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Por qué sigo

Cada cierto tiempo me lo pregunto en serio. No como una crisis, sino como quien revisa el aceite del coche. Llevo unos dos años con PLANETA GAYFOLK. He publicado 273 singles y más de 280 videoclips, he cerrado una trilogía de discos y he abierto una web nueva donde cabe todo. Sería un buen momento para parar. Un final redondo, con el lazo puesto.

Y sin embargo sigo. Quiero intentar explicar por qué, sobre todo a mí mismo, porque las razones que doy cuando me lo preguntan en una conversación son más cortas y más bonitas que las de verdad.

No es por los números

Lo digo primero para quitármelo de encima. No sigo por las cifras. Las cifras de catálogo impresionan cuando las dices, pero no me sostienen un martes cualquiera a media tarde, cuando una letra no sale y el videoclip que estoy montando tampoco. En esos momentos, saber que llevo 273 canciones no me ayuda nada. Si acaso me pesa un poco.

Tampoco sigo por una idea de éxito. Sé que hay quien imagina que detrás de tanto trabajo hay una estrategia para llegar a algún sitio concreto. Puede que la hubiera al principio, y que se me olvidara por el camino. Ahora mismo, si tuviera que decir a dónde quiero llegar, me costaría contestar.

Sigo porque todavía me sorprendo

La razón más honesta es esta: todavía hay días en que escribo algo que no sabía que iba a escribir. Una frase que sale de lado, un título que me hace reír, una letra que empieza siendo una broma y termina diciendo algo que me importa. Mientras eso siga pasando, aunque sea de vez en cuando, tengo motivos para sentarme.

Escribir todas las letras de un proyecto tan grande podría haberme dejado vacío. Pensé que llegaría un momento en que no tendría nada más que decir sobre el amor gay, los exnovios, el orgullo o la autoestima. No ha llegado. Cada vez que creo que ya lo he dicho todo, la vida de cada día me trae otra cosa. Otra vecina, otro novio, otra manera de sentirse ridículo o de sentirse bien.

Sigo porque hay gente al otro lado

No sé cuánta, y prefiero no obsesionarme con eso. Pero sé que hay gente. Mi público está en Europa y en América Latina, y a veces me llegan señales de que alguien, en algún sitio que no conozco, ha escuchado una canción y le ha servido para algo. Para reírse de un ex, para sentirse menos raro, para ponerla con amigos antes de salir.

Esa gente no me debe nada y yo tampoco le debo nada a ella, en sentido estricto. Pero siento algo parecido a una responsabilidad. Si una canción mía le hizo compañía a alguien un mal día, me gusta pensar que habrá otra para el siguiente mal día. No es una obligación. Es más bien una costumbre que he cogido con gusto.

Por eso regalo la trilogía. Los tres discos se descargan gratis, sin registro. Si alguien quiere entrar en todo esto, la puerta tiene que estar abierta.

También sigo porque ahora, por fin, todo está ordenado. Durante mucho tiempo mis canciones estaban dispersas por plataformas y redes, y eso me daba la sensación de estar llenando un saco sin fondo. Desde que existe mikesaintlouis.com, cada canción tiene su página, su letra completa, su videoclip y su enlace a Spotify, en español y en inglés. Ver el catálogo así, con su buscador y sus letras de la A a la Z, me ha devuelto las ganas de añadirle cosas. Es como tener por fin una estantería donde colocar los libros que antes estaban en cajas.

Hay otra razón que suena menos romántica, pero es importante. Escribo, compongo, produzco y dirijo. Llevo mi propio sello, MIKE SAIN'T LOUIS. Esto es lo que hago. No es un pasatiempo que pueda dejar cuando me aburra, igual que un carpintero no deja de hacer mesas porque un día le salga una coja.

El oficio tiene una ventaja sobre la inspiración: se presenta todos los días a su hora. Antes me preocupaba que lo hecho sin entusiasmo saliera peor. Ya no. El oficio es lo que me permite estar ahí cuando las ganas aparecen.

Lo que me hace dudar

No quiero que esto suene a himno. Dudo. Me pregunto si no estaría bien parar un tiempo, dejar que el catálogo respire, hacer menos y mejor. Me pregunto si el ritmo de estos dos años es sostenible, y la respuesta honesta es que probablemente no al mismo nivel. Me pregunto si me repito, aunque he aprendido a convivir con esa pregunta sin que me paralice.

También me canso. No lo escondo. Hay semanas en las que la idea de abrir otra vez el programa de montaje me da más pereza que ilusión. Cuando pasa, intento no tomar decisiones grandes. Las decisiones tomadas desde el cansancio casi siempre son peores que las que tomarías descansado.

No sé qué viene. Probablemente algo más lento. Quizá más tiempo entre canciones, más cuidado en cada una, menos prisa. Quizá no. Lo que sí sé es que la carpeta de ideas no está vacía, que la libreta sigue teniendo páginas en blanco y que hay títulos esperando que todavía me hacen gracia.

Con eso, de momento, me basta. No necesito una gran razón para seguir. Me bastan varias pequeñas, renovadas cada mañana. Mientras las encuentre, aquí estaré, escribiendo letras en Madrid, decidiendo qué se queda y qué se va, montando el siguiente videoclip.

Y si algún día dejo de encontrarlas, también lo contaré.

Todo lo que he hecho hasta ahora está en mikesaintlouis.com.

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