Los sueños deberían estar prohibidos…

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Llevo una larga temporada (me sucede habitualmente) en la que me despierto habiendo soñado unos sueños muy intensos que parecen reales.

En esta ocasión, como en tantas otras, se trata de un encuentro con una persona a la que amé en mi pasado. Hacemos el amor apasionadamente, son sueños, pero se siente el más mínimo roce, el más mínimo abrazo, el más pasional encuentro sexual.

Y después de todo, todo tan bonito, esa persona se despide de mí, me comenta que tiene compromisos y se tiene que marchar ya. Y yo le veo por la ventana de la segunda planta, y recoge un ramo tirado en el suelo perfectamente conservado y se marcha (mientras yo observo todo desde mi perspectiva) y se lo entrega a otra persona que no soy yo.

Me voy a callar las burradas que suelto desde la ventana mientras la vecina de al lado se empapa de cotilleo como una esponja…

El caso es que los besos, caricias y revolcones son tan reales… Tan reales como el dolor de ver como entrega un ramo de rosas a otra persona que no soy yo después de haber tenido una jornada de amor intenso. Tan real como la sensación, de que esos besos, por muy reales que parezcan, han sido solo un sueño… ¿Pero por qué coño se siente tan real?

Y te despiertas, y empiezas el día de mal humor, porque lo que has sentido, lo has sentido de verdad aunque sea en sueños… Y empieza mal el día, porque querer y no poder, poder y no querer, es como estar amando a solo un trozo de pared. Se enfría el corazón, es incapaz de amar… Sientes y padeces el vacío más total.

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