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Portada del single Hipócritas

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Hipócritas: se acabó el teatro de las caretas

Seguro que te viene una cara a la cabeza. Va de persona luminosa, reparte consejos sobre cómo ser mejor, te habla de empatía con la mano en el pecho... y en cuanto te das la vuelta, saca el cuchillo. Hipócritas está escrita para esa gente, y no les pide perdón por nada.

La considero un ajuste de cuentas. Durante mucho tiempo me tocó callar, sonreír y hacer como que no veía las cosas. Esta canción es el momento en que se rompe ese silencio y digo, sin endulzar, lo que pienso: que hay mucho cínico disfrazado de buena persona y que sus críticas pueden guardárselas donde les quepan. Así de claro, y bastante más explícito en la canción.

Lo que me interesa aquí es la palabra careta. Los hipócritas viven de la imagen: fingen moral, fingen cariño, fingen preocupación por los demás. Pero la máscara siempre se cae. A veces por un comentario que se les escapa, a veces porque el daño que hacen a escondidas acaba saliendo a la luz. Y cuando eso pasa, lo que asoma no es nada profundo ni misterioso. Es simplemente previsible. Teatro barato.

Hay también algo de manipulación psicológica en el fondo de la canción. Ese juego en el que te hacen dudar de lo que has visto con tus propios ojos, en el que el malo siempre acabas siendo tú. Ponerle nombre a eso, con todas las letras, tiene algo de liberador.

Rabia no, libertad

Podría parecer una canción furiosa, pero yo la siento más como un desahogo. Es ese «ya está bien» que llevas años guardando y que un día, por fin, sale. Y si a alguien le escuece al escucharla, pues mira, por algo será.

Se la dedicaría a cualquiera que haya convivido con una persona que predica una cosa y hace la contraria: en el trabajo, en la familia, en un grupo de amigos que parecía perfecto. Escúchala con el volumen alto, mejor sin nadie al lado que te pida explicaciones. En PLANETA GAYFOLK las caretas se quedan en la puerta.

Escúchala en Spotify

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