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Inteligencia artificial y autoría: lo que tengo claro y lo que no

Cuando hablas de música hecha con inteligencia artificial, la gente espera una opinión rotunda. Que digas si la música hecha con inteligencia artificial tiene autor, quién es, qué derechos tiene y qué derechos no. Lo entiendo, porque el tema es nuevo y la gente quiere certezas. Pero sería deshonesto darlas. Lo que puedo hacer es separar en dos montones lo que pienso: las cosas en las que me siento firme y las cosas en las que dudo. El segundo montón es más alto que el primero, y prefiero reconocerlo.

Antes, una advertencia. No soy jurista. No voy a decirte qué dice ninguna ley ni cómo se va a resolver ningún caso, porque no lo sé y porque las normas sobre esto se están discutiendo en muchos países a la vez. Lo que sigue es la opinión de alguien que trabaja todos los días con estas herramientas y que se hace preguntas mientras lo hace.

El montón de lo que tengo claro

Tengo claro que las letras son mías. Las escribo yo, palabra por palabra, en mis libretas y en el móvil, las corrijo, las tiro y las vuelvo a escribir. Ninguna herramienta me ha dado una sola idea para una canción de PLANETA GAYFOLK. Los exnovios, la vecina del rellano, el orgullo y el quererse un poco más: todo eso sale de mi cabeza y de mi manera de mirar las cosas. Si alguien quiere discutir quién es el autor de esos textos, la conversación es corta.

También tengo claro que la dirección es mía. Produzco la música con Suno, que es una herramienta de inteligencia artificial, pero la herramienta no decide nada por sí sola. Yo le planteo lo que busco, escucho lo que devuelve, descarto la mayoría de las versiones y elijo. Decido el tono, la velocidad aproximada, el aire de copla o de pop, si una canción tiene que ser más de pista o más de escuchar con calma. Decido también qué no se publica, que es una parte enorme del trabajo y casi nadie ve.

Tengo claro, por último, que hay que decirlo. Me presento como «el primer cantautor IA» precisamente para que nadie se lleve a engaño. Quien escucha mis canciones sabe desde el principio cómo están hechas. Me parecería feo dejar que alguien pensara otra cosa.

El montón de lo que no tengo claro

Aquí empieza lo difícil.

No tengo claro dónde está la línea entre dirigir y crear. Cuando un director de cine no maneja la cámara, nadie duda de que la película es suya en algún sentido. Cuando un productor no toca ningún instrumento, tampoco. Me reconozco en esos oficios. Pero también sé que la herramienta con la que trabajo genera sonidos que yo no sabría generar de otra forma, y que esa diferencia importa. ¿Cuánto? No lo sé. Hay días en que me siento autor completo de una canción y días en que me siento más bien como alguien que ha sabido escoger muy bien.

Tampoco tengo claro cómo se ha entrenado todo lo que uso. Sé que es una de las grandes preguntas del momento, y que hay músicos que se sienten utilizados sin su permiso. No tengo información suficiente para juzgarlo y no quiero hacer como que el problema no existe porque a mí me conviene que no exista. Es una incomodidad con la que trabajo. Prefiero decirlo a esconderlo.

No tengo claro qué significa la palabra «original» en este contexto. Siempre hemos aprendido de lo que escuchamos. Mis letras tienen ecos de la copla, del pop de toda la vida, de cómo se habla en Madrid. Nadie diría que eso me quita autoría. Pero una herramienta que ha escuchado muchísima más música que yo, en mucho menos tiempo, plantea una escala distinta, y no sé si las ideas de siempre sirven igual.

Y no tengo claro cómo se repartirá el reconocimiento dentro de unos años. Puede que dentro de un tiempo esta discusión parezca tan anticuada como la que hubo con los sintetizadores. Puede que no. No me atrevo a hacer de profeta.

Lo que hago mientras tanto

Con tantas dudas, podría quedarme quieto esperando a que alguien las resuelva. No lo hago. En dos años he sacado 273 singles y pasan de 280 los videoclips, y cada uno de ellos ha pasado por mis manos de principio a fin. Escribo, dirijo, descarto, elijo, monto el vídeo, pienso la portada, preparo la página de la canción. Eso es lo que puedo controlar, y en eso me esfuerzo.

También intento ser coherente con lo que exijo. Si quiero que me reconozcan como autor de mis letras, tengo que respetar la autoría de los demás. No imito a artistas concretos ni busco que una canción suene a alguien famoso. Mi sello, MIKE SAIN'T LOUIS, es pequeño y lo llevo yo solo, y quiero que todo lo que sale de él pueda explicarse sin bajar la vista.

Por eso regalo los discos. La trilogía GAYFOLK y los singles se descargan gratis, sin registro, en mi web. No lo hago para esquivar ninguna pregunta sobre derechos. Lo hago porque me interesa que las canciones circulen y porque, sinceramente, me siento más tranquilo así mientras todo esto se aclara.

Si me obligas a resumir mi postura en una frase, sería esta: soy el autor de lo que escribo y el responsable de lo que publico, y no estoy seguro de todo lo que hay en medio. Me parece una postura razonable para alguien que trabaja con una tecnología que todavía no sabemos nombrar bien.

Desconfío de la gente que lo tiene todo claro, en un sentido o en otro. Los que dicen que con inteligencia artificial nadie es autor de nada y los que dicen que da igual, que es una herramienta más y punto. Yo estoy en medio, con la libreta abierta y bastantes preguntas.

Si quieres ver cómo trabajo, cada canción tiene su página con letra y videoclip en mikesaintlouis.com.

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