no lo son. Me pasó al principio más de lo que me gustaría admitir.
Lo mismo vale para el nombre del sello. MIKE SAIN'T LOUIS, en mayúsculas. Siempre igual. La coherencia aquí no tiene nada de estético. Es puro orden administrativo, y el orden administrativo es lo que hace que la gente te encuentre.
Los títulos también se rompen
Mis títulos no ayudan. Llevan tildes, comas, a veces son largos. «Mitad Venezuela, mitad Pakistán» tiene una coma en medio y dos palabras con acento. «No quiero otro novio cojín» tiene cinco palabras y ninguna sobra. Cuando subo una canción, compruebo que el título esté escrito exactamente igual que en mi web, en la portada y en el vídeo. Una tilde que falta en un sitio y no en otro parece poca cosa, pero luego el buscador de una plataforma no encuentra lo que el de otra sí.
Tengo una lista de comprobación muy simple. No la voy a copiar entera porque es aburridísima, pero incluye cosas como revisar mayúsculas, revisar que la portada coincida con el título y revisar que el idioma de la canción esté marcado como español. Me lleva unos minutos. Esos minutos me ahorran horas de correos más adelante.
Otra cosa que aprendí a golpes: entre que subes una canción y que aparece en todas partes pasa tiempo, y no siempre el mismo. Una plataforma la muestra antes, otra después. Si anuncias una canción en redes el mismo día que la subes, es probable que la gente busque y no encuentre nada. Mal comienzo.
Por eso ahora separo dos momentos. El de subir y el de contar. Primero me aseguro de que la canción está, de que se oye, de que la ficha es correcta. Después la anuncio. Parece obvio, pero cuando estás emocionado con algo nuevo, la tentación de enseñarlo ya es enorme. He aprendido a esperar. A veces.
Spotify, Deezer y YouTube no se comportan igual. En unas la portada se ve grande, en otras es un cuadrito. En YouTube manda el vídeo, y ahí entran los más de 280 videoclips que he dirigido. En las demás manda el audio. No intento adaptar la canción a cada sitio, porque la canción es la que es. Lo que sí hago es pensar que la portada tiene que funcionar a tamaño sello de correos y que el título tiene que leerse en un móvil.
Lo que no he conseguido, y aquí reconozco una contradicción, es tener un control total. Hay cosas que cada plataforma decide sola: qué canción tuya enseña primero, qué foto pone, qué otros artistas te recomienda al lado. Puedo cuidar lo que subo, pero el escaparate lo monta otro. Eso me frustró durante un tiempo. Ahora lo acepto como el precio de estar en todas partes.
La web como copia maestra
Por esa falta de control decidí que el sitio donde todo está bien escrito, sin excepciones, tenía que ser mío. En octubre de 2026 abrí mikesaintlouis.com, y la uso como referencia. Si tengo dudas de cómo se escribe un título, miro la web. Si una plataforma muestra algo raro, comparo con la web. Cada canción tiene allí su página con el enlace a Spotify, de modo que la web y las plataformas se apuntan entre sí.
Mantenerla al día es parte del trabajo de publicar. Una canción no está publicada del todo, para mí, hasta que tiene su página.
Lo que me ahorra una discográfica y lo que no
A veces me preguntan si no sería más fácil tener a alguien que se ocupara de todo esto. Seguramente sí. Pero también tendría que explicarle a esa persona por qué el apóstrofo va donde va, por qué la coma de «Mitad Venezuela, mitad Pakistán» no se puede quitar y por qué quiero sacar tantas canciones. Con 273 singles, sospecho que a mitad de camino alguien me habría pedido que bajara el ritmo.
No digo que trabajar sin discográfica sea mejor para todo el mundo. Digo que para mí la parte práctica, que es tediosa, me da a cambio algo que valoro: sé exactamente dónde está cada canción y por qué está así. Si algo sale mal, sé dónde mirar.
Y si algo sale bien, también.
Todo lo publicado, con los nombres bien escritos, está en mikesaintlouis.com.