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Portada del single Louvre

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Louvre: alas rosas sobre la pirámide de cristal

Imagina entrar en uno de los museos más solemnes del mundo con alas rosas a la espalda y convertir sus salas en una pista de baile. Esa fantasía es el corazón de «Louvre».

Aquí el Louvre funciona más como símbolo que como edificio. Representa lo que el arte tiene de eterno y de intocable, pero también lo que tiene de frágil, de humano y, para mí, de profundamente queer. Esas salas están llenas de cuerpos desnudos, de amores ambiguos y de belleza masculina pintada por gente que no siempre pudo vivir su deseo en libertad. Me parece justo que alguien entre ahí a bailar.

La idea que más me importa es la de reescribir los lugares donde nunca nos invitaron. Es lo que hacemos las personas diferentes desde siempre: transformar la solemnidad en movimiento, el silencio en ritmo y la mirada ajena en libertad propia. En mi universo GAYFOLK el arte no se queda detrás de un cordón de seguridad. Se baila, se llora, se rompe y se comparte.

La portada lo pone en imagen. Un chico con grandes alas rosas sobrevuela la pirámide de cristal y los tejados del palacio al atardecer, con el cielo encendido en tonos melocotón. Las letras del título, rosas y en diagonal, parecen pintadas con espray encima de una postal turística. Me gusta ese choque entre el monumento clásico y la estética de fanzine.

Es también una declaración de amor al arte. Y un recordatorio de que lo queer lleva aquí mucho más tiempo que cualquier moda, mirando el mundo con más color y con más verdad.

Va dedicada a quien se haya sentido fuera de lugar en un museo, en una oficina o en una cena de etiqueta. Y a quien, aun así, entró.

Pruébala paseando por cualquier museo con los cascos puestos, delante de tu cuadro favorito. A ver si el cuadro no se pone a bailar contigo.

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