
Por Mike Sain't Louis ·
Cientos de portadas: cómo intento que se parezcan sin que aburran
Cada single necesita una portada. Con 273 singles publicados, la cuenta es fácil y un poco abrumadora. Soy el director artístico de todo lo que sale de mi sello, MIKE SAIN'T LOUIS, así que cada una de esas imágenes ha pasado por mis manos. Algunas me siguen gustando mucho. Otras las cambiaría mañana. Y hay unas cuantas que, sinceramente, no recuerdo haber aprobado, lo cual dice algo sobre el volumen.
Quiero contar cómo pienso las portadas, porque es un problema que tiene cualquiera que produzca mucho: cómo conseguir que todo parezca de la misma persona sin que cada pieza sea una fotocopia de la anterior.
El tamaño real de una portada
Lo primero que aprendí es que una portada casi nunca se ve grande. Yo la diseño en una pantalla amplia, la miro de cerca, me fijo en detalles. Luego la gente la ve en el móvil, en una lista, del tamaño de una uña. Ahí los detalles desaparecen. Lo que queda es una mancha de color y, con suerte, una forma.
Eso cambió mi manera de trabajar. Ahora, antes de dar por buena una portada, la reduzco hasta que es diminuta y me pregunto si todavía se distingue de la de al lado. Si no se distingue, vuelvo atrás. Una portada preciosa que se confunde con otras cuarenta en una lista no me sirve.
Este test me ha hecho renunciar a ideas que me encantaban. Composiciones con muchos elementos, textos pequeños, juegos visuales que solo funcionaban de cerca. Me dolió. Pero la portada no está para que yo la disfrute en el ordenador.
Para que hubiera coherencia, decidí que algunas cosas fueran fijas. No voy a dar la receta exacta, en parte porque la he ido ajustando y en parte porque prefiero que se note sin explicarla. Pero la idea es sencilla: unos pocos elementos que se repiten siempre, y el resto libre.
Si repites demasiado, el catálogo se vuelve un papel pintado. Todo igual, nada destaca. Si no repites nada, cada canción parece de un artista distinto y nadie construye una imagen de ti. Entre esos dos extremos hay un margen estrecho, y llevo dos años moviéndome dentro de él, a veces hacia un lado y a veces hacia el otro.
Reconozco que no siempre he acertado. Hubo temporadas en que las portadas se parecían demasiado entre sí, y yo mismo, mirando el perfil en una plataforma, no sabía cuál era cuál. Hubo otras en que me solté tanto que el conjunto perdía cara. Ahora intento corregir mirando el catálogo entero de golpe, no portada por portada.
El título manda
En mis canciones el título suele ser la mitad del chiste. «La dieta del cucurucho», «No quiero otro novio cojín», «Mi novio de Albacete». Son títulos que ya crean una imagen en la cabeza de quien los lee. Eso tiene una ventaja y un riesgo.
La ventaja es que casi siempre tengo un punto de partida. El riesgo es caer en lo literal, ilustrar el título palabra por palabra como si fuera un jeroglífico. Si el título ya dice cucurucho, quizá la portada no tiene que repetir el cucurucho. Puede ir por el tono, por la sensación, por algo de lado. Me gusta que la imagen y el título se completen en vez de decir dos veces lo mismo.
Con algunas canciones lo consigo. Con otras me rindo y pongo lo obvio, porque a veces lo obvio funciona y no pasa nada.
Las portadas de los discos
Lo de los singles es una cosa. La trilogía GAYFOLK es otra. «Descubierto un nuevo planeta llamado GAYFOLK», «Ojalá se pudiera viajar a GAYFOLK» y «El día de la liberación» se escuchan como una sola historia en tres actos, y quería que las tres portadas se leyeran también como una serie. Que al verlas juntas se entendiera que hay un antes y un después. Que la tercera no pudiera ir primero.
Ahí el problema era inverso. En los singles busco que cada uno se distinga. En la trilogía buscaba que los tres se pertenecieran. Me resultó más fácil, quizá porque la historia ya marcaba el camino: llegar a un lugar donde uno puede ser quien es, tener ganas de ir y, por fin, el día de la liberación. Tres momentos con temperaturas distintas.
Alguna vez me han sugerido que, con tanto volumen, debería tener a alguien que se encargue de las portadas. Lo entiendo. Pero la portada es lo primero que alguien ve de una canción, antes de oír una sola nota, y no termino de querer soltar esa primera impresión. Cuando la decido yo, sé que lo que la persona ve y lo que luego oye vienen de la misma cabeza.
También hay algo de vicio, lo admito. Me gusta. Es la parte del trabajo en la que pienso con los ojos en vez de con las palabras, y después de escribir una letra, cambiar de sentido me descansa.
Mirarlas todas juntas
Hay un ejercicio que recomiendo a cualquiera que publique en serie, sea música, ilustración o fotos. De vez en cuando, pon todo tu trabajo en una cuadrícula y míralo desde lejos. Sin leer nada. Solo colores y formas. Vas a ver patrones que no veías pieza a pieza: manías, repeticiones, épocas. Yo lo hago y siempre me llevo alguna sorpresa, no siempre agradable.
Esa cuadrícula, en mi caso, es casi un diario visual de estos dos años. Se ven los momentos en que estaba seguro y los momentos en que estaba buscando. No la cambiaría, aunque cambiaría muchas portadas sueltas.
Las portadas, cada una con su canción, están en mikesaintlouis.com.